El Asesino de Soledad Larghi


La periodista Soledad Larghi, de A24, ingresó a los Tribunales, llevaba una gran carpeta, y una caja, dijo en la mesa de entradas:
- Vengo a hacer una denuncia. Debe ingresar a la Fiscalía, al Ministerio Público.
- La va a recibir el Fiscal Carlos Gonella – dijo la empleada, que tenía acento búlgaro y era igual a la Princesa Leia.
- ¡No! – exclamó la periodista - ¡Carlos Gonella no! ¡No debe llamarse Carlos el fiscal al cual debo dejarle esta grave denuncia! ¡Los Carlos son todos asesinos de mujeres!
- No hay otro – dijo la Princesa Leia, en forma enfática – o hace la denuncia ante el Fiscal Carlos Gonella, o tiene que darme esa carpeta y esa caja, y terminará todo en la basura.
Soledad Larghi dijo entonces:
- Si no queda otra, haré la denuncia ante el Fiscal Carlos Gonella, pero quiero ir acompañada, por personal policial, no quiero estar sola, y que sean mujeres. 
- Será acompañada, oficiales Rumennigge y Maier, acompañen a la Señora Soledad Larghi.
Dos mujeres con aspecto de alemanas rodearon a Soledad Larghi, más que policías parecían dos oficiales de las siniestras y tristemente celebres SS nazis, y la llevaron ante el Fiscal Carlos Gonella. El Fiscal estaba sentado, con los zapatos sobre la mesa, enormes zapatos talle 47, al lado de los zapatos, un enorme Queso Gruyere. Larghi entró a la oficina, mientras las dos oficiales nazis quedaron custodiando la puerta.


- Vengo a hacer una denuncia – le dijo Larghi a Gonella.
- Digame, señora Larghi – contestó el Fiscal.
- Usted es un Quesón y lo voy lo probar – gritó Larghi – es un asesino, asesinó a Marcela Kloesterboer, a Nazarena Vélez y a otras mujeres, ¡También son Quesones los basquetbolistas Carlos Delfino y Carlos Sandes, el rugbier Carlos Ignacio Fernández Lobbe, los futbolistas Carlos Bossio y Carlos Izquierdoz, y muchos deportistas más! ¡Y usted no solo los encubre! ¡Usted es uno de ellos!
- Así que yo soy uno de ellos – dijo Carlos Gonella – soy un Quesón.
- En esta carpeta tengo todas las pruebas. Material de sobra, vengo a radicar una denuncia. Y tengo una cámara oculta, esto se esta transmitiendo en este mismo momento. ¡Este señor Carlos Gonella, es un asesino, que el mundo lo sepa! ¡Será el primero que caerá! ¡Luego vendrán los otros!
Carlos Gonella, sin inmutarse, seguía sentado con los zapatos sobre la mesa, y el Queso al lado suyo. Carlos señaló a las dos oficiales nazis, Rummenigge y Maier, y les dijo:
- Esta loca, llévenla a la Charlotte Gorday, o Carlota Corday, como llamen a esa unidad penitenciaria. Acusar a un fiscal sin pruebas es algo muy grave, señora Soledad Larghi.
- ¡Noooooooooo! – gritó Larghi como una loca - ¡No me llevaran! ¡Los Quesones y su reinado de Sangre y Queso ha terminado! ¡Será justicia!
Las dos oficiales nazis rodearon a la periodista, una de ellas sacó un jeringa y trato de inyectarle un líquido, pero Larghi se resistió, y en un forcejeo, la jeringa cayó al piso. Finalmente, la otra oficial nazi sí logro dormirla, y Larghi quedó ahí, quieta e inmóvil.
- Cambie de idea, oficiales Rummenigge y Maier – dijo Carlos Gonella – no la lleven a la Charlotte Corday, la asesinaré aquí mismo, total ya asesiné a muchas minas en estos Tribunales.


El propio Carlos Gonella ató a la periodista a una especie de diván, como los que usan los psiquiatras, y despues de un sueño, Soledad Larghi se despertó.
- ¡Socorro! ¡Auxilio! – comenzó a gritar Larghi - ¡Quieren asesinarme! ¡Quieren quesonearme!
- Es una pena que grites – le dijo Carlos – así muda, callada, sos tan bella, por favor, deja de gritar. 
- Vos sos un asesino.
- Soy un asesino, y ahora seré tu asesino – le dijo Carlos, cuchillo en mano, guantes negros mediante – como soy el Asesino de Marcela Kloesterboer o de Nazarena Vélez.
Carlos empezó a pasarle el cuchillo por el cuerpo a Larghi, que empezó a sentir el frío del filo sobre su piel, esto aterrorizó y paralizó a la periodista, Carlos se sacó los zapatos, y le pasó los zapatos negros por todo el cuerpo, principalmente la cabeza, le pasó los zapatos por la boca, una y otra vez, Carlos se sacó las medias, y le pasó las medias por todo el cuerpo, pasándosela también por todo el cuerpo, entonces ya descalzo, puso los pies sobre el rostro de Larghi, pies muy olorosos.
Larghi empezó a oler los pies de Carlos Gonella, el olor era muy fuerte… tanto que Soledad parecía ahogarse con aquella fragancia y quedó inconsciente.
- Pelotuda – dijo Carlos Gonella – no te duermas, quiero cogerte despierta.


Carlos la zamarreó, y Larghi volvió en sí, ahora sí, Carlos se tiró sobre ella, acariciándola por todo el cuerpo, la besó en la boca, para espanto de Larghi, y ahí, en forma sensual, la penetró, disfrutó de la cogida como hacía mucho no lo hacía, Larghi también lo hizo, en realidad todo para ella era un disfrute, por eso se había quedado callada, porque lejos de sufrir, todo eso significaba para ella goce y placer.
Al terminar con el sexo, Carlos Gonella se paró, mientras Larghi, todavía extasiada por el sexo, observaba, Carlos sacó un Queso, un gigantesco Queso Gruyere de un armario y se lo tiró encima a Soledad Larghi. Entonces Carlos levantó el cuchillo y lo clavó en el pecho de Soledad Larghi. Le hundió el cuchillo hasta el mango, y le hizo un profundo corte y un tajo muy intenso sobre todo el cuerpo, con sangre saliendo por todos lados. Después la apuñaló en forma salvaje. Carlos Gonella no se contentó con setenta u ochenta puñaladas, sino que le dio mucho más, llegando a ciento treinta y cinco cuchillazos.
- Queso – dijo Carlos Gonella mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Soledad Larghi.


El Fiscal llamó a las oficiales Maier y Rummenigge, y les dijo:
- Aca tienen el cadáver. Quizás sirva para esos experimentos que quiere hacer la Compañera Astrid. Llevenlo.
- No creo que sirva. 137 puñaladas es mucho – dijo Rummenigge.
- 135. Fueron 135.
- Es lo mismo. Bueno, no importa, lo llevamos igual, que lo decida Astrid.
Y lo llevaron. Mientras tanto, la escena de Soledad Larghi había sido transmitida en cámara oculta por la Televisión. El Comisario Miguel no se hizo problema alguno y explico todo a los medios:
- Se volvió loca e intentó atacar al Fiscal Carlos Gonella. El Fiscal esta bien. Esta señora es una paranoica e inventó toda una conspiración, como el Gladiador en la película “Una mente brillante”. Ahora pasará una larga temporada, quizás definitiva, en un instituto neuro psiquiátrico. 
Rato después, en un bar cerca de Tribunales, el Fiscal Carlos Gonella, el asesino, estaba tomando unos whiskys con el Comisario Miguel.
- No entiendo como la gente puede creer las boludeces que decís en los medios para encubrir los asesinatos Quesones.
- Mira Carlitos, la cosa es así. Los políticos también se la pasan hablando boludeces y ¿Qué hace la gente? Los vota, los vuelve a votar y los seguirá votando.
- Cuando tenés razón, tenés razón.

Comentarios

  1. Creo que Soledad Larghi no tomó suficientes precauciones, se confió demasiado.
    Leia secundada por las ayudantes de Astrid. Buen detalle. Tal vez hubiera sido interesante el traslado a la cárcel, con la periodista vejada por las internas.
    Pero estuvo eficiente el fiscal, tomándola prisionera y subyugándola con su poder, haciendo que sintiera placer. Que Soledad Larghi ni sintió las puñaladas.

    Podría ser el nuevo quesón supremo. Pero me dejó poco tiempo con Daniela Cardone. Así que sugiero a Charly Alberti para ese puesto.

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