jueves, 25 de agosto de 2016

La asesina de Martín Lousteau



Nadie sabe como fue, lo cierto es que parece que ocurrió un domingo muy lluvioso en las primeras horas de la noche. Según me han contado Martín Lousteau, un hombre de unos cuarenta años se encontraba en su mansión ubicada en los suburbios de la gran ciudad.
Lousteau se encontraba trabajando, ocupado en sus negocios y preparando una ardua semana de trabajo. Creía estar solo en aquella casa tan grande, pero escuchó ruidos, como si alguien se acercará.
Era Ravelia, “la Quesona”, la chica rubia con la que había tenido sexo aquel fin de semana. Martín se sorprendió pues creyó que la joven se había ido hacía un rato largo.
- Hola Quesona, creí que no estabas – le dijo Lousteau a Ravelia.
- Fui de compras pero iba a volver porque no quiero irme sin darte estos regalos – contestó la chica – tres regalos.
- ¿Tres regalos?
- Sí.
- Bueno, dámelos, Quesona.



La Quesona sacó una bolsa con una enorme caja de zapatos. La colocó sobre la mesa. Martín abrió el paquete y para su sorpresa, vio que era un par de zapatos italianos talle 46.
Lousteau esbozó su clásica sonrisa. Le gustó mucho el regalo. Ravelia le dijo:
- Espero que disfrutes de estos bellos zapatos. Ayer cuando te dije tenías un par de zapatos gastados, me dijiste…
- “Tengo solo dos pares, unos negros y unos marrones y encima me cuesta conseguir mi talle” eso te dije, ja, ja, ¿Verdad, Quesona?
- No es para menos, calzas 46. Dale probatelos.
- ¿No hay otros regalos?
- Primero calzate los zapatos, después te doy los otros regalos.
Lousteau se sacó los zapatos gastados que llevaba puestos, y se probó los puestos. Le quedaban perfectos, y los apoyó sobre la mesa. 
- Debes tener olor a Queso.
- No, soy patón, no soy Quesón. Mi nombre es Martín, no Carlos.
- ¿Puedo sacarte los zapatos?
- Hace lo que quieras, Quesona.


Siempre con los pies sobre la mesa, la chica le sacó primero los zapatos, luego las medias, y al oler los pies de Lousteau comprobó que efectivamente no tenían olor a Queso.
- Que desilusión imaginaba un buen olor a Queso en estos piesotes.
- Te lo dije, no soy Quesón.
- Un desperdicio. Tan bellos pies sin olor. No importa, te haré cosquillas.
La chica le hizo cosquillas en los pies a Lousteau y fue como una auténtica tortura para el yuppie. A pesar de eso le gustó mucho, hasta que finalmente le dijo:
- Bueno, ya basta, no soportó más.
- Está bien.
Lousteau en ningún momento sacó los pies descalzos sobre la mesa y le dijo a la chica:
- ¿No había otros regalos para mí?
- Es cierto.
Ravelia sacó otro paquete, bastante pesado, lo abrió y era un Queso Gruyere.
- ¿Un Queso? – dijo sorprendido Lousteau.
- Sí, era para comparar el olor de tus pies con el de este Queso…
- ¡Ja, ja, ja! – río Lousteau – estás loca…
- Puede ser – dijo la chica mientras le daba la espalda a Lousteau – puede ser…
- ¿Y el tercer regalo?
- Es este.


La chica se dio vuelta y para sorpresa de Lousteau, lo apuntó con un revolver calibre 45 con silenciador.
- ¿Qué es esto? ¿Una broma?
- Sí broma es sinónimo de asesinato, entonces esto es una broma.
No hubo más palabras, solo un disparo que la chica efectuó sobre la cabeza del joven, que cayó muerto de inmediato tras recibir el balazo en el cráneo.
- Martín Lousteau. #Queso – dijo la asesina mientras tiró el Queso sobre el cadáver de su víctima…
La Quesona tomó los zapatos de Lousteau y se los llevó como un trofeo para su gran colección de zapatos, en efecto en su departamento la asesina tenía una vitrina con un par de zapatos o zapatillas de cada una de sus víctimas.



viernes, 15 de julio de 2016

Una noche de Carlos Delfino y Fabricio Oberto


Erase una vez dos basquetbolistas, uno se llamaba Fabricio, Fabricio Oberto, el otro Carlos, Carlos Delfino, Fabricio medía 2,08 metros mientras Carlos unos ochos centímetros menos, pero aunque uno era más alto que el otro, Carlos era más patón, calzaba 50, mientras Fabricio apenas llegaba a un 46/47...


Nadie sabe cuando ocurrió, pero fue en el tiempo en que Fabricio Oberto aún jugaba en la selección nacional. Aunque el protagonista de nuestra historia no es Oberto, sino Carlos Delfino, el “Lancha”, el “Cabeza”, el “Quesón”…



Dice la leyenda, pues nadie puede probar si ocurrió en verdad, que una noche Carlos Delfino se puso los guantes negros, agarró un cuchillo, tomó un enorme Queso Gruyere, se miró al espejo y dijo:
-        -  Debo asesinar a alguien esta noche… 




En forma inmediata, y como posesionado por algo o por alguien, Carlitos se fue del lugar, con el Queso y el cuchillo en sus manos. Fabricio Oberto, que compartía habitación con él, se encontraba en el baño, salió y dijo:
-        -  ¿Dijistes algo, Carlitos?




Pero Carlitos no estaba en la habitación. Oberto se extraño ante la ausencia de Carlos, pero pensó que había bajado a la recepción del hotel, quizás al Casino, y entonces Fabricio se acostó, leyendo alguno de esos comics que tanto le gustaban…



Carlos salió como un cazador furtivo...



En algún lugar de la ciudad, una chica, Rocío Magallan, se encontraba en su casa, mirando una película de terror, junto a su amiga Solange Gomez…
Ambas estaban posesionadas mirando la película, pero Solange escuchó unos extraños ruidos, como si alguien hubiera entrado a la casa, y se levantó del lugar…
Rocío no escuchó el ruido y ni siquiera se dio cuenta que Solange se había levantado.



Solange se acercó hacia la puerta de la casa, la abrió, se fijó, nadie había y regresó al lugar, pero mientras iba avanzando, y en forma sigilosa, un hombre muy alto, con enormes pies, vestido totalmente de negro, se puso detrás de ella…
Era el basquetbolista Carlos Delfino que en forma rápida y sin que la chica lo pudiera advertir ni resistir, el basquetbolista la tomó por el cuello, le tapó la boca, sacó el cuchillo y la degolló con una profunda herida en el cuello.


Cuando terminó de asesinar a Solange Gomez, Carlos tomó el Queso y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
-         - Queso.
El asesino no finalizó su sangrienta tarea, Carlos Delfino, con el cuchillo en la mano, se acercó hacia Rocío Magallan, que continuaba mirando demasiado atenta aquella película de terror.
En el mismo momento en que la película de terror mostraba una imagen donde a una chica le cortaban el cuello, Carlos Delfino desde atrás, tomó a Rocío Magallan y con el cuchillo, la degolló.



Hizo lo mismo que con la víctima anterior… Carlos agarró el Queso y lo tiró sobre Magallan diciendo en voz alta:
-         - Queso.
Cuando terminó muy satisfecho, Carlos Delfino regresó al hotel. Fabricio Oberto estaba aún despierto, de hecho no habían pasado más de dos horas, y le dijo a Delfino:
-         - Carlitos, ¿Dónde estuviste?

-         - Lo de siempre, lo normal, Fabricio.


Carlos Bossio y el Crimen de la Psicologa


La Psicologa Inés Ocampo llamó a su próximo paciente, que de acuerdo a aquella lista, era también el último.
- Bossio, Carlos Gustavo.
El paciente era muy alto (1,95) y patón (50 de calzado), era realmente un hombre de una gran corpulencia, tanto que llamó la atención de la psicóloga, acostumbrada a ver de todo.
Tras las presentaciones normales, empezó el dialogo entre el paciente y la psicóloga. A Ocampo le llamó la atención que Bossio no se sacará los guantes negros que tenía puesto, pero nada le dijo, convencida que sería algo relacionado con la patología del paciente.
Al acostarse en el diván, donde lógicamente no entraba, los enormes pies de Carlos quedaron afuera del mismo. El muchacho le dijo:
- Disculpame piba, pero… ¿No te molestaría que me saque los zapatos?
- No, por supuesto, Carlos.



Bossio se sacó los zapatos, y al quedar con sus medias, un enorme e intenso olor a Queso invadió la habitación. La psicóloga intentó disimular el hecho de no poder aguantar el olor a Queso de los pies de Carlos Bossio.
- Tengo olor a Queso en los pies, ese es uno de mis problemas.
- ¿En serio Carlos, ese es el problema?
- Saqueme las medias, licenciada Ocampo, y le cuento todo…
La psicóloga le sacó las medias, pero Bossio redobló la apuesta, y le dijo:
- Olé mis pies, por favor.
Así lo hizo Inés Ocampo, apenas lo pudo soportar, Carlos le dijo:
- Ese es el problema, tengo olor a Queso en los pies. Me dicen “el Quesón”, pero eso no es nada comparado con lo que voy a decirte a continuación.
- ¿Qué me querés decir, Carlos?
- Qué el olor a Queso me despierta un instinto criminal irrefrenable, que soy un asesino serial de mujeres y que vos vas a ser mi próxima víctima.
Carlos Bossio sacó un cuchillo gigantesco de la nada, y se tiró sobre la psicóloga, apuñalándola en forma salvaje. Le dio decenas de cuchillazos, cuando terminó, sacó un Queso de sus pertenencias, y lo tiró sobre su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.
Se fue del consultorio sin mayores problemas, muy satisfecho con el crimen cometido. Los medios de comunicación titularon el hecho “Nuevo asesinato del Quesón” (Clarín), “El Quesón vuelve a atacar” (La Nación), “Psicologa asesinada por el Quesón” (La Razón) y “La partió como un Queso” (Crónica).



Carlos Bossio y el Crimen de la Abogada



Verónica debió haber abandonado su estudio jurídico hacía rato, pero estaba tan ocupada en un caso que siguió trabajando mucho más de lo habitual. Sobre todo para un día viernes. Generalmente los viernes solía terminar alrededor de las cinco, cinco y media, como tarde. Pero aquel viernes aún estaba ahí aunque el reloj ya marcaba las ocho de la noche.
- Bueno, suficiente por hoy, el lunes sigo – dijo Verónica pensando en voz alta y recordó - ¡Es cierto que debo ir a cenar a la casa de Lucrecia!
Minutos después, estaba cerrando la puerta del estudio jurídico, cuando el ascensor se detuvo en el piso, y del mismo salió un hombre muy alto, vestido totalmente de negro, incluyendo un par de guantes negros y enormes zapatos, debería calzar un talle cincuenta.
- Buenas noches – dijo el hombre - ¿Usted es la doctora Verónica Magallanes?
- Sí. ¿Usted…?
- Carlos Bossio. Mi nombre es Carlos Bossio. Necesitó hablar con usted, es urgente.
- Venga el lunes a primera hora, hoy ya finalicé.
- No puedo esperar hasta el lunes. Es algo muy grave. Me acusan de un asesinato.
La abogada expresó una mirada de asombro, y dijo:
- Bueno, señor Bossio, pase…



Abrió la puerta del estudio jurídico y Carlos Bossio entró junto a la abogada…
- Dígame Señor Bossio soy toda oídos…
- Es un caso muy grave, doctora Magallanes, me acusan de un crimen.
- ¿De qué crimen?
- Del suyo – dijo Carlos Bossio mientras sacaba un enorme cuchillo de sus pertenencias – Soy Carlos Bossio, el Queson, el asesino serial de mujeres.
A continuación Carlos atacó a la abogada con el cuchillo, dándole varias decenas de puñaladas, cuchilladas y cuchillazos, una tras otra, hasta totalizar como setenta, o quizás, ochenta puñaladas.
Cuando finalizó, Carlos Bossio agarró el Queso que tenía en su portafolios y lo tiró sobre su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.
Bossio abandonó el lugar, muy contento con el crimen que había cometido, uno más en la larga lista de “el Quesón”.




El asesino de Daniela Cardone



Gran conmoción había en la opinión pública ante una serie de asesinatos de famosas, algunas aparecían decapitadas, otras degolladas y otras ferozmente apuñaladas, incluso algunas después de haber estado secuestrada durante dos o tres días, pero todas aparecían con un Queso sobre un cadáver. 
Se hablaba de los asesinatos “Quesones”, del “Quesón asesino”, se decía que el asesino era un deportista famoso, o incluso dos o tres deportistas consagrados y las leyendas urbanas hablaban del “basquetbolista asesino”, del “rugbier asesino” y del “futbolista asesino”, pero al hablar en forma individual o personal del asesino todos hablaban de “el Quesón”.
Una de las víctimas era la actriz y modelo Brenda Gandini, brutalmente degollada, su cadáver apareció con el cuello sangrante y un enorme Queso. Su madre, la todavía más famosa modelo Daniela Cardone reclamaba justicia.


- ¡Justicia! ¡Justicia para Brenda y las víctimas del Quesón! ¡Basta de complicidad policial! – gritó Cardone en un acto realizado frente a los Tribunales.
Lejos de caerse anímicamente ante el drama y el pedido de justicia por el asesinato de Brenda, Cardone tomaba una gran cantidad de píldoras que la mantenían siempre con fuerza y la guardia alta. Como prostituta de lujo, prostituta vip, los trabajos de Cardone se multiplicaron, quizás como un tributo a su hija quesoneada, todas las noches se acostaba con un político, empresario o deportista importante.
- Es lo que debo hacer mientras reclamo justicia por Brenda.
Lo cierto es que semana a semana, las minas quesoneadas se multiplicaban, Valeria Mazza, Julieta Prandi, Silvina Luna, Zaira Nara, Viviana Canosa, Soledad Solaro, Ingrid Grudke, Karina Mazzocco, Belen Francese, Wanda Nara, Vicky Xipolitakis, los Quesos se expandían una y otra vez. 


Una noche, Cardone, se encontraba con un lujoso hotel mientras iba a acostarse con un conocido e importante dirigente gremial de la CGT. Era un día de conmoción, el cadáver de Pamela David apareció flotando en el río, puesto en una barca, brutalmente apuñalada, con un gigantesco Queso sobre ella.
- ¡Asesinaron a Pamela David! – exclamó Daniela Cardone - ¡El Quesón no perdona a nadie!
- ¿A quien amasijaron ahora? – preguntó el gremialista.
- A Pamela David – dijo Cardone, mientras contemplaba al viejo dirigente y reflexionando pensó - Un viejo choto este tipo, toda sea por la memoria del Compañero Lorenzo Miguel, de la UOM y de las 62 Organizaciones.
El dirigente de la CGT, ya septuagenario, estaba en el baño, preparándose con el viagra para tener sexo con Cardone. 
- ¿Es cierto que a tu hija le tiraron un Queso? – preguntó el viejo gremialista mientras salía del baño.
- Es verdad. Le cortaron el cuello y el tiraron un Queso.
- Dicen que un basquetbolista es el asesino.
- Dicen muchas cosas. Me cuesta pensar que un basquetbolista de la NBA, que ganó una medalla de oro sea un cruel y sanguinario asesino serial. Pero todo puede ser.
- Yo he visto cada cosa en las 62 Organizaciones.
Mientras decía esto, Cardone pensaba “Que asco, ahora tengo que tener sexo con este viejo tan desagradable, yo creo que no se la para de ninguna manera”.
- Antes del sexo tomaremos unos whiskys, eso me lo enseñó un compañero de SMATA – comentó el gremialista.


Tocaron la puerta, un empleado del hotel, ingresó con un gran paquete. 
- Dejaron esto para usted señora Cardone – dijo el empleado del hotel.
- Gracias – dijo Cardone.
- ¿Qué será? – dijo el gremialista.
Cardone lo abrió y para su sorpresa y terror a la vez, el paquete contenía un Queso.
- ¡Un Queso! ¡Oh, no! ¡El asesino viene por mí!
- Tranquila, llamaré al Fiscal Carlos Gonella y al Comisario Miguel, tranquila, eso sí, yo me voy, si me llegan a  descubrir seria un escandalo, el Movimiento Obrero Organizado lo exige.
- Que pena – dijo Cardone mintiendo, aunque aún aterrorizada – me hubiera gustado tener sexo con vos.
- Otra vez será. A Vandor y a Ubaldini le pasó muchas veces – dijo el gremialista, que agarró sus ropas y se fue.
El empleado del hotel regresó a la habitación, Cardone seguía aterrorizada ante el Queso que le habían enviado por correo.
- ¡A mi hija le tiraron un Queso, la asesinaron en forma vil y cruel, y ahora el asesino viene por mí, sabe que estoy aca! ¡Qué terror que siento!
- Tranquila – dijo el empleado – me dijo el gremialista que ya vienen el Fiscal Carlos Gonella y el Comisario Miguel.
- ¿Cómo te llamas, pibe? – le dijo Cardone al empleado.
- Mi nombre no importa – señaló el empleado – pero me dicen “el Fauno”.
- ¿Fauno? ¿Cómo los personajes mitológicos?
- Sí, de esa manera.
Cardone se desnudó ante el Fauno, que se sorprendió al ver a Daniela así, desnuda, sin ropa alguna.
- ¡Señora Cardone! – dijo El Fauno.
- Contémplame Fauno, antes que el Quesón venga por mí.
Cardone se acostó en la cama y le dijo al Fauno:
- Iba a tener sexo con ese viejo asqueroso y repugnante de las 62 Organizaciones, ahora lo tendré contigo Fauno, sí vos lo deseas, por supuesto.
- ¡Claro que lo deseo! – dijo el Fauno - ¡Es un sueño!


- Vení que el sueño se haga realidad, vení, antes que el Quesón llegue y me quesonee.
El Fauno no lo podía creer, se tiró encima de Cardone, y empezó a chuparle la concha, era un placer que le llenó de gozo y satisfacción, después le chupó los pies, que olían de una manera muy agradable, dedo por dedo, uña por uña, le hizo cosquillas en los pies, a Cardone le fascinó.
- ¡Gracias Fauno, gracias Fauno! ¡Con este gozo y placer ya no le tengo miedo al Quesón! ¡Que venga y me tire un Queso!
- No habrá Queso mientras este yo – dijo el Fauno.
Las cosquillas se extendieron por todo el cuerpo, con caricias en las tetas, la espalda, besos en la boca y hasta algún mordisco. Entonces la penetró con placer, Cardone se sentía extasiada. El Fauno había logrado su cenit. Recién acababa, estaba aún encima de Cardone, cuando sonó la puerta.
- ¡Soy el Fiscal Carlos Gonella!
- ¡Ohhhh! ¡El Fiscal! – dijo Cardone – ándate Fauno, ándate Fauno, ándate Fauno, ándate.
- Me voy rápido Cardone – le dijo El Fauno, que abrió la puerta y huyó, mientras entraban el Fiscal Carlos Gonella y el Comisario Miguel.
- ¿Así que le mandaron un Queso por correo? – dijo el Comisario.
- Mas respeto. Un asesino serial anda tras de mí, ya quesonearon a mi hija, ahora acaso debo esperar resignada mi suerte?
- Quedese tranquila – dijo el Fiscal Carlos Gonella – estamos tras la pista del asesino. Necesitamos que usted nos sirva como carnada.
- ¿Carnada?


- Sí, debe ir al tercer tiempo de un partido de rugby, ahí hay varios sospechosos. La pista del asesino pasa por ahí.
- Digame quien, debo saber quien es el asesino de mi hija. Entonces lo que se comenta es cierto, que el asesino es un deportista de primera línea.
- Quizás el asesino de su hija no sea un rugbier, sino un basquetbolista, pero atrapar a uno, debemos pasar primero por el otro.
- Le asignaré una custodia – dijo el Comisario Miguel – el Oficial Carlos Gabriel Cáceres. Y es bueno que conozca mi hipótesis, no estamos ante un asesino serial, sino ante una banda de asesinos seriales.
Cuenta la leyenda entonces que al día siguiente que en un tercer tiempo de un partido de rugby, se encontraba la conocida modelo Daniela Cardone, el rugbier Gonzalo Longo le dijo al rugbier Gonzalo Quesada:
- ¿No es Daniela Cardone esta mina?
- Sí.
- ¿Qué hace aca?
- Ni idea.


Cardone comenzó a percibir un fuerte e intenso olor a Queso a su alrededor. No del alimento hecho con leche al que conocemos como “Queso” sino ese olor fuerte e intenso que suelen despedir los pies de hombres.
- ¡Qué olor a Queso! – dijo, y pensó que era obvio, que después de un partido de rugby era lógico que los rugbiers tuvieran olor a Queso - ¡Son sucios los rugbiers! ¡Deberían lavarse antes de venir al tercer tiempo!
Pero ahí Cardone reaccionó…
- ¿Y si el asesino o los asesinos tienen olor a Queso? ¡Quizás la envolvieron a Brenda primero en este olor y después la asesinaron!
Cardone se acercó al rugbier Santiago Phelan, pero este olía a perfume francés, después a Agustín Pichot, pero este tenía olor a desodorante barato de Isidro Casanova, pasó al lado de Juan Martín Hernández, pero este olía a colonia cara de San Isidro, entonces empezó a darse cuenta que el olor provenía del rugbier “Nacho” Fernández Lobbe que estaba cerca suyo. 


Seguramente desinhibida por el reclamo de justicia que tenía encima, Cardone le dijo a Nacho:
- Vos sos el que tenés olor a Queso.
- Obvio, nena, soy un Quesón – fue la respuesta de Fernández Lobbe  - a que querés que huelan mis pies?
- ¿Quesón? Muy gracioso, je, je, vos sos… (Y Cardone pensó “¿Será acaso el asesino?”)
- Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
- ¿Carlos? Qué nombre tan masculino…
- Ya lo creo. Muchos desconocen que me llamó Carlos. En el rugby todos me conocen como “Nacho” y en los medios solían olvidarse de mi primer nombre, y ponían “Ignacio Fernández Lobbe”, pero gracias a mis pedidos ahora me ponen el nombre completo, como corresponde. ¿No es cheto llamarse Carlos Ignacio Fernández Lobbe?
- Muy cheto. Parecés muy macho… Te llamas Carlos y tenés olor a Queso en los pies… ¿Cuánto calzas?


- Mucho, un 48/49. Pero que te parece… Daniela, ese es tu nombre, verdad? Vos sos Daniela Cardone. Pobre, tu hija, Brenda Gandini, la degollaron y le tiraron un Queso. Dicen que un basquetbolista es el asesino.
- Asi dicen. Estoy buscando al asesino, pero hoy podemos hacer un alto y disfrutar del sexo.
- Buena idea. Digo, que te parece si nos encontramos esta noche, para que pruebes mejor mi masculinidad y mis Quesos.
- Excelente idea. Te espero en mi residencia particular, en la calle de Heroes de Iwo Jima n° 32, después de las once.
- No, hagámoslo aca. Hay un lugar que se usa donde duermen los pibes, ahora no hay nadie, vamos ahí. Te espero ahí Cardone.
Cardone pensó: “¿Será o no será el asesino? Mi instinto maternal me dice que este tipo esconde algo, que quizás sea un asesino, pero no es el asesino de Brenda”. De todas formas, y sin que Carlos Gabriel Cáceres, el custodia, se diera cuenta por la sencilla razón de que estaba durmiendo, le sacó un arma a este y la escondió.
Eran las diez y media, aún faltaba media hora para la hora citada, pero Cardone estaba bastante impaciente pues creía que el rugbier incumpliría su promesa. En ese momento, cerró los ojos.



De repente, Fernández Lobbe sacó un enorme cuchillo de sus pertenencias, tenía planeado donde iban los cortes, algo parecido a lo que había hecho con Pamela David. Para competir con Delfino, como mejor quesón, planeaba prolongar su agonía. Disfrutar del sufrimiento de la morocha sensual, destruyendo su cuerpo.
Y entonces sucedieron varios hechos, que podrían no haber sucedido.
-Antes vas a ser mi prisionera como lo fue Pamela.
El rugbier apuntó el cuchillo a la cara, los labios de Daniela.
-Vas a ser mi Mónica Bellucci. 
La famosa modelo había aceptado escenificar varias escenas de violación, fingir ser una víctima como en Lipstick, siendo atada boca abajo. Se lo permitía a clientes de confianza, con un pago extra. Lo consideraba riesgoso. Era una oportunidad de seguir viviendo, pero sabía que el rubier sería brutal. Y recordaba bien como terminaba la escena de Irreversible, que había visto junto con Brenda.
Como en la escena de película, Fernández Lobbe obligó a la Cardone a tenderse en el piso, tapándole la boca. Y arremetió contra ella, haciéndolo sacudirse, soportando el peso del rugbier. Daniela gritó más que la Belucci, con la diferencia de que no estaba actuando.
El rugbier no se dio cuenta de que al taparle la boca, también le tapó la nariz, ya no respiraba ese efluvo quesón. Otro detalle fue la ingesta de pastillas, que le permitieron resistir.
Luego de esos minutos, más que en la película, notó que se estaba libre. Daniela alargó la mano hacia su cartera. Estaba siendo amenazada nuevamente por un cuchillo.
-Vas as hacer mi prisionera hasta que me aburra de vos. 



Daniela le roció con uno de los frasquitos. Una modelo debía contar con su equipo de maquillaje, más siendo una prostituta vip. Le habían advertido de mantenerlo lejos de sus ojos. Viendo al rugbier taparse los ojos, gritando, Daniela sintió que tenía una oportunidad.
Los golpes fallaron, se lastimó las manos, sin producir daño alguno. Hasta que recordó el arma, que no tenía balas, pero era pesado y de metal.
Los cuchillos fueron muy efectivos. Daniela se dio vuelta para reponerse de su experiencia, buscar la ropa, para vestirse.
Bang bang.
Daniela Cardone vio caer, definitivamente muerto, a Fernandez Lobbe. Debería haber tenido en cuenta el no darle la espalda al asesino. Por suerte, estaba esa rubia que se parecía a...
-¿Valeria Mazza? Pensé que te habían asesinado.
-No soy ella. Soy Ravelia Zamas, tu ex, me operó para que me pareciera a ella.
Ravelia y Daniela Cardone, con la ayuda de Carla Conte, se deshicieron del cuerpo.



Pero sus nuevas alidadas le dijeron que no podía volver a la vida de antes. Se había salvado pero la conspiración judicial, policial seguía. Podrían enviar a otro Carlos por ella.
Tenía que volverse letal, peligrosa, asumir una nueva identidad. 

Y así como surgió una nueva mujer, idéntica a Daniela Cardone, pero tatuada y mortífera, además de sensual. La implacable Carla Nadiedone.
- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh! - gritó Daniela Cardone. 
Todo había sido un sueño. Lejos estaba de ser realidad, estaba allí, esperando a Carlos Ignacio Fernández Lobbe. El reloj marcaba las once y media de la noche. Había dormido profundamente por una hora... 
- Maldita sea - dijo Cardone - fue todo un sueño, aunque no estaba mal eso de ser Carla Nadiedone. Sí dicen que Fabricio Oberto quiso ser Carlos Quesoberto y Emanuel Ginóbili, Carlos Quesobili. ¡La mina del sueño era igual a la quesoneada Valeria Mazza!
Pero cuando el reloj marcó las once con treinta y siete minutos, allí estaba Carlos Ignacio Fernández Lobbe, vestido de rugbier, con los colores de Los Pumas, su 1,95 metros de altura, sus 115 kilogramos de peso, sus pies talle 48/49 y su fuerte e intenso olor a Queso.


- Ahora vas a poder oler mis Quesos.
- Si seguro – le dijo Cardone, mientras le apuntó a Lobbe con el arma de Cáceres – vos sos un asesino.
- Quizás asesine a algunas minas, no lo niego, las he quesoneado – dijo Fernández Lobbe – pero te aseguró que a Brenda Gandini yo no la asesiné.
- ¿Quién fue entonces?
- No te diré el nombre. Un Quesón no delata a otro Quesón.
- Decime el nombre del asesino de mi hija o te asesinó – dijo Cardone mientras lo apuntaba con el arma.
- No lo diré – dijo Fernández Lobbe.
- Vos lo elegiste – dijo entonces Cardone y disparó el arma, como en el sueño...
Bang, bang, bang, bang
Pero el rugbier permanecía parado, sin ningún rasguño, Cardone se dio cuenta que el arma no disparó ninguna bala verdadera, sino balas de fogueo, como las del cine 
¡Nooooo! ¡No puede ser!
- Ja, ja, siempre supe que tenía todo bajo control, Cáceres es de los míos.
- Entonces el asesino de mi hija es un Carlos, como vos y como ese mal policía que me puse ese asqueroso de Gonella.
- Eso lo decís vos. Lo repito: Un Quesón no delata a otro Quesón. Ja, ja, pero sí te hago un acertijo, como los que le hacía el Acertijo a Batman. "Al asesino dobles y triples tanto le gustan como nadar en el mar, aunque necesitan aire para respirar”.
- ¿Dobles y triples? El asesino es un basquetbolista. ¿Quién nada en el mar y necesita aire para respirar? ¡Las ballenas, los delfines! Carlos Balleno, no, no, Carlos Delfín, ¡Delfino! ¡Carlos Delfino ese es el asesino!



En ese momento, Cardone quedo tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta que Fernández Lobbe agarró el Queso y lo tiró sobre su cabeza, quedo semidesvanecida en el piso, cuando el rugbier se tiró sobre Cardone, como si fuera un scrum, y en un rápido movimiento, la ató de pies y manos.
- ¡Pudiste haber escapado! ¡Pero ahora serás mi prisionera! ¡Te quesonearé! ¡Como quesoneé a Viviana Canosa, a Soledad Solaro, a Pamela David!
Cardone intentó oponer resistencia pero nada pudo hacer ante la fuerza criminal del asesino. Tendida sobre el piso, Fernández Lobbe puso su enorme pie derecho sobre el rostro de Cardone, que maniatada, y en un gesto sumiso, comenzó a oler esos pies. 
A Cardone le encantó la experiencia, a punto que no solo olió los pies de Nacho Fernández Lobbe, sino que también los chupó, besó y lamió. Primero el derecho, luego el izquierdo. Estaba como drogada, extasiada, toda resistencia había desaparecido.
- ¿Te encantó la experiencia?
- Me fascinó. ¿Trajiste una valija, Nacho?
- Sí, hay allí una sorpresa, para después. Ya conoces mis Quesos, Cardone, ahora quiero que conozcas bien mi masculinidad. Chupame la pija.


Cardone quedó asombrada al ver la enorme pija del rugbier, la chupó, el le chupó el culo y la concha, y le dio un par de patadas en el culo, como si pateara un try. Las patadas fueron bien duras pero a Cardone le gustó.
A continuación tuvieron sexo, la penetró en la vagina, en una experiencia que fascinó a ambos. Cuando terminaron, Cardone quedó acostada, Nacho se paró como a buscar algo, y cuando volvió, sostenía otra vez un Queso, un enorme y gigantesco Queso, con sus guantes negros.
- ¿Y ese Queso, Nacho? ¡Me vas tirar un Queso!
-  Ya te dije que era un Quesón, este Queso es para vos…
- ¿Para mí? ¡Noooooooooooooo! ¡Como mi hija Brenda Gandini! ¡Seré Quesoneada! – Cardone pareció como que recuperó la conciencia.
- Soy Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el Quesón, el rugbier asesino, yo asesiné a Viviana Canosa, a Soledad Solaro, a Andrea Frigerio, y a las demás.


De repente, Fernández Lobbe sacó un enorme cuchillo de entre sus pertenencias y sin mediar palabra alguna, se lo clavó a Cardone en el estómago, el corte fue profundo, de izquierda a derecha, de arriba abajo, luego otro corte en el abdomen, le hundió el cuchillo en la teta derecha, otra herida profunda clavándole el cuchillo en la teta izquierda, la mujer no pudo oponer resistencia alguna, y a continuación el rugbier le aplicó más puñaladas, principalmente en el pecho y en el estómago. Una, dos, treinta, cincuenta, ochenta, ciento veinte, ciento treinta, ciento cincuenta y siete puñaladas. Una tras otra.
Cuando finalizó, Carlos Ignacio Fernández Lobbe agarró el Queso y lo tiró sobre su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.



Estaban cerca del Tigre, y Carlos metió al cadáver de Cardone en una barca, y la tiró, con el Queso incluído, por un arroyo, que desembocó en el río principal, el que queda al lado de la estación ferroviaria.
El rugbier abandonó el lugar, muy contento con el crimen que había cometido, uno más en la larga lista de “el Rugbier Quesón Asesino”.


El asesino de Dolores Barreiro




Llovía torrencialmente aquel domingo de otoño sobre la zona de Punta del Este, cuando Dolores Barreiro estaba sola en la casa, nadie había más que ella. Decidió acostarse para descansar un rato luego de una jornada bastante intensa y por momentos agotadora.

Imagen de Dolores Barreiro con su hijo Valentino bastante patón por cierto

Es que el día anterior Barreiro había participado de una mega desfile donde también estuvieron algunos jugadores de Los Pumas, la selección argentina de rugby. Gonzalo Quesada, Patricio Albacete, Santiago Phelan, Ignacio Miguel Corleto, Carlos Ignacio Fernández Lobbe y Juan Martín Hernández, para ser más exactos.


Barreiro se acostó, pero de repente, comenzó a escuchar ruidos, como si alguien caminará dentro de la casa. Barreiro se levantó, un tanto asustada, y comenzó a recorrer la casa. No vio nada. 
- Bah, debe ser el viento o la lluvia – pensó Dolores y se fue a dormir, sin darle importancia al asunto.
Pero al acostarse nuevamente, otra vez sintió los pasos. Dolores abrió los ojos, se dio vuelta y frente a ella estaba Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el jugador de Los Pumas, vestido con su indumentaria de jugador…


- ¿Qué haces aca, Nacho?
- Soy el Rugbier Quesón Asesino, he venido a asesinarte y a tirarte un Queso.
- ¡Sooocoorrrrooo! – comenzó a gritar desesperada la modelo – Fernández Lobbe quiere asesinarme.
- Grita lo que quieras – le dijo Fernández Lobbe – nadie vendrá a rescatarte. Nadie te escuchará.
El rugbier podría haberla atacado en ese momento con el enorme cuchillo que tenía y apuñalarla salvajemente, pero prefirió tirarse sobre la mujer y dormirla con éter.
Cuando se despertó, Dolores Barreiro estaba atada de pies y manos sobre su cama, Fernández Lobbe le dijo:
- Espero que disfrutes de mis Quesos.


A continuación la obligó a chuparle, besarle, lamerle y olerle los pies una y otra vez. Primero su pie izquierdo, luego su pie derecho. Estamos hablando de los pies de un rugbier, que calza un 48/49, quizás un 50. Carlos Ignacio Fernández Lobbe tenía un olor a Queso  intenso y apestoso. Fue una verdadera tortura para Barreiro soportar los Quesos de Fernández Lobbe.
A continuación, el rugbier dio vuelta a la modelo, la dio vuelta como una media, y entonces la penetró por el culo, la violó con salvajismo, furia y extrema violencia, como si fuese un scrum de su deporte, la dio vuelta de nuevo, y la penetró por la vagina, con salvajismo también, la zamarreó una y otra vez.
Dolores Barreiro practicó gimnasia yoga, siendo muy flexible, podía arquear su cuerpo hasta quedar como una pequeña mesa, lo hizo aquella noche, en medio de la violencia, le pareció que podía disfrutar algo del momento, y lo hizo. Pensó que el rugbier podría llegar a retorcer el cuerpo hasta el límite, haciéndola gritar. Y así fue, los gritos fueron con gran intensidad, furia.
- No creo que Matías Camisani te haya disfrutar así alguna vez - le dijo el rugbier.


Tras terminar de tener sexo, mientras Dolores aún gritaba con furia, Carlos Ignacio agarró un enorme y gigantesco Queso Gruyere que había llevado y le dijo:
- Te tiraré el Queso. Tu tiempo terminó.
- ¡Nooooooooooooooooooo! - gritó Barreiro - ¡Matías ayudame! 
- No vendrá ja ja ja - río con sarcasmo Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
Y le tiró el Queso encima. Entonces el rugbier sacó su cuchillo, pero en vez de apuñalarla de frente en una primera instancia, la dio vuelta y Barreiro quedó de espaldas, el rugbier entonces le hizo un fuerte corte, un fuerte tajo, el signo de un rayo en la espalda, haciendole acordar a la modelo que alguna vez fue conductora de "El Rayo".


- Para que recuerden que fuistes conductora de "El Rayo" - dijo Lobbe - si es que reconocen tu cuerpo, claro.
Otra vez el rugbier la dio vuelta y la aplicó brutales cuchilladas en el cuerpo, el cuello, las piernas, todos lados, la apuñaló salvajemente. Le dio más de cincuenta puñaladas, una tras otra. Cuando terminó, agarró nuevamente el Queso y lo tiró otra vez su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.
En un par de horas, el rugbier ya había abandonado la República Oriental del Uruguay, satisfecho por el asesinato que había cometido y por el Queso que había tirado, uno más en la larga lista de “el Rugbier Quesón Asesino”.


Dicen que Matías Camisani llegó a aquella casa, ingresó a la misma, comenzó a sentir un fuerte olor a Queso y a sangre en la residencia, tanto que empezó a inquietarse, al acercarse a la habitación, el olor iba aumentando, Camisani casi se desmayaba, un chorro de sangre como un río empezó a salir de la habitación.
- ¿Qué es esto? - dijo Matías.
Entró a la habitación y vio el cadaver de su mujer, brutalmente apuñalada, con sangre en todos lados, un Queso sobre el mismo, preso del pánico y del horror gritó despavorido.
- ¡Noooooooooooooooooooooooo! ¡Hubiera preferido que me tirarán el Queso a mí!
Dicen que lo internaron por el shock, igual que Alejandro Gravier cuando vio el cadaver decapitado de Valeria Mazza.
Pero esa es otra historia. #QUESO.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ETIQUETAS CON OLOR A QUESO

Adabel Guerrero (1) Agustín Bernasconi (1) Agustín Rossi (1) Agustina Cherri (1) Agustina Kampfer (1) Alejandra Maglietti (1) Alejandra Martínez (1) Alejandra Pradón (1) Alejandro Biscardi (1) Alejandro Fantino (7) Alejandro Gravier (1) Alejandro Radetic (1) Alessandra Ambrosio (1) Amalia Granata (1) Ana Goycochea (1) Anabel Cherubito (1) Analía Maiorana (1) Andrea Del Boca (1) Andrea Frigerio (1) Andrea Ghidone (1) Andrea Politti (1) Andrés Nocioni (1) Andy Kusnetzoff (1) Anitta (1) Any Ventura (1) Araceli Gonzalez (1) Ariadna Gutiérrez (1) Asesinas (150) Asesinos (428) Ashley Olsen (1) Ashton Kutcher (1) Audri Nix (1) Barbie Velez (1) Barby Franco (1) Bebe Contepomi (4) Bela Condomi (1) Belen Francese (1) Bettina O'Conell (1) Blanca Padilla (1) Blanca Suarez (1) Brenda Asnicar (1) Brenda Gandini (1) Britney Spears (1) Calu Rivero (1) Cameron Díaz (1) Candela Vetrano (1) Cardi B (1) Carey Lowell (1) Carla Conte (14) Carla Gugino (2) Carla Peterson (1) Carla Quevedo (2) Carla Rebecchi (6) Carla Romanini (3) Carlitos 777 (2) Carlos Alfaro Moreno (1) Carlos Arguindegui (1) Carlos Arroyo (1) Carlos Baute (4) Carlos Beneitez (10) Carlos Berlocq (6) Carlos Bernal (4) Carlos Boozer (1) Carlos Bossio (41) Carlos Cabezas (1) Carlos Calvo (11) Carlos Capeletti (2) Carlos Ciochetto (1) Carlos Compagnucci (1) Carlos Contepomi (7) Carlos Costa (2) Carlos Delfino (45) Carlos Di Masi (1) Carlos Eisler (15) Carlos Elder (16) Carlos Enrique (1) Carlos Fernandez Lobbe (28) Carlos Ferreira (1) Carlos Ficicchia (7) Carlos Fronte (1) Carlos Gabriel (3) Carlos Gabuni (1) Carlos García (3) Carlos García Cabrera (1) Carlos García Cortázar (1) Carlos Giacobone (3) Carlos Gonella (12) Carlos Grosso (2) Carlos Habiague (2) Carlos Izquierdoz (17) Carlos Jimenez Sanchez (1) Carlos Karpan (1) Carlos Kramer (10) Carlos Lampe (4) Carlos Lazcano (7) Carlos Lazo (2) Carlos Luna (13) Carlos Lupión (1) Carlos Machado (14) Carlos Maturana (2) Carlos Mazzoni (1) Carlos Medina (1) Carlos Melia (12) Carlos Missirian (2) Carlos Monti (1) Carlos Monzón (1) Carlos Moyá (1) Carlos Navarro Montoya (4) Carlos Netto (1) Carlos Okulovich (1) Carlos Olaran (1) Carlos Paglieri (5) Carlos Pagni (3) Carlos Prieto (1) Carlos Queson (19) Carlos Quintana (10) Carlos Raffaelli (2) Carlos Regazzoni (3) Carlos Reich (17) Carlos Retegui (3) Carlos Rivera (2) Carlos Roa (7) Carlos Russo (1) Carlos Sainz Jr (3) Carlos San Juan (2) Carlos Sandes (35) Carlos Schattmann (16) Carlos Simoni (1) Carlos Sosa (2) Carlos Stroker (3) Carlos Suarez (3) Carlos Tevez (13) Carlos Valdés (1) Carlos Vazquez (1) Carlos Villagran (3) Carlos Vives (1) Carlos Zabala (1) Carlos Zalazar (2) Caro Uriondo (1) Carolina Amoroso (1) Carolina Ardohain (1) Carolina Peleritti (1) Carolina Prat (1) Catherine Fulop (1) Cecilia Bonelli (1) Celeste Cid (1) Celeste Muriega (1) Charles Barkley (1) Charles Jennings (1) Charles Leclerc (1) Charles Walrant (1) Charlie Villanueva (2) Charlotte Caniggia (1) Charly Alberti (7) Charly G (1) Chino Darín (1) Chloe Moretz (1) Christina Aguilera (1) Cindy Crawford (1) Cindy Kimberly (1) Cinthia Fernandez (1) Clara Alonso (1) Claudia Albertario (1) Claudia Ciardone (1) Claudia Fernández. (1) Claudia Schiffer (1) Claudio Caniggia (1) Coki Ramírez (1) Connie Ansaldi (1) Couer Rouge (1) Cristián Fabbiani (1) Cristina Alberó (1) Cristina Pérez (1) Cynthia Nixon (1) Dânia Neto (1) Daniel Malnatti (1) Daniel Tognetti (1) Daniela Cardone (2) Daniela Urzi (1) Darío Benedetto (1) Darío Gannio (1) David Kavlin (1) David Miranda (1) Debora Fallabella (1) Debora Plager (1) Deborah de Corral (1) Delfina Chaves (1) Diego Bossio (1) Diego Reinhold (1) Dolores Barreiro (1) Dolores Fonzi (1) Dolph Lundgren (1) Dominque Pestaña (1) Edith Hermida (1) el Almirante (1) el karma de Ravelia (18) el Pelado López (1) Eleonora Wexler (1) Eliana Guercio (1) Elizabeth Loaiza (1) Elvia Andreoli (1) Emanuel Ginóbili (2) Emilia Attias (1) Emiliano Rella (1) Emilio Basavilbaso (1) Emilio Di Marco (1) Erica García (1) Esmeralda Mitre (2) Esteban Andrada (1) Estefanía Xipolitakis (1) Eva De Dominici (1) Evelyn Von Brocke (1) Fabián Assman (1) Fabián Medina Flores (1) Fabiana Araujo (1) Fabricio Miranda (1) Fabricio Oberto (4) Federico Grabich (1) Federico Salles (1) Fernanda Herrera (1) Fernanda Iglesias (1) Fernando Burlando (1) Fernando Coco Silly (1) Fernando Redondo (1) Flavia Miller (1) Flavia Palmiero (1) Floppy Tesouro (1) Flor Peña (1) Flor Vigna (1) Florencia Bertotti (1) Florencia Bonelli (1) Florencia Canale (1) Florencia Etcheves (1) Florencia Gómez Córdoba (1) Florencia Raggi (1) Florencia Torrente (1) Florinda Meza (1) Gabriel Batistuta (1) Gabriel Deck (1) Gaia Stornelli (1) Gastón Elola (1) Gerardo Rozín (2) Gimena Accardi (1) Gisela Barreto (1) Gisela Marziotta (1) Gisela Van Lacke (1) Gonzalo Longo (1) Gonzalo Quesada (1) Gonzalo Tiesi (1) Graciela Alfano (2) Griselda Siciliani (1) Guido Zaffora (1) Guillermina Valdes (1) Guillermo Andino (1) Hebe de Bonafini (1) Heidi Klum (1) Hernán Drago (1) Horacio Cabak (1) Ignacio Corleto (1) Iliana Calabro (1) Imigrante Rap (1) Ingrid Grudke (1) Isla Nublar (1) Iván De Pineda (1) Iván Orduña (1) Ivana Nadal (1) Ivana Palliotti (1) Javier Ortega Desio (1) Jazmín Stuart (1) Jennifer Aniston (1) Jennifer Lopez (1) Jessica Alba (1) Jessica Cirio (1) Jimena Barón (1) Jimena Cyrulnik (1) Jimena La Torre (1) Joana Duarte (1) Joanna Rubio (1) Joaquín Moretti (1) Jonatan Conejeros (1) Jorge Rial (1) Juan Carlos Olave (1) Juan el Pipa Gutierrez (1) Juan Ignacio Chela (1) Juan Martín Del Potro (1) Juan Pérsico (1) Julia Mengolini (1) Julieta Cardinali (1) Julieta Díaz (1) Julieta Prandi (1) Justina Bustos (1) Karen Reichardt (1) Karin Cohen (1) Karina Jelinek (1) Karina Mazzoco (1) Karl Drogo (1) Karl Geiger (1) Karl Malone (1) Kate Moss (1) Kim Catrall (1) Kristin Davis (1) la Franchute (1) la Matacarlos (21) La Venganza de la Rumana (13) Lady Dumitrescu (3) Lali Espósito (1) Lara Bernasconi (1) Laura Esquivel (1) Laura Ezcurra (1) Laura Fernández (1) Laura Fidalgo (1) Leandro Penna (1) Leo Montero (2) Leticia Bredice (1) Liz Solari (1) Lola Bezerra (1) Loly Antoniale (1) Lorena Duran (1) Lorena Giaquinto (1) Lorenzo Ferro (1) Lucas Borges (1) Lucas Ostiglia (1) Luciana Bianchi (1) Luciana Geuna (1) Luciana Salazar (1) Lucio Delfino (1) Luis Scola (2) Luján Telpuk (1) Maby Wells (1) Madame Tigana (1) Madonna (1) Majo Martino (1) Malena Sanchez (1) Maluma (1) Marcela Feudales (1) Marcela Kloosterboer (1) Marcela Pagano (1) Marcelo Tinelli (5) Marcos Kremer (1) Marcos Milinkovic (1) María Eugenia Ritó (1) María Laura Santillán (1) María Susini (1) María Vazquez (1) Mariana Arias (1) Mariana Carbajal (1) Mariana Fabbiani (1) Mariano Caprarola (1) Marina Calabro (1) Mario Guerci (1) Marisa Andino (1) Marixa Balli (1) Martín Ciccioli (1) Martín Lousteau (1) Martín Olguín (1) Martín Palermo (1) Martina Soto Pose (1) Maru Duffard (1) Mary Kate Olsen (1) Matías Alemanno (1) Matías Ferrario (1) Matías Ferreira (1) Matías Garfunkel (2) Matías Martín (1) Matías Mayer (1) Matías Moroni (1) Matías Sotelo (1) Matías Vazquez (1) Mauricio Caranta (1) Mauricio Paniagua (1) Mauro Icardi (2) Mauro Zarate (1) Maxi Lopez (2) Maximo Fjellerup (1) Melina Lezcano (1) Melina Petriella (2) Melina Pitra (1) Mercedes Funes (1) Mery Del Cerro (1) Mica Viciconte (1) Michelle Jenner (1) Miguel Avramovic (1) Mónica Antonopulos (1) Monica Ayos (1) Monica Farro (1) Mora Godoy (3) Nancy Dupláa (1) Nancy Guerrero (1) Nancy Pazos (1) Natacha Jaitt (1) Natalia Fassi (1) Natalia Fava (1) Natalia Forchino (1) Natalia Graziano (1) Natalia Oreiro (1) Natalie Perez (1) Nazarena Velez (1) Nicolas Brussino (1) Nicolás Magaldi (1) Nicolás Ochiatto (1) Nicolás Ripoll (1) Nicole Neumann (1) Ogro Fabbiani (1) Oriana Sabattini (1) Oscar Córdoba (1) Osvaldo Sabatini (1) Pablo Echarri (1) Pablo Migliore (1) Pablo Pérez (1) Pablo Rago (2) Pablo Simena (1) Pamela Anderson (1) Pamela David (2) Pamela Sosa (1) Pampita (1) Patricia Sarán (1) Patricio Albacete (1) Patricio Garino (1) Paula Chaves (1) Paula Colombini (1) Paula Medici (1) Paula Trapani (1) Paula Volpe (1) Paulina Rubio (1) Paz Cornú (1) Penelope Cruz (1) Pía Slapka (1) Raquel Mancini (1) Ravelia Zamas (56) Ricardo Centurión (1) Roberto Abbondanzieri (1) Rocío Guirao Díaz (1) Rocío Igarzabal (1) Rocío Marengo (1) Rodrigo Orihuela (1) Rolando Martín (1) Rolando Schiavi (1) Romina Gaetani (1) Romina Malaspina (1) Romina Manguel (2) Rosie Huntington Witheley (1) Roxana Zarecki (1) Rulo Schijman (1) Sabrina Garciarena (1) Sabrina Pettinato (1) Sabrina Rojas (1) Sandes y Schattmann (34) Sandra Borghi (1) Sandra Smith (1) Sara Sampaio (1) Sarah Jessica Parker (1) Sebastián Solé (1) Sebastián Yatra (1) Sergio Celli (1) Sergio Goycochea (1) Shari Moretto (1) Silvia Martínez Cassina (1) Silvina Escudero (1) Silvina Luna (1) Silvina Scheffler (1) Silvio Soldan (3) Sofía Clerici (1) Sofía Jujuy Jiménez (1) Sofía Macaggi (1) Sofía Zamolo (1) Sol Estevanez (1) Sol Perez (1) Soledad Fandiño (1) Soledad Solaro (1) Stefania Roitman (1) Susana Gimenez (1) Susana Roccasalvo (1) Sveva Rigolio (1) Tamara Paganini (1) Thalia (1) Thomas Griesa (1) Tini Stoessel (1) Tomás Fricher (1) Tommy Dunster (1) Ulises Jaitt (1) Ursula Corberó (1) Ursula Vargues (1) Valentina Ferrer (1) Valentina Zenere (1) Valeria Archimo (1) Valeria Bertuccelli (1) Valeria Mazza (1) Vanina Escudero (1) Verónica Lozano (1) Vicky Xipolitakis (1) Victoria Vanucci (1) Virginia Gallardo (1) Viviana Canosa (1) Viviana Saccone (1) Wanda Nara (11) Ximena Capristo (1) Yanina Latorre (1) Yanina Screpante (1) Yanina Zilly (1) Yesica Toscanini (1) Zaira Nara (1)