Las Asesinas del Doctor Aníbal Lotocki


Una idea original de EL FAUNO, 
adaptación y versión final de CARLOS QUESÓN

“Los Quesones deben de tener contacto con las Quesonas, por favor, díganle que alguna de ellas se encargue de asesinar a Aníbal Lotocki, un cirujano, merece ser asesinado, es un ser siniestro, oscuro, asqueroso, repugnante, repelente” eso dijo Pamela Sosa, poco tiempo despues fue asesinada en forma salvaje por Carlos Matías Sandes, que por supuesto, le tiró un Queso.
El asesino no olvidó aquel pedido de una de sus víctimas, y en alguna noche de amor y sexo, se lo comentó a su amante, Lady Dumitrescu.
- Ja, ja, ja, es el pedido de una quesoneada – dijo Dumitrescu – pero igual lo vamos a satisfacer, ja, ja, ja. Como te ensañaste con esa mina, destruyendo su exuberante y siliconado cuerpo. La sangre sirvió para revitalizar a la Marquesa de Avila, ja, ja. Un deseo que ciertas reglas indican que debe ser cumplido, tarde o temprano.
La dinámica de los hechos dictaminó que el deseo fuera postergado, y que se cumpliría tarde. Quizás porque Carla Conte prefiría asesinar a otros hombres, o porque Carla Romanini prefería asesinar rugbiers o basquetbolistas, quizás porque las Quesonas sentían tanto desprecio por Aníbal Lotocki, que les daba asco la idea de tener sexo con el, antes de asesinarlo. 


Despues de una larga tarde de verano, cuando la luz del sol ya empezaba a desaparecer, el doctor Aníbal Lotocki, especialista en cirugías estéticas de mujeres, estaba aburrido en su consultorio: no tenía clientas, quizás porque muchas  de esas potenciales clientas habían sido asesinadas, quesoneadas, una tras otra. Sin duda una clase de medicina alejada de las necesidades de la población, una medicina dedicada solo a ganar dinero, a satisfacer intereses de lucro, nada más. Tan aburrido estaba que se pasó toda la tarde viendo un par de películas.
En la primera, “Selva caníbal”, mujeres voluptuosas eran atrapadas por salvajes caníbales en alguna selva, algunas de ellas sin embargo, tras una fiesta sexual, lograban asesinar a los caníbales, aunque después de ver como sus compañeras eran devoradas por estos salvajes. En la segunda película, una malvada asesina citaba en su lujosa casa a todos los jugadores de los dos equipos más populares de su ciudad, que a su vez iban a jugar la final una importante competencia internacional. La malvada asesina tiene sexo con todos los jugadores sin excepción, incluyendo un par que eran gays, pero después de eso, los asesina a todos sirviéndole Quesos envenenados, una película muy curiosa por cierto, titulada “Supersex”.
Lotocki estaba en una crisis tal de falta de clientas que ya no tenía secretaria, porque ya no le podía pagar el sueldo. Eran las 19:30 de aquel día, cuando sonó el timbre del consultorio. Lotocki le abrió la puerta, y vio ante el, a una mujer muy parecida a Valeria Mazza, pero bastante más joven y morocha.


El cirujano se frotó las manos al verla. Alta, silueta perfecta, cara diseñada. Pero no exuberante, seguramente pedía una cirugía que le diera un físico de vedette. Aunque...debía estar alerta. Conocía ciertas leyendas urbanas, que debían ser tomadas en serio.
- Me gustaría hacerme una cirugía, doctor Lotocki.
- Pero usted es muy bella, ¿Cuál es su nombre, estimada señora?
- Ravelia Zamas.
- Como Valeria Mazza, al revés.
- Así es. Quiero parecer una chica de diecisiete años.
- ¿Cuántos años tiene?
- Treinta y cinco, estimado Doctor Lotocki.
- ¿Esta segura de someterse a una cirugía semejante?
- Es mi deseo, pago el triple de lo que cuesta cualquier operación.
- La clienta siempre tiene razón – dijo Lotocki.
Lotocki le mostró un catálogo de fotos pacientes, de las que seguían vivas. Le mostró la computadora, con una simulación, mostrando como podía verse.
- Que calor, no hay aire acondicionado aca – dijo Ravelia.
- Es que me van a traer uno nuevo – mentira, la cruel verdad era que Lotocki ya no lo podía pagar – tome un vaso de agua mineral, señora Ravelia.


Ravelia se sirvió el vaso de agua, pero al terminar de beber, empezó a marearse, todo le daba vueltas alrededor, y cayó desvanecida, ante la sonrisa maligna del cirujano. La acostó en una camilla, y transformó el consultorio en un quirofano. Lo primero que hizo fue atarla de pies y manos: sabía que el efecto del narcotico duraría bastante, tendría tiempo de inspeccionarla, y eso fue lo que hizo.
La inspeccionó de cerca y le fue quitando el maquillaje, también la peluca. Ravelia era rubia como Valeria Mazza. De no saber que la top model había sido asesinada por el basquetbolista Carlos Delfino, podría creer que era ella.
- Increíble, es como dos gotas de agua, es Valeria Mazza, pero más joven -  y mientras observaba e inspeccionaba a Ravelia empezó a decir - Te tengo en mi poder. Te puse un veneno paralizante, una idea que tomé de una fanfiction, en que una famosa es entregada como regalo de cumpleaños, ja, ja.
Mientras Ravelia permanecía inconsciente, el Doctor Lotocki empezó a revisar la valija de la mujer. Encontró un enorme cuchillo en el mismo, con el que se podía cortar un buey por la mitad, otro puñal, más chico, pero igual mortífero, una daga, un revolver con silenciador, y una soga con la que se podía ahorcar a cualquiera, y por supuesto, también un Queso, un Queso de tamaño considerable, aunque no tan grande, como el que Ravelia uso en la mayoría de los asesinatos que cometió.
- Esta es Ravelia la Quesona – dijo el Doctor Lotocki – vino a asesinarme, y trajo varias armas. Las leyendas urbanas, los rumores y las creepypastas eran ciertas, el último deseo de Pamela, antes de ser asesinada por ese Sandes. La muy perra quería verme muerte. Pero no pasara.


El cirujano le arrancó lo que quedaba de ropa. Para tantearla. Lotocki, que más que un cirujano era un científico loco, quería hacer clones de Ravelia, por eso le iba a sacar sangre, cientos de litros de sangre, pensando que de esa manera podía reproducir su ADN y al mismo tiempo liquidar a la asesina. Lotocki le tomó una primera muestra, le sacó bastante sangre, del pinchazo, Ravelia volvió en sí, pero estaba amordazada, no podía decir nada.
-Tenía un negocio muy lucrativo. Y muy divertido. Pero apareció tu rubia amiga, que no vendía sexo sino misterio. Por suerte, la asesinaron. Pero también hubo mujeres que querían ser exuberantes, sin pensar en las consecuencias. Fue bien hasta que tus amigos, los que tiran los Quesos, comenzaron a acuchillar a chicas como Pamela David, como a mi amante Y me hicieron perder clientas. Muchas clientas.


El Doctor Lotocki empezó a hacerle cosquillas en los pies a Ravelia, y literalmente los fue comiendo uno a uno, despues la dio vuelta a Ravelia, y tras golpear a Ravelia varias veces, se tiró encima de ella, sodomizándola, la cogió por detrás, con furia y violencia, al parecer era lo que le gustaba hacer.
- No te asesinaré, no puedo hacerlo, no me llamo Carlos, ja, ja – río el Doctor Lotocki – pero te sacaré mucha sangre, mucha, quedarás muy débil, serás como un zombie, una esclava a mi servicio, haré clones tuyos, ja, ja, pero vas a hacer mi nueva promotora. Una Valeria Mazza exuberantes. Todas las famosas van a querer ser como vos. No te voy a asesinar, pero te va a doler como nunca.


Ravelia gruñía, quería decir algo, deseaba expresarse, el Doctor Lotocki, dueño de la situación, le sacó la mordaza y le dijo:
- A ver Ravelia, decime lo que queres decirme.
- Asesiné a Luis Scola, que mide como tres metros con mis propias manos, le corté la cabeza a Marcos Milinkovic, degollé a Fabricio Oberto, asesiné a Martin Palermo, decapité a Juan Martín Del Potro, acribillé a balazos a Iván De Pineda, podría enumerarte todos mis asesinatos, no podrás conmigo, Aníbal Lotocki.
- Estas perdida, Ravelia, ja, ja – río Lotocki – los habrás asesinado a ellos, pero yo no soy Emanuel Ginóbili, ni Fabricio Oberto, ni Luis Scola, soy el Doctor Aníbal Lotocki.
Tras ponerle de nuevo la mordaza, el cirujano pone su bisturí sobre los senos de la rubia. 
- ¡Queeeeeeeeeeesssooooooooooooooooooo! – se escuchó un grito de mujer diciendo.
- ¿Qué significa esto? – exclamó Lotocki, mientras un Queso caía encima de el, el Queso lo aturdió, y de repente, ante el vio a Ravelia, la tatuada, que lo apuntaba con un revolver con silenciador.
- ¿Quién sos? – preguntó aterrorizado el cirujano, que estaba tendido en el piso sobre la pared.
- Ravelia, soy la hija de Ravelia, me dicen la tatuada, me tuvo cuando apenas empezaba la adolescencia, desatala Lotocki, o te asesino. 
Ravelia la tatuada, que era una gran fetichista de los pies, le dio varias patadas a Lotocki, y le puso el revolver sobre la cabeza, el cirujano, preso del pánico, obedeció sus ordenes y desató a Ravelia.


¡Bang! ¡Bang! Ravelia efectuó dos disparos, que hirieron en la pierna al cirujano, que quedó tendido en el piso, mientras sus piernas se desangraban.
- Gracias hija – le dijo Ravelia la rubia a la tatuada – sabías que no me ibas a fallar.
- Tardabas mucho en contestar, mamá, y gracias al GPS pude localizarte, esa aplicación “Peligro Queso” que los Quesones usan para localizar a sus víctimas.
- ¡Socorro! ¡No me asesinen! ¡Auxilio! – empezó a exclamar el Doctor Aníbal Lotocki.
- Me da asco asesinar a este tipo, mamá – dijo la tatuada, que en ningún momento dejó de apuntar al cirujano con el revolver con silenciador.
- A mí también, acostumbrada a asesinar a los tipos que yo asesiné – dijo la rubia, ahora con un cuchillo en mano – pero tenemos que hacerlo.
- Tenías una hija, maldita Quesona – dijo el cirujano.
- Es mi hija, y se llama igual que yo, no nos llamamos Ravelia ninguna de las dos, ja, ja, es solo un apodo, me lo puse por mi parecido con Valeria Mazza, ja, ja, mi nombre verdadero, y el de mi hija, es Carlota, Carlota, ja, ja. ¿Cuál es tu última voluntad, Lotocki?
- Decime aunque sea porque te pareces tanto a Valeria Mazza, quien te opero – dijo Lotocki.
- Nadie, es la naturaleza, la conjunción astral, nací el mismo día y a la misma hora que Valeria Mazza, pero diez años después, ja, ja, por eso todos dicen que soy más joven que ella – dijo la rubia.
- Mi mamá es más bella que la otra, me tuvo a los dieciseis años, ja, ja, fui producto de una violación, me entregaron en adopción, pero ella pudo encontrarme muchos años despues.
- El que me violo era el maldito ese de Carlos Grosso, mi tío político, el cerdo que me crió, me sometió a violaciones durante toda mi adolescencia, lo asesiné clavándole un cuchillo, cuando estaba embarazada de mi hija.


Las dos asesinas se acercaron a Lotocki, Ravelia la tatuada se acercó para disparar el revolver, Ravelia la rubia cuchillo en mano se disponía a apuñalarlo, pero las dos asesinas no parecían satisfechas con esa manera de asesinarlo, y entonces las dos juntas, dejaron sus armas sobre la camilla, y agarraron la soga, le rodearon el cuello, y con gran esfuerzo, las dos juntas, lo colgaron de la araña, ahorcándolo de a poco, sin embargo, quedó colgado, y aunque hacía un gran esfuerzo para respirar, el cirujano aún vivía, entonces la tatuada agarró el cuchillo que con el que se podía cortar una res por la mitad, y con gran furia, le cortó las piernas al cirujano, desparramando la sangre por todos lados, como una especie de Rasputín, el cirujano aún vivía, pero Ravelia la rubia agarró entonces ahora ella el cuchillo y le cortó los brazos, la sangre las cubrió a las dos, pero aunque fuera mentira, el cirujano todavía respiraba, las dos asesinas entonces agarraron el Queso, y lo tiraron sobre el cirujano, el Queso impactó en su cabeza, y ahora sí, el malvado cirujano expiró.
- Queso – dijeron al unísono la dos asesinas.
Las dos asesinas se encargaron de mutilar aún más el cadáver del siniestro cirujano, decapitándolo y destripándolo del todo, depositaron sus restos en bolsas de basura, y lo tiraron en un basural, para deleite de ratas, ratones y murciélagos, que devoraron lo que quedaba del malvado cirujano.
- No creo que haya nacido el hombre que pueda asesinarme – dijo Ravelia la rubia, mientras contemplaba la escena, como desafiando al destino.
- Yo no puedo decir lo mismo – dijo Ravelia la tatuada – Carlos Sebastián Beneitez es mi asesino. Así lo dice mi karma, no puedo evitar el destino.
Y Ravelia, la rubia, abrazó a su hija, sabiendo que aquel destino no podía eludirse.
Así fue asesinado el malvado y siniestro Doctor Aníbal Lotocki.

Comentarios

  1. Uno de los relatos más salvejes y gore, lo que es mucho decir.
    Me gusta que haya vuelto este relato conjunto de las Ravelias, que cumplen con el deseo último de Pamela Sosa.

    Quedó bien lo de la trampa para la Ravelia rubia. Es algo que podría pasar en algunos relatos de quesonas.
    Morbo extra lo de la película Selva caníbal, que sería interesante de ver.

    Muy logrado la historia de las Ravelias, su relación como madre e hija, el final tan emotivo. Un final que demuestra que entre todas estas historias de asesinos y asesinas rituales, últimos deseos, intrigas y trampas, lo que importa es el amor. El amor filial y maternal.

    Funciona muy bien la relación de la Lady y Sandes.

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  2. un tipo desagradable y miserable
    merecía que lo asesinaran? sí
    aunque a Ravelia le gustan esos chabones patones y deportivos
    lo cual este asesinato debió ser un gran esfuerzo para alla

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