El Asesino de Sophia Thomalla


Ya hemos hablado de Carlos Prieto Martos, el Quesón español que mide dos metros y juega en las ligas profesionales del balonmano (= handball) de Alemania. Quien escribe estas líneas ha hablado con él en una visita a Berlín en octubre de 2017 (1). Pues bien, hace ya algunos años atrás, más de cinco, ocurrió esto que voy a contaros ahora, seguramente fue en 2013.
Los inviernos en Alemania son muy rigurosos, no solo por el frío, que es muy intenso, sino también por que anochece muy temprano. Debido a ello, casi no se ve a nadie por las calles despues de las cinco de la tarde, y todo permanece en una quietud generalizada y asombrada. Bien al norte de Alemania, cerca de la frontera con Dinamarca, se encuentra la ciudad de Wismar, donde se desarrolló la historia de Nosferatu, en su momento una ciudad de la Liga Hanseatica.


Carlos se encontraba en esa ciudad para disputar un par de partidos de balonmano, junto a su equipo, algo aburrido, salió a caminar por la ciudad, pero no había nadie en las calles, absolutamente nadie. Carlos se sentó en la Historischer Marktplatz, el centro de aquella ciudad, y aunque no había nadie, empezó a sentir unos extraños cánticos. Se imaginó estar otra vez en la época del III Reich, y creyó ver a los nazis entrar y salir con antorchas por la plaza, gritando “Sieg Heil” y entonando el “Horst Wessel Lied”.
- Ja, ja, ja – río Carlos, el Quesón español jugador de balonmano – lo que puedo la imaginación.
- Es que esto ha ocurrido aquí, simplemente estas viendo algo del pasado, en estas frías noches de invierno, cuando todo el mundo esta en sus casas, se ven estas cosas – y Carlos vio al lado suyo a una oficial nazi de las SS.
- ¿Quién es?
- Astrid Breitner. Creo que ya nos conocemos. Tu eres español, te llamas Carlos, y por ende eres Quesón. Tu eres “der Käsemorder” (el Asesino del Queso), “der Kasemann" (el Hombre Queso) y “der große Käse” (el gran Queso, o sea el Quesón).
- Así es, soy Quesón, pero no puedo quesonear a nadie aquí, en esta quietud y soledad.
- ¿Tienes ganas de quesonear?


- Un Quesón siempre tiene ganas de quesonear. Además a mí me hace bien, me hace jugar unos partidos perfectos de balonmano, mejoro mucho mi rendimiento en las canchas.
- Toma esto – Astrid le dio una espada – es la espada de los Caballeros de la Hansa. Esta es la ciudad de Nosferatu, merece que ocurra un asesinato Quesón de categoría.
- ¿Y quien será mi víctima?
- Ve caminando hacia allí, hay un supermercado, market, esta cerrado, como todo aca a esta hora, tu toca la puerta e ingresa, veras una gran bodega de Quesos quédate allí, je, je.
Carlos Prieto hizo eso y espero en la gran bodega de Quesos, no aguantó la tentación y se comió un par de ellos. De repente, allí, ante el, estaba Sophia Thomalla, famosa actriz, modelo y presentadora alemana (2). Se acercó a Carlos.  No sabía una palabra en español.
- Bist du Carlos? Ich mache eine Untersuchung des III. Reiches, sie sagen, dass Hitler in diesem Lagerhaus vor seiner Flucht nach Argentinien, als der Krieg endete, eine Blondine war, die behauptet, eine Enkelin eines SS-Offiziers zu sein, die mich hierher gebracht und mir erzählt hat dass ein Handballspieler mir sehr nützliche Informationen geben würde (tu eres Carlos? estoy haciendo una investigación del III Reich, dicen que en este almacen, estuvo Hitler, antes de huir a la Argentina, cuando terminó la guerra, una rubia, que dice ser nieta de un oficial de las SS me trajo hasta aquí, y me dijo que un jugador de balonmano me iba a dar una información muy útil).
- Yo soy Carlos – dijo Carlos en castellano y pensó “Como cumplió la nazi”.


Como si de un partido de balonmano se tratara, Carlos agarró uno de los Quesos y se lo tiró a Thomalla, que cayó al piso, y quedó semi inconsciente, al volver en sí, tenía encima los enormes, gigantescos y olorosos pies de Carlos Prieto encima suyo, talle cincuenta, empezó como a pisarla, a someterla a sus pies, que más que pies, eran Quesos, por como olían, y Thomalla empezó a olerlos, besarlos, chuparlos, lamerlos, así un rato muy largo, hasta que Carlos la agarró y se la cogió, la alemana, fiel representante de la raza germana, de la raza aria, de la raza superior, era alta, pero Carlos es aún muy alto, muy alto, y por eso la sometió sexualmente con cierta violencia, aunque es justo decir, a la germana le gustó mucho aquello, Carlos poseía esa gracia salerosa que se consiga en España, que no abunda en Alemania, y por eso disfrutaron mucho de todo eso. 
Carlos entonces agarró la espada de la Hansa y se acercó a Thomalla, con gran destreza, propia de un gran asesino, Carlos le asestó una brutal herida con la espada, que le atravesó todo el cuerpo, una segunda herida que le partió la espalda, y una tercera herida, que le dejó clavada la espada en el estómago. Carlos, entonces le mordió el cuello a su víctima, ya asesinada, dejándola la marca de Nosferatu.


- Queso – dijo Carlos mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Thomalla, que yacía sobre el piso, tras agarrar uno de los muchos Quesos que allí había (recordemos que el asesinato ocurrió en una bodega de Quesos).
Con total impunidad, Carlos regresó a su alojamiento y al día siguiente fue figura en el partido de balonmano que disputó. Mientras tanto, la población de Wismar se vio conmocionada por el hallazgo del cadáver de Sophia Thomalla, sin una gota de sangre.
- Nosferatu ist zurück! (Nosferatu ha vuelto!) – fue el grito que se escuchó, pero el Comisario Schumacher, la versión alemana del Comisario Miguel, y amante de Astrid, se encargó de tapar el asunto, del que no se habló más, aunque muchos dicen que esta vez Nosferatu tenía olor a Queso.



Comentarios

  1. me encanta esa atmosfera bien tenebrosa con los nazis y el vampirismo, debería haber más relatos así, son algo diferentes, obviamente, nunca debe faltar el Queso

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    1. Coincido con eso. Está bien logrado este relato. Astrid podría tomar a esta famosa para su servicio personal.

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  2. el cronista insiste en que este Carlos le contó como fueron estos asesinatos en un encuentro en Berlín (¿?)

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