La asesina de Sergio Celli



Ravelia, la Quesona Asesina, ya tenía elegida su próxima víctima: un muchacho llamado Sergio Celli. Lo eligió después de ver las fotos de sus pies descalzos y sucios en el Instagram de @PiesMasculinos.
¿Quién era Sergio Celli? Este joven era integrante de un programa de televisión llamado “Combate”, al que Ravelia detestaba. No tan patón, aunque calzaba 43 nada despreciable, cuota suficiente para ser su próxima víctima. Además de mostrar los pies sucios en la imagen, por lo tanto se trataba de un Quesudo.
La asesina se encargaría de Sergio en la noche, ya que el viaje hasta donde se encontraba su nueva víctima era de una hora aproximadamente1 y realmente quería tenerle listo un hermoso queso gruyere, sería una fantástica ocasión.
Llega la noche, la asesin pide su tan habitual y confiable servicio de transporte UBER. Esta vez andaba vestida de una manera muy conversadora para no llamar la atención, aunque obviamente siempre llevando guantes negros.

El coche se echó andar, mientras tanto Valeria se puso a escuchar música para amenizar el viaje y estar lo más relajada posible para ese grandioso evento.


Se prepara para el sádico asesinato. En su fiel bolso empaca su cuchillo, el Queso, dos bolsas plásticas de mediano tamaño y una un poco más grande que las anteriores.  Alrededor de las diez y cuarenta de la noche ya estaba en el lugar donde pensaba cometer el asesinato.
Valeria caminó con toda la paciencia del mundo hacia el edificio donde esta Sergio Celli. Ella sabe que en cualquier momento lo encontrará en ese lugar, pues su coche ha de estar estacionado ahí, prácticamente es un paso obligatorio para llegar a diferentes sitios fuera de canal.
Lo esperara el tiempo que se requiera…
Valeria tararea una canción algo inquietante para quien la escuche. Siempre con los guantes, toma el cuchillo, el Queso y las bolsas plásticas para sentirse que ya lo está asesinando.
¡Oh Sergio, Sergio! Tu eres una presa que ansío cazar — repitiéndose eso una y otra vez, como un ritual que antecede a la macabra acción que realizará en cualquier instante.
Acechando como una depredadora a su próxima comida se encontraba la peculiar mujer. Sus ojos, sus manos y el resto de su cuerpo estaba preparado solo para esa situación, no hacia ningún movimiento brusco, solo yacía quieta contando los minutos para volver a degustar a sangre y la agonía de otra persona.
Alguien sale de las escaleras y se dirige a un coche.

¡Es él! —se dice así misma la sádica chica. No había dudas, era Sergio Celli.


En un frenesí de emoción y éxtasis por verlo, se abalanza sorpresivamente hacia el muchacho que no tiene tiempo de reaccionar y de un solo zarpazo le corta la garganta con su amado cuchillo, casi de manera inmediata, un chorro de sangre sale disparado como de agua a presión se tratase.
¡Maravilloso! Sabía que hacerlo sería placentero. No lo crees Sergio— hablándole al moribundo hombre que estaba a segundos de fallecer.
¿Ya te moriste? Vaya no duraste nada querido, ¡que flojo! — con una risa burlona dice esto.
La asesina entonces arrojó el Queso sobre su víctima, diciendo en voz alta:
- Sergio Celli. #Queso.
Luego la asesina arrastra el cuerpo hasta la parte más oscura del estacionamiento. Le quita su campera manga larga y se la pone, junto a las bolsas de mediano tamaño que usa como protectores en sus zapatos para evitar dejar demasiadas huellas.


Comienza a cortarle los pies con una gran habilidad sorprendente, lo hace desde la parte superior de los tobillos, ni siquiera se molestó en quitarle las zapatillas que tenía.
¡Esto Sergio lo hago por tu bien y el de los televidentes, tú ya estabas en el borde, quería sacarte de esa bazofia yo misma! ¡Ja, ja! —ese era el momento donde más desquiciada se mostraba, cuando asesinaba a alguien y cometía actos de maldad pura.
Ravelia estaba más que satisfecha por el trabajo hecho. Guardo sus trofeos en la bolsa más grande incluidas las bolsas para sus zapatos, la campera de Sergio y las zapatillas talle 43 del muchacho asesinado.




El cuerpo del joven quedo mutilado y abandonado en el piso, aguardando que alguien lo encontrara, con el Queso encima de su cadaver.
Tan perfecto fue todo que evito el rango de las cámaras de seguridad y aprovechando la oscuridad en algunas partes del estacionamiento pudo salir campante de ese lugar.
Ya fuera del edificio camina unas cuadras y solicita su tan confiable y seguro servicio de taxis UBER, este solo tarde 15 minutos en llegar. La asesina ingresa al vehículo y se va, no sin antes lanzar un beso de despedida.
Y la Quesona se fue del lugar, pensando en quien serían sus próximas víctimas.


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