domingo, 24 de febrero de 2019

El Asesino de Griselda Siciliani


Adrian Suar le dijo a Griselda Siciliani:
- ¿Queres trabajar en una película? Es una nueva versión del Zorro, una coproducción con los mexicanos de Televisa.
- No tenía ningún interés en trabajar en un producto cinematográfico.
- Es un papel breve. Te matan antes de los diez minutos de la película.
- ¿Me asesinan antes de los diez minutos? ¿De que se trata?
- Tu papel es el de la Marquesa de Avila. Hay dos Zorros, el verdadero, don Diego de la Vega, el que lucha por la justicia, y un zorro falso, un malvado asesino serial de mujeres, que usa el mismo disfraz, don Carlos de Quesada.
- A ver… contame más del guión.
- Don Carlos de Quesada es un enemigo de don Diego de la Vega, entonces decide cometer una serie de asesinatos, todas las víctimas mujeres, para que se piense que el Zorro es un cruel asesino y un sangriento criminal.
- Me interesa la propuesta. ¿Y como sería mi papel?
- Es un papel breve. La Marquesa de Avila esta durmiendo en su mansión cuando se despierta sobresaltada al escuchar algunos ruidos. En camisón, se despierta, descubre una cortina, y allí esta el falso Zorro, don Carlos de Quesada, la ataca con su espada, se la clava en el cuello, y listo, la asesina, ese es tu papel.


- Acepto. Me gusta la idea de ser asesinada. ¿Y quien va a hacer el papel del Zorro? ¿Y el del Villano? ¿Y el Sargento García?
- El Zorro va a hacer para un mexicano. Todavía no dijeron quien puede ser. Una figura importante. El de don Carlos de Quesada se eligió por casting. Y el elegido resultó ser Carlos Manuel Eisler.
- ¿Carlos Eisler? Nunca lo oí a ese actor.
- Hizo algunos papeles en cine y teatro, no es conocido, este papel de villano será su consagración. Cuando lo veas te va a parecer Bob Patiño, tiene unas patas enormes.
- Ja, ja, che, ¿Y la filmación es en México o en Argentina?
- Aca. En una antigua casa colonial en la provincia de Salta, hacia alla vamos mañana.
- Que conste que cobraré millones por este papelito.
- Obviamente.
Así fue que Griselda Siciliani se trasladó a la provincia de Salta a filmar esta nueva versión del Zorro. Luego de algunos días de preparación finalmente llego la jornada en que debía filmarse la escena en la cual Carlos De Quesada (Carlos Eisler) asesinaba a la Marquesa de Avila (Griselda Siciliani).


Siciliani vio a su asesino de la ficción recién cuando la filmación iba a comenzar. Carlos ya estaba vestido del “Falso Zorro”.  Se encontró con un hombre flaco, alto, muy guapo, de enormes pies, realmente era cierto lo que le había dicho Suar, era una especie de Bob Patiño.
- Hola, vos sos Carlos, el asesino, ja, ja, el que va a hacer de Don Carlos De Quesada.
- Así es y vos serás mi víctima, ja, ja.
- Qué curioso un Carlos interpretando un personaje que se llama Carlos.
- Es que para un Carlos no hay nada mejor que otro Carlos.
Filmaron la escena, hicieron como doce tomas, o sea que a lo largo del día Don Carlos De Quesada asesinó una docena de veces a la Marquesa de Avila. La escena era simple: la Marquesa estaba acostada en su habitación descansando cuando se despertaba bruscamente por un ruido, se levantaba de la cama, corría una cortina, y allí se encontraba con el Falso Zorro. Este, era don Carlos De Quesada, que vestido como el Zorro, le clavaba a la Marquesa la espada en el cuello, y la asesinaba. Ahí era cuando el director gritaba: “¡Corten!”.


- Fue muy excitante eso de que me asesinaras una docena de veces – le declaró Griselda Siciliani a Carlos Eisler al finalizar la filmación.
- Muy excitante ja ja y en la peli hago de un asesino de mujeres, después cometo otros asesinatos, que amasijo a otras tres minas mas, la última víctima será doña Encarnación De Feliú, prometida de don Diego de la Vega.
Siciliani observó los pies de Carlos Eisler, estaba impresionada por el tamaño de los mismos. No dudo en preguntarle:
- ¿Cuánto calzas?
- Calzo 47. Pero como soy Quesón, cuando tengo sexo aumentan el tamaño.
- ¿Quesón? ¿Aumento del tamaño?
- Sí, Quesón…
- ¿Qué es un Quesón?
- Un Queso grande, ja, ja, y mis pies huelen a Queso, te lo aseguro, no son pies no son Quesos.
Paso el momento. Siciliani se fue a su habitación. Estaba cansada después de la filmación. No tardó en quedarse dormida. De repente, algo la despertó en forma inmediata, sintió un golpe en su cabeza y no tardó en abrir los ojos. Había un enorme bulto sobre su rostro y grande fue la sorpresa de Siciliani al descubrir que lo que había era un Queso.



Sí, un Queso, una horma de Queso Pategras, con cascara roja. Sobresaltada, Siciliani se movió en la cama, y entonces vio que sobre su rostro había una enorme bota negra, y entonces escuchó una voz:
- Griselda, soy Carlos, Carlos Eisler, vine a ver si queres probar mi Queso. Te dije que soy un Quesón. Puedo asesinarte como en la película, ja, ja, si queres probar mi Queso sácame las botas, las medias, todo, si no queres nada, no hay problema, me voy.
- ¡Claro que quiero! – dijo entusiasmada Griselda Siciliani - ¡Quiero tu Queso!
Siciliani entonces entusiasmada empezó a sacarle las botas a Carlos, y juntos las olieron, lamieron, besaron y chuparon; luego hicieron lo mismo con las medias (los calcetines) de color negro que llevaba Carlos. Disfrutó mucho de la experiencia y el gozo se multiplicó cuando besó, lamió, chupó y olió los apestantes pies de Carlos. Olían a Queso de manera fuerte e intensa.
Al terminar con los pies, Carlos le dijo:
- Volveme a poner las botas, nena, te voy a hacer chaschas en la colita.
Siciliani le puso las medias y las botas. Entonces le dio la espalda y le dejo el culo, Carlos empezó a darle patadas en el culo, una y otra vez, y mientras se los daba le daba con todo con el látigo. En un espectáculo propio de las artes sadomasoquistas, Siciliani disfrutaba mucho la experiencia.
Extasiada como estaba, el gozo y el placer que sintió Siciliani se multiplicó por mil cuando Carlos la cogió, después de terminados las patadas y los latigazos.
- ¿Y ahora Carlos? Ya nada podrá disfrutarse tanto como esto.
- Falta lo mejor. No será la Z del Zorro, sino la C de Carlos. Aca vá…


Y Carlos, que estaba disfrazado del Zorro, sacó la espada y sin mayores contemplaciones, la atravesó en el cuello de Siciliani, la metió y la sacó, y le asestó entonces una segunda clavada en el pecho, haciendo un profundo tajo donde le marcó la “C” de Carlos. Desangrada por la profunda herida, Griselda Siciliani quedó muerta, mientras Carlos le tiraba el Queso diciendo en voz alta:
- Queso.
El asesino quedó satisfecho por el crimen. Obviamente el asesinato de Siciliani causo un gran impacto en la opinión pública. Pero la filmación continuó. Se atribuyó el crimen a un psicópata desconocido al que la prensa identificó con el nombre de “Carlos Quesón”, informando que estaba prófugo. Carlos Eisler siguió actuando en la película haciendo del Falso Zorro, el serial killer que mataba mujeres haciéndoles la Z del Zorro. El film, “El Zorro versus El Zorro” fue un gran éxito de taquilla, y la prensa especializada la consideró la mejor película de este personaje.


El Asesino de Carla Gugino


Europa estaba conmocionada por el asesinato de bellas modelos. Como un reguero que se extendía por todo el viejo continente, desde Lisboa a Varsovia, y desde Liverpool a Napolés, las modelos aparecían apuñaladas y sobre su cadáver siempre había un Queso. La fuerzas euro policiales estaban sobrepasadas por esto y hablaban de una docena de crímenes. Pero la prensa en todos los idiomas de la UE sostenía que la cantidad de crímenes era el doble o hasta el triple de esa cantidad.
“El Queso Asesino de las Modelos” lo llamaban en España; "Il formaggio assassino dei modelli" en Italia; "Le fromage tueur des modèles" en Francia;  "Der Mörderkäse der Modelle" en Alemania; "Kaas moordenaar van Models" en Holanda; "The Killer Cheese of the Models" en las islas británicas ya fuera de la zona euro, etc, etc. 


El asesino, no era otro que el bello y seductor modelo Carlos achado Mattesich, un paraguayo exitoso y triunfador en la Vieja Europa. Con sus enormes pies talle 47, seducía a sus víctimas, las llevaba a la cama, las sometía a sus pies, tenían sexo, y finalmente las apuñalaba una y otra vez, hasta asesinarlas de mas de setenta u ochenta puñaladas. Al terminar, dejaba un Queso sobre el cadáver de las víctimas. Era un Quesón, como se suele llamar a esta clase de asesinos.
Carlos se encontraba en Holanda, en los Países Bajos, donde curiosamente lo habían contratado para hacer una serie de publicidades de Quesos. Carlos tuvo una jornada intensa después de muchas fotos y videos. Desde el pueblo de Almaark, famoso por el mercado de Quesos, Carlos regresó a Amsterdam a dormir en un hotel ubicado entre la Plaza Dam y la Central Station.


Estaba caminando por el pasillo de su piso del  hotel  cuando descubrió que la actriz americana Carla Gugino estaba justo en la habitación de al lado a la suya. A Carlos le llamó la atención.
- ¡Qué raro! ¿Qué hace Carla Cugino en Amsterdam justo al mismo tiempo que yo? ¿No será una asesina y vino a asesinarme sabiendo que soy el Quesón, el Queso Asesino de las Mujeres, el  Kaas moordenaar van Models como dicen aca? No tengo alternativa, debo asesinarla. Por un lado mejor, me faltaba un asesinato aca, en los Países Bajos, en Nederland.


Llegó la hora de la noche, y Carlos se aseguró, después de comer un buen Queso como cena, que Carla Gugino estuviera en su habitación. Aunque hacía mucho frío en Amsterdam aquel día de noviembre, el hotel estaba muy calefaccionado, el asesino entonces quedó desnudo con un bóxer y guantes negros como únicas prendas. Sacó un enorme cuchillo de sus pertenencias y por supuesto, un gran Queso holandés, y fue al cuarto de Carla Cugino.
Valiendo de trucos propios de un ladrón, no tuvo problemas en entrar a la habitación de Cugino. La actriz estaba acostada durmiendo, Carlos entonces le tiró el Queso encima.
- Maitei nena, sos peteĩ ojuka nahániri areko py'aherã kuera, katu aju akue asesinartepe ,aca ten kuera pe kesu, che kesu – le dijo en guaraní, que traducido al español es “Hola Nena, sos una asesina no tengo dudas, pero vine a asesinarte, aca tenes el Queso, mi Queso”.


Obviamente Cugino nada entendió, sino que gritó de terror. Carlos le tapó la boca con una mordaza, y sacando unas sogas del bolso que había llevado, comenzó a atarla de pies y manos.
Carlos entonces sacó sus pies y obligó a la chica a olerlos, besarlos, lamerlos y chuparlos, varias veces, después tuvo sexo con ella. Vale reconocer que aunque estaba atada, Gugino disfrutó mucho de la experiencia, y lejos de representar una tortura, fue todo un gozo para ella.


Finalmente, tras tener sexo con ella, el asesino levantó el cuchillo y la apuñaló salvajemente. Le dio unas ochenta puñaladas más o menos. Y al terminar le tiró el Queso.
- Queso – lo dijo en español y después en guaraní “Kesu” y en holandés “Kaas”.
Carlos abandonó el hotel esa misma madrugada y se dirigió a la Estación, donde tomó el primer tren a Bruselas. La mancha de sangre y quesos que estaba expandiendo en toda Europa continuaría…


sábado, 23 de febrero de 2019

El Asesino de Eva De Dominici


Eva Carolina Quatrocchi es más conocida como Eva De Dominici. Desconocemos porque renegó del “Quatrocchi” y se puso “De Dominici”. Esta joven y bella actriz se encontraba descansando en un alto de la grabación del programa “Golpe al corazón” en la cual actuaba en el 2018, año en que ocurrió lo que voy a contaros a continuación.
Una anciana, muy veterana, quizás con más de ciento diez años, y con acento rumano, apareció por el lugar. La vio a De Dominici y le dijo:
- Buenas tardes nena, deseas colaborar dándole algunos pesos a esta pobre anciana que ha sobrevivido a dos guerras mundiales y a la dictadura de Ceascescu en Rumania.
- ¿Quién es usted? – preguntó asustada De Dominici.
- Lady Dumitrescu. Ya os dije sobreviví a las dos guerras mundiales y a la dictadura de Ceascescu en mi Rumania natal, aunque mi madre era búlgara, y mis abuelos, húngaros, croatas y eslovenos.
- ¡Fuera de aquí vieja loca! – comenzó a gritar enfurecida De Dominici.
El personal de seguridad no tardó en llegar. Retiraron a la vieja, que enfurecida comenzó a decir:
- ¡Ya verás De Dominici! ¡No te olvidarás de Lady Dumitrescu! ¡Tu sangre joven será bebida para mi eternidad!
- ¿Quién era? – preguntó Rodolfo.
- No sé. Una vieja loca, dijo que era rumana, o algo así. La culpa la tienen ustedes que dejan entrar a esa gente.
- No sé de donde salió. Le sacamos un documento. Decía que era nacida en 1887. Tiene 131 años. Es imposible que alguien viva tanto tiempo.
- Una loca. Debe tener sesenta. La próxima vez serán despedidos.


De Dominici fue al lujoso departamento donde vivía. Iba a estar un rato, a cambiarse y después salir con unas amistades. Pero para su sorpresa, al abrir la puerta, vio que sobre la mesa de la cocina había una horma gigantesca de Queso Gruyere.
- ¿Y esto? – preguntó aterrorizada - ¿Quién dejó este Queso en este lugar?
- He sido yo – fue la respuesta de una voz masculina. De Dominici se dio vuelta y vio frente a ella a un hombre muy alto, de dos metros, con aspecto y vestimenta de basquetbolista, con guantes negros y un machete en sus manos. El basquetbolista se caracterizaba por ser muy patón: calzaba 52.
- ¿Quién sos? – preguntó aterrorizada Eva De Dominici.
- Carlos Matías Sandes, basquetbolista, me dicen el Queso Quesón, ja, ja. Jugué en San Lorenzo hasta mediados de este año, ahora estoy en Boca. Calzo 52.
- ¿Qué haces aca, a qué viniste?
- A quesonearte Eva De Dominici.


Carlos Matías Sandes no tardó en sacar una gasa y se la pusó en la boca y la nariz a De Dominici. Era un éter y la narcotizó. La chica permaneció dormida unos pocos minutos, los suficientes para que Carlos la atara a un sofá que estaba en el living del departamento.
Al despertar, De Dominici intentó zafar de las ataduras pero no pudo. Un enorme pie talle 52 con un intenso olor a Queso estaba sobre su rostro.
- Espero que te guste el Queso – dijo Carlos.
De Dominici entonces comenzó a oler, besar, lamer y chupar los pies del basquetbolista. Al principio le resulto repugnante, pero con el correr de los minutos empezó a gustarle. Y lo que era tortura al principio se convirtió en gozo después.
Finalizado el juego de los pies, Carlos le dijo:
- Si queres coger, te desató.
Extasiada, De Dominici, aceptó. El culo de De Dominici, arrodillada, le dio la espalda al basquetbolista, y este empezó a darle patadas una y otra vez. Después la cogió por el culo, con los pies primero y con el pene después. Finalmente la obligó a chuparle la pija, y la penetró por la vagina. De Dominici estaba extasiada.
- Quiero más, quiero más Carlos.
- Ahora viene lo mejor – respondió Carlos Matías Sandes.


El basquetbolista entonces sacó el machete lo sostuvo con sus manos, lo levantó y descargó un criminal golpe sobre el cuello de De Dominici. Le provocó una profunda herida de izquierda a derecha, y luego con un segundo golpe, de derecha a izquierda. Un tercer golpe fue aún más mortífero y se lo descargó desde atrás. Hubo otras machetazos, sobre el cuello y el cuerpo, finalmente la decapitó.
Al terminar, el basquetbolista agarró el Queso y lo tiro sobre el cadáver de De Dominici, diciendo en voz alta:
- Queso.
El basquetbolista abandonó el lugar. Dicen que una mujer visitó la escena del crimen unos minutos después. Cuando entró era una anciana de más de 130 años, cuando se fue, parecía una mujer joven, radiante de belleza, de unos treinta años.


El Asesino de Brenda Asnicar


Se encontraba el basquetbolista Carlos Leonel Schattmann, jugador de Quimsa en la Liga Nacional, descansando en la tarde previa a un partido en una capital de provincia. Dicen que pasó una anciana caminando por ahí, mientras todos dormían la siesta. La anciana, con acento rumano, le dijo a Schattmann:
-         Soy Lady Dumitrescu. Brenda Asnicar está ahora en esta ciudad. Quesoneala. Tirale un Queso. El Queso que debió tirarle Carlitos Tevez. Esta en el Hotel Independencia.
Schattmann intentó contestar a la anciana pero esta se esfumó y cuando se dio vuelta, ya no estaba en el lugar. El basquetbolista fue entonces al hotel donde se alojaba, el Hotel Liberación, se puso los guantes, tomó el cuchillo, agarró un Queso enorme, muy grande, miró al espejo y dijo:
-         Voy a quesonear a Brenda Asnicar.
Tardó unos minutos en llegar al Hotel Independencia. El basquetbolista entró como si nada. El conserje intentó pararlo pero el botones, un empleado veterano del hotel le dijo:
-         Dejadlo, es Carlos Leonel Schattmann, gran basquetbolista.
El basquetbolista entonces preguntó:
-         ¿Dónde se aloja Brenda Asnicar? Vengo a tirarle el Queso que no le tiró Carlos Tevez.
-         Habitación 803 – dijo el conserje – la suite “Emperador Hirohito”.



El basquetbolista se subió al ascensor y llego a la 803. Tocó la puerta y Brenda Asnicar abrió y le dijo:
-         Hola, ¿Quién sos? ¿Y que es ese Queso que sostenes con tu mano?
      Asnicar contempló al basquetbolista, le llamó la atención el enorme Queso que sostenía en sus manos y el enorme tamaño de los pies de Schattmann.
Schattmann vio a Asnicar y le dijo:
-         No seré Carlitos Tevez. Pero soy un Carlos. Me llamo Carlos Leonel Schattmann y juego al básquet en Quimsa.
-         ¿Quimsa? ¿Y eso con que se come?
-         Se come con Queso, con este Queso, ja, ja, es un equipo de Santiago del Estero.
-         Entonces sos un Carlitos.
-         Sí, lo soy, aunque en el básquet todos me llaman Leo, me conocen como Leo Schattmann.
-         Veo que sos muy patón.
-         Calzo 48, nada comparado con los pies de mis tocayos y amigos Quesones Carlos Matías Sandes y Carlos Delfino.
-         ¿Quesones? ¿Qué son los Quesones?


-         Soy un Quesón. Me gusta el Queso, ja, ja, y me gusta mucho.
-         Quiero probar tu Queso, Leo Schattmann.
-         Probemos entonces el Queso, ja, ja, cojamos y cojamos bien. ¿Queres oler mis pies?
-         Con mucho gusto, señor Schattmann.
Asnicar se tiró al piso y comenzó a oler, chupar, lamer y besar los pies de Carlos Leonel Schattmann. Olían muy fuerte.
-         Qué Quesón que sos.
Schattmann le tiró el Queso. Un enorme Queso. El basquetbolista le dijo:
-         Ahora te cojo, Asnicar.
Asnicar se puso de rodillas, Schattmann entonces decidió cogerla por detrás, y le penetró el culo. Después la penetró por la concha. Jugaron un rato. Disfrutaron mucho. A Asnicar le gusto mucho, comenzó a decir:
-         ¡Vamos Leo! ¡Me encanta esto! ¿O te tengo que decir Carlitos ja ja?
-         Para vos Carlitos, ja, ja, no seré Tevez, pero soy un Carlitos, ja, ja.
-         Quiero más Carlitos, quiero más.
-         Y tendrás más.


En ese momento, Carlos Leonel Schattmann agarró el cuchillo, tomó a Asnicar del cuello, y cuando esta esperaba una nueva penetración que la hiciera gozar, el basquetbolista la degolló. Le cortó el cuello con un profundo corte de izquierda a derecha, y luego otro de derecha a izquierda. El chorro de sangre que salió del cuello de Asnicar fue enorme. Carlos Leonel Schattmann le dio un par de cortes más y creyó que ya no era necesario más.
Agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de Brenda Asnicar mientras decía en voz alta:
-         Queso.
El basquetbolista abandonó la habitación, con el goce de haber cumplido con su rol de Quesón.


El Asesino de Candela Vetrano


Carlos “el Cali” Izquierdoz no había tenido un buen partido en Boca Juniors aquella tarde. Todo lo contrario: era un partido decisivo, histórico y determinante. Carlos había metido un gol en contra. Ese gol en contra evito que su partido ganara aquel día. Era una noche triste para el Cali mientras reflexionaba porque había jugado tan mal, y en que debía mejorar. 
Carlos olio las calcetines que había usado en el partido. Olían a Queso. Era un olor muy fuerte, apestante y profundo. A Carlos le gustaba. Le dio ganas de comerse un Queso, a ver si pasaba el mal momento.
Movido por un instinto muy extraño, Carlos se puso los guantes, unos guantes negros que tenía, y tomó un enorme cuchillo. Un cuchillo largo y filoso. Se acercó a la heladera y sacó una enorme horma de Queso. Era un gran Queso Maasdam, importado de los Países Bajos. La puso en una bandeja y la llevó a la mesa. Carlos empezó a cortar el Queso con el cuchillo y comenzó a devorarlo.
Fue cuando estaba comiendo el Queso, que a Carlos Izquierdoz se le despertó el instinto criminal. Era un Quesón. Un asesino serial de mujeres que le tiraba un Queso a cada una de sus víctimas. Le gustaba apuñalar mujeres y esa noche tenía ganas de cometer un nuevo asesinato. 


Carlos Izquierdoz, el Cali, el Cali Quesón, comenzó a recordar a sus víctimas más famosas. Eliana Guercio, Marina Calabró, Barbie Velez, Lali Esposito, Natalie Perez. Todas acuchilladas, Todas quesoneadas. Carlos el Cali Izquierdoz decidió que esa noche debía cometer un nuevo asesinato.
Mientras masticaba el Queso, cuchillo en mano, Carlos se miró al espejo y pensó: “Antes del amanecer debo cometer un nuevo asesinato”.
Las ganas de cometer un nuevo asesinato las tenía, el cuchillo también y el Queso esperaba ser tirado sobre algún cadáver. ¿Quién sería su nueva víctima? Dictaminó que fuera el azar el que decidiría.


Miró la televisión, empezó a ver una serie de temporadas pasadas, Casi Angeles, se fijó en el personaje de Estefanía Elordi Rinaldi. Lo interpretaba una actriz, de nombre Candela Vetrano. Carlos Izquierdoz buscó el perfil de la chica en Wikipedia y se informó mejor de quien era.
- La asesinaré – dijo en voz alta Carlos el Cali Izquierdoz – mi instinto Quesón me llevará a donde estará y la asesinaré.


Se puso el disfraz del asesino de Scream, el que solía usar cuando salía a asesinar (bah, a veces asesinaba con la camiseta del club en el cual estaba jugando en el momento).
Como un cazador furtivo, Carlos Izquierdoz salió de su departamento, con el Queso y el cuchillo, dispuesto a asesinar. Tomó el auto. Algo le dijo que debía ir a la zona norte, a un country llamado “Pasadena”. Hacia allí se dirigió.


Entró en forma furtiva pero entró, y se dirigió hacia una de las casas. Estaba seguro que allí encontraría a Candela Vetrano. Forzó la puerta, ingresó a la casa, se dirigió directamente a la habitación. Y allí estaba la actriz, acostada durmiendo, sola, su novio estaba de viaje.
- ¡Queeeesoooooo! – gritó Carlos Izquierdoz mientras tiró el Queso sobre la actriz Candela Vetrano.
La actriz, aterrorizada, prendió la luz y se encontró ante ella al asesino. 
- ¡Socorroooo! ¡Un loco asesino! ¡Vino a asesinarme! ¡Soy una actriz consagrada! ¡Protagonizó novelas!
- Grita todo lo que quieras. Nadie vendrá. Y yo soy Carlos el Cali Izquierdoz, figura del fútbol, te asesinaré.
Carlos, cuchillo en mano, hubiera deseado someter a la actriz al juego de los pies para luego tener sexo con ella y finalmente asesinarla. Pero el estado de histeria de la mujer, más los gritos que pegaba sin cesar, lo hicieron cambiar de planes. Debía asesinarla de inmediato. No tenía opción.
- Lo importante es cumplir con mi deseo de Quesón. La asesinaré y le tiraré el Queso. Para los pies y el sexo ya habrá otras oportunidades.


La chica intentó huir de la habitación pero ahí Carlos le dio le asestó la primera puñalada. Le clavó el cuchillo en el estomago, y le atravesó el cuerpo. Luego saco el cuchillo y le asestó dos brutales cortes, uno de izquierda a derecha, y otro de derecha a izquierda. La herida fue muy profunda. Vetrano perdió mucha sangre, y quedó tendida en el piso. Carlos la apuñaló salvajemente, fueron ciento diecisiete puñaladas, con cortes en todo el cuerpo. Carlos agarró el Queso y lo tiró sobre la actriz diciendo en voz alta:
- Queso.
Carlos el Cali Izquierdoz ya estaba satisfecho. El asesinato estaba cometido. Era un Quesón y había tirado un Queso. Carlos el Cali Izquierdoz era ahora el asesino de Candela Vetrano.


viernes, 22 de febrero de 2019

El Asesino de Rocío Igarzabal


Terminó el entrenamiento de Tigre. Carlos “el Chino” Luna se iba del lugar cuando Ruperto, el utilero, le dijo:
-         Chino, dejaron ese paquete para vos.
Carlos abrió el paquete. Era un Queso Pategras, esos con agujeros y cascara roja ideales para una picada. El Queso tenía una inscripción que señalaba “Rocío Igarzabal, actriz, ex casi Angeles, hacía de Valeria Gutiérrez, tirale este Queso, Lady Dumitrescu”.
Ruperto contempló al Chino y le preguntó:
-         ¿Todo bien Chino?
-         Todo perfecto, Ruperto, voy a asesinar a una mina y a tirar un Queso.
-         Los deseos de Lady Dumitrescu deben ser respetados.
-         Esta mina hacía un papel en una novela, Valeria Gutierrez en Casi Angeles.


-         Valeria Gutierrez. La chica asesinada por Carlos Sebastián Beneitez, el Asesino del Queso, en Pehuajó, 76 puñaladas, fue un caso fue muy comentado.
-         Mi instinto Quesón me llevará hacia esta mina – señaló Carlos “el Chino” Luna.
Rocío Igarzabal, la actriz, se encontraba en su departamento. Tocaron el timbre. La mucama no estaba. Entonces abrió la puerta. Ante ella estaba Carlos Ariel Luna, el Chino, el futbolista, el histórico goleador de Tigre.
-         Hola. Soy Carlos Luna. El goleador de Tigre.
-         Hola, que sorpresa, que haces aca, debes venir a ver a Jacinta, la mucama paraguaya.
-         Sí, vengo a eso – dijo Carlos el Chino Luna - ¿Dónde esta?
-         Fue a la verdulería a comprar unos tomates y cebollas.
-         En Casi Angeles hacías de Valeria Gutierrez – le dijo Carlos “el Chino” Luna a la actriz – Valeria Gutierrez, un nombre muy curioso.
-         ¿Porqué curioso? Al contrario, es de lo más común.
-         Sí, si, si, común, era el nombre y apellido de una chica que fue asesinada por un Quesón. Un crimen muy famoso en aquel tiempo.


-         ¿Un Quesón? ¿Qué es un Quesón? ¿Un Queso grande?
-         Un Quesón no es un Queso grande. Es un asesino de mujeres. Un asesino que se llama Carlos y que le tira un Queso a cada de sus víctimas.
-         Ja, ja, ja, esas cosas no existen. Todo eso de los Quesones es una leyenda urbana.
-         Te aseguro que no es ninguna leyenda urbana.
-         ¿Tan seguro estas “Chino”?
-         Por supuesto. Sabes porque estoy seguro, porque yo soy un Quesón.
-         ¿Vos sos un Quesón? ¡Ja, ja, ja! ¡Qué vas a ser un Quesón! ¡Si sos un futbolista mediocre que solo pudo triunfar en Tigre!
-         Soy un Quesón y te lo demostraré.
En ese momento, Carlos “el Chino” Luna, sacó un revolver largo con silenciador de sus pertenencias y apuntó a la chica.
-         ¿Qué? ¿Me vas a asesinar Carlos Luna?
-         Te asesinaré. Porque soy un Carlos, un Quesón, y me llamó Carlos Luna, ja, ja, ja.
El goleador de Tigre disparó el revolver y asesinó a la actriz de una decena de balazos. Agarró el Queso que le dejó Lady Dumitrescu y lo tiró sobre el cadáver de la víctima.
-         Queso – dijo en voz alta Carlos el Chino Luna.


Contemplando el cadáver de su víctima, Carlos “el Chino” Luna, comenzó a hacerse una paja, la disfrutó mucho. Estaba satisfecho. Jacinta, la mucama, regresó al departamento, y al entrar vio al asesino y a la víctima.
-         Perfecto Chino Luna, perfecto – dijo la mucama, que lejos de ser paraguaya, esta vez pronunció las frases con un acento rumano – Has servido al Clan Dumitrescu y seras recompensado.
El Chino Luna se fue satisfecho, con el Queso, el asesinato y la paja que se había hecho.


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