domingo, 13 de diciembre de 2015

Un Queso para Carlos Leonel Schattmann


Cuenta la leyenda que una chica, a la que llamaremos Carina, entrevistó la destacado basquetbolista Carlos Leonel Schattmann, del equipo de Gimnasia Indalo.
El basquetbolista había sido la gran estrella del equipo en la conquista de la “Copa Aldao” y como le habían realizado un extraño obsequio, un enorme y gigantesco Queso Gruyere.
- Dicen que es la horma de Queso más grande que se hizo en esta región y que te lo han dado a vos como obsequio por haber sido el mejor jugador en la Copa Aldao – le comentó la periodista.
- Extraño obsequio – reflexionó. Schattmann.
- Hay una leyenda alrededor de ese Queso. Dicen que hace muchos años también se lo obsequiaron a un basquetbolista, y este tras comer un pequeño trozo, se volvió loco y asesinó a su novia.
- Una leyenda urbana, je, je
- Obviamente.
Cuando la entrevista había terminado, Schattmann se acercó al Queso y probó un pequeño bocado. Era riquísimo, y se volvió a comer otro entonces. En ese momento un extraño impulso criminal invadió su cuerpo y pensó:
- Soy un asesino Queson, debo cumplir con mi destino.


Todavía vestido con la ropa de Gimnasia Indalo, pero con guantes negros que le cubrían sus manos, Carlos Leonel Schattmann tomó un machete y se dirigió hacia donde estaba la chica.
- ¿Estas ahí Leo? – dijo la chica.
- Aca estoy, Carina – fue la respuesta del basquetbolista.
Carina se dio vuelta y para su sorpresa, observó a Carlos Leonel Schattmann frente a ella con el machete en las manos.
- ¿Qué querés, Leo? ¿Es esto una broma?
- Sí a los asesinatos ahora les llaman broma, entonces esto es una broma.
La chica gritó desesperadamente e intentó huir, pero Schattmann la alcanzó, la chica quedó tirada en el piso, el basquetbolista entonces le dio una patada con el pie derecho, y luego otra con el pie izquierdo, para reducirla. La obligó entonces la oler los pies.
La chica entonces intentó oponer toda la resistencia que pudo, pero la furia criminal de Schattmann no se detuvo y sin piedad alguna, la asesinó salvajemente a machetazos. Cuando finalizó, el asesinó tomó el Queso que estaba sobre la mesa, y lo tiró sobre el cadáver de su víctima diciendo en voz alta:
- Queso.
Carlos Leonel Schattmann abandonó el lugar satisfecho con la misma impunidad con la que había llegado.

1 comentario:

  1. Ja, ja, es buenazo Schattmann, me causa gracia verlo en el papel de asesino

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...