Carlos Zalazar y la Quesona Asesina


Carlos Samuel Zalazar era un joven chaqueño cuyas fotos de pies causaron furor en una cuenta de Instagram denominada @PiesMasculinos. No era patón, calzaba 41, pero en las fotos, por alguna extraña razón, parecía que sus pies eran de un talle 44/45. A los fetichistas de pies le gustaban mucho. Fue así que una chica fetichista de los pies, Valeria, dueña de la cuenta de Instagram ladyravelia31 lo descubrió.
Le puso muchos likes, empezó a seguirlo, y le mandó muchos mensajes tales como “Te felicito por tus pies Carlos”, “Qué bellos pies tenes Carlos”, “Sos muy Quesón, Carlos”. Una y otra vez. A Carlos al principio le gustó mucho. Le encantaba eso de ser un “Quesón”, aunque no sabía porque. Pero como todas las cosas cuando se vuelven un exceso, lo que al principio era todo muy lindo, empezó a cansarlo un poco. Ladyravelia31 le mandaba mensajes todo el tiempo. A veces Carlos le contestaba, a veces no. Podría haberla bloqueado y el tema terminaba. Y de hecho lo hizo, pero la chica aparecía nuevamente con nuevas cuentas. 


Ocurrió entonces que Carlos Samuel Zalazar recurrió a una tarotista y curandera, doña Dumitrescu, una legendaria descendiente de rumanos cuya familia se acentó en el Chaco hace un siglo y medio atrás.
- Dice que soy un Quesón y ella misma dice ser una Quesona. No entiendo nada. No me deja en paz. Yo publico fotos de mis pies, cientos de ellas, pero ella no me deja en paz.
- Sos un Quesón, Carlos. Te llamas Carlos, tenes pies grandes y huelen a Queso – le dijo Dumitrescu.
- ¿Pies grandes? ¡Calzo 41! ¡No son grandes!
- En las fotos parecen un 46.
- Es verdad, por eso a la gente le gusta.
- ¿Comes mucho Queso?
- Sí, me gusta mucho el Queso.
- Por ahora lo dejamos así. Solo te digo que sos un Quesón. Mañana volvé a esta hora m’hijito. Esta noche no pruebes otra cosa que Queso.
Carlos siguió los consejos de Dumitrescu. Y aunque tenía mucha hambre, solo comió Queso, una bandeja con cinco Quesos diferentes, provolone, gruyere, roquefort, parmesano y pategras. Pero solo Queso. Ninguna otra cosa.


Carlos fue a dormir y al despestar descubrió que sus pies ya no eran talle 41; ahora calzaba 47. Sus pies habían crecido mucho. Desesperado, concurrió a ver a Dumitrescu.
- Te dije que vinieras a la misma hora, o sea, después de las seis de la tarde, son las once de la mañana ahora.
- Es que estoy desesperado, Madame Dumitrescu, seguí sus consejos, comí solo Queso, y ahora mis pies ya no parecen ser grandes, ahora calzo 47, casi tanto como Carlos Bossio o Carlos Delfino.
- Es que eres uno de ellos. Sos un Quesón. Sos el elegido por el destino. Esa chica de Instagram, ladyravelia, es el último vástago de una legendaria estirpe de asesinas de hombres, las Quesonas. Las Quesonas han asesinado a muchos hombres pero siempre recibieron su castigo. Una por una, a lo largo de los siglos, han sido asesinadas por hombres llamados Carlos. Por Quesones. Porque los Carlos son Quesones. Y el elegido de este tiempo eres tú. 
- ¿Yo, un asesino? ¿Un Quesón?
- Sí. Un asesino. Un Quesón. Debes asesinarla y tirarle un Queso.
- Pero yo vivo en el Chaco y ella en Mar del Plata.
- Agarra el auto y ándate a Mar del Plata, descansa en algún hotel a la noche, y cuando estes allí la asesinarás.
- Pero no sé en que calle vive…
- Comete un Queso, no te laves los pies por un par de días, y tu instinto Quesón te llevará ante ella. Mañana a la mañana, día del tránsito de Venus, te vas para alla. Lleva dos Quesos, uno para comértelo, otro para tirárselo a ella, después de que la asesines.
- ¿Y como la asesinaré? ¿Cuchillo, revolver, puñal, estrangulamiento, machete, ametralladora, empalada tal vez?
- Eso lo decidís vos, Carlos, pero la tenes que asesinar. Te advierto que una vez que la asesinas, siempre sentirás el deseo de asesinar y de tirar Quesos. Serás un Quesón de aquí a la eternidad.
- Aceptó mi destino. Soy un Quesón. Soy un Carlos.


Al día siguiente, Carlos partió desde Fontana para hacer los 1.355 kilometros que lo separaban de Mar del Plata. Tardó tres días, pernoctando una noche en Santa Fe y otra en Buenos Aires.
Al anochecer del tercer día ingresó en Mar del Plata, el instinto Quesón lo llevó a una vivienda ubicada cerca de Playa Grande, una casa muy residencial y elegante, a tres cuadras de la popular Alem.
Carlos Samuel Zalazar se bajó del auto, y con los guantes negros, agarró el Queso, toco el timbre en la casa. Ladyravelia31 le abrió la puerta. Carlos no tuvo dudas, era ella, la chica de los tatuajes, la fetichista de los pies. Entró a la casa.
- Sos igual a las fotos, Quesona.
- Lo sé, Quesón, y vos también, que pies grandes que tenes.
- Grandes y olorosos. Especiales para vos, Quesona.´
- Quesoneame, Carlos. #TirameUnQueso.
Ocurrió entonces que Ravelia se tiró al suelo, y Carlos le tiró el Queso y luego puso sus pies encima de su rostro. Olían intensamente a Queso. Ravelia los olió, chupó, lamió y besó. Luego le hizo una fellatio, el chupó el culo de ella, y finalmente la penetró por la vagina. Mucho sexo, mucho Queso.
- ¿Y ahora Quesón con que me vas a sorprender?
- Ahora te estrangularé nena.


Carlos Samuel Zalazar la agarró del cuello y empezó a estrangularla. Ravelia intento defenderse y opuso resistencia, pero el asesino pudo aún más. La siguió estrangulando y finalmente la asesino. Al terminar, Carlos Samuel Zalazar agarró el Q ueso y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
-  Queso.
Con la misión cumplida, Zalazar muy contentó regresó al Chaco, mientras pensaba quienes serían sus próximas víctimas, a quienes les tiraría los próximos Quesos.



Carlos Samuel Zalazar regresó a su Chaco natal después de asesinar a Valeria, a la que había estrangulado y tirado un Queso en Mar del Plata. No se quedó sin embargo mucho en el Chaco, prefirió ir a pasar unos días a Corrientes, a la Fiesta del Chamamé.
Cruzó el Paraná y se instaló en un hotel cerca de la Costanera. Se trasladó a la noche al Festival de Chamamé. Notó que sus pies olían a Queso, algo habitual, y que siempre se mantenían grandes. Aunque no era tan alto, calzaba como 46. 
Ya estaba en la Fiesta del Chamamé, y mientras el público disfrutaba de un homenaje a Coco Marola, Carlos no podía pensar en otra cosa que no fuese en Valeria, la chica a la que había asesinado.


Una anciana, que dijo ser admiradora de Ramona Galarza, se cruzó en el camino de Carlos.
- Pero M’hijito. Esa chica debía ser asesinada, era un mal bicho que debía ser erradicado el mundo de los mortales. Quedese tranquilo, mi gurí, y disfruté de los chamamés chamigo, tomese un tereré, una cheva y a bailar chamamé con Amboé.
- Tiene razón la anciana – dijo Carlos en voz alta – a disfrutar del chamamé. ¿Usted es correntina, señora?
- Más correntina que los esteros del Iberá, pero mis padres nacieron en Rumania, allá lejos en Transilvania.
- ¡Ohhhhh! – exclamó asombrado Carlos.
El joven se unió a un nutrido grupo que comenzó a bailar chamamé. De repente, una chica le dijo:
- ¿Bailamos Carlos?
- ¿Carlos? No te dije que me llamó Carlos ¿Cómo sabes que soy Carlos?
- Solo un hombre que se llama Carlos tiene el olor a Queso que tenes vos. Solo un Carlos.


“Vaya, vaya, un pensamiento muy parecido al de Ravelia, o Valeria, la mina a la que estrangulé en Mar del Plata” pensó Carlos y le preguntó en voz alta: “¿Y vos como te llamas?
- Valeria – contestó la chica – en realidad Ramona Valeria, pero bueno, me lo pusieron en homenaje a Ramona Galarza.
Carlos observó bien a la chica, y le pareció igual a la otra, a Ravelia, pensó:
- No tengo alternativas. Debo asesinarla. Le tiraré un Queso.
- ¿Y Carlos? ¿Bailamos chamamé?
- Hagamoslo – dijo Carlos – pero vamos a ese costado.
- ¿Costado? Ja, ja, vamos.
Se fueron al costado, Valeria (o Ramona como prefiere que la llamen) creyó que iba a chapar con Carlos, pero este la agarró del cuello.
- ¿Qué haces, ajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj?
- Te asesinaré Valeria.



Le apretó el cuello, la chica opuso resistencia, y logró zafarse, parecía escaparse, pero ahí Carlos, como un judoka, desplegó sus enormes pies y le dio una patada en el estomago, y otra en el cuello, la chica quedó tendida en el piso, y Carlos entonces le apretó el cuello, pero no con las manos, sino con los pies, hasta dejarla sin aire. Cuando terminó le tiró un Queso diciendo en voz alta:
- Queso.

El asesino se iba del lugar cuando se cruzó de vuelta con la rumana.
- He asesinado a una inocente  - le dijo Carlos.
- Para un Quesón no hay víctimas inocentes, solo hay minas quesoneadas, y tu eres un Quesón – esta vez la anciana lo dijo con acento rumano, olvidándose que era “más correntina que el Iberá”.
- Tiene razón, señora, señora…
- Dumitrescu.
- Dumitrescu . Soy un Quesón y mi destino es tirar Quesos.
- Vaya a disfrutar del chamame m’hijito – dijo ahora Dumitrescu otra vez con tonada del Litoral.
Y Carlos Samuel Zalazar fue a cantar y bailar chamamé, el publico le puso el apodo de “Carlos, el Patón del Chamamé”.

Comentarios

  1. Lindo muchacho. Me gustaria hacerle cosquillas en los pies.

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  2. este Quesón chaqueño despertó el terror en todo el Litoral tirando Quesos por supuesto

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  3. Me pareció curioso Dumitrescu como curandera chaqueña, diciendo "m´hijito". Pero si es la Lady, a los largo de los siglos puede haber adoptado diversos modos de hablar.

    El estrangulamiento es un interesante método de quesonear.

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  4. Buen Quesón... que cometa más asesinatos sembrando el terror en todo el Chaco y Corrientes

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