Las Doce Campanadas del Halloween de Maru Sandes

Una bursitis, una inflamación en el brazo, dejó al basquetbolista Carlos Matías Sandes algunas semanas alejado de las canchas, y también de los asesinatos. Unas semanas sin tirar Quesos ni amasijar minas para un asesino serial de su talla fue generando un agudo síndrome abstinencia. Cuando hablamos de su talla nos referimos tanto a su físico (2,02 metros de altura, 52 de calzado, 16 en la medida americana) como de su nivel criminal, dado que estamos hablando de un Quesón (un asesino matamujeres y tiraquesos) con cientos de víctimas, tal vez ya miles, acuchiladas o decapitadas con su machete.

Cuando ya estaba recuperado de la lesión, una noche, mientras disfrutaba de una cena con su plato preferido y repetido, o sea una picada de Quesos, con Gruyere, Emmenthal, Parmesano, Pategras, Fontina y Roquefort, su mujer, Maru Sandes, le dijo:

-       Mati, mañana festejo Halloween con unas amigas de los cursos de danza.

-       ¿Halloween? Pero eso es para los yanquis, nosotros los mendocinos festejamos la Vendimia.

-       No seas plomazo, encima fui la encargada de comprar los regalos, los disfraces y el cotillón que vamos a usar.

- ¿Se van a disfrazar? ¡Ja, ja, ja! Que divertido, Maru.

- Estas chistoso, Mati – le contestó Maru – ahí están las bolsas, con todo.

- No te preocupes – le dijo Carlos Matías – las llevó yo a la Mini Van.

El basquetbolista aprovechó la ocasión no solo para guardar las bolsas con los regalos, los disfraces y el cotillón, sino también unos bolsos con los Quesos, el machete y otras cosas que solía usar en sus asesinatos.

-        Tengo la sensación que mañana rompó este síndrome de abstinencia – pensó Carlos.

Una vez que termino con todo eso, el basquetbolista regresó con su mujer, y la sorprendió al disfrazarse como Jason Voorhes, el asesino de Friday the 13 th, con machete incluído.

-        ¡Qué buen disfraz, Mati!

-        No me digas Mati, decime Carlos, mi primer nombre, no te olvides, soy Charles Jason, ahora, el serial killer de los Friday the 13 th.

-        Pero es Halloween, no es viernes 13, deberías haberte disfrazado de Michael Myers.

-        Ja, ja, ja, lo mismo da, son todas iguales esas películas, decime si el rol de asesino no me sienta bien, decime.

-        Si te sienta bien, Caaaaaarrrloooooooosssssssssssss.

-        ¿Entonces Maru?

-        Quesoneame Caaaaarrrrloooooossssss, ahora que los cachorros duermen.

Y eso ocurrió, Maru se tiró a la cama, y Carlos le puso los pies encima, bien grandotes, sudados y olorosos, los chupó, olió, besó y lamió una y otra vez, después la cogió por el culo y por la concha, con los pies primeros, con la pija después, sexo de alto vuelo, algo habitual y cotidiano para los Sandes, que siempre disfrutaban de esto, tras eso, Carlos agarró el machete de juguete del disfraz y simuló asesinar a Maru, para despues tirarle el Queso.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes al terminar de “asesinar” a Maru.

-        Gracias Caaaaaarrrloooooooosssssssssssss por haberme quesoneado así.

-        No faltaba más Maru.

Tras disfrutar de aquella noche de Sexo y Queso, los Sandes durmieron muy plácidamente, y al día siguiente fueron a la famosa fiesta de Halloween. Estaban yendo, Carlos manejaba con tranquilidad, con guantes negros, estaba descalzo, con un olor a Queso que solo Maru podía aguantar. Todo estaba muy tranquilo hasta que Maru recibió un llamado.

-        ¡Oh no!, Falleció la tía Eduviges.

-        ¿Tía Eduviges? Nunca la sentí nombrar. ¿Quién es?

-        No era tía directa, ni siquiera familiar, pero le decíamos así, era la tía de la vecina del primo del cuñado del sobrino de la tía de la mujer de Alejandro, mi hermano.

-        Oh, mira vos – le dijo Carlos Matías - ¿Era joven?

-        104 años. La flor de la edad. Mira no voy a ir a esa fiesta de Halloween, voy al velatorio de Eduviges, no puedo divertirme, tengo que estar ahí.

-        ¿En serio, no vas a ir?

-        No, si no queres, no vayas, déjame ahí y me quedo, como corresponde. Vos haceme el favor de llevar los regalos, el cotillón y los disfraces a la fiesta. Es en La Plata el velatorio, doña Eduviges era hincha de Gimnasia.

-        Bueno, dale – dijo Carlos Matías, mientras pensó “A esta Eduviges me la mandó Lady Dumitrescu, que bueno, vivir 104 años, y justo morir hoy, con las ganas que tengo de tirar unos Quesos”.

Y así fue, tras dejar a Maru en el velatorio de Eduviges, el camino fue largo, de La Plata a Escobar, el basquetbolista fue a la fiesta de Halloween, con las amigas del curso de danzas de su mujer. Carlos bajo con guantes negros, vestido de basquetbolista y en ojotas, sacó todas las bolsas que llevaba, y tocó el timbre en la quinta donde se celebraba el agasajo. La dueña de casa, de nombre Vicky, lo atendió.

-        Hola, soy Carlos, el esposo de Maru, mi mujer no va a venir, tuvo que ir a un velorio.


-        Sí, nos avisó por WhatsApp, que pena che, con lo bien que la vamos a pasar.

-        Le dejo las bolsas con el cotillón, los regalos y los disfraces.

Carlos entró a la quinta y allí estaba la docena de chicas que estaban en la fiesta además de Vicky, la dueña, las demás eran Wanda, Carina, Nancy, Mora, Sabrina, Vero, Cinthia, Alina, Gisela, Caro y Luli. Una a una, las chicas se presentaron ante el basquetbolista.

Esos eran sus nombres. Carlos entró y generó unos enormes suspiros entre las chicas, mientras desfilaba mostrando sus 2,02 metros de altura y su calzado número 52, que pareció aumentar a 60, mientras el olor a Queso se difundía por todo el lugar, potenciado por que llevaba ojotas, y no zapatos, ni zapatillas.

-        ¡Qué olor a Queso! – suspiró Caro.

-        ¡Qué ganas de coger me dieron! – exclamó Vero.

-        Quédate en la fiesta, Carlos, ya que Maru no pudo venir. Quedate vos, Carlos.

-        Es que estoy ocupado, chicas, no puedo – dijo Carlos, “haciendo rogar”.

Las chicas entonces se reunieron en el patio y armaron una coreografia bailando para Carlos, una gran coreografía al son de una música muy agradable, mientras decían “Quedate Carlos, queremos coger con vos, quédate Carlos, queremos divertirnos con vos, quédate Carlos queremos oler tu Queso, quédate Carlos queremos que nos tires un Queso”, e interpretaron la canción de los wachiturros al estilo Quesón.

Car-los Que-so-nes

Esta noche los Quesones amasijan minas

Los Quesones tiren Quesos

Esta noche los Quesones amasijan minas

Los Quesones tiren Quesos

Tírame (¿Qué?), tírame un Queso

Tírame (Que), tírame un Queso

Tírame (¿Qué?), tírate un Queso

Va para adelante y tírame un Queso


Al terminar la coreografía, Carlos les dijo a las chicas:

-        ¡Me quedo chicas y les voy a tirar un Queso

Cada una de las chicas se sentó en el césped, mientras Carlos fue al auto y sacó la docena de Quesos que allí tenía, eran unos Quesos enormes, de tamaño colosal, con voluminosos agujeros, mientras entraba, iba tirando un Queso a cada una de las chicas, y luego volvía a buscar otro Queso, y así, hasta completar los doce Quesos.

-        ¡Queremos coger con vos, Carlos! – exclamó Cinthia.

-        Tranquila chicas, aunque es Halloween, no seré Michael Myers, seré como Jason, el de Friday the 13th, mal traducido aca como “Martes 13”, pero que en inglés es “Viernes 13”. Las asesinaré a todas con este machete – y el basquetbolista le mostró el machete.


-        Les voy a contar una historia chicas, una historia de terror, en un día como hoy, de Halloween. Los nombres de cada una de ustedes me hacen recordar a los nombres de las víctimas de un famoso asesino, se llamaba Carlos, Carlos era su nombre, un asesino que tenía pies muy grandes, calzaba como sesenta, y sus pies olían a Queso, porque era un Queso, era un Quesón, un asesino que asesinaba a las chicas con un machete como este, primero las obligaba a jugar con sus pies, las destrozaba a machetazos y muchas veces les cortaba la cabeza, después les tiraba un Queso. El Quesón y las asesinaba con mucho placer. Y las chicas morían felices porque quedaban atrapadas en el olor a Queso de este asesino, despues de conocer esa felicidad no tenía sentido seguir viviendo, era mejor morir asesinada bajo los machetazos del asesino, y con un Queso encima. ¿Quieren chicas que yo sea su Quesón?

-        ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! – respondieron al unísono las chicas - ¡Vos sos nuestro Quesón!

-        ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! – fue la respuesta de Carlos Matías Sandes.

 

Tomó a una de las chicas, a Alina, y la rozó toda con el machete, le encantó, las demás quisieron lo mismo, lo hizo, al terminar, todas se volvieron a sentar en el césped, mientras Carlos, una por una, iba con sus pies, cada una comenzó a olerlo, besarlo, chuparlo, lamerlo, con gran fuerza e intensidad, todas, las doce quedaron prendadas con aquellos pies olorosos y sudados, de talle 52, que a esa hora parecían un talle 70.

-        Doce. Como doce los signos del Zodíaco, doce como doce los apóstoles de Cristo, doce como los meses del año, doce como las tribus de Israel, doce, buen número – dijo Carlos.

Y tras jugar con los pies, llegó el sexo, Carlos les tiró los Quesos otra vez una a una, despues cogió con tres a la vez, a una con la penetraba con el pene, y a las otros dos, con los pies, así fueron cogiendo, en una bacanal sexual que duró varias horas, algo impresionante, mientras esperaban coger con Carlos, las chicas tenían relaciones lésbicas entre sí, tirándose los Quesos todo el tiempo. El síndrome de abstinencia que había tenido Carlos le permitió al basquetbolista gozar de una fiesta sexual muy prolongada.

-        Quede hecha mierda pero esto fue la felicidad plena – dijo Caro.

Las chicas quedaron exhaustas, pero eufóricas, repletas de gozo y felicidad, para reponerse, algunas quedaron en el césped, otras fueron adentro de la casa, alguna fueron a la piscina, otras se quedaron en el comedor, en fin quedaron desperdigadas. No lo vieron más a Carlos, y creyeron que el basquetbolista se había ido. Ya era de noche, pasaron un par de horas mientras muchas de las chicas quedaron dormidas, alguna, como Caro, se estaba yendo.


Caro entro a su auto, se sentó cuando de repente, vio una gigantesca figura masculina en el asiento de atrás, Caro observó y se dio cuenta quien era.

-        ¡Caaarrrlooooossssss! – exclamó Caro al ver al basquetbolista.

La respuesta del basquetbolista fue atravesarle el cuello con el machete, asesinándola de esa forma.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Caro, que quedó sentada en el asiento de la conductora con el machete atravesado en el cuello.

El asesino se bajó del auto y se dirigió a la casa, tras obtener un nuevo machete. Vicky, la dueña de casa, se acercó a la puerta y escuchó el ruido de la misma. Fue a abrir.

-        ¿Quién es? – preguntó Vicky.

-        Carlos – fue la respuesta, era Carlos Matías Sandes, que había vuelto.

Vicky abrió la puerta, y vio la gigantesca figura de Carlos ante ella.

-        ¡Caaarrrlooooossssss! – dijo la dueña de casa al ver al basquetbolista.

Pero la respuesta del basquetbolista fue enarbolar el machete, y atravesárselo a la chica en el cuerpo, casi partiéndola en dos. Herida de muerta, Vicky lanzó una última a su asesino y cayó muerta.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Vicky.

 

El asesino continuó su camino, se acercó a la piscina, había dos chicas, Carina, dentro de la misma, nadando, la otra, Wanda, durmiendo al costado en una reposera. Se acercó primero a esta, que le daba la espalda, y no lo vio venir. Carlos blandió el machete y ¡raaaaaajjjjjjjjjj! le cortó la cabeza a Wanda.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el decapitado cadáver de Wanda.

 

Todo fue tan silencioso, que Carina siguió nadando como si nada, y no se dio cuenta de nada, sacó la cabeza y lo vio a Carlos.

-        ¡Caaarrrlooooossssss! – exclamó Carina entusiasmada al ver al basquetbolista.

La respuesta del basquetbolista fue asestarle un brutal machetazo en el estómago, otro en el pecho y un tercero en el pecho, totalmente ensangrentando, el cadáver de Carina quedó flotando en la piscina.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Carina.

Carlos fue a cambiar el machete, tenía varios a mano, enarbolando otro, continuó su camino, justo, en ese momento, otra de las chicas, Nancy, se acercaba a la pileta y abrió la boca para gritar de terror al ver el cadáver decapitado de Wanda y el macheteado de Carina, flotando en la piscina, pero cuando iba a gritar, Carlos le tapó la boca con su guante negro izquierdo, mientras con el derecho, le asestó un brutal machetazo en el estomago, un segundo en el pecho y un tercero en la espalda, cayendo muerta por las brutales heridas.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Nancy.

 

El asesino siguió su camino, se dirigía a la casa, Luli justo salía de ahí, el basquetbolista se puso atrás y la atacó por atrás.

-        ¡Aaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – gritó Luli mientras Carlos la decapitaba con el machete.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Luli.

 

Carlos entró a la casa, y vio que en la cocina se encontraba Mora, preparando un té. Se acercó en forma sigilosa y la chica se sorprendió al verlo.

-        ¡Caaarrrlooooossssss! – exclamó Mora entusiasmada al ver al basquetbolista.

La respuesta del basquetbolista no fue diferente a la que le dio a las otras chicas, y la apuñaló en forma salvaje con el machete.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Mora.

 

El asesino abandonó la cocina y en el primer cuarto que encontró vio a Sabrina, sentada, arreglándose el cabello ante el espejo, y en forma sigilosa Carlos entró al mismo.

-        ¿Sos vos Mora, trajiste el te? – dijo Sabrina, advirtiendo que alguien había entrado pero como le daba la espalda, no sabía que era Carlos Matías Sandes.

-        Soy Carlos Matías Sandes, Basquetbolista, Quesón y Asesino, y vengo a asesinarte.

-        Aaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjj – fue el grito de dolor de Sabrina mientras Carlos le arrancó la cabeza con el machete.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver decapitado de Sabrina.

Habiendo asesinado ya a ocho mujeres, el basquetbolista entro ahora a otra habitación, con dos camas, en una dormía Vero, en la otra Cinthia, Carlos puso su pie derecho sobre una y el izquierdo sobre otra, las dos olieron aquel pie repleto de olor a Queso, y se despertaron, pero mientras abrían los ojos, el basquetbolista blandió el machete y ¡zas! ¡zas! ¡zas! ¡zas! ¡zas! ¡zas! ¡zas! ¡zas! en forma salvaje las asesinó a las dos.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Vero.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Cinthia.

 

Solo quedaban Alina y Gisela. Alina se estaba bañando, duchándose para despues regresar a su casa, advirtió que una figura masculina gigantesca entró al baño, corrió la cortina de la ducha y recibió un brutal machetazo de Carlos, al que siguieron otras brutales heridas, así el basquetbolista la asesinó brutalmente.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Alina.

 

Solo quedaba Gisela para completar la sangrienta faena. Carlos recorrió toda la casa, y llegó al desván donde Gisela se encontraba viendo una película de terror, con el volumen a todo lo que da, se trataba de Halloween de Michael Myers. Tan ensimismada estaba con aquella película, que no vio ni escuchó nada. Justo en el momento en que Michael Myers apuñalaba a una chica en el film, Gisela recibió una brutal herida con el machete, que le atravesó el cuerpo. Siguieron otras heridas igual de brutales y profundas, así fue asesinada.

-        Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Gisela.

Carlos Matías Sandes había completado la faena, una obra perfecta, ya había cometido varios asesinatos múltiples, asesinando cuatro, cinco, seis mujeres, a veces solo, a veces acompañado de otros Quesones como Carlos Delfino o Carlos Leonel Schattmann, había sumado una auténtica obra de arte a su sangrienta colección criminal.

Se quedó en la puerta de la casa, machete en mano, despues de tirar todos los Quesos. Un auto llegó a la casa, y del mismo, bajó la bella, romántica, sensual y misteriosa Lady Dumitrescu, la rumana.

-        M-am gândit că ai terminat, Carlos, sigur că a fost o operă de artă – le dijo en rumano que significa “Me imaginó que has terminado, Carlos, seguro fue una obra de arte”.

-        Por supuesto Oana, ha sido magnifico.

-        Sunt foarte tânăr și puternic, dar acest sânge va servi pentru alte fete, sau poate ca rezervă, mai mult decât un criminal, tu ești profesor, Carlos (“Yo estoy muy joven y fuerte, pero esta sangre servirá para otras chicas, o tal vez como reserva, más que un asesino, sos un maestro, Carlos”).

-        ¿Lo hacemos Oana?

-        Hagamoslo.

Entraron a la casa, e hicieron el amor, disfrutaron del sexo, mucho sexo, esta vez sin Queso, el basquetbolista no usaba el ritual con su amante, la bella rumana.

-        Ești încă puternic pentru sex, Carlos, și ai făcut sex cu toate cățelele astea și aseară cu Maru – le dijo la rumana (“Sigues con fuerzas para el sexo, Carlos, y eso que has tenido relaciones con todas estas perras y anoche con Maru”).

-        ¡Maru! – exclamó Carlos – me olvide de ella, fue al velorio de una tal Eduviges.

-        He, he, he, nu ai de gând să mă refuzi că nu a fost un lucru foarte oportun ca Eduviges să moară, ea avea 104 ani, treci ușor pe Carlos, ești un mare soț, Maru o merită, este o femeie grozavă, ai norocul să ai un astfel de partener (“Je, je, je, no me vas a negar que no fue algo muy oportuno que se muriera esa Eduviges, tenía 104 años, ve tranquilo Carlos, eres un gran esposo, Maru se lo merece, ella es una gran mujer, eres afortunado de tener una compañera así”). Para que no recuerde a estas compañeras de danzas, dile a Maru este hechizo “Càise” (que significa “Queso” en gaélico escocés) doce veces. No lo olvides, Carlitos.

El basquetbolista beso a su amante y se fue del lugar. Oana se encargó de aquellos cadáveres, aunque una vez recolectada la sangre, la rumana también se fue del lugar. Despues de un largo viaje, la quinta de los asesinatos estaba en Escobar, el velatorio de la Tía Eduviges en La Plata, por fin llegó a buscar a Maru.

-        Bien Carlos Matías  – le dijo Maru llamando a su marido por los dos nombres – ya estoy contenta, Eduviges merecía que estuviera aca.

-        Raro, te conozco hace trece años y nunca la había sentido nombrar, pero bueno, se ve que la querías mucho.

-        Imaginate, tenía 104 años, cuando vos me conocistes ya tenía 91, vivía en un geriátrico, el Hogar de Ancianos Dumitrescu.

-        ¿Hogar de Ancianos Dumitrescu? – dijo Carlos – mira vos.

Comenzaron a regresar, escuchando la radio, Carlos puso el futbol, no le interesaba mucho, pero daban los resultados de la Liga Nacional de Basquet y eso sí le interesaba.

-        ¡Interrumpimos la transmisión para dar una noticia de último momento! – interrumpió el comentarista del fútbol -  En una quinta de Escobar encontraron doce mujeres asesinadas en forma brutal, con Quesos tirados sobre su cadáver, se habla de un asesinato ritual, el Comisario Miguel encabeza el operativo.

-        Quizás se trate de un pacto suicida, quizás se hayan matado entre ellas – dijo en declaraciones el Comisario Miguel.

-        En Escobar ahí era la Fiesta de Halloween, ¿No serán las chicas de las danzas? – dijo Maru, preocupada, sin imaginar que junto a ella, en el auto, viajaba el múltiple asesino de esas doce chicas.

-        No pasa nada Maru – le dijo Carlos Matías - ¿Acaso te importan esas doce? “Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise, Càise”.

Mientras doce veces Carlos decía “Càise” Maru cerró los ojos, los volvió a abrir y entonces dijo, riéndose:

-        ¡Ja, ja, ja, ja, ja! Tenes razón, Carlos Matías, ¡Qué me importan las doce!

Y justo en ese momento sonaron las doce campanadas que indicaban las doce de las noche. Y colorín colorado, estos doce Quesos se han tirado. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso. Queso.

Comentarios

  1. gran relato Quesón, con toda la esencia, que gran personaje ha resultado ser Maru Sandes en estos cuentos, y por supuesto, la infaltable Lady Dumitrescu, de lo mejor, a leer todo el Queso que hay, a ver de que tratan los cuentos de hoy

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  2. las mato a todas, como siempre, y despues de haberle cantado la canción de los wachiturros en clave de los quesones se lo merecían

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  3. esta bueno, un homenaje a los asesinatos que ya cometió Sandes, su mujer siempre cómplice de los crímenes aunque se hace la boluda, lo de los wachiturros, Dumitrescu brillante, un relato Queson clásico, por eso es bueno

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  4. ya había un relato de Sandes en Halloween, pero este es mucho mejor, de lo mejor esta dupla de los Sandes, esperemos que sigan dando mas historias

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  5. yo entiendo que los Relatos Quesones son bizarros y absurdos, no sos Agatha Christie ni Stephen King, pero yo digo, ¿todas las mujeres esperan así como resignadas que las maten? esta bien el chabón mide dos metros, es deportista, pero ¿las demas mujeres no se dan cuenta que estan matando a las otras? ademas ya saben que Sandes es un asesino cuando les canta Tirame un Queso, nadie reclama los cadaveres de las víctimas? hay cosas que deberías explicar mejor

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  6. Un relato de terror en serio, con grandes homenajes al cine de terror y a los propios Relatos Quesones, la aparición oportuna de una parienta desconocida que permite a Maru olvidarse del Halloween y al mismo a Carlos cometer los asesinatos, publícalo en alguna web de cuentos, para que tenga más difusión

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  7. un final más sanguinario, era que Sandes terminará de decapitar a todas las minas y al mismo tiempo, que los cadáveres decapitados quedaran empalados, con todos los quesos alrededor

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  8. Me parece que Maru Sandes es candidata a la Mención de Honor para este año. Yo también sospecho que ella sabe de las actividades de Sandes. Y bien el detalle de que Maru es elogiada por Lady Dumitrescu, nada menos.
    El tema de Maru es que se queda sin amigas. Podría necesitar hacerse amiga de Oana.

    Y puede ser que necesiten reservas de sangre famosas. Estando nuestra rumana preferida, la Marquesa de Avila, Astrid Breitner, la Leia Bulgara. Y las vampiras del prostíbulo de la Marquesa.

    Morboso relato.

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  9. podría haber versiones de cuentos clásicos en modo quesón? Por ejemplo Blancaquesos y los siete quesitos, o La Quesocienta, o la Quesona Durmiente, cosas así

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  10. INSISTO PROPONGO UNA HISTORIA DONDE SANDES MATE A MAESTRAS DEL COLEGIO DE LOS PIBES, ALGO BIEN RETORCIDO COMO TE GUSTA A VOS CARLITOS, Y TAMBIEN A LAS MADRES DE LOS COMPAÑEROS, EN UNA MASACRE COMO ESTA

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    1. No tanto a las madres de los compañeros, no es cuestión de provocarles problemas a los hijos de los Sandes.
      Pero si a maestras, que traten mal a los hijos, por sospechar que Sandes es un quesón. Algunas podrían parecerse famosas. O ser famosas, escapando de la fama, para ocultarse de los quesones.

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  11. Ya es hora de que masacren a Las culisueltas.
    Podrían raptarla a Maru, para vengarse de los quesones o por pura maldad. Y terminar en lo inevitable.

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  12. me gusta lo que propone el Fauno, esas culisueltas captan a Maru y la llevan a la prisión de las nazis, Sandes la rescata como en esas historias medievales, después Maru recibe la Mención de Honor en el Queso de Oro

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    Respuestas
    1. https://www.ratingcero.com/notas/5078249-la-ex-cantante-las-culisueltas-denuncia-amenazas-sus-ex-companeras

      https://www.ratingcero.com/notas/5010274-volvieron-las-culisueltas-nos-dicen-gordas-pero-el-cuerpo-cambia-ya-no-tenemos-20

      https://www.ratingcero.com/culisueltas-t

      https://www.youtube.com/watch?v=hJ6-uF2lzNQ

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  13. Ohhhh!!
    Cómo anillo al dedo le quedó el disfraz
    Interesante
    Nada como un buen asesinato para activar la circulación

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  14. la estaba pensando mal por no poder asesinar a gusto.
    Rayos!! Es realmente adicto al queso

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  15. Las mujeres de los mafiosos saben que sus maridos son mafiosos pero se hacen las boludas, aparentan ignorar o desconocer eso, Maru hace lo mismo, sabe que Carlos Matías es un asesino, y le encanta que así sea, lo disfruta tanto o más que el, y lo alienta en forma inocente o infantil a cometer los asesinatos
    Yo creo que alguna de las compañeras de danzas, o más de uno, le insinuaron algún atractivo sexual hacia Carlos Matías
    Entonces ocurrieron estos asesinatos, un relato muy bueno

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