El Asesino de Marcela Kloosterboer


Fue un poco sorprendente y no figuraba en los planes de nadie. Pero ocurrió. Producto del azar.
Todo fue cuando el Fiscal Carlos Gonella, un prestigioso abogado en la jurisprudencia nacional, estaba en una ciudad del interior participando de un encuentro del Mundo del Derecho. 
Esta ciudad del interior estaba en una zona de Sierras, puede ser Córdoba, quizás San Luis, La Rioja tal vez…
Por otro lado, allí también, en el mismo hotel estaba Marcela Kloosterboer, que pensaba participar en una filmación.
Según nos han contado, Kloosterboer llegó al hotel y el conserje, un tipo que parecía un clon de Carlos Tevez, y al que todos llamaban Carlitos le dio el número de la habitación:
- La habitación 456.
Un sirviente acompañó a Kloosterboer hasta la habitación y le llevó la valija. Era la Suite Imperial. Tenía dibujos del gran Carlomagno, Carlos el grande, Charles the great, el gran emperador medieval… era una suite muy grande, con una cama redonda.
Kloosterboer dejó la valija sobre la cama. Cuando entró le había parecido escuchar el ruido de la ducha. Pero no podía ser: la habitación era para ella. Ahora no escuchaba nada.
La actriz se dirigió entonces hacia el baño, cuando de repente, se abrió la puerta del mismo, y para su sorpresa, un hombre alto, patón, tirando a cuarentón, desnudo, solo con una toalla como la prenda, salió del mismo.


Era Carlos Gonella, el fiscal, del cual hemos hablado al principio del relato…
- ¿Pero quien sos vos?
- Lo mismo digo, ¿Vos quien sos?
- La habitación es mía. Me la reservaron los de la Filmación.
- A mí me la reservó el Ministerio Público Fiscal.
- Voy a llamar a la conserjería.
Kloosterboer se disponía a llamar, cuando Gonella le dijo:
- No, espera nena…
- ¿Nena?
- ¿Cómo te llamas?
- Marcela Kloosterboer, actriz.
- Claro, creí conocerte, soy Carlos, Carlos Gonella, fiscal y abogado.
- ¿Cuántos años tenes Carlos?
- 39, ¿Y vos?
- 32.
- Creí que había menos diferencia entre los dos.
- Bueno, Carlos, esto de la habitación…
- Para, para Marcela, te propongo… compartamos la habitación…
- ¿Estas hablando en serio? ¡Y me lo decís así casi desnudo!
- Escuchame, no te desesperes… yo te explicó… podemos compartir la habitación…
- De ninguna manera… aunque… la verdad que tenes un cuerpazo… y qué pies que tenes Carlos…
- Todas las chicas me dicen lo mismo. Je, je, y vos también sos un minón.
Kloosterboer, de repente, se desnudo, ante Carlos Gonella.
- No lo puedo resistir. Una noche es una noche. ¿Me coges Carlos?
- Con mucho gusto, señorita Kloosterboer.
- Señora, soy casada, mi marido se llama Fernando Sieling.
- Mejor aún.
- Quiero que me cojas. Pero primero quiero oler esos pies.
- Estan recién lavados. Y cuando más húmedos están, más olor a Queso tienen, porque el Queso es constante y permanente. Soy Quesón y me gusta serlo.



Y así fue que Kloosterboer olió, chupó, lamió y besó los pies de Gonella. Eran dos auténticos Quesos muy olorosos. Luego Gonella hizo lo mismo con los pies de Kloosterboer. No olían a Queso, sino a perfume francés. Después tuvieron sexo, un sexo muy intenso y apasionado.
Cuando terminaron, estaban los dos acostados en la cama, desnudos, hablando entre ellos.
- Me imaginaba que la iba a pasar bien con vos Carlos, pero jamás pensé que iba a ser una experiencia tan placentera.
- Así es mi amiga Kloosterboer. La he pasado muy bien. ¿Qué te parece si pedimos algo para comer? 
- Dale, pedime lo que quieras, algo que tenga mucha verdura.
Rato después, Carlitos, el conserje, llegó a la habitación, con dos bandejas, una grande y otra chica, en la grande, una enorme horma de Queso Emmental, en la otra, un panaché de verduras, al mismo tiempo un vino fino de Bodegas Larreta y un champagne importado de Francia.
- Espero que disfruten señor Gonella y señora Kloosterboer – dijo el clón de Carlitos Tevez.
- ¿Te vas a comer ese Queso vos solo?
- Por supuesto. 
Carlos, con guantes negros en sus manos, tomó el cuchillo y empezó a mirar a Kloosterboer. Parecía que iba a cortar el Queso, pero Gonella seguía tocando el cuchillo con sus manos, lo frotaba. Kloosterboer lo miró y le dijo:
- ¿Pasa algo Carlos?
- Sí, he cometido muchos asesinatos, y tengo ganas de asesinarte. Voy a asesinarte.



Y así fue como Carlos Gonella se acercó a Kloosterboer y la atacó con el cuchillo. La actriz se defendió y pareció repeler el primer ataque, que solo le hizo un pequeño tajo en el pecho.
Pero, sin soltar el cuchillo, Gonella lanzó un segundo ataque, y como un toro enfurecido, se tiró sobre la actriz y le clavó el cuchillo en el estomago. A partir de ahí, la apuñaló salvajemente. Cuchillazo va, cuchillazo viene, Carlos Gonella se entretiene.
Al finalizar, Carlos Gonella, con el cuchillo ensagrentado en sus manos, contempló al cadáver de su víctima, tomó el Queso, lo arrojó sobre el cadáver mientras decía en voz alta:
- Queso.
Minutos después, llegó el conserje, el clón de Carlitos Tevez.
- ¿Todo bien, señor Gonella?
- Todo perfecto.
- Veo que ha tirado un Queso. Uno más.
- Así es. Las otras eran minas desconocidas, muchas empleaduchas del Poder Judicial, algunas abogadas, sobre todo penales. Esta era una actriz. Va a tener más repercusión en los medios.
- Mejor señor Gonella, señor, usted merecía un crimen así… no podía dejar que siempre los otros Quesones se lleven todos los méritos.
- Tenes razón Carlitos.
Y la impunidad propia del Poder Judicial rodeo todo aquel asesinato.


Comentarios

  1. GENIOOOOOOOOOOOOO

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  2. me quede con ua ereccion siempre k veo a marcela es mi platonica

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  3. Es detestable aunque linda, así que buen relato.
    Faltara que para algún asesinato usen el pie, el "queso", para aplastar el cuello de la victima, matándola por asfixia.

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