viernes, 31 de mayo de 2019

El Asesino de María Eugenia Ritó



María Eugenia Rito tuvo su momento de gloria en los primeros años del 2000, hoy cuando ya pasó los cuarenta años, su nombre ha quedado olvidado en los grandes medios, salvo algunas noticias vinculadas a su consumo de estupefacientes. 
"Ritó ha quedado muy olvidada, es cierto, pero no por todos: la Marquesa de Avila se acordó de ella, y le ofreció un nuevo espectáculo de flamenco y del cante jondo gitano" dijeron en un medio de comunicación.
En efecto, Ritó quedó como principal figura de un espectáculo de música española en un teatrucho de Mar del Plata para la temporada de verano. El mismo se anunció con el título “Suspiros de España”, Ritó se tenía que vestir de andaluza y cantar algunas canciones junto al sexteto “España”.



La primera función fue un éxito fenomenal, gracias a que La Marquesa de Avila regaló entradas a diestra y siniestra, pero la segunda la gente ya bajó a la mitad, y a la tercera, solo se vendieron trece entradas. 
- Hay que salir a la calle y vender el espectáculo – dijo la Marquesa – salgan y canten las canciones. El sexteto “España” y tú.
- Es que el espectáculo es una cagada – le retrucó Ritó – además esto es un teatrucho, debimos haber ido a un teatro mejor.
- ¿Y tu lo iba a alquila’ niña? Si no tiene’ un duro, mi niña, eta’ ma’ pobre que una laucha.
- Usted es una gitana jodida.
- Soy de la raza calé que al mundo dicta sus leyes. Hija de padres gitanos, porque llevo sangre de reyes en la palma de la mano, porqué soy de la razita calé.
- Hay que reconocer que siendo una gitana jodida, esta usted muy buena.
- ¿Qué me esta insinuando mi niña?
- Que es una mujer muy bella, me gustan las mujeres así.



Ritó se sacó la ropa y quedó desnuda ante la Marquesa, que quedó con la boca abierto, Ritó le estaba proponiendo una relación lésbica, la Marquesa, aunque sorprendida, no la desechó, al fin y al cabo le gustaban las alegrías, y esto era una de ellas. Fueron para adelante. La Marquesa de Avila, aunque tenía más de cuatro siglos de edad, se mostraba como una mujer, joven, atractiva, de no más de treinta años, en apariencia era más joven que Ritó. Tocarle las tetas a Ritó fue algo muy placentero para la Marquesa. Fueron para adelante.
- La has besao a Silvina Escudero, pobrecita, después la quesonearon – le dijo la Marquesa.
- ¿Qué es eso de los Quesos Asesinos? Puras habladurías – dijo Ritó.
- Ten respeto.
Al día siguiente, Ritó salió en bolas por las calles subida a un caballo al estilo de Lady Godiva. Aunque el escandalo fue muy grande, el suceso en el teatro tuvo su repercusión. “Suspiros de España” se convirtió en un espectáculo de alto contenido sexual, el sexteto España salía en bolas y tenían sexo en el escenario. Ritó y la Marquesa tenían una relación lésbica y despues entraba Manolete, el personaje del torero, y tenía sexo con las dos. Pero “Manolete” no era un actor, sino alguien del público que salía sorteado entre aquellos que se ofrecían de voluntarios.
La sala ahora estaba llena todas las noches. Una de las noches un fuerte olor a Queso invadió la sala.
- Qué olor a pata – dijo Ritó - ¿Quién no se lavó los pies?
- No es olor a pata – dijo la Marquesa – es olor a Queso, esto parece una quesería.



La Marquesa miró al público, y reconoció al tenista Carlos “Charly” Berlocq, oriundo de Chascomús. La dama española dijo: “Perfecto” y contempló a Ritó. 
La función comenzó, La Marquesa salió al escenario y dijo:
- Seoras y seores, gracia’ por haber venido, pero muchas gracia’ po’ esta’ ente el público a Carlos “Charly” Berlocq, carpeón de la Copa Davis, figura del ATP del Tenis.
El público ovacionó y aplaudió a Charly, que se paró y agradeció el homenaje.
- Toda’ la noshe’ elegimo entre el público a alquien que haga de Manolete, el famoso torero que brilló en la Plaza de Toros de Sevilla y en Las Ventas de Madrid. Pero hoy nadie hará de Manolete, hoy tendremos a Carlete, sí, “Carlete”, invitamos al señor Berlocq al subir al escenario.
Charly se sorprendió, al principio fingió como que se resistía y no iba a subir, pero el público comenzó a gritar, Berlocq entonces se paró y fue al escenario. Lo agarraron los tramoyistas y le pusieron el traje de torero.
- ¡Viva España! – gritó la Marquesa de Avila – Ole tu gracia salerosa, y la gracia de todos los toreros en esta noche tan maja, con toros y pasodobles. ¡Viva Carlillos! ¡Viva Carlote! ¡Viva el gran Carlos Berlocq, el maestro de las Ventas!
Como un torero al ruedo, Berlocq salió al escenario, con una bandeja con un enorme Queso. La Marquesa de Avila se fue del escenario y quedó Ritó con Charly, no sabían que hacer. Charly entonces se sacó los zapatos y quedó descalzo.
- ¡Qué olor a Quessoooooooooooooooo! – grito el público.
- Dame Queso – dijo Ritó.
- Quieres Queso, te daré Queso, mi niña – dijo Carlos.



El tenista, ahora convertido en torero, puso sus pies encima de Ritó, esta empezó a olerlos, besarlos, chuparlos y lamerlos, una y otra vez, sin cansarse.
- Soy bisexual, pero estoy con la quesería – dijo Ritó.
Berlocq se bajó los pantalones y Ritó empezó a chuparle la pija, la fellatio fue muy intensa.
- ¡Oleeeeeeeé! – gritó el publico como si fuese una plaza de toros.
Carlos le tocó las tetas, la concha, le chupó los pezones.
- ¡Viva Carlete! – dijeron en el público - ¡Viva Carlillos!
Después le chupó la concha delante de todos.
- ¡Arriba esa niña y ese niño! – dijo un gitano en el público.
Ritó se tiró al piso en el escenario y ahí Berlocq se la cogió delante de todos, por adelante y por atrás.
- ¡Viva la sangre andaluza! – gritaban en el público.
- Termina como terminan los toreros – dijo la Marquesa de Avila – haz como los matadores, Carlete, Carlote, Carlillos, o como quieras llamarte, Carlos.



Berlocq agarró la capa roja como los toreros, con la montera sobre la cabeza, y Ritó empezó a ser como un toro, Berlocq le hizo el arte de la tauromaquia, y le clavó una banderilla (especie de puñal que le clavan a los toros) en la teta derecha a Ritó, otra en la teta izquierda, otra, con una herida bien profunda en el pecho, otra en el cuello, atravesándolo desde la izquierda, y otra, desde la derecha, una sexta en el estomago, así la fue apuñalando de a poco, la sangre de Ritó se esparcía por todos lados, y finalmente la terminó de asesinar.
- ¡Oleeeeeé! – gritó el público que creía que todo era ficción.
- Queso – dijo Charly mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Ritó.
El público salió masivamente y agarró en andas a Berlocq, como se agarra a los toreros tras una corrida, al grito:
- ¡Viva Carlote! ¡Viva Carlete! ¡Viva Carlillos! ¡Viva el gran matador Carlos Berlocq!
El público saco a Berlocq, al asesino, triunfante en las calles, como si fuese España. El cadáver de Ritó quedó en el escenario y la Marquesa de Avila se acercó, y dijo:
- ¡Viva España! 
Una vez más, la Marquesa de Avila había triunfado y Carlos Berlocq, que siempre quesoneaba sin intención, pero siempre quesoneaba.

jueves, 30 de mayo de 2019

El Asesino de Celeste Cid


Grande fue la conmoción de la opinión pública cuando el cádaver de Agustina Cherri, quesoneado, apareció flotando en el río Paraná. Un nombre más se agregaba a la larga lista de minas famosas quesoneadas, en una ola de asesinatos que parecía no tener fin.
- Vaya, vaya – pensó Carlos Leonel Schattmann – uno de los míos asesinó a una mina de Chiquititas. ¿Quién habrá sido?
Schattmann empezó a buscar información sobre el crimen, y no tenía dudas: el Quesón de Agustina Cherri era Carlos Izquierdoz.
Desde la tranquilidad provinciana de Santiago del Estero, Carlos Schattmann, que hacía poco había asesinado a Floppy Tesouro, se dio cuenta que no tenía alternativa: tenía que asesinar a una mina lo antes posible. Había que tirar un Queso. Pero justo Quimsa tenía que jugar contra Regatas Corrientes.
- La onda esta de Chiquititas me gusta. Pero que fastidio, tengo que ir a jugar a Corrientes. A Corrientes, provincia que esta conmocionada por el asesinato de Cherri.



Schattmann viajó junto a sus compañeros de Santiago del Estero a Corrientes, teniendo a su próximo asesinato como único pensamiento, sin saber aún quien sería su víctima. Podría agarrar las armas ninjas, y salir a degollar a alguna mina inocente, desconocida e ignota, tirarle un Queso, y listo, pero no… ya lo había hecho muchas veces, esta vez debía asesinar a una famosa… pero ¿Encontraría alguna en Corrientes? No parecía fácil.
Tras llegar a la capital correntina, Schattmann tenía varias horas libres antes del partido de básquet, haciéndose el pelotudo ante sus compañeros, salió a la calle, con una mochila, que contenía un Queso, un gran Queso, las armas ninjas, y los guantes negros. El asesino comenzó a caminar por Corrientes. Pasó por el Teatro Romero Feris, vio que estaba anunciada la obra “La casa de Bernarda Alba” con Agustina Cherri y Celeste Cid. Claro, la función estaba suspendida, Cherri había sido asesinada.
Schattmann vio otra vez el cartel y no dudó: “¡Celeste Cid!, claro, tengo que asesinarla, era de Chiquititas, es la víctima que estoy buscando, era Barbarita, era una víctima para Carlos Delfino, Carlos Sandes o Carlos Fernández Lobbe, pero me tocó a mí, no tengo dudas, hay que tirarle un Queso… pero… ¿Estará en Corrientes?”
Schattmann comenzó a desesperarse, tras pasar por el Teatro Romero Feris, dobló la esquina y pasó por el Hotel Romero Feris, notó una gran custodia sobre el mismo. Se acercó a los policías. Escuchó el murmullo, escuchó lo que decía el Oficial Carlos Gabriel Cáceres:
- Qué fastidio, tanto despliegue para cuidar a una falopera como Celeste Cid.
- ¡Esta acá! – dijo contento y aliviado Carlos.



El basquetbolista tenía que entrar al hotel, algo aprovecharía, sabia que su instinto Quesón lo salvaría, nunca le fallaba, ni a él, ni a otros Quesones. Schattmann quedó parado. Caceres se acerco a el:
- ¿Qué hace acá?
- Soy basquetbolista, juego en Quimsa, hoy jugamos contra Regatas Corrientes.
- Mire usted. ¿A ver los documentos?
- ¿Qué es esto? ¿La dictadura?
- Orden del gobernador, asesinaron a una actriz en la provincia. 
Con fastidio, Schattmann le dio el documento a Cáceres, el oficial lo miró.
- ¡Carlos! ¡Yo también me llamó Carlos!
- Para un Carlos no hay nada mejor que otro Carlos.
En ese momento, se armó cierto revuelo entre los policías ante la llegada del auto.
- ¡Llegaron los senadores de la provincia! – dijeron.
Cáceres se descuidó, y en medio del caos y de la confusión general, Schattmann entro al hotel, con la mochila, con todo, empezó a buscar donde estaría Celeste Cid, su instinto Quesón lo condujo a la suite “Romero Feris”. 
- ¿Todo se llama Romero Feris? – dijo Carlos Leonel Schattmann.
El basquetbolista vio que todo estaba despejado, pegó un portazo sobre la suite con sus enormes pies y entró a la misma. Estaba Celeste Cid, totalmente drogada, perdida en sus porros y sus dosis de heroína y marihuana.
- ¿Quién sos? – dijo Celeste Cid viendo al basquetbolista.
- Carlos Leonel Schattmann. 
- ¿Superman? Llevame a volar con vos, o cógeme pero con la ropa de Clark Kent.



A Schattmann, como a todos los Quesones, no le interesaba asesinar a una mina así, perdida, por eso levantó sus pies, sus enormes y gigantescos pies, y los puso sobre el rostro de Celeste Cid. El olor a Queso era impresionante, apestante, intenso y asfixiante. Tras someterla a los pies, el efecto fue tan fuerte, que Cid recobró la conciencia, como si el efecto de las drogas desapareciera mágicamente.
- ¡Qué olor a Queso! – dijo Cid, mientras chupaba, olía, besaba y lamia los pies de Carlos – Sos un Quesón, un Quesón.
- Lo soy – dijo Schattmann, que agarro una de las armas ninja, el puñal kunai, y en forma suave, empezó a arrancarle la lencería a Cid.
El basquetbolista empezó a chuparle las tetas, los pezones, le puso los dedos en la concha, en el culo, le besó el culo, la acaricio por todos lados, a Cid le gustó mucho, y le chupó la pija, Schattmann la penetró por el culo, primero, en forma salvaje, por la concha, después, en forma suave, tranquila, Cid sintió mucho placer, tanto placer, tan repleta de gozo y excitación tenía que no opuso ninguna resistencia cuando Schattmann la ató con una cuerdas al borde de la cama.
- Dame más placer, Superman – dijo Celeste Cid.
- Siempre pensé que un Quesón más famoso como Carlos Delfino o Carlos Sandes sería el asesino de Celeste Cid, pero me tocó a mí tirarte un Queso, me gusta usar armas ninjas Celeste, puede darte el placer de que vos elijas con cual de ellas te asesinaré
- Ja, ja – pensó Cid, que estaba como ida, no por las drogas, sí por el Queso de Schattmann – No conozcó ninguna arma ninja.
- Te tiraré el Queso, despues elegirás el arma – dijo Schattmann.



El basquetbolista agarró el Queso y lo tiró sobre Celeste Cid, que lo recibió como una canasta de básquet recibe un triplazo. Schattmann dijo entonces:
- Te nombraré las armas, vos la elegís, Shuriken, Ninjato, Kunai, Sai, Bo, Kyoketsu shoge, Kusarigama.
- Ja, ja, que nombres de mierda. Repetímelos. 
- Shuriken, Ninjato, Kunai, Sai, Bo, Kyoketsu shoge, Kusarigama.
- ¿Puedo elegir dos?
- Sí.
- Bo. Ninjato.
- Vos lo elegiste – dijo Schattmann.
El Bo es un arma ninja es un arma en forma de vara alargada o pértiga, generalmente hecha de madera (roble, bambú, etc). Schattmann tomó el Bo, o sea la vara, y en forma violenta, se la metió en el culo, a Celeste Cid.
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – fue el grito de horror de Celeste Cid, al quedar empalada.
- Ahora la Ninjato – dijo el basquetbolista.
La Ninjato es un sable ninja, de menor tamaño que una katana, y recta, no curva, mientras Celeste Cid estaba empalada, el basquetbolista tomó la ninjato, y se fue acercando a su víctima, y en forma rápida, ¡zas! le clavó la ninjato en el cuello, metiéndosela hasta el mango, atravesándole todo el cuello.
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – fue el grito de horror de Celeste Cid, la agonía final, mientras era asesinada.
Con el cadáver de Cid empalado y la ninjato atravesada en su cuello, Schattmann agarró otra vez el Queso.
- Queso – dijo Carlos Schattmann mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Celeste Cid.



El basquetbolista finalizó su tarea. Como Quesón estaba más que satisfecho, sentía que iba ascendiendo en la consideración general de los Quesones, y esta vez había cometido más que un asesinato, una obra maestra del terror. El asesino abandonó el Hotel Romero Feris, sin problemas, rato despues, el oficial Cáceres descubrió el cadáver empalado y quesoneado de Celeste Cid.
- ¡Oh, no! ¡Tan preocupados con los senadores y amasijaron a esta guaina! – dijo uno de los policías.
- Que le vamos a hacer – dijo el Oficial Cáceres – los senadores legislan por nuestro bien, para eso lo hemos votado, por nuestro bienestar, por el bien de nuestro pueblo. Llamaré a Astrid Breitner, entonces, la directora de la Unidad Penal Charlotte Corday.
Una alemana, con pinta de nazi, se hizo presente en el Hotel Romero Feris, aquella noche, mientras Quimsa derrotaba a Regatas Corrientes con una sobresaliente actuación de Carlos Leonel Schattmann, en partido televisado para todo el país.
- Bien, Carlos, sos la figura del partido, la mejor actuación individual en lo que va de esta temporada de la Liga Nacional – le dijo Carlos Altamirano, el periodista - ¿A qué atribuís esta noche brillante?
- Queso – fue la respuesta de Carlos Leonel Schattmann.
Colorín Colorado, este Queso se ha acabado.

El Asesino de Agustina Cherri


Agustina Cherri, la célebre Mili de la noventosa serie “Chiquititas”, se encontraba viajando en auto por la Ruta 12, de Posadas a Corrientes. Despues de tres exitosas presentaciones en “La Casa de Bernardo Alba” en el Teatro Ramón Puerta de Posadas, iba ahora a continuar el éxito de la misma obra en el Teatro Romero Feris de Corrientes. A mitad de camino entre la capital misionera y la correntina, la ruta se encontraba totalmente despejada, sin embargo, comenzó a aumentar la cantidad de autos y la marcha se fue haciendo lenta.
- ¿Qué pasa? – preguntó Cherri.
- No lo sé, vamo’ a ver m’Hijita – le dijo Ruperto, el conductor de aquel Uber con tonada litoraleña – Uyyy…. Un control policial.
Un oficial de policía, identificado como Carlos Gabriel Cáceres, se acercó al auto donde viajaba Cherri.
- Buenas tardes, vamos a revisar el auto, han escapado unos presos muy peligrosos y los estamos buscando.
Cherri no le dio importancia al asunto, esperando que controlaran el auto, total no tenía nada que perder ni temer, solo esperar que pasara el momento.
- Vos sos Mili, la de Chiquititas – le dijo Cáceres.
- Ah, sí, sí, soy yo. Voy a Corrientes a interpretar la “Casa de Bernarda Alba”.
- Parece que fue un suceso en Misiones, yo además de policía, soy actor.
- Qué bien – le dijo Cherri sin darle mayor importancia.



Cáceres fue a revisar la parte posterior del auto, lo abrió, la actriz vio que el oficial llamó a los otros policías, se quedaron un rato largo, ¿Qué pasaba? Cáceres se acercó:
- Quedan detenidos los dos – dijo el Oficial.
- ¿Quéeeeeeee? – dijo Cherri.
- Contrabando ilegal de yerba mate y marihuana en este auto.
- ¡Usted, Ruperto, el conductor de Uber! ¡Usted esta trayendo eso en el auto!
- Es para el Tereré Volador, un nueva infusión a base de yerba y marihuana que de Corrientes va a conquistar Europa, se lo aseguró.
El conductor de Uber prácticamente reconoció ser culpable y se entregó a la policía.
- La chica es inocente – dijo Ruperto – yo soy el traficante.
- Eso lo determinará la justicia – dijo Cáceres – los dos presos, que conduzcan a la Cherri a la Unidad Penal Femenina Charlotte Corday.
- ¡Nooooooooooooooo! – gritó Cherri - ¡Soy inocente!
Dos oficiales mujeres con aspecto de nazis, bien arias, agarraron a Cherri y se la llevaron a la Unidad Penal, en medio de gritos de parte de la actriz, que no paraban en ningún momento.
Al llegar a la Unidad, la recibió Astrid Breitner, una tipa de rasgos germánicos, que parecía haber sido carcelera en algún campo de concentración nazi.



- ¡Ja, ja! ¡Agustina Cherri, das Mächden de Chiquititas. (1) Ya estuvistes en “Rincón de Luz”, ahora estarás aquí, en la Charlotte Corday.  Begrüße ihn, den er verdient, Mädchen (Haganle la bienvenida que se merece, chicas). Hier überlebt nur die überlegene Rasse (Acá solo sobrevive la raza superior).
Las dos nazis se llevaron a Cherri a un costado, agarraron una manguera y la sometieron a una intensa ducha, muy fuerte, Cherri gritaba de terror y horror, y tras haber sido sometida a semejante tortuta, las dos nazis la llevaron a una cama, la comenzaron a acariciar, le tocaron los pezones la concha, la chuparon toda, algo propio de una relación lésbica.
Cuando todo terminó, Cherri comenzó a gritar:
- ¡Quiero ver a mi abogado! ¡Han violado todos los derechos humanos! ¡Soy inocente! ¡Estoy presa por algo que no hice!
Las dos nazis le dijeron a la Directora Breitner:
- Sigue gritando la tipa de Chiquititas, y eso que le dimos placer.
- Ja, ja, ja – lanzó una risa sarcástica la directora de la Unidad Penal – esto es una cárcel, aca hay asesinas, ladronas, narcos, pero todas entendieron nuestro código y por eso Charlotte Corday es un modelo en el mundo de las penitenciarias, pero esta mina, malcriada por ser la tipa de Chiquititas, se ve que no aprendió.
Breitner iba a lanzar una orden pero de repente llegó un auto policial y un camión.
- ¿Qué pasa? ¿Traen otras detenidas?
La directora de la Cárcel salió afuera, era el Oficial Cáceres junto a una comitiva importante.
- No me diga Cáceres que ha venido el gobernador – dijo Breitner.
- No, esos están preocupados por otros temas, como la ley que quiere legalizar el Tereré Volador. Vengo con un el equipo de fútbol de la Liga de Corrientes, Lipton, que compite en la liga amateur, y un invitado especial, Carlos Izquierdoz, “el Cali”, quieren dar un partido de fútbol, para entretener a las reclusas. Juega en Boca Juniors.



- Hagamos un equipo mixto, ¿Qué le parece? Las reclusas juegan muy bien, ahora que quieren promover el fútbol femenino, yo soy alemana, o sea que de fútbol se mucho, por algo hemos ganado tantos mundiales, y se los ganamos a ustedes, je, je.
- Perfecto. Dos equipos, seis reclusas en cada uno y que cinco de Lipton, todos mezclados, seis mujeres y cinco hombres en cada equipo. O mejor cuatro hombres y un Quesón, ja, ja. Izquierdoz, por ser profesional, jugará un tiempo para cada equipo.
Breitner, que era fanática del fútbol, hincha venenosa de la Mannschaft (la selección alemana) y del Bayern Munich, cuando hablaba de fútbol solía decir:
- Alle Deutschen sind gut, aber sie kommen aus Bayern München, sie sind bessere Deutsche. (Todos los alemanes son buenos, pero sí son del Bayern Munich, son mejores alemanes).
La directora de la cárcel se acercó a Izquierdoz y le dijo:
- Qué buenos pies tenes, Cali.
- Gracias, si soy patón, le veo cara conocida, ¿No nos hemos visto ya?
- No, siempre estoy acá, en medio de Corrientes, en esta cárcel, me gustaría ir a mi patria, allá en mi querida Deutchsland, pero estoy cumpliendo una misión aca en pos del IV Reich, con cerveza, chucrut y salchichas, la patria se extraña menos.
- Yo la conozco – insistió Carlos Izquierdoz – o al menos usted, en modo germánico, se parece mucho a dos personas…



- Ah, puede ser – dijo la alemana – tengo dos primas que se parecen mucho, primas lejanas, del mismo linaje, una es rumana, Lady Dumitrescu, otra española, la Marquesa de Avila, yo soy de la raza superior. 
- Claro, claro – dijo Izquierdoz – claro, esas dos primas suyas.
- ¿Sos Quesón, no?
- A mucha honra. Muy Carlos, muy Quesón, mire los pies que tengo y como huelen. Hay días que como solo Queso. No pruebo otros alimentos.
- Deberías vivir en Holanda, un país que debería ser parte de nuestro Reich.
- Nací en Bariloche, San Carlos de Bariloche, por eso soy Quesón, por eso me llamó Carlos. Y Bariloche es muy nazi, yo de la Segunda Guerra Mundial no sé nada, pero dicen que Hitler estuvo ahí…
- Stille! Davon ist nicht die Rede, Karl Linke (Silencio, de eso no se habla, Carlos Izquierdoz, en alemán “Linke” significa “Izquierda”.
La directora de la cárcel decidió cambiar de tema, y ordenó:
- ¡Qué Agustina Cherri sea la arquera del equipo de los “azules”!



Las dos malvadas nazis agarraron a Cherri, y le pusieron el uniforme de arquera del equipo “azul” que se enfrentaría a los “rojos”. El partido de fútbol comenzó, en medio de la alegría de todas las reclusas, parecía un circo romano, las reclusas cantaban, se burlaban de sus compañeras, e insultaban a Cherri, que como arquera sufrió una verdadera paliza, el equipo azul perdió 15-7 ante los Rojos, un metegol.
- ¡Hija de puta! ¡Volvé a Chiquititas! ¡Eso no es una arquera, es una puta de cabaret!
- Y yo fui novia de Sepp Maier – dijo Astrid Breitner.
Cuando terminó el partido, Cherri se sentía humillada, encima las demás reclusas pasaban y la escupían, las dos carceleras nazis le iban a dar una nuevo manguerazo.
- ¡Noooooooooooooo! – las paró en seco el futbolista Carlos Izquierdoz – acá rige la Constitución Nacional, voy a hablar con la reclusa, a ver si entra en razones.
Cherri estaba llorando en un costado, no la veía nadie, Izquierdoz se acercó a ella y le dijo:
- Eras mi ídola en Chiquititas, aunque mi personaje preferido era Roña, ahora el destino me puso en el rol de ser tu asesino.
- ¿Asesino? – a Cherri le causó gracia y comenzó a reir - ¿Asesino? ¡Ja, ja, ja! Despues de tantos tormentos vos que jugas al fútbol profesional decís que sos un asesino, ja, ja. A ver, matame, Carlos.



Cherri se desnudó ante Izquierdoz, que se sacó los zapatos, las medias y quedó descalzo, todavía con uniforme de futbolista.
- ¡Qué olor a pata! – dijo Cherri.
- No tengo olor a pata, tengo olor a Queso, porque soy un Quesón, soy un Caaaarlooooossssssss. Un Caaaarrrrloooooosssss, ¿Me entendes, nena?
- Sí, te entiendo, Carlos, perdón Caaaarrrrloooooosssss, sácame de aca, Caaaarrrrloooooosssss.
- Chupá mis Quesos.
El futbolista le puso sus enormes pies encima a la estrella de Chiquititas, pies muy olorosos, todavía más quesudos, quesones y quesosos de lo habitual después del partido de fútbol, Cherri los empezó a chupar, oler, lamer y besar, una y otra vez.
- Siempre te tuve ganas, Agustina – le dijo Carlos – Yo creo que vos cogiste con Roña.
- No, jamás, te lo aseguro, sí con el otro, con Ezequiel Castaño. Y con el rubiecito, Santiago Stieben.
- ¡Oooooooohhhh! ¡No lo puedo creer! – dijo Carlos Izquierdoz.
El futbolista le empezó a hacer caricias y cosquillas en todo el cuerpo, mientras Cherri le chupaba la pija, ahí entonces la penetró, disfrutaron mucho del sexo, fue fuerte, intenso y apasionado, todo pareció moverse.
- ¿Qué más, Carlos? – dijo Cherri – perdón, Caaaarrrrloooooosssss.
- Ahora viene el Queso.
- ¿El Queso?
- Perdón, el Queeeeesssoooooooooooooo.
Carlos le tiró un enorme Queso Emmenthal, con grandes agujeros, encima a Cherri, que le cayó sobre el cuerpo, cuando la actriz despejó el Queso que tenia encima, se encontró a Izquierdoz, con un enorme cuchillo, sobre ella.
- ¡Noooooooooooooooooo! ¡Eras un asesino en serio!
- ¡Soy un Quesón! – dijo Carlos Izquierdoz.



Cuchillo en mano, el futbolista se tiró encima de Agustina Cherri, y comenzó a apuñalarla en forma salvaje y violenta, como había hecho con Marina Calabró o Jimena Latorre, cuchillazo, tras cuchillazo, hasta llegar a unas cien puñaladas, más o menos, ahí el asesino se dio por satisfecho.
- Queso – dijo Carlos Izquierdoz mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Agustina Cherri.
El asesino se fue de la escena del crimen, se terminó de duchar, se bañó, no se lavó los pies, y regresó junto a la comitiva del Oficial Cáceres, abandonando la Unidad Penal. Breitner se acercó al lugar donde estaba el cadáver de Cherri, no sabemos que hizo, pero sí sabemos que al salir estaba contenta, repleta de energía, recordando a su prima rumana, Lady Dumitrescu.
- Seguiré comiendo chucrut, aunque a veces quiero comer paella como mi prima, la Marquesa de Avila. Deutschland über alles.
Y le dijo a las dos oficiales nazis:
- Tiren el cuerpo de esta mina quesoneada sobre el río Paraná, ja, ja. 
Y otra vez entonó el himno de Alemania: Deutschland über alles. El oficial, y también el otro, el Horst Wessel Lied.


miércoles, 29 de mayo de 2019

El Asesino de Florencia Bertotti


Ocurrió en un fin de semana que no había partidos por el Campeonato, cuando hay fechas FIFA, y hace rato ya que Carlos Tevez, el Jugador del Pueblo, no integra las selecciones nacionales, por eso para el era un fin de semana libre. Carlitos aprovechó para ir al teatro con sus chicos, junto a su fiel mayordomo y chofer, Perkins, que lo trajó de Inglaterra.
Fueron a ver un espectáculo infantil, “El Regreso de Floricienta” con Florencia Bertotti. Para pasar desapercibido, dado que era un auténtico ídolo popular, Carlitos entró a la sala apenas un minuto antes de que empezará la función, y se sentó en la última fila.
El único que lo reconocio y lo hizo entrar al teatro, el Oficial Carlos Gabriel Cáceres le dijo a Carlitos: 
- ¿Te acordas Carlitos de la actriz esa pelotuda que hacía de Floricienta? Podrías hacer un príncipe, que tal el Apache Tevez en el País de las Fantasías?, ¿La viniste a ver?
- Síiiii, señor policía – contestó Carlitos, mientras una voz empezaba a anunciar el inicio del espectáculo.
- ¡Y ahora! ¡El Regreso de Floricienta! – anunció la voz.



Las luces se apagaron, y el espectáculo iba a comenzar. Salió una artista española, y comenzó a cantar, la famosa canción española “Ojos verdes”.
Ojos verdes, Verdes como l'arbahaca, verdes como er trigo verde, y el verde, verde limón.
El público, mayoriamente infantil, comenzó a gritar:
- ¡Queremos a Floricienta! ¡Queremos a Floricienta! ¡Qué se vaya la gallega!
La española, lejos de achicarse por los gritos de la plebe, terminó su canción y empezó ahora a cantar otra canción del mismo estilo, “La Lirio”.
La Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio, y se le han puesto las sienes, moraítas de martirio.
A la española la silbaron y abuchearon, una voz dijo:
- Sentimos informar, pero debido a una medida gremial de la CGT, la función ha sido suspendida. No devolveremos el dinero, la misma será donada a la Fundación Vandor para Descendientes y Familiares de Dirigentes Gremiales.
Ahora, las protestas del público aumentaron, ya era un motín, un quilombo total, una gorda, que estaba con sus siete nietos, gritó:
- ¡Hay que quemar todo! ¡Me gasté toda la jubilación para esta mierda! ¡Hay que quemar todo!



Descontrol total, Carlitos, que seguía de incognitó, le dijo a su chofer:
- Perkins llévate a los pibes, yo me quedo.
- Ok, Mister Charles – dijo el mayordomo inglés, que se fue con los pibes de Tevez.
El teatro ya era una especie de guerra, la gorda empezó a quemar los asientos, una pelea de todos contra todos, Carlitos se paró y se acercó a los vestuarios, la vio a Florencia Bertotti, y le dijo:
- Qué quilombo que armaron. Los pibes están furiosos. ¿Qué paso, hay huelga de la CGT?
- Vos sos Carlitos Tevez – le dijo Bertotti.
- Sí, y vos sos una forra que caga a los chicos, no tenes vergüenza.
- Y vos sos el Jugador del Pueblo, o el sirviente de los gorilas, que mierda sos, decime.
- Chupame la pija – le dijo Tevez.
- Con mucho gusto – le contesto Bertotti – dale vení para aca.
Se fueron a un costado, Bertotti se pusó de rodillas, y empezó a chuparle la pija a Carlitos, con fuerza le hizo la fellatio, despues los pies, con mucha intensidad, empezó a acariciar al Apache, una y otra vez, este le tocó los pezones, la concha, el culo.



- Pucha que sos fea – le dijo Carlitos.
- ¿Y vos quien sos? ¿Brad Pitt?
- Vos sos una soreta.
- Y vos el jorobado de Notre Dame.
- Ya ves a ver Florencia Bertotti.
- Anda a la mierda, Carlitos.
Carlos entonces la penetró por la vagina, gozaron del sexo un rato, mientras se insultaban todo el tiempo, al terminar, Bertotti quedó exhausta, tirada sobre el piso.
- No entiendo que haces aca, Carlos, yo leí que hubo minas que te asesinaron, que te tiraron un Queso (1).
- Son solo Relatos Quesones, ficción pura, en la realidad, el que tira los Quesos soy yo.
- ¿Qué Quesos tiras?
- Este – Carlos Tevez, con guantes negros, sacó un revolver con calibre 45 con silenciador, y apuntó a Bertotti, comenzandole a disparar.
- Queso, Queso, Queso, Queso, Queso, Queso, Queso, Queso – dijo Carlos diciendo “Queso” cada vez que tiraba un balazo, y al terminar, con el cuerpo de Bertotti en el piso, cubierto de sangre y balazos, el Apache tiró el Queso.
- Queso – dijo en voz alta Carlos Tevez.



El futbolista salió de aquel lugar, tras haber asesinado a Florencia Bertotti. A todo esto, el teatro ya no existía más: el incendio desatado por la gorda hizo que todo quedará consumido por las llamas. Por suerte, no se reportaron víctimas fatales, por el incendio claro, y hasta la artista española, sobrevivió, y vio el cadáver de Florencia Bertotti.
- ¡Qué bueno! ¡Por algo soy La Marquesa de Avila!
El Oficial Caceres lo vio a Tevez salir en medio del humo y de las ruinas.
- Qué suerte Carlitos, estábamos preocupados.
- Yo no estuve aca, estoy de incognito.
- Es verdad.
- Very dificul.
- Very dificul – dijo Cáceres.
- Volvió todo a la normalidad – dijo Carlitos y se fue del lugar.



martes, 28 de mayo de 2019

El Asesino de Florencia Etcheves


Florencia Etcheves se encontraba en su casa escribiendo una nueva novela, de esas que suele escribir esta mina, que se volvió muy odiosa en los últimos tiempos. Iba por el capítulo uno de su nueva obra, que quería tener un toque diferente, tratar sobre una conductora de TV que iba a una isla tropical, y ahí participaba de una fiesta sexual, donde terminaba siendo asesinada. Al ver en su biblioteca, el número 23 de “Elige tu Propia Aventura” de “Perdidos en el Amazonas”, cambió totalmente de idea.
“Me parece que va a asesinando a los miembros de la expedición. Mejor, la voy a situar en 1890, no ahora, y será una expedición al Amazonas, en lugar de una isla tropical, va en medio de la selva, con todos hombres, los va matando uno a uno, sí mejor eso, también asesina a los nativos, unos indios muy altos, patones, muy patones, los va asesinando uno por uno, despues se vuelve la Reina de las Amazonas, e instaura una dictadura del matriarcado, ahí en medio del Amazonas, escribiré eso, se llamará “La Reina del Amazonas”.  Ya esta decidido” pensó Etcheves.
Muy entusiasmada con la idea, lo que más le gustaba a Etcheves era imaginar cuando la mina iba asesinando a los nativos, a los que imaginaba muy patones, con pies muy grandes, gigantescos “Irá con su cuchillo, a unos los apuñalará por la espalda, a otros los acuchillará en el pecho, a otros les cortará el cuello, a todos los asesinará, después de jugar con los pies, los enormes pies, de cada uno de ellos, quizás les de el placer de tener sexo, ya veremos”.



Etcheves comenzó a escribir, hoja tras hoja, terminó el primer capítulo, el segundo, ya iba por el tercero, era muy tarde, empezó a tener sueño, mucho sueño, se quedó dormida ahí delante de la pantalla de Word donde iba escribiendo, totalmente exhausta. De repente sintió que la estaban zamarreando, sacudiendo, moviendo, Etcheves se despertó de golpe.
Vio ante ella a un indio, muy alto, patón, ensangrentado, como si lo hubieran apuñalado.
- ¿Quién sos? – dijo Etcheves.
- Soy uno de esos personajes de tu libro. Uno de los asesinados. 
- ¡No puede ser! ¡Esto es ficción pura! ¡Esto es un sueño!
- Ningún sueño. En tu libro asesinastes a los Patón patón, una tribu perdida del Amazonas, aca venimos a vengarte.
- ¡Nooooooooooooooooooo! – gritó Etcheves - ¡Esto es un sueño!
- Ningún sueño – se escucharon voces de mujer, eran tres María Laura Santillan, sí, tres minas iguales, una igual a la otra, como clones, imitaciones perfectas.
- ¡Noooooooooooooooooooooo! ¡Noooooooooooooooooooo! – dijo Etcheves - ¡Noooo puede ser!!!!!!!!!!!!!!!!



Las clones de Santillán rodearon a Etcheves y comenzaron a gritar:
- ¡Queso! ¡Queso! ¡Debe morir Etcheves! ¡Etcheves debe ser asesinada!
- ¡Noooooooooooooooooooooooooooooo! – gritó Etcheves, las clones de María Laura Santillán rodearon a la escritura y comenzaron a golpearla, sacudirla, darle patadas, tirarle de los pelos.
Etcheves quedó inconsciente, una vez más, al volver en sí, se encontró otra vez en la habitación, sentada sobre su computadora.
- Oh, qué horrible sueño – dijo Florencia Etcheves.
Agarró la computadora y se encontró que todo lo que estaba escrito había sido borrado, no quedaba nada, horas y horas de trabajo perdidas.
- ¡No puede ser! ¡No puede ser!
- Es que no fue un sueño – dijo una voz – aunque es mejor que creas que sí lo fue.
Etcheves se dio vuelta, ante ella estaba Carlos “Charlie” Elder, rugbier y pasajista, aficionado a la botánica, ella no la conocía, dijo:
- ¿Quién sos? ¿Qué haces aca?


- Carlos Elder, Asesino de Mujeres, Quesón – dijo Carlos, mientras con sus guantes negros comenzó a tocar el cuello de Etcheves, como amagando querer estrangularla.
- Enfunda tu Queso, Quesón, que vas a pasar un papelón – dijo Etcheves.
- No creo – dijo Carlos Elder – Chicas, vengan.
Otra vez los clones de María Laura Santillán aparecieron.
- ¡Noooooooooooooooo! – gritó Etcheves.
Esta vez ataron a la escritora a una silla. Una de las clones comenzó a chuparle los pezones, otra la concha, otra le hizo caricias por todos lados, otra le metió el dedo en el culo, así las clones fueron intercambiando los papeles, una y otra vez.
- ¿Te gusta Etcheves?
- Vos sos el Indio, estabas disfrazado, no tengo dudas.
- Puede ser, todo puede ser en la dimensión desconocida.
- No entiendo como llegaron hasta acá.
- Mientras escribías esas boludeces te quedastes dormida y apretaste, por error, el “Peligro Queso” en la computadora, la gente cree que es para combatir y prevenir los asesinatos Quesones, la boludez que le hicimos creer a la gilada, pero no, es todo el contrario, con eso nos atraen.
- ¡Noooooooooooo! – gritó Etcheves, mientras las clones de María Laura Santillán seguían disfrutando de su cuerpo.
- Bueno chicas, ya pueden irse – dijo Carlos Elder.
- Afirmativo – contestaron al unísono las cuatro clones, que muy obedientes, se fueron del lugar.



Solo quedaban Carlos Elder, el Quesón, y Florencia Etcheves, en la habitación, el rugbier y paisajista rodeó con una cuerda el cuello de la escritora. Esta pensó que iba a estrangularla, pero no, el rugbier dejó la cuerda, la escritora estaba atada, nada podía hacer. Charlie quedó en medias y puso sus pies encima del rostro de Etcheves.
El olor a Queso era muy fuerte, intenso, asfixiante, las medias eran muy olorosas, Etcheves las chupó, lamió, besó, una y otra vez. Despues Elder se sacó las medias, y sus pies muy olorosas quedaron sobre el rostro de Etcheves, que siguió chupando, lamiendo, besando, una y otra vez, estaba como en trance. 



Al terminar esto, Elder la penetró, la cogió con salvajismo y furia, como Etcheves lo merecía, la zamarreó mientras tenían sexo. Al terminar ató sus dos medias y rodeó el cuello de la escritora, ahora sí, comenzó a estrangularla.
- ¡Aaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – gemía Etcheves mientras Carlos la estrangulaba con las medias. 
El asesino terminó su tarea, y de la mochila sacó un Queso, lo tiró sobre la víctima.
- Queso – dijo.
El rugbier contempló a su víctima estrangulada y pensó en voz alta:
- Te pasa por odiosa. Ja, ja, ja.
El asesino abandonó la escena del crimen. Quizás fue un asesinato, para muchos un ajusticiamiento.

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