domingo, 8 de diciembre de 2013

La asesina de Luis Scola



La “Mujer Queso”, la famosa asesina serial de hombres, ya había cometido unos gran cantidad de crímenes, ya tenía en su haber unos cincuenta o sesenta hombres asesinados, crímenes, cuando comenzó a buscar una nueva víctima. Tenía que ser un crimen muy especial, diferente a los demás. Como sabemos, la víctima debía ser un hombre joven, no mayor a cuarenta, no menor a veinte, alto y patón. 



Hasta ese momento la Mujer Queso había cometido muchos asesinatos con un alto nivel de sadismo. Sus mejores crimenes fueron las decapitaciones de Marcos Milinkovic, Juan Martín Del Potro y Patricio Albacete. Al basquetbolista Fabricio Oberto lo había asesinado clavándole una espada, después de someterlo a varias clases de torturas relacionadas con el olor de sus propios pies. A otro basquetbolista, a Andrés Nocioni, lo había estrangulado la media derecha y asfixiado con la media izquierda, mientras “jugaban” al olor a Queso con los pies. A Emanuel Ginóbili lo ejecutó con una itaka,
Ahora se le había ocurrido que la víctima debía ser nuevamente un basquetbolista. Pero no deseaba asesinarlo con un revolver o un cuchillo, las armas que siempre solía alternar en cada uno de sus crímenes. Al igual que con Andrés Nocioni, la asesina deseaba estrangular a su víctima.



Revisando la lista de víctimas, la asesina se dio cuenta que no había ningún Luis ni ningún Carlos. Su próximas dos víctimas debían llamarse de esa manera. Por eso eligió a Luis Scola, un basquetbolista que medía más de dos metros y calzaba más de cincuenta, como su próximo objetivo.
Luis Scola salía del entrenamiento del basquet cuando una chica lo sorprendió mientras se dirigía al estacionamiento. Era una muchacha joven, muy bien vestida, Luis creyó reconocerla, era muy parecida a la modelo Valeria Mazza. Pero se trataba solo de un parecido, nada más.
-         ¿Me firmas un autografo, Luis?
-     Claro, ¿Cómo te llamas? - el basquetbolista accedió con gusto
-         Valeria. Ese es mi nombre. ¿Querés un caramelo, Luis?
-         Bueno, dale, te agradezco mucho.



La chica entonces lo convido con el caramelo. Luis sonrió, se despidió de la chica, mientras se alejó del lugar chupando el caramelo que su admiradora le había dado. Al llegar al auto, se sentó, y empezó a sentir mucho sueño, demasiado sueño, parecía como que todo le daba vueltas, tanto, que cerró los ojos y se quedó totalmente desvanecido.
El basquetbolista perdió totalmente la noción del tiempo. Finalmente, cuando volvió en sí, para su sorpresa, estaba acostado en una gran camilla, como esas que usan los terapautas, con sus manos y piernas atadas.


Sus enormes pies – imaginemos Luis Scola mide más de dos metros y debe calzar un cincuenta y uno, o un cincuenta y dos – estaban descalzos sobresaliendo de la cama. El basquetbolista intentó moverse y salir de ahí, pero no pudo, estaba totalmenta atado, no podía dar un solo movimiento.
De repente, frente a él, apareció una muchacha. Una chica joven, muy bella, vestida de blanco, con unos guantes negros que le cubrían las manos. Luis intentó hablar pero no pudo, estaba amordazado. La que sí habló fue la chica.
-                         Buenas noches, Luis Scola. Mi nombre es Valeria, pero soy más conocida como la Mujer Queso, la temible e implacable asesina serial de hombres.




Sobre el costado de la cama, donde estaba atado Luis Scola, había un enorme Queso Parmesano, era una horma realmente gigantesca, muy grande. La chica, la asesina, le dijo a Scola a decirle a Scola:
- ¿Te gusta el Queso, Luis?
Valeria tomó el rallador de Queso y empezó a tirarle el Parmesano rallado y en hierbas sobre el cuerpo a Luis.
- Espero que te guste el Queso, Luis, deberás oler estos Quesos.
Valeria entonces puso sus pies sobre el rostro de Scola. La chica le sacó la mordaza que tapaba la boca del basquetbolista.
La chica, pese a ser mujer, era muy patona, calzaba cuarenta y dos. Su olor a Queso era muy fuerte. Scola debió oler, lamer, besar y chupar los pies de la chica durante un largo rato, quedando como drogado ante el apestante, intenso y sofocante aroma que despedía la chica.


Luis quería liberarse, pero era imposible. Gritaba pero nadie lo escuchaba, atado, no podía hablar ni moverse.
-                         ¿Qué Queso te gusto más, Luis? ¡Ja, ja!
Cuando terminó de obligarlo a chupar los pies, Valeria tomó una pluma y comenzó a hacerle cosquillas en los pies a Luis Scola. Lo torturó de esa manera durante un buen rato, haciéndole también cosquillas con sus dedos y uñas.
Valeria empezó a extender las cosquillas a todo el cuerpo, pies, axila, panza, cuello, una y otra vez, solo que esta vez para hacer las cosquillas la chica empezó a usar también un cortador de pizza.
-                         Hay más, la diversión no termina aca. Ahora quiero probar tu Queso. Si es más fuerte que el mío, te salvarás, si no, morirás.
Primero Valeria empezó a chupar los pies de Scola, a lamer y besar una y otra vez los dedos y sobre todo el espacio que hay entre los dedos. Después de hacerlo, la chica tomó el rallador de Queso nuevamente y empezó a rallar literalmente los Quesos (o sea los pies) del basquetbolista.



Scola gritó desesperadamente de dolor, imaginen la secuencia.
-        Tenés un olor a Queso muy rico, pero igual, ahora te ejecutaré, basquetbolista.
Luis contemplaba con terror y espanto, que la chica estaba dispuesto a ejecutarlo.
- Podría asesinarte con tus propias zapatillas, son tan gigantescas que con darte un golpe quizás quedes muerto. Pero no, tendrás una muerte lenta.
La chica tomó una bolsa transparente y la colocó sobre la cabeza de Luis Scola.
-         Morirás asfixiado y estrangulado como Andrés Nocioni, Luis Scola, espero que los títulos de los diarios digan lo mismo que dijeron la vez anterior, “Basquetbolista ahorcado por una mujer”.
La asesina tomó una cuerda y la pusó sobre el cuello del basquetbolista, empezó entonces a apretarle el cuello. El muchacho intentó resistir como podía, era muy difícil, maniatado y amordazado, parecía no tener escapatoria alguna, pero dotado de una gran fuerza, propia de alguien que mide más de dos metros y calza cincuenta, trato de luchar, pero no pudo. Fueron muchos minutos, hasta que la asesina finalmente terminó su macabra tarea.

Para la “Mujer Queso” era el mejor crimen que había cometido. Colgo el cadáver de Luis Scola como si fuera un ahorcado del viejo oeste y se fue del lugar donde cometió el crimen. Se llevó como souvenir las medias y las zapatillas talle cincuenta y dos de su víctima. La “Mujer Queso” agregó así una nueva víctima a su larga lista de hombres asesinados.



La Mujer Queso, una asesina serial de hombres 

4 comentarios:

  1. Ja, ja, re gracioso, me fascina la idea que una mujer ahorque a un basquetbolista

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  2. Excelente, me imagino la escena de la asesina ahorcando a scola, me calienta

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  3. Hagan una historia donde la asesina mata a Oberto clavandole una espada!!!!

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  4. me encanto ! ravelia ojala vuelvas pronto ! ( algo de la historia te dije hoy mas temprano jaja) bueno me despido como siempre QUESO! .
    FABRICIO.

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