Carla Romanini, la Quesona Asesina (15/16) (La Asesina de Lizardo Ponce y otros Quesos)

Me encontraba tan cansado después de una intensa jornada de trabajo que me quede dormido en el escritorio, sin siquiera apagar la computadora, con mis enormes pies sobre la mesa. A pesar de lo imprevisto, me encontraba realmente disfrutando de aquel sueño, cuando el mismo se interrumpió bruscamente, sentí como que alguien me hacía cosquillas en los pies primero, y después me daban un sopapo en la cara, me desperté entonces, y al abrir los ojos, ví que un cuchillo estaba sobre mi cuello, sentí el frío del cuchillo en mi cuello, como muchas de las víctimas de los relatos y cuentos que suelo escribir en este blog, el blog https://cuentossangrientos.blogspot.com/.

-          Buenas noches Carlitos – dijo una sensual y suave voz de mujer – espero que tengas una buena noche.

No pude decir palabra alguna, solo que ante mí tenía, nada más ni nada menos que a la bella y rubia Carla Romanini, la temible, sanguinaria, feroz e implacable Quesona Asesina.

-          ¿No vas a decir nada, Carlitos? – me dijo Carla mientras seguía teniendo el cuchillo sobre mi cuello.

-          Ya se que tenes la costumbre de asesinar chabones y tirarles un Queso – le dije – pero a mí, ¿A Carlos Quesón? El cronista de estos cuentos, tengo que seguir escribiendo los relatos de los Quesones y las Quesonas.

-          Y lo seguirás haciendo, Carlitos – me dijo Carla – quise darte este susto, solo para que aclares algunas cosas en los Relatos, cuestiones que han sido tergiversadas, y me gustaría que las aclares.

-          Perfecto – le dije, en ese momento, Carla sacó el cuchillo sobre mi cuello – haceme las aclaraciones y todo será publicado.

-          Así debe ser, Carlos. Hay un relato que dice que a Lizardo Ponce lo asesinó Carla Quevedo (1). Es falso, esa fabuladora inventó eso, a Lizardo Ponce lo asesiné yo.

-          Bueno – le dije – voy a corregir ese relato y la asesina serás vos, Carla Romanini.

-          No – me dijo Carla – deja el relato donde a Lizardo lo asesina la otra Carla, pero agrega también el mío, esa rata sucia de Lizardo Ponce merece ser asesinado dos veces, que estén las dos versiones, la falsa, la de Carla Quevedo, y la verdadera, la mía.

-          Contame la historia, Carla, la publicaré tal cual – le dije entonces a la asesina.

-          Por supuesto Carlos, aca va el relato verdadero de como fue asesinado ese ser miserable llamado Lizardo Ponce, y de paso te cuento, que fue en realidad, un doble asesinato, dado que esa misma tarde asesiné también a otro individuo.

Y ahora les transcribó tal cual lo que me contó Carla Romanini, la Quesona Asesina, sobre como asesinó a Lizardo Ponce.

“Era una de estas tardes de esta pandemia eterna e interminable que parece no terminar nunca, el señor Lizardo Ponce, catalogado de influencer según Google, se encontraba ensayando para esos programas basura que hace, como por ejemplo, el Bailando, o el Cantando, o el Cogiendo por un sueño, o como se llame esa basura, estaba totalmente solo, cuando de repente, yo, Carla, la Quesona Asesina, interrumpí el ensayo que estaba teniendo el tal Lizardo, aparecí como de la nada, como si me hubiera teletransportado, vaya una a saber de donde.

-          ¿Quién sos? – dijo Lizardo Ponce, aterrorizado al verme, como si estuviera viendo un fantasma o un aparecido.

-          Soy Carla Romanini, la Quesona Asesina – le contesté y saqué mi cuchillo, mostrándoselo a Lizardo - ¿No me conocés? Estuve en un programejo del cable “Con Amigos Así”, ¿No lo conocías?

-          Nunca ví ese programejo, o no sé, o lo mejor estuve ahí ¿Y que haces aca? ¿Qué queres Carla?

-          Ya te dije, estimado Lizardo (Que nombre de mierda tenes, Lizardo), soy Carla, la Quesona Asesina, y ¿Qué es lo que hace una Quesona Asesina?

-          Y una Quesona Asesina hace dos cosas: asesina y quesonea, ¿No es así? – me contestó Lizardo.

-          Así es estimado Lizardo – le contesté – asesinó y quesoneo, y vos vas a ser mi próxima víctima.

-          ¡Nooooo! – gritó Lizardo, el influencer, aterrorizado y preso del pánico, se arrodilló ante mí y empezó a suplicar - ¡No me asesines, Carla! ¡No me quesonees, Carla!

Sentí cierta compasión por quien sería mi víctima, estaba totalmente indefenso, le podía clavar el cuchillo y apuñalarlo, al fin y al cabo era gay, y no iba a disfrutar de mis placeres sexuales como mis otras víctimas, pensé entonces en apuñalarlo y terminar todo ahí, levanté el cuchillo e iba a asesinarlo, pero era terminar todo muy rápido, entonces le dí una patada, una feroz patada, y Lizardo no opuso resistencia, solo siguió suplicando.

-          No me asesines Carla, pégame, hace lo que quieras, violame, pero no me asesines. ¡Piedad, asesina, piedad!

Aprovechando que Lizardo estaba aterrorizado, tendido en el piso, vencido y derrotado, saque entonces de mi cartera un algodón, lo sumergí en cloroformo y así lo dormí a Lizardo, lo desnude, dejándolo solo con el calzoncillo que tenía puesto, y lo até a una especie de diván que había ahí, ahí quedó semidesnudo, cuando volvió en sí.

-          ¿Qué vas a hacer conmigo, asesina? – pregunto aterrorizado Lizardo.

-          Te voy a violar – le contesté.


Pusé entonces mis pies sobre el rostro de Lizardo, mis pies huelen de una manera suave y agradable, como perfume francés, a Lizardo no le gustaron, seguramente el esperaba algún pie de hombre, fuerte y oloroso, dado que era gay.

-          ¿No te gustan mis pies? – le pregunté.

-          ¡Noooooooooooo! – gritó Lizardo – quiero oler los pies de algún basquetbolista, de alguien que huela muy fuerte.

-          Me imaginaba eso – le contesté – pero no te preocupes, voy a satisfacer tus deseos, Lizardo. Quiero quesonearte, pero que conozcas la felicidad antes de ser quesoneado.

Podía haberlo asesinado en este instante, pero preferí darle ese pequeño placer, entonces agarré una inyección y le dí una fuerte dosis de cloroformo, lo suficiente para dormir a un elefante, Lizardo dormiría algunas horas y entonces tuve una idea, para lo cual debía salir de cacería. Antes de salir, agarré el celular y googlee “Matías Basquetbolista”, ya saben que si bien soy una asesina de hombres, tengo una especial debilidad por los Matías, así googleando, como encontré a muchas de mis víctimas (Matías Fioretti, Matías Bortolín, Matías Sesto, Matías Candia, por citar algunos ejemplos), encontré a Matías Solanas.

Matías Solanas, joven basquetbolista de veintidós años, del 1,93 metros de altura, del club San Martín de Corrientes, la ver las fotos de este Matías, sentí casi lo mismo que cuando descubrí a Matías Fioretti o a Matías Candia, un deseo irrefrenable de cometer el asesinato, de quesonearlos, de asesinar y de tirarle un Queso. Pero Matías Solanas jugaba en Corrientes y yo estaba en Buenos Aires, ¡No tenía chance de tenerlo consigo!

Busque entonces en el diario Olé y la satisfacción que sentí al ver la noticia no tiene nombre: con la liga nacional de básquet dividida en burbujas por la pandemia, el tal Matías Solanas estaba en Buenos Aires. No dudé en ir al lugar donde se encontraba, guiándome por mi infalible instinto de Quesona. Era tal el deseo de asesinar a Matías Solanas, que casi me había olvidado que tenía pendiente el asesinato de Lizardo Ponce.

Justo llegué a aquel lugar cuando para mí sorpresa, Matías Solanas justo salía a caminar unas cuadras, comencé a seguirlo, el basquetbolista se dio cuenta y al darse vuelta, me dijo:

-          Me estas siguiendo, ¿Quién sos, nena?

-          ¿Vos sos Matías Solanas, verdad? ¡Yo soy Carla Romanini, la Quesona!

-          ¿La Quesona? ¿Qué queres de mí?

Aunque estábamos en la calle, no había nadie, y no dudé en desnudarme ante Matías.

-          ¿Qué haces nena? – me dijo Matías Solanas - ¡Estas loca! ¡Voy a llamar a la policía!

-          Este cuerpo puede ser tuyo, Matías Solanas – le dije a Solanas - ¡Te invito a una fiesta sexual!

-          ¿Fiesta sexual? ¡Esta noche tengo partidos de básquet!

Fue entonces que apareció el espectro de Matías Candia, el joven youtuber al que asesiné a puñaladas y le tiré un Queso. Uno más en mi larga lista de hombres quesoneados (2).

-          Ve Matías – le dijo el espectro de Matías Candia a Matías Sotelo – no te vas a arrepentir.

Matías Solanas me miró, muy fijamente, miró a sus costados, y otra vez, volviéndose a mí, me dijo:

-          ¡Bueno, Carla, dale, vamos a la festichola sexual!

Y así conduje a Matías Solanas al lugar donde tenía secuestrado a Lizardo Ponce, el basquetbolista le llamó la atención ver a Lizardo, dormido, desnudo, con solo un calzoncillo como prenda, atado sorbe un diván.

-          ¡No me dijiste que iba a estar otro tipo! ¡Y es el imbécil que esta en el Cantando! ¡Lizardo Ponce!

-          Te dije que era una fiesta sexual, o sea que vale todo, y en tiempos de pandemia, todavía más.

-          Tenes razón Carla – me dijo – soy tu esclavo sexual.

-          Cojamos entonces – le dije a Matías Solanas – pero dale, primero que Lizardo se despierte, encárgate vos de eso.

-          ¿Cómo hago yo eso? – preguntó Matias.

-          Ponele el pie encima – le dije.

Y Matías Solanas hizo eso, le puso su enorme pie encima, y si bien no estaba nada oloroso, dado que no es un Carlos, no es un Quesón, basto para que Lizardo oliera el pie, lo besara, chupara y  lamiera, despertándose de esa manera. A continuación, Matías Solanas hizo una especie de streap tease, que yo disfrute mucho, y Lizardo todavía más, me tiré al piso, y empecé a chupar, lamer, besar y oler los pies de Matías Solanas, el hizo lo mismo a continuación con los míos, a Lizardo todo aquello le encantó, no le preocupaba estar atado, disfrutaba de todo, y gritaba todo el tiempo “Cogeme Matías, cógeme Matías”, casi sin parar.

-          Cogelo Matías – le dije entonces a Solanas.

-          No, no soy gay, quiero cogerte a vos, Carla.

-          Hacelo, por adelante y por atrás.

Lo que pasó a continuación fue todo un relajo sexual, nos arrastramos por el piso, y el me cogió con fuerza, violencia y salvajismo por atrás, después hizo lo mismo por adelante, para mi goce sexual, fue algo espectacular, solo con Matías Fioretti había disfrutado de aquella manera, pero tras tener sexo conmigo (3), Matías Solanas parecía una máquina sexual desenfrenada, tanto que fue directamente a donde estaba Lizardo Ponce, lo dio vuelta, y lo penetró por el culo.

Lizardo Ponce no lo podía creer: el goce sexual que estaba sintiendo era algo espectacular, maravilloso y perfecto, una auténtica maravilla, algo súblime, Matías lo cogió a Lizardo, hasta dejar al influencer hecho una piltrafa.

-          ¡Gracias Carla! – dijo Lizardo - ¡Esto fue algo maravilloso!

Despues de todo aquello, tanto Matías como Lizardo quedaron exhaustos, no daban más, Matías aún estaba sobre Lizardo, aunque ya no lo estaba penetrando, entonces yo agarré el machete, uno similar al que use para asesinar a Matías Fioretti, lo levanté y apuñalé a Matias Solanas por la espalda, que no advirtió que lo iba a atacar.

-          ¡Aaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – gritó de dolor Matías Solanas mientras recibía el machetazo sobre su espalda, se lo clave totalmente, bastó una sola herida para asesinarlo.

-          ¡Queso! – grité y le tiré el Queso al cadáver de Matías Solanas - ¡Matías Solanas!

-          ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! – gritó de horror Lizardo Ponce - ¿Porqué lo asesinastes Carla, me hizo conocer la felicidad plena!

-          Porque soy una asesina Lizardo – le dije – y ahora llego tu turno.

Hice entonces algo clásico entre las Quesonas, agarré el Queso, otro Queso, no el que le había tirado a Matías Solanas, y lo puse encima de Lizardo, que continuaba atado, levanté el cuchillo, y corté el Queso sobre el cuerpo de Lizardo, corte el Queso en cientos de cubos, mientras amagaba con acuchillar a Lizardo, lo rodee de cubos de Queso, y empecé a obligarlo a comérselos, con el cuchillo le iba metiendo el Queso en la boca, para asco de Lizardo, asi lo fui torturando, despues cuando me cansé de esto, le hice cosquillas en los pies, también con los cubos de Queso, gracias a eso, logré que a Lizardo, a pesar de ser gay, se le parará la pija, y entonces ahí, lo violé, sí, porque aunque el me penetró a mí, fue como si lo hubiera violado yo, lo dejé exhausto con esa relación sexual, tanto que gritaba aterrorizado, no podía dejar de gritar, entonces levanté el cuchillo y ¡zas! se lo clavé en el pecho, y retiré rápidamente el cuchillo.

-          ¡Me asesinastes, hija de puta! – llegó a gritar Lizardo Ponce, herido de muerte.

-          Queso. Lizardo Ponce – le tiré el Queso cuando aún no había muerto, aunque no tardó en hacerlo. Le asesté una segunda puñalada, bien profunda, para dejarle el cuchillo clavado en el corazón.

Estabas más que satisfecha, Matías Solanas y Lizardo Ponce habían sido asesinados.

-          ¡Lizardo! ¡Lizardo! ¡Lizardo! ¡Lizardo! – empecé a sentir unos gritos de una voz amanerada.

Entonces alguien entró a ese cuarto, era un joven de unos veinticinco años, más o menos, quizás un poco más, no tarde en reconocerlo, al googlear sobre Lizardo Ponce había encontrado datos de este chabón, y ahí me dí cuenta de quien era, Santiago Maratea, o Santi Maratea, otro influencer, al parecer, ex pareja de Lizardo.

Santi entró al cuarto y vio a el cadáver de Lizardo Ponce atado, con el cuchillo clavado en el corazón y el Queso encima. Además estaba el cadáver de Matías Solanas, también con el Queso encima, tendido de espaldas, y con el machete clavado.

-          ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! – gritó de terror Santi Maratea al ver los dos cadáveres con los Quesos encima.

-          ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! – volvió a gritar de terror Santi Maratea al verme a mí delante de el, con el cuchillo en la mano, otro cuchillo que tenía.

-          Lo siento Santiago, pero tengo que asesinarte, no estaba en mis planes hacerlo, pero por suerte, gracias a mi instinto de Quesona y de Asesina, siempre llevó cuchillos y Quesos demás por sí surge alguna víctima colateral o inesperada.

Entonces, lo asesiné, le clavé el cuchillo en el cuello…

-          ¡Me asesinastes, hija de puta! – llegó a gritar Santiago Maratea, herido de muerte.

-          Queso. Santiago Maratea – le tiré el Queso cuando aún no había muerto, aunque no tardó en hacerlo. Le asesté una segunda puñalada, bien profunda, para dejarle el cuchillo clavado en el corazón, cuando estaba agonizando de la primera herida que le aseste en el cuello.

Si bien me especializó en asesinar a chabones que se llaman Matías y por algo me llaman la Quesona de los Matías, al asesinar a Santi Maratea noté que también podría ser la Quesona de los Santiagos, dado que asesiné al Chano Carpentier (4) y al modisto Santiago Artemis (5), entre otros.

Me encantaría resucitar a Santiago Artemis, solamente para volver a asesinarlo.

Entonces, yo, Carla Lucía Romanini, la asesina de Matías Sotelo, la asesina de Lizardo Ponce y la asesina de Santiago Maratea, me fui del lugar, conforme, satisfecha y eufórica por los nuevos asesinatos que había cometido.

Claro que antes de irme y mientras contemplaba los tres cadáveres quesoneados, apareció ante mí el espectro de Matías Candia, el Quesoneado.

-          Ya sabes Carla, me vengaré, volveré y me vengaré.

-          Ja, ja, ja, ja – me reí y le contesté al fantasma – en este Queso yo soy la Quesona y vos el Quesoneado, y eso no tiene vuelta atrás.

Y así concluyó el relato de Carla Lucía Romanini, la Quesona Asesina”.


-          Perfecto – le dije – ese relato es maravilloso y cien por cien verídico.

-          Ninguna duda, Carlitos, gracias por apreciarlo – me dijo la asesina – ahora me voy Carlos Quesón, y espero que publiques esto que te conté, eso sí, también me gustaría, no ahora, sino más adelante, un relato donde yo asesinó a Mario Guerci (6) y a Hernán Drago (7).

-          Eso es imposible – le contesté – los dos están muertos, asesinados y quesoenados por Ravelia, la Quesona Asesina.

-          Eso ya lo sé – me contestó Carla – pero no me importa, puede haber una versión donde los asesino yo. Miro puede ser así la cosa.

En una estancia ubicada no muy lejos de Buenos Aires, los modelos Mario Guerci y Hernán Drago me invitan a pasar un fin de semana a plena vida gauchesca, sin imaginar que yo soy una asesina serial de hombres. El viernes por la noche tengo sexo con los dos, primero con Mario, despues con Hernán, sexo de alto vuelo, como corresponde en estos casos, con los dos practico el fetichismo de pies, les cortó un Queso encima, les hago cosquillas, los sometó a torturas y finalmente me penetran por adelante y por atrás, al día siguiente, los dos organizan un asado en mi honor, antes de que lleguen los invitados, Mario esta en un lugar, donde hay cuchillos, y por supuesto, un montón de Quesos, una bodega de Quesos, comunes en el campo, entonces entró, agarró un cuchillo, y sin que el se de cuenta, lo asesinó clavándole el cuchillo en la nuca, pocos minutos después llega Hernán, y entonces lo asesinó clavándole el cuchillo en el estomago, tras asesinar a los dos, les tiró los Quesos y me voy del lugar, los invitados llegan y descubren los cadáveres, el resto se lo dejo al Comisario Miguel, ja, ja, ja.

-          Buena historia, Carla – le dije – pero ya están quesoneados y forman parte de la saga de Ravelia, es como que escriba de nuevo el asesinato de Valeria Mazza y ponga de asesino a Carlos Ignacio Fernández Lobbe, cuando todos sabemos que el asesino es Carlos Delfino.

-          Bueno Carlos – me dijo Carla – hace lo que quieras, eso sí, gracias por publicar este relato sobre los asesinatos de Matías Solanas, Lizardo Ponce y Santiago Maratea. Y te aclaro que este cuchillo con el que te amenace es más falso que camiseta de River con los colores azul y oro, ja, ja, es un cuchillo de utilería, mira si voy a querer asesinarte, ja, ja. Yo no deseo asesinar hombres, simplemente los asesino, Carlitos. Te dejo este Queso de regalo, se que te encantan los Quesos.

La asesina se fue de repente, como había llegado, y aunque es verdad eso de que me encantan los Quesos, preferí no comer aquel Queso, mejor siempre desconfiar de una Quesona Asesina, aunque el cuchillo con el que me había amenazado, efectivamente, era de juguete. Tengo que reconocer que me hubiera gustado coger con ella, y es una asignatura pendiente no hacerlo, pero la verdad también pienso que todos los hombres que tienen sexo con ella, terminan con un Queso encima. Y yo soy Carlos Quesón, debo seguir siendo el cronista de los Relatos Quesones.

Y así es que publiqué este relato, donde la asesina cuenta en primera persona, sus últimos asesinatos, que ya suman cincuenta y dos, si mal no recuerdo.

Carla Lucía Romanini, la Quesona Asesina, ¡Qué Quesona! ¡Qué Asesina! ¡Qué Carla!

  1. (1)    La Asesina de Lizardo Ponce (versión de Carla Quevedo)
  2. (2)    La Asesina de Matías Candia
  3. (3)    La Asesina de Matías Fioretti
  4. (4)    La Asesina del Chano Carpentier
  5. (5)    La Asesina de Santiago Artemis
  6. (6)    La Asesina de Mario Guerci
  7. (7)    La Asesina de Hernán Drago




Comentarios

  1. muy buen relato, bueno (aunque muy riesgoso) tu encuentro con la asesina, bien que asesinaran de nuevo a Lizardo Ponce, bien por todo!

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  2. COMO ME GUSTA LEER COMO ESTA QUESONA AMASIJA A TODOS ESTOS CHABONES

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  3. la verdad me sorprendiste bastante con este relato, tiene algunos giros argumentales innovadores en medio de tantos Quesos, y que sanguinaria y asesina es esta Carla, si hubiera que puntear daría diez puntos

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  4. pobre el chabón que se llama Matías, quizás no merecía el Queso, los otros no caben duda que si lo merecían, pero bueno estas asesinas son así, y como te apuro Carlitos para que escribieras el cuento, ja, ja, ja

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  5. si te cruzas con Carla, te quesonea

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  6. interesante relato, con ideas que podrían tener un mayor desarrollo:
    - la tensión entre las Quesonas, como vemos Carla Romanini se atribuye crímenes cuya autoría ya había sido asignada a otras asesinas
    - el encuentro entre el cronista y la asesina, podría haber similares, pero con los Quesones, encuentro entre Carlos, claro, no tendrían la tensión que genera el encuentro de una Quesona y un chabón, siempre candidato a que lo asesinen
    muy buen relato, coincido con los otros comentarios, una sorpresa agradable

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  7. Me alegra que Carla Romanini este presente como quesona.
    Que susto te dio, es muy de ella.

    Y con esa relato, mostró lo que puede hacer que hagan sus víctimas, con tan de tener sexo con ella.

    Pero no hace falta que se peleen con Carla Quevedo ni con Ravelia Zamas, hay famosos para quesonear, para asesinar luego de concerder el último deseo.
    Incluso podría haber un relato titulado Las Carlas de Charly, con ella, Carla Conte y Carla Quevedo.

    No hay que descartar la promesa de venganza. Tal vez regresen para complotarse con un viudo de famosa, como Peter Alfonso, productor y viudo de Paula Chavez. Para hacer algo como capturarla, junto con Carla Conte, atarlas juntas y obligarlas a huir, como un reality show.

    O podrían participar en una película en que varias Carlas son raptadas, victimizadas. Y ellas reaccionan, eliminando a sus atacantes. Y a los actores que los interpretan. Algo al estilo de Escupiré sobre tu tumba.

    Carla Gugino merece algún relato, también.

    Y volviendo a la rubia quesona, recuerdo que Futbolero Vélez pidió un relato teniendo sexo con ella, sin ser asesinado.



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  8. Es un hallazgo este blog, no abundan los blog de fanfictions de famosas. Había uno, con variadas historias, algunos con asesinatos. Pero cerró.
    Y está Adult Fanfiction, incluyendo historias de rapto y de asesinato, pero tardan bastante en actualizar.

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  9. Catlacmata, siempre mata

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  10. La Niña de Embajadores29 de marzo de 2021, 04:18

    pobre el Basquetbolista, podría haberse salvado, como para hacer algo distinto, dado que este relato tuvo varias cosas distintas

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  11. Gogiendo por un sueño. Sería para ver ese programa.
    Carla Romanini podría ser una de las participantes. Como Carla Conte, Carla Quevedo, etc.

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  12. no estaría mal otra versión de "la asesina de Lizardo Ponce" con Carla Conte como asesina

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