El Asesino de Florencia Etcheves


Florencia Etcheves se encontraba en su casa escribiendo una nueva novela, de esas que suele escribir esta mina, que se volvió muy odiosa en los últimos tiempos. Iba por el capítulo uno de su nueva obra, que quería tener un toque diferente, tratar sobre una conductora de TV que iba a una isla tropical, y ahí participaba de una fiesta sexual, donde terminaba siendo asesinada. Al ver en su biblioteca, el número 23 de “Elige tu Propia Aventura” de “Perdidos en el Amazonas”, cambió totalmente de idea.
“Me parece que va a asesinando a los miembros de la expedición. Mejor, la voy a situar en 1890, no ahora, y será una expedición al Amazonas, en lugar de una isla tropical, va en medio de la selva, con todos hombres, los va matando uno a uno, sí mejor eso, también asesina a los nativos, unos indios muy altos, patones, muy patones, los va asesinando uno por uno, despues se vuelve la Reina de las Amazonas, e instaura una dictadura del matriarcado, ahí en medio del Amazonas, escribiré eso, se llamará “La Reina del Amazonas”.  Ya esta decidido” pensó Etcheves.
Muy entusiasmada con la idea, lo que más le gustaba a Etcheves era imaginar cuando la mina iba asesinando a los nativos, a los que imaginaba muy patones, con pies muy grandes, gigantescos “Irá con su cuchillo, a unos los apuñalará por la espalda, a otros los acuchillará en el pecho, a otros les cortará el cuello, a todos los asesinará, después de jugar con los pies, los enormes pies, de cada uno de ellos, quizás les de el placer de tener sexo, ya veremos”.



Etcheves comenzó a escribir, hoja tras hoja, terminó el primer capítulo, el segundo, ya iba por el tercero, era muy tarde, empezó a tener sueño, mucho sueño, se quedó dormida ahí delante de la pantalla de Word donde iba escribiendo, totalmente exhausta. De repente sintió que la estaban zamarreando, sacudiendo, moviendo, Etcheves se despertó de golpe.
Vio ante ella a un indio, muy alto, patón, ensangrentado, como si lo hubieran apuñalado.
- ¿Quién sos? – dijo Etcheves.
- Soy uno de esos personajes de tu libro. Uno de los asesinados. 
- ¡No puede ser! ¡Esto es ficción pura! ¡Esto es un sueño!
- Ningún sueño. En tu libro asesinastes a los Patón patón, una tribu perdida del Amazonas, aca venimos a vengarte.
- ¡Nooooooooooooooooooo! – gritó Etcheves - ¡Esto es un sueño!
- Ningún sueño – se escucharon voces de mujer, eran tres María Laura Santillan, sí, tres minas iguales, una igual a la otra, como clones, imitaciones perfectas.
- ¡Noooooooooooooooooooooo! ¡Noooooooooooooooooooo! – dijo Etcheves - ¡Noooo puede ser!!!!!!!!!!!!!!!!



Las clones de Santillán rodearon a Etcheves y comenzaron a gritar:
- ¡Queso! ¡Queso! ¡Debe morir Etcheves! ¡Etcheves debe ser asesinada!
- ¡Noooooooooooooooooooooooooooooo! – gritó Etcheves, las clones de María Laura Santillán rodearon a la escritura y comenzaron a golpearla, sacudirla, darle patadas, tirarle de los pelos.
Etcheves quedó inconsciente, una vez más, al volver en sí, se encontró otra vez en la habitación, sentada sobre su computadora.
- Oh, qué horrible sueño – dijo Florencia Etcheves.
Agarró la computadora y se encontró que todo lo que estaba escrito había sido borrado, no quedaba nada, horas y horas de trabajo perdidas.
- ¡No puede ser! ¡No puede ser!
- Es que no fue un sueño – dijo una voz – aunque es mejor que creas que sí lo fue.
Etcheves se dio vuelta, ante ella estaba Carlos “Charlie” Elder, rugbier y pasajista, aficionado a la botánica, ella no la conocía, dijo:
- ¿Quién sos? ¿Qué haces aca?


- Carlos Elder, Asesino de Mujeres, Quesón – dijo Carlos, mientras con sus guantes negros comenzó a tocar el cuello de Etcheves, como amagando querer estrangularla.
- Enfunda tu Queso, Quesón, que vas a pasar un papelón – dijo Etcheves.
- No creo – dijo Carlos Elder – Chicas, vengan.
Otra vez los clones de María Laura Santillán aparecieron.
- ¡Noooooooooooooooo! – gritó Etcheves.
Esta vez ataron a la escritora a una silla. Una de las clones comenzó a chuparle los pezones, otra la concha, otra le hizo caricias por todos lados, otra le metió el dedo en el culo, así las clones fueron intercambiando los papeles, una y otra vez.
- ¿Te gusta Etcheves?
- Vos sos el Indio, estabas disfrazado, no tengo dudas.
- Puede ser, todo puede ser en la dimensión desconocida.
- No entiendo como llegaron hasta acá.
- Mientras escribías esas boludeces te quedastes dormida y apretaste, por error, el “Peligro Queso” en la computadora, la gente cree que es para combatir y prevenir los asesinatos Quesones, la boludez que le hicimos creer a la gilada, pero no, es todo el contrario, con eso nos atraen.
- ¡Noooooooooooo! – gritó Etcheves, mientras las clones de María Laura Santillán seguían disfrutando de su cuerpo.
- Bueno chicas, ya pueden irse – dijo Carlos Elder.
- Afirmativo – contestaron al unísono las cuatro clones, que muy obedientes, se fueron del lugar.



Solo quedaban Carlos Elder, el Quesón, y Florencia Etcheves, en la habitación, el rugbier y paisajista rodeó con una cuerda el cuello de la escritora. Esta pensó que iba a estrangularla, pero no, el rugbier dejó la cuerda, la escritora estaba atada, nada podía hacer. Charlie quedó en medias y puso sus pies encima del rostro de Etcheves.
El olor a Queso era muy fuerte, intenso, asfixiante, las medias eran muy olorosas, Etcheves las chupó, lamió, besó, una y otra vez. Despues Elder se sacó las medias, y sus pies muy olorosas quedaron sobre el rostro de Etcheves, que siguió chupando, lamiendo, besando, una y otra vez, estaba como en trance. 



Al terminar esto, Elder la penetró, la cogió con salvajismo y furia, como Etcheves lo merecía, la zamarreó mientras tenían sexo. Al terminar ató sus dos medias y rodeó el cuello de la escritora, ahora sí, comenzó a estrangularla.
- ¡Aaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – gemía Etcheves mientras Carlos la estrangulaba con las medias. 
El asesino terminó su tarea, y de la mochila sacó un Queso, lo tiró sobre la víctima.
- Queso – dijo.
El rugbier contempló a su víctima estrangulada y pensó en voz alta:
- Te pasa por odiosa. Ja, ja, ja.
El asesino abandonó la escena del crimen. Quizás fue un asesinato, para muchos un ajusticiamiento.

Comentarios

  1. Me gusta la descripción de la novela. Típico del pensamiento actual de la escritora, compatible con su actitud odiosa. Se le borró todo lo escrito, eso sí que es para matarse. Y bueno, le dieron el gusto.
    Me gustan las clones de María Laura Santillán, tan obedientes y perversas. Se puede decir que la violaron.

    Podrían participar en El asesino de Cristina Pérez, tendiéndole una trampa mortal. Aunque quiere merece disfrutar de la conductora de Telefe noticias, es Jowie Campobassi.

    El paisajista la hizo gemir de placer antes de hacerla gemir de agonía.

    Magistral relato.

    Esas cosas, un video de Utopians que parece ser un homenaje a las quesonas. La que aparece es sanguinaria. Razón para dejar a la cantante fuera de la lista.
    https://www.youtube.com/watch?v=w3ZewU-oEJ4

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    1. excelente video, gracias x pasar el link, una quesona sin duda, la mina guarda los relojes de sus víctimas, las quesonas suelen guardar los zapatos y/o zapatillas de los hombres que asesinan

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  2. No estaría mal tener un encuentro con las clones de María Laura Santillán. No son Carlas ni Ravelias, no está ese peligro.

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  3. muy bueno... estos relatos delirantes me encantan

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