El Asesino de Patricia Dal


1988 fue un año trágico en la farándula argentina debido a los casos Monzón y Olmedo, podemos decir que fue casi un antes y un después. Hubo gente que nunca se recuperó, como la infortunada Beatriz Salomón que se pasó treinta y un años velando a Olmedo, hasta su fallecimiento en 2019. También fue una época trágica para el rock nacional, de diciembre de 1987 hasta un año despues, murieron Luca Prodan (“Sumo”), Miguel Abuelo (“Los Abuelos de la Nada”) y Federico Moura (“Virus”). 
En medio de ese contexto, Patricia Dal, la Señora Aguirre en esas obra maestras del cine “Expertos en Pinchazos” y "Encuentros  muy cercanos con señoras de cualquier tipo", con Porcel y Olmedo , se lamentaba de no estar en el elenco de Calabromas, el programa de Juan Carlos Calabró, aquel año, después de haber sido compañera de Calabró durante varias temporadas. 
- Qué injusticia – pensaba Dal en voz alta – a mí también me afectó la muerte de Olmedo. No lo puedo creer.


Un sábado a la noche, atrapada en una gran depresión, alguien tocó el timbre del departamento de Dal. La actriz fue a abrir la puerta, y al preguntar quien era, la respuesta fue: “Carlos”.
- ¿Carlos? Carlos Monzón esta preso, y Carlos Calvo, esta haciendo la obra teatral “Mama”, ¿Qué Carlos será? ¿Carlitos Balá?
- No, yo no digo “que gusto tiene la sal” – dijo el tal Carlos – aunque sí podría decir “que gusto tiene el Queso”, soy Carlos Raffaelli, basquetbolista, su nuevo vecino.
Dal abrió la puerta, y se encontró con un hombre de treinta y pico de años, morocho, alto y patón. Ella no lo conocía pues desconocía el mundo del básquet, pero Carlos Alberto Raffaelli (“Chocolate”) fue una figura destacada de ese deporte en los ’70 y ’80, con una gran trayectoria en Obras Sanitarias.


- Disculpeme – dijo Carlos – pero me mude al departamento de al lado y no tengo nada aún, los negocios ya cerraron, sí me puede dar algo de pan, solo tengo este Queso.
Carlos le mostró un Queso, Dal lo miró y fue a la cocina, a buscar algo de pan que quedaba, mientras volvía no pudo dejar de mirar las enormes zapatillas talle 48 de Carlos.
- ¿Vos no trabajas con Calabró?
- Sí, soy yo – dijo Dal.
- Que bueno – contesto Raffaelli.
- Bueno sería tener sexo con vos, sos alto y patón, me alegrarías esta noche de sábado tan triste, donde estoy llorando a Olmedo.
Carlos tiró el Queso al piso y se fue encima de Dal, se tiraron en una cama, ella le sacó las zapatillas, las medias, el pantalón corto, toda la ropa, y empezó a toquetearlo todo, Carlos le puso los pies encima, y ella empezó a olerlos, besarlos, lamerlos y chuparlos, con suavidad primero, con pasión salvaje animal después, a continuación tuvieron una cogida espectacular, que incluyó el hecho de arrastrarse por el piso.
- Qué bueno – dijo Dal – gracias Carlitos, los Carlos siempre tan buenos en el sexo.
- Sí, míralo a Monzón, tan bueno, que así terminó.
- No hablemos de el, hoy es sábado, y todos los sabados de este año tengo una tristeza, porque Olmedo murió un sábado, no doy más, pero hoy me diste una alegría.


Se volvieron a vestir, Carlos otra vez se vistió de basquetbolista, se puso guantes negros en sus manos, y sonó el teléfono. Era 1988, los teléfonos eran de ENTEL, fijos, andaban como el culo y no existían los celulares. Dal fue a atenderlo.
- Hola – dijo Dal. 
Mientras atendía el teléfono, Dal no vió que Carlos se fue acercando a ella, cuchillo en mano, y que de repente, el cuchillo lo tenía sobre su cuello.
- ¡Aaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! – dijo Dal, mientras era degollada por Carlos Raffaelli.
Fue una herida certera, Dal cayó muerta al piso, mientras la sangre salía de su cuello. Carlos agarró el Queso que estaba en el piso y lo tiró sobre el cadáver de Dal.
- Queso.
Sin decir una palabra más, y con la total impunidad que rodea siempre a los Quesones, el asesino abandonó el lugar, obviamente nunca había alquilado el departamento de al lado, solo había ido ahí, para hacer lo que mejor sabía: asesinar. El asesino te asesina, y es mucho para mí, como decía otro Carlos, Charly García, en “Canción de Alicia en el País”. Se acabó ese juego, se acabó ese juego, que te hacía tan feliz.

Comentarios

  1. No la contrataron para una temporada más de Calabromas, pero igual un Carlos la hizo Chalala lala lalala lala lala.
    Efectivo morbo.
    Y un poco de memoria sobre ese año, de paso.

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