miércoles, 31 de julio de 2019

Los Asesinos de Virginia Gallardo y Estefanía Xipolitakis (4 de 4)


viene de la TERCERA PARTE "EL ASESINO DE ESTEFANÍA XIPOLITAKIS"

CUARTA PARTE
"CUANDO UN QUESÓN SE VA" 
(DE VIAJE EN AVIÓN)

A la salida del lugar, Schattmann, con sorpresa, vio que Sandes estaba ahí.
- ¿Todo bien Carlos? ¿Tiraste el Queso? – le preguntó Sandes a Schattmann.
- Perfecto. Mejor que bien. Claro que tiré el Queso. Por fin cometí un crimen en Buenos Aires.
- Siento desilusionarte Carlitos, pero la Ciudad de Buenos Aires sigue siendo un lugar prohibido para tus Quesos, ja, ja, esto es el Partido de Vicente Lopez, Provincia de Buenos Aires, esa es la General Paz, el límite de Capital y Provincia. Yo soy mendocino, pero juego en Boca, ja, ja, se perfectamente cuál es el límite de Capital y Provincia.
- ¡No! ¡Sigo sin asesinar minas en la Ciudad de Buenos Aires! ¡Y bueno será mi destino como Quesón! 
- ¿Le cortaste la cabeza?
- No. La empalé con el Bo, y despues le tiré cuatro Tantō, como los lanzapuñales del circo, ja, ja.
- Siempre adicto a las armas ninja últimamente.
- Lo probé y me gustó.
- Volvamos a la escena del crimen, Carlitos.
- ¿Para qué? Siempre dicen que los asesinos vuelven a la escena del crimen, pero los Quesones no lo hacemos nunca.
- Esta vez sí lo haremos – le dijo Sandes.
Schattmann accedió a la petición de su amigo. Los dos asesinos entraron a la escena del crimen. Ahí estaba el cadáver de Xipolitakis, con el Bo clavado en el culo, y los cuatro Tantō sobre su cuerpo, más el Queso. 
- Al final no me dijistes si quesoneastes a Virginia Gallardo – le dijo Schattmann a Sandes.
- Aca tengo la prueba de que lo hice – Carlos Sandes puso la bolsa sobre el piso, y de la misma, sacó la cabeza de su víctima.
- ¡Le cortastes la cabeza! – exclamó sorprendido Carlos Schattmann.}
- Por supuesto. Y ahora cortasela a Estefania Xipolitakis.
- ¿Para qué? Ya esta muerta.
- Hacelo Carlitos.



Schattmann tomó entonces la ninjato, el sable curvo similar a una katana, y con fuerza, decapitó a Estefanía Xipolitakis.
- Mete la cabeza aca – le dijo Sandes, mientras Schattmann metía la cabeza de Xipolitakis en una bolsa.
Sandes entonces sacó la cabeza de Virginia Gallardo, y la puso sobre el cuerpo decapitado de Estefanía Xipolitakis.
- Vamos ahora al lugar donde asesiné a Virginia Gallardo.
Fueron al lugar, y ahora fue Schattmann quien puso la cabeza de Estefanía Gallardo sobre el decapitado cadáver de Virginia Gallardo.
- Ja, ja, ja – río Sandes – esto le hice cuando cometí mis primeros asesinatos, decapité a una maestra y una prostituta, y les cambié las cabezas, fue muy divertido.
- Muy divertido, pero tengo que irme a Brasil, dentro de un rato.
- Vamos a Ezeiza, Carlitos, ja, ja.
Schattmann pasó por el hotel donde se hospedaba, agarró todas sus cosas, con la intención de irse rápidamente a Ezeiza, a tomar el avión para Brasil. Cuando abrió la puerta, una tipa, una muchacha joven, se precipitó sobre Schattmann gritando:
- ¡Vos asesinastes a mi hermana, cuando degollabas mujeres al azar en la Patagonia! ¡La degollaste pero ahora me vengaré! ¡Te cortaré el cuello como hicistes con mi hermana!



La mina, cuchillo en mano, se tiró sobre Schattmann, pero este, con gran habilidad, pudo zafar, y sacó un par de armas ninjas, dos Shuriken (estrellas ninjas) y las tiró sobre la loca, que estaba decidido a asesinarlo.
La mina quedó reducida con las dos shuriken, y Schattmann entonces sacó dos Kunai (pequeños puñales de punta) y las tiró sobre la loca, asesinándola.
- Queso – dijo Carlos Schattmann mientras tiraba el Queso sobre la loca.
Justo ahí apareció Carlos Matías Sandes.
- ¿Qué paso? ¿Asesinastes a una mina?
- Vino a atacarme, dice que yo degollé a la hermana en la que época en que salía a la calle y degollaba minas en las provincias.
- Ja, ja, si es verdad, vos hacías eso…
- Sí, lo hicé, las degollaba y les tiraba un Queso. Bueno, ahora sí, gracias a esta loca pude darme el gusto, cometí un asesinato en la Ciudad de Buenos Aires.
- ¡Ja, ja! -  río Sandes - ¡Otra vez perdistes! ¡Esto es Provincia!
- Me estas cachando. Esa es la autopista que va a Ezeiza, no la General Paz.
- Como se nota que sos provinciano, no conoces para nada la Capital.
- Si vos no sos porteño, sos mendocino.
- Pero juego en Boca, que es de la Capital, Carlitos. Mira es la General Paz. Aca es Provincia. Alla es Capital. No se quien te recomendó este hotelucho, pero esto es Ciudadela, Partido de Tres de Febrero, y allá es Liniers, Ciudad de Buenos Aires.
- Bueno, igual sumé una mina más a mi lista de quesoneadas.
- Que seguramente vampirizada le servirá a la Marquesa de Avila, ja, ja.



Rato después, los dos asesinos estaban en Ezeiza. Schattmann ya iba a embarcar para Brasil.
- Mira Carlitos que Ezeiza es Provincia – le advirtió Sandes – si matas a una mina, seguís sin cometer asesinatos en la Capital.
- No me cargues Carlos – le dijo Schattmann – uy, mira quien viene.
Sandes se dio vuelta y ante ellos, estaban Lady Dumitrescu y la Marquesa de Avila.
- ¿Y Orlok? – preguntó Sandes a Dumitrescu.
- Muy bien. Gozando de la vida en Monaco, como corresponde a alguien de su clase. Yo los extrañaba a ustedes, y por eso me hice una pasadita por Buenos Aires, ja, ja, en unos días regreso a Europa.
- Que bien se la ve – dijo Sandes – esta mejor que nunca. Ya no parece ni de treinta, ahora es una piba de veinte.
- ¿Viste Carlos? Ja, ja, la vida es así, igual prefiero parecer de treinta y cinco, tirando a cuarenta, así estoy muy pendeja, muy pebeta, como decían en Buenos Aires en los años cuarenta.
Dumitrescu se dirigió a Schattmann y le dijo:
- ¡Me alegro que tengas esta chance de ir a jugar a Brasil pero te vamos a extrañar!
- No importa. Será por un tiempo y Brasil está cerca, cerca de Buenos Aires, y más cerca de Europa que Buenos Aires, ja, ja.
- Seguís sin cometer asesinatos en la Ciudad de Buenos Aires – le dijo la Marquesa de Avila.
- No importa, será mi karma como Quesón. Ahora viviré en Sao Paulo, seré el terror de las paulistas. Tiraré Quesos, o Queijos como dicen allá.
- Mira que en Brasil hay grandes Quesones: Carlos Casagrande, Carlo Porto, Carlos Freire, el basquetbolista Carlos De Cobos (Carlinhos), el futbolista Carlao, Carlos Dos Santos, Carlos Eduardo (Kadu) Parga, Carlos “Caco” Ricci, el automovilista Carlos “Caca” Bueno, uf, la lista es interminable – dijo Lady Dumitrescu.
- Ellos son generosos y lo recibirán muy bien – acotó la Marquesa de Avila – como ocurre que los Quesones españoles, mis compatriotas, que también son muchos, todos muy generosos, grandes asesinos, desde Carlos Sainz Junior o Carlos Moyá hasta Carles Puyol, pasando por Carlos Lazo, Carlos Maturana o Carles Panadero, ja, ja, Quesones todos, españoles todos, vascos y catalanes incluídos.



Sandes le dijo a Lady Dumitrescu:
- ¿Bailamos?
- ¿Bailar acá? – le dijo Schattmann – Estamos en medio de Ezeiza, esta repleto de gente, todo el tiempo salen vuelos.
- Sí, bailemos – dijo Dumitrescu – nadie verá ni recordará nada, son muggles, personas sin magia, Imperio, Accio, Crucio.
Sonó la música del Danubio Azul, y Sandes comenzó a bailar el vals con Lady Dumitrescu, la Marquesa de Avila le dijo a Schattmann:
- Bailemos, soy española, no soy austriaca, pero por esas noches en Viena y en Budapest, junto al Danubio.
- Bailemos Marquesa – dijo Schattmann.
Bailaron el vals muy alegremente, al Danubio Azul siguieron otras melodías como El Vals del Emperador y Sangre Vienesa, los dos basquetbolistas se destacaron en el baile, ya estaban por terminar, el avión de Schattmann se iba cuando…
- ¡Me pisastes! ¡Otra vez Carlos! – dijo Dumitrescu.
- Es que soy muy patón, además de patoso para bailar, cada vez calzo más, ahora calzo cincuenta y cuatro.
- ¡Impresionante! ¡Bueno yo creo que tus pisadas me hacen bien, ja, ja! ¡Me dan más energía!
- Por supuesto Lady, por supuesto.



Schattmann también piso a la Marquesa de Avila, que dijo:
- Es el karma, las pisamos, no lo podemos evitarlo, así como yo no puedo asesinar a nadie en la Capital, en la Ciudad de Buenos Aires, es lo mismo.
- Ve a tomar el avión que se va – le dijo la Marquesa.
- Hasta pronto – dijo Schattmann despidiéndose emotivamente de su amigo Sandes y sus dos benefactoras.
Schattmann se fue a Brasil. Sandes quedó con las dos damas.
- Este año el Queso de Oro es tuyo, Carlos – le dijo Dumitrescu a Sandes.
- Yo lo gané algunas veces, pero sí puede ser. Uno quesonea pensando en ser un mejor Quesón, si el Queso de Oro es mío, bueno, mejor, pero siempre quesoneando con humildad y paciencia.
- De lo que no cabe duda es que el Queso de Oro lo va a ganar Carlos – dijo la Marquesa – de un Carlos no sale.
- ¡Ja, ja, ja, ja! – rieron todos juntos y se fueron de Ezeiza. 
Dumitrescu a los pocos días se fue a Monaco, pero antes de irse le dijo a Sandes:
- Te quiero ver en el Principado de Monaco, Carlos. El automovilista de Formula 1 Charles Leclerc, el Quesón Local, te va a recibir muy bien.
- Yo lo sé, Madame. Para un Quesón no hay nada mejor que otro Quesón.
Colorín Colorado. Otro Queso se ha acabado.



martes, 30 de julio de 2019

Los Asesinos de Virginia Gallardo y Estefanía Xipolitakis (3 de 4)


VIENE DE LA SEGUNDA PARTE "EL ASESINO DE VIRGINIA GALLARDO"

TERCERA PARTE
"EL ASESINO DE ESTEFANÍA XIPOLITAKIS"

Una noche, Estefanía Xipolitakis se encontraba en su departamento, recién salida del baño, con una toalla que le cubría el cabello, y una bata que le cubria el cuerpo. No tenia ninguna actividad aquella noche. Sobre la mesa de tocador, una foto recordaba a su hermana Vicky Xipolitakis.
Estefanía Xipolitakis miró una foto de su hermana Vicky:
- Pobre Vicky, pensar que la asesinaron hace ya un tiempo. Como la quesonearon. Fue terrible. La asesinaron en forma salvaje y le tiraron un Queso. No merecía eso.
- Claro que no merecía eso. Merecía mucho más que eso. Como vos ahora que mereces más que eso. Un Queso.
Xipolitakis se dio vuelta, pero sobre su rostro recibió un Queso. Sí, le tiraron un Queso. Un gran Queso, de esos Quesos gigantes, llenos de agujeros, el impacto fue de tal magnitud, que la griega quedó tendida en el piso. Cuando reaccionó, intentó moverse, pero no pudo, estaba atada, de pies y manos, sobre una silla, ante ella vio a un basquetbolista, muy alto y muy patón.
- ¿Quién sos?
- Carlos Leonel Schattmann – fue la respuesta – jugador de la Liga Nacional, bueno, en realidad, ex jugador, ahora me voy a Brasil, nena, ja, ja, a Franca Basquete.
- ¡Vos asesinaste a mi hermana!
- No, no fui yo. Pero fue un Quesón como yo. Mi amigo, Carlos Matías Sandes.
- ¡Vas a pagar por tu crimen!
- Seguiré tirando Quesos, ja, ja – dijo Schattmann – de aquí a la eternidad, vos sos la griega, yo soy inmortal, como los dioses del Olimpo, nena, ja, ja.



- “Peligro Queso” “Peligro Queso” – empezó a gritar desesperada Xipolitakis.
- Grita lo que quieras, no tenes escapatoria – le dijo Schattmann.
Sobre su rostro, Xipolitakis tuvo de repente, un enorme pie, el pie derecho de Carlos Leonel Schattmann, talle cuarenta y nueve…
- Mido quince centímetros menos que Fabricio Oberto, ja, ja, pero mi pie es dos centímetros más grandes que el suyo, ja, ja – río con satisfacción Carlos – toma, toma, mi olor a Queso, disfrutalo, gózalo.
Xipolitakis empezó a oler, chupar, besar y lamer los pies de Schattmann, el pie derecho primero, el pie izquierdo, despues…
- “Peligro Queso” “Peligro Queso” – seguía diciendo desesperada Xipolitakis.
- Vaya, vaya, veo que no quedastes tan extasiada con los pies como otras chicas, bueno, no importa, las cosas son así, ja, ja.
Schattmann entonces se tiró encima de la griega, y la penetró por la concha, cogiéndola con fuerza y salvajismo. La griega puso cara de gozo y satisfacción, disfrutó el momento, pero cuando terminó, volvió a decir.
- “Peligro Queso” “Peligro Queso” – repetía sin cesar Xipolitakis.
- Que ploma – dijo Schattmann.
Sobre la cama había una enorme variedad de armas ninjas. Xipolitakis seguía gritando. Schattmann vio las armas ninja, tomó un palo, el Bo, una vara alargada, como una pértiga, la tomó, la observó y se acercó a Xipolitakis.
- ¡Toma griega! – dijo Schattmann, mientras le metía el Bo en el culo.
- Aaaaaaajjjjjjjjjjjjj – gritó de dolor la griega mientras era empalada.



Pero la cosa no quedó ahí, Schattmann agarró la ninjato, una espada ninja de corte curvo, la tuvo en sus manos, la miró, la tocó, pero al mirar las otras armas ninjas que había sobre la cama, vio cuatro puñales cortos, llamados Tantō, Schattmann tomó uno y miró a Xipolitakis.
- Queeesssoooooooooooo – gritó Schattmann y tiro el primer Tantō, que se clavó en el pecho de Xipolitakis.
- Queeesssoooooooooooo – gritó Schattmann y tiro el segundo Tantō, que se clavó en la teta izquierda de Xipolitakis.
- Queeesssoooooooooooo – gritó Schattmann y tiro el primer Tantō, que se clavó en la teta derecha de Xipolitakis.
- Queeesssoooooooooooo – gritó Schattmann y tiro el primer Tantō, que se clavó en el cuello de Xipolitakis.
El cuerpo de Xipolitakis, empalado, sentado en una silla, y con los cuatro Tantō clavados, quedó ahí inerte, ensangrentado, desparramando la sangre por todos lados.
- Queso – dijo con frialdad Carlos Leonel Schattmann, mientras tiraba el Queso sobre su víctima.
El asesino dio por concluida su tarea y salió con total impunidad de la escena del crimen. Otro Queso había sido tirado.

CONTINUA EN LA CUARTA PARTE "CUANDO UN QUESÓN SE VA"

lunes, 29 de julio de 2019

Los Asesinos de Virginia Gallardo y Estefanía Xipolitakis (2 de 4)


VIENE DE LA PRIMERA PARTE "CUANDO LOS QUESONES SE ENCUENTRAN"

SEGUNDA PARTE 
"EL ASESINO DE VIRGINIA GALLARDO"

Virginia Gallardo finalizo su participación en Polemica en el Bar como cualquier otro día, y se fue del estudio de América como todos los días, regresó a su departamento. Su joven esposo, con el que se había casado recientemente, no estaba. No tenían ningún programa para aquella noche, Gallardo sabía que su esposo llegaría tarde, por cuestiones de trabajo.
Gallardo (ninguna relación con Marcelo “el Muñeco” Gallardo, el todopoderoso entrenador de River Plate) se bañó, e iba a comer algo liviano aquella noche mientras tenia pensado ver alguna serie de Netflix. “Merlí” pero la pensaba ver en su idioma original, el catalán.
Al terminar la ducha, Gallardo salió del baño, y notó un fuerte olor, no era un olor cualquiera, era un olor a… ¡Queso! Sí, una fragancia muy fuerte, casi se desmaya, era un Queso, el Queso que venden en las Queserías y se come, pero también el Queso que despiden los malolientes pies de un hombre.
- ¡Qué olor a Queso! – exclamó Gallardo, mientras sentía que iba a desmayarse, a punto de entrar al dormitorio.



- No te desmayes nena – se escuchó una voz de hombre, con cierta tonada mendocina – vení y disfruta de mi Queso, que no es un Queso cualquiera, es mi Queso, el Queso de un Quesón, el Queso que olieron minas como Wanda Nara, Vicky Xipolitakis, Laurita Fernandez, Tini Stoessel o Mora Godoy, por nombrar solo algunas, porque fueron muchas minas.
Gallardo levanto la vista, no lo podía creer… en la cama había un hombre gigante, con aspecto de basquetbolista, con dos enormes pies, de un colosal tamaño, estaba acostado, desnudo, con un calzón y guantes negros en las manos, como únicas prendas, esos pies despedían un olor a Queso intenso, apestante, asfixiante y penetrante.
Al mismo tiempo, a un costado de la cama, sobre un mueble, había una gigantesca horma de Queso Emmenthal, que sobresalía por sus enormes agujeros.
- ¿Quién sos? – dijo asustada y medio inconsciente, Virginia Gallardo.
- Carlos Matías Sandes. Basquetbolista de la Liga Nacional. De Boca Juniors. Las gallinas dicen que Gallardo se coge a los bosteros, bueno, este bostero va a coger a esta Gallardo, ja, ja.
- Vos sos un Quesón – dijo Gallardo – Lo sé, usáre la aplicación de “Peligro Queso”, te van a atrapar, esta vez…
- No tenes forma de escapar, nena – le dijo Sandes, que tomó el Queso y lo tiró sobre Gallardo, que se cayó tumbada al piso.



Gallardo reaccionó, pero ante su rostro estaban las gigantescas patas de Sandes. Virginia empezó a oler los pies del basquetbolista. Quedo como extasiada, inmersa en una especie de trance, el olor a Queso era realmente imposible de describir con palabras, Gallardo se arrodillo ante los pies de Sandes, que la sometió con gozo y pasión, la chica de “Polémica en el Bar” empezó no solo a olerle los pies a Sandes, también a besarlos, chuparlos, lamerlos, una y otra vez. Se sentía fuera de control, pero disfrutaba de los Quesos de Sandes.
Plena de gozo y placer, Gallardo, como rendida ante los pies de Carlos, quedó tumbada en la cama. El basquetbolista le tiró otra vez el Queso encima, y sacó entonces el machete, y empezó a pasárselo por todo el cuerpo a Gallardo, que sintió el frio del filo del cuchillo.
- ¿Te gusta este frío o preferís esto? – le dijo Carlos, mientras tomaba una manguera, y desde el baño, empezó a regar a Gallardo.
- Ay, ay, ay, ay – dijo Virginia mientras recibía el agua fría.
- Mostrame el culo, Virginia – le dijo Sandes.
Obediente, Gallardo le mostro el culo a Sandes, que le dio un par de fuertes patadas, para tirarse encima, y penetrarla con suma violencia por el culo. La penetró de todas formas: con el Queso primero, los pies después, y el pene, con fuerza, intensidad, violencia, pero placer y gozo también.
- Mi novio, perdón, mi flamante esposo jamás me dio tanto placer – dijo Gallardo – siempre escuché que los Carlos son los mejores en el sexo, pero nunca me imaginé que tanto.
- Y falta lo mejor – fue la respuesta de Carlos, mientras le tiraba otra vez el Queso a Virginia.
Se tiró encima de ella, y esta vez la penetro por la vagina. Se escuchaban los gritos y alaridos feroces de Gallardo, pero eran exclamaciones de gozo, satisfacción y placer.
- ¡Quiero que esto sea eterno! – dijo Virginia.
- Y lo será, porque ahora entrarás en la eternidad.



El basquetbolista, dueño de una ferocidad enorme, tomó el machete y ¡zas! le dio un corte profundo a Virginia, por todo el cuerpo, desde el cuello a la vagina, así se sucedieron otros cortes profundos en todo el cuerpo, principalmente las tetas, la vagina y el cuello, machetazo va, machetazo viene, Carlos Sandes se entretiene. Levantó el machete y le asestó un profundo corte en el cuello, que la arrancó la cabeza a Virginia.
El asesino entonces tomó el Queso, y lo tiro sobre el decapitado cadáver de Virginia Gallardo, diciendo:
- Queso.
Con total impunidad, y pleno de gozo y placer ante el nuevo asesinato que había cometido, uno más en su larga y exitosa carrera criminal, Carlos Matías Sandes esta vez agarró una bolsa y metió la cabeza decapitada de su víctima, y entonces sí, abandonó la escena del crimen.

CONTINUA EN LA TERCERA PARTE "EL ASESINO DE ESTEFANÍA XIPOLITAKIS"

domingo, 28 de julio de 2019

Los Asesinos de Virginia Gallardo y Estefanía Xipolitakis (1 de 4)


PRIMERA PARTE 
"CUANDO LOS QUESONES SE ENCUENTRAN"

Pocos saben que los jugadores de básquet que compitan en la Liga Nacional deben ir una vez al año a las oficinas de la liga para registrar su altura, peso y calzado; generalmente al comienzo o fin de la temporada. Ocurrió entonces que por esas cosas que tiene el destino, Carlos Matías Sandes y Carlos Leonel Schattmann concurrieron el mismo día, y el encuentro entre los dos Quesones fue inevitable.
- No hay dudas, los Quesos se atraen, para un Quesón no hay nada mejor que otro Quesón, ja, ja – le dijo Sandes a Schattmann.
- ¡Qué sorpresa! ¡Queso-rpresa! ¡Ja, ja! ¿Cómo va el registro?
- Tengo cada vez los pies más grandes, es increíble, y el olor a Queso es impresionante, la chica que me registro el pie se tuvo que poner una mascara antigas, imagínate, ahora calzo cincuenta y cuatro, cincuenta y cuatro, me voy acercando a Shaquille O’ Neal.
- Ja, ja, yo también cada vez calzo más, pero sigo lejos de O’Neal, me registraron un cuarenta y nueve, che Carlos, ahora me voy a jugar a Brasil.
- ¿En serio? – A Sandes le dio un poco de bronca, pues en Brasil se ganaba mejor dinero y el seguía condenado a jugar en la Liga Nacional - ¿Adonde? Yo seguro sigo en Boca Juniors la próxima temporada.
- Sos un símbolo de Boca, Carlos – le contestó Schattmann – Me voy a Franca Basquete, del Estado de Sao Paulo, salió segundo en la última temporada, no te quejes che, alguna vez te nombraron para la NBA, además ganaste muchos títulos en San Lorenzo. Quimsa no hizo una buena temporada, pero yo tuve buenos números en lo personal.
- Sí, no pasó nada – dijo Sandes como masticando bronca, aunque rápidamente se recuperó - ¿Qué te parece si lo festejamos, Carlitos? ¡Ahora que te vas a Brasil, vamos a estar lejos!
- ¿La mina que registro los pies no estaba para quesonearla?
- No – dijo Sandes con desprecio – primero, no conviene quesonear a una mina de la Liga Nacional, segundo era dientuda y anteojuda, no es la style de víctima que me gusta a mí.



Los dos Carlos se fueron entonces a tomar unas birras en una cervecería, de esas que están de moda en Baires al momento de escribir estas líneas. El lugar en cuestión, la Birrería Charles, estaba atiborrado de gente, pero los dos basquetbolistas, a fuerza de su enorme tamaño, y el olor que despedían los pies se abrieron paso. Sandes se sentó, se sacó las zapatillas, y puso sus enormes pies descalzos sobre la mesa. Imaginen la situación: estamos hablando de alguien que mide dos metros y calza un cincuenta y cuatro, o sea, que ocupó como seis lugares. La gente no podía aguantar el olor a Queso de esos pies y el lugar, repleto de gente, se fue quedando vacío.
- Por favor señor, tenga educación, si tiene las patas sucias es problema suyo, pero le digo que se vaya del lugar, me esta dejando sin clientes – dijo el Responsable del local.
- No me voy nada. Eso está en contra de mis derechos constitucionales – respondió Carlos.
- Llamaré a la policía – contestó el Responsable.
Apenas unos minutos despues, apareció la policía. El Comisario Miguel irrumpió con energía y preguntó:
- ¿Qué joracas pasa aca?
- Este señor, con esos pies gigantes y malolientes, me espantó a todos los clientes.
- Eso no es tan grave, señor Responsable.



En eso, una dama de alta alcurnia, se hizo presente en el lugar, y le preguntó al Responsable:
- Deje en paz a los muchachos, déjenlos disfrutar de la cerveza, son patones y transpiran los pies, que se le va a hacer.
- Yo ganó dinero, y me dejaron sin clientes.
- Yo le pagó el doble de lo que usted gana habitualmente un día como hoy, aca tiene el cheque. Espero que sepa responder esta generosidad de la Fundación Dumitrescu.
- Sí, por supuesto, señora…
- Dumitrescu. Dele a los muchachos una buena picada de Quesos.
- Dumitrescu – el Responsable recibió el cheque. Dumitrescu miró a los basquetbolistas y les hizo un guiño con el ojo, además de sonreírles.
- Nosotros nos vamos, con los problemas que tiene la ciudad, llamarnos por esta pelotudez – dijo el Comisario Miguel.
La dama se acercó a los dos basquetbolistas y les dijo:
- Portense bien chicos, disimulen, hoy zafamos, no armen estos escándalos.
- Ja, ja, ja – rieron Sandes y Schattmann mientras brindaban con las birras.
Con los clientes al mínimo, pero el cheque en la mano, al Responsable. de la birrería poco le importó: los dos Quesones se consumieron todo el Queso Cheddar que había, dándole buenas ganancias económicas. Al Queso Cheddar, se sumó la espectacular picada de Quesos que los dos Carlos devoraron, compuesta por toda clase de Quesos, principalmente Gruyere, Emmenthal, Parmesano, Roquefort, Pategras, Gouda y Edam.



- ¿Sabes una cosa Carlos? – le dijo Schattmann a Sandes -  Nunca quesonee a una mina dentro de los límites de la Ciudad de Buenos Aires. Soy un Quesón del Interior, un Quesón Federal, además de ser un Quesón digno, ja, ja.
- ¿En serio? Bueno, hoy puede ser la oportunidad, Serrat dijo “Hoy puede ser un gran día”, como Quesón yo siempre pienso “Que hoy puede ser un gran día para quesonear”.
En eso apareció una camarera venezolana, de nombre Damarys, llevándoles más birra a los dos basquetbolistas.
- Che, yo en unas horas me voy a Brasil – dijo Schattmann, y seguimos chupando y morfando Queso.
- Ja, ja, hay que quesonear, Carlitos, hay que quesonear. Mira esta venezolana por ejemplo.
- ¿La vas a quesonear aca a la vista de todos?
- ¿Porqué no?
Sandes elevó sus pies sobre el rostro de la venezolana y le dijo:
- ¿Te gustan mis Quesos?
- Ay señor, sus Quesos huelen muy fuerte.
- Probalos, dale.
Justo en ese momento, la birrería quedo vacío, hasta el Responsable se metio en el baño para hacer sus necesidades, sin clientes, solo con los dos basquetbolistas y la venezolana, esta empezó a chuparle, lamerle, olerle y besarle los pies a Sandes.
- ¿Te gustaron no? – le dijo Sandes – ahora olé los de mi amigo.



La venezolana empezó a oler los pies de Schattmann, y fue en ese momento, cuando de repente, ¡Zas! Sandes sacó el machete y de un fuerte machetazo, le cortó el cuello a la venezolana.
- Queso – dijo en voz alta Sandes, mientras tiraba un Queso sobre la venezolana.
- ¡La asesinaste! – dijo Schattmann.
- Soy Quesón, me gusta asesinar minas, lo mismo que a vos.
- Pero aca delante de todos.
- No hay nadie.
Justo en ese momento, una bailaora española, la Marquesa de Avila, ingresó al local y le dijo a dos hombres que la acompañaban, vestidos de mimos:
- Agarren el cadáver de la venezolana. Vampirizada sirve para el Prostíbulo. ¡Olé! ¡Qué Viva España! ¡Viva tu gracia salerosa!
Se llevaron el cadáver de la venezolana. Schattmann le dijo a Sandes:
- Me hubieras dejado asesinarla a mí, así de una vez cometía un crimen en la Capital.
- No te va a faltar oportunidad – dijo Sandes.
El Responsable salió del baño y dijo:
- ¿Paso algo? ¿Y la venezolana?
- Volvió a Caracas – respondió Carlos Matías Sandes, el asesino.
- Ah, que bien. Mejor así no le pagó el sueldo, je, je – dijo el Responsable y siguió con lo suyo.
Los dos Quesones siguieron hablando, una pantalla de TV mostró a Virginia Gallardo participando de “Polémica en el Bar”.
- Mira Schattmann, antes de irte a Brasil, podrías quesonear a esa mina, nadie la va a extrañar – dijo Sandes señalando a Gallardo – es tu estilo, ja, ja, una mina aparentemente medio inocente, como Floppy Tesouro, a la que quesoneaste muy bien.
- Bueno, Celeste Cid no era tan inocentona y la quesonee muy bien – dijo Schattmann – tenes razón, sí, es una buena mina para quesonear. 



- Yo creo que esta misma noche debe recibir su Queso – dijo Sandes, que como todo gran Quesón, no solo pensaba en los asesinatos que debía cometer el mismo, sino que también alentaba a sus compañeros Quesones a cometer otros asesinatos.
- ¿Sabes una cosa Carlos? – le dijo Schattmann – No entiendo como no asesinastes a Estefanía Xipolitakis, dado que asesinastes a Vicky Xipolitakis.
- Tenes razón, es que tira tantos Quesos que no puede estar en todas. Pensaba que la iba a quesonear otro Quesón, es casi inexplicable que haya llegado vivo hasta aca.
- Bueno, así como vos decís que asesiné a Virginia Gallardo, vos también podrías asesinar a Estefanía Xipolitakis, seria lo lógico. Vamos a quesonearlas, que cada uno quesonee a su quesoneada, como corresponde a un buen Quesón, despues nos volvemos a encontrar aca. El instinto Quesón nos va a llevar a donde están y las quesoneamos.
- Sí, por supuesto. Lo lógico es que por el style de las víctimas, vos quesonees a Gallardo y yo a Xipolitakis. Bueno, rompamos la lógica, hagamos un intercambio de víctimas, yo asesinó a Virgina Gallardo y vos a Xipolitakis, que te parece?
Schattmann quedó pensativo, ya se veía clavándole la ninjato y tirándole el Queso a Gallardo, pero tras unos momentos de silencio, reaccionó con una sonrisa y le dijo a Sandes:
- ¡Sí, qué buena idea!
Así fue como Sandes y Schattmann, guiados por su instinto Quesón, ataviados con su ropa de Quesones, guantes negros, Quesos y sus armas blancas, fueron a buscar a sus víctimas.
Dicen que cuando salieron de la birrería, una dama, muy elegantemente vestida, Lady Dumitrescu, observó a los dos basquetbolistas, y se río a carcajadas.
- ¡Ja, ja, ja, ja!
La Marquesa de Avila, que estaba a su lado, dijo:
- ¡Viva España!

sábado, 27 de julio de 2019

Creepypasta de Carlos Villagran y Florinda Meza


1978 fue el año de mayor éxito de las series “El Chavo” y “El Chapulín Colorado”, el programa más popular de la historia de la televisión de habla hispana.
Sin embargo, el éxito venía acompañado de las rivalidades entre los integrantes del elenco.
Roberto Gómez Bolaños, el popular “Chespirito”, protagonista, guionista y creador de la serie, se sentía desplazado ante la enorme popularidad que tenía “Quico”, el personaje interpretado por Carlos Villagran.
Dicen que una tarde, el titular de Televisa, Emilio Azcarraga, le ofreció a Carlos Villagran aprovechar el éxito de “Quico” con un nuevo programa, pero supervisado por Chespirito.
A Carlos la idea no le gustó nada. Rechazó el ofrecimiento y pidió hablar con Gomez Bolaños.
“Chespirito está ocupado” le dijo Rubén Aguirre, el actor que interpretaba al Profesor Jirafales “esta escribiendo los guiones para los capítulos de las Vacaciones en Acapulco”.
“Pues era hora, manito, que hiciera algo buena, ojala este bien padre” contestó Carlos “hace pos un largo tiempo que solo hacemos remakes de capítulos viejos”.


A Villagran la respuesta de Aguirre mucho no lo convenció, se acercó al despacho de Chespirito, y observó como el actor de “El Chavo” en realidad no estaba escribiendo ningún guión: tirado sobre el piso estaba teniendo sexo con Florinda Meza, sí, la actriz que hacía de “Doña Florinda”.
Gomez Bolaños le chupaba las tetas y penetraba a Meza, que respondían con gritos y alaridos de gozo, satisfacción, y dolor.
“Callate, cállate, que me desesperas” dijo Villagran.
“Es que no me tienen paciencia” dijo Gomez Bolaños escuchando las palabras de Villagran “Ja, ja, no contaban con mi astucia”.
Villagran esperó detrás de la puerta que el sexo finalizará, cuando Meza se fue de aquella oficina, entró y habló con Gomez Bolaños.
“Las cosas son así, mi cuate” le dijo Chespirito “O haces el programa que te ha propuesto don Emilio, o los capítulos de Acapulco son los últimos de Quico”.
“¿Y qué le decimos a la audiencia?” le dijo Villagran.
“Que Quico no aguantaba vivir entre medio de tanta chusma y se fue a vivir con su nodriza la ricachona”.
“No me simpatizas” dijo Carlos Villagran, dio un portazo y se fue.
“Me vengaré” murmuró Carlos Villagran.


Iban a grabar un nuevo capítulo de “El Chapulín Colorado”, por enésima vez Carlos haría de “El Cuajinais”  un criminal cruel y sanguinario, Florinda Meza era “Rosa la Primorosa”, Ramón Valdez, “El Tripa Seca” y Rubén Aguirre, “El Chori”.
En una habitación a solas, estaban Carlos Villagran y Florinda Meza, ensayando aquel capítulo de “El Chapulín Colorado”.
“Esto ya lo hicimos miles de veces” dijo Villagran “El Tripa Seca finge su muerte, el Chapulín viene, todo esto es una chingada”
 “Que quejoso estas Carlos” le contestó Meza “Pos mira ahí te enviaron de regalo un Queso, un gran Queso Maasdam, traído de AmstelKaas, la mejor quesería de Holanda, esos Quesos no se consiguen en México, mi México lindo y querido”.
“Pues tienes razón” dijo Villagran “Tengo una idea, se la propondré a Chespirito, que tal si en vez de hacer de El Cuajinais, está vez hago de El Requesón, un asesino serial de mujeres, que secuestra a Rosa la Primorosa, para matarla, je, je, a ver sí el Chapulín viene a salvarla”.
“A Chespirito no le gustará esa idea” le dijo Meza.


“Pues se ha quedado sin ideas, siempre grabamos los mismos capítulos” le contestó Villagran “Mira mis pies, Florinda”.
Carlos se sacó los zapatos, aunque no era tanto como Jirafales (Villagran medía un metro ochenta) tenía pies muy grandes, y calzaba un cuarenta y seis.
“Qué pies grandes tienes Carlos” dijo Meza “Podrías hacer un personaje en El Chapulín que sea El Piesote”.
“Más que el Piesote, debe ser el Requesón o el Quesote” contestó Villagran “Es hora que el Chapulín tenga algo de sexo”.
“No es lo que le gusta a Chespirito” dijo Meza.
“Pues a mí me gusta” le dijo Villagran “Y a ti también, Florinda”.
“Por supuesto” contestó Meza, siempre disfrazada de La Primorosa.
Carlos levantó sus pies, que tenían un profundo olor a Queso, llenos de sudor y con un fuerte aroma, y los puso sobre el rostro de Florinda, que empezó a chuparlos, olerlos, besarlos, una y otra vez, primero el pie izquierdo, despues el derecho.


Entonces ahí, Villagrán se acercó a Meza, y la penetró, teniendo una relación sexual muy fogosa e intensa.
“Lo hemos hecho muchas veces, tantas veces como grabar los mismos capítulos de El Chavo o El Chapulín” le decía Carlos “pero esta vez es mucho mejor que las anteriores, que gozo, que placer”.
“Será que ahora eres el Requesón”  le contestó Meza.
“Sí, el Requesón” dijo Carlos.
Al terminar el sexo, siempre disfrazado como el Cuajinais, Carlos se puso los guantes negros y tomó un enorme cuchillo, un cuchillo gigantesco y se acercó a donde estaba Florinda.
“¿Qué haces con ese cuchillo, Carlos?” le preguntó Meza.
“Soy el Requesón, el asesino serial que está asolando todo México, que apuñala mujeres y les tira un Queso, Quesos de Holanda, claro”.
“¡Noooooooooooooooooooo!” exclamó llena de horror Florinda Meza.
Pero ya era tarde, Carlos, cuchillo en mano, se tiró sobre Florinda y la asestó una brutal puñalada en el pecho. No fue solo una, siguieron más puñaladas, puñalada va, puñalada viene, una y otra puñalada, decenas de puñaladas, sesenta, setenta, ochenta, tal vez, hasta que se dio por satisfecho.
Carlos tomó el Queso de Holanda y lo tiró sobre el cadáver de Florinda Meza, diciendo en voz alta: “¡Queso!”.


Con la impunidad que suele rodear a los grandes asesinos, Carlos El Requesón dio por finalizada su tarea. Salió de la habitación como si nada, y se cruzó con Rubén Aguirre, el Profesor Jirafales.
“¿Has visto?” le dijo Jirafales “Florinda Meza harta de hacer siempre los mismos capítulos pidió que trajeran una doble para hacer Rosa la Primorosa, igualita a ella, idéntica como dos gotas de agua”
“¡Entonces asesiné a la doble!” pensó Carlos Villagran “¡Con razón cogía mejor que la verdadera!”.
Efectivamente, la verdadera, estaba allí, al lado de Chespirito, consagrada como su esposa, para grabar el primer capítulo de “Vacaciones en Acapulco”, que como todos sabemos significó la última participación de Quico en la popular serie.
Lo demás es historia. Como es historia la leyenda de “El Requesón”, el asesino serial que asoló México en los 70, y que no era otro que Carlos Villagran, y que según muchos, inspiró a los Quesones, los Carlos Asesinos, en las décadas siguientes, principalmente en Argentina con Carlos Calvo y Carlos Monzón.
Pero esa es otra historia, la historia de los Quesones (los Carlos Asesinos), del que Carlos Villagran fue, probablemente, su fundador.


jueves, 25 de julio de 2019

El Canal Quesón de YouTube

Hola! A los fans del Blog de #CuentosSangrientos y #RelatosQuesones los invitó a conocer mi canal de YouTube, una recopilación de escenas de asesinatos y crímenes de películas, más algunos videos dedicados al Mundo Quesón




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Un auténtico crimen Quesón, una chica asesinada y el asesino se llama Charlie

Una asesina estrangula a un hombre

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