El Asesino de Ana De Armas


Con su 1,97 metros de altura, sus pies talles cincuenta, y sus 88 kilos de peso, el voleibolista español, o mejor dicho catalán, Carlos Mora, se encontraba en su amada ciudad de Tarragona, sobre la Costa del Mediterraneo, contemplando el mar en la Platja del Miracle (Playa del Milagro).
- Que hermoso el Mediterraneo. Que bella la meva Catalunya, que bella la meva ciutat de Tarragona. Como dice Serrat “… Que han vertido en ti cien pueblos, De Algeciras a Estambul, Para que pintes de azul, Sus largas noches de invierno (…) Tengo alma de marinero, Qué le voy a hacer, si yo, Nací en el Mediterráneo, Nací en el Mediterráneo”.
Pero la belleza de aquella playa y de aquel mar se interrumpió de repente para Carlos, cuando vio un gentío que se acercaba a la playa. 
- Coño, joder, que ya viene la gente a molestar – murmuró Carlos.
- Son los periodistas y los paparazzi, vienen por Ana de Armas, esa actriz cubana que vive en nuestro país, me refiero a España, claro, no a la República Catalana. Esta de Armas, ha sido elegida como la nueva “chica Bond” – le contestó a Carlos una mujer, vestida como gitana andaluza.
- ¿Quién es usted? – preguntó Carlos – Yo, Carlos Mora Sabate, voleibolista profesional, un servidor, con mi 1,97 a cuestas, y estos bellos pies.



- Yo soy la Marquesa de Avila – dijo la mujer – mucho gusto, ¿Te llamas Carlos? Debes ser Quesón, con ese nombre y esos pies, me imaginó. Nunca he oído tu nombre, por cierto.
- Claro que soy Quesón, lo soy desde noviembre de 2014, aunque mis crímenes y mis Quesos no han sido contados, quise me dediqué a asesinar mujeres de poca monta, por eso no ha escuchado mi nombre.
- Es hora que asesines a una famosa, Carlos. Carlos Mora Sabaté. Siendo catalán, que raro que te hayan puesto Carlos, y no Carles. 
- Soy un Carlos, un gran Carlos. Aunque Carlos, Carles, es lo mismo, és el mateix.
- Basta de chachara mi buen Carlos – dijo la Marquesa de Avila – mira este sol del mediterraneo, se esta yendo por el oeste, pero seria bueno que la próxima vez que aparezca, haya por el este, os vea que algún Queso tirado, con una famosa quesoneada. No pierdas la oportunidad, aquí esta esa cubana.
- Mi pareja se llama Anna Pilar, igual que esta actriz, que es Ana de Armas.
- Tírale un Queso, Carlos. No a tu pareja, aún, pero sí a la cosa esta.
Carlos Mora iba a decir algo, pero se dio cuenta que la Marquesa de Avila desapareció. Quizás porque lo que tenía que decir ya lo había dicho, y no hacía falta ninguna palabra más. Carlos quedó muy pensativo, y al estar en una tienda deportiva para adquirir un balón de voleibol, se le ocurrió también adquirir unas cuerdas, bien gruesas por cierto, y pasó también por una Quesería, donde compró un Queso de considerable tamaño. Volvió a la playa, a la Platja del Miracle, como dicen los carteles en catalán, y la actriz cubana seguía allí hablando de ser la nueva Chica Bond.



"Ojalá estuviéramos en Cuba de verdad y poder compartir esta experiencia con mi gente. Estoy segura de que estarían emocionados y muy orgullosos", contó la actriz hispano-cubana durante un encuentro con un grupo numeroso de periodista.
Al terminar aquel encuentro, Carlos Mora se acercó a la actriz. La diferencia de altura era notoria: 1,97 contra 1,68, y encima la actriz, sin tacos, caminaba sobre la arena de la Platja del Miracle. Estaban los dos solos, no los veía nadie.
- ¿Y como se llama la película? – le preguntó Carlos Mora.
- Sin tiempo para morir – dijo Ana de Armas.
- Siempre hay tiempo para morir – dijo Carlos.
El voleibolista, como movido por un impulso criminal irrefrenable, con sus guantes negros, sacó la cuerdas que había adquirido rato antes, y rodeo a la actriz, del cuello, con otro par de cuerdas, la ató de pies y manos.
- ¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Un loco quiere asesinarme!
- Es inútil que grites, nadie te escuchará, además no soy un loco, soy Carlos Mora, voleibolista, Quesón y asesino, sí Carlos Lazo es el Quesón de Barcelona, yo, Carlos Mora, soy el Quesón de Tarragona, serás quesoneada.
La actriz intentó defenderse, pero envuelta en las cuerdas, quedó como un matambre, tirada en la arena, Carlos entonces puso sus pies encima de su rostro, y con el potente olor a Queso que despedían, la fue como adormeciendo, quedando la actriz en un estado de extasis, como drogada, lamió, besó y olió esos Quesos, los Quesos de Carlos Mora.



El voleibolista le dio un par de patadas en el culo, y como si estuviera jugando al vóley, le tiro el Queso, el Queso se le incrustó a la actriz por el culo, y entonces Carlos la penetró con furia y salvajismo, al terminar de gozar aquella relación, el voleibolista le rodeó el cuello con las cuerdas, y empezó a estrangularla, con furia, con furia española, porque el era catalán, pero catalán y español, de Cataluña, con “ñ”.
La estrangulación duro unos minutos, hasta que De Armas se quedó sin aire y murió asesinada. Entonces el voleibolista colgó el cuerpo en un poste de la playa, la Platja del Miracle, como si la actriz hubiera sido ajusticiada en el lejano oeste, pero esto era en Cataluña.
- Queso – dijo Carlos Mora contemplando el cadáver de la actriz asesinada.
El voleibolista se fue de la playa con total impunidad. Gran revuelo causo al día siguiente el hallazgo del cuerpo. La Marquesa de Avila se encargó de disipar los rumores.
- Se suicidó. No aguantó ser una chica Bond. Pronto su nombre nadie lo recordara.
Y así se cumplió su profecía: cuando el sol volvió a iluminar Cataluña, Carlos Mora, el Quesón de Tarragona, había quesoneado a una famosa.

Comentarios

  1. Por suerte, la Marquesa de Avila no está tan oculta como sugería El asesino de Alessandra Rampolla. Es necesaria para los relatos, con su carisma. Y aun lo es más Lady Dumitrescu.
    Se podría haber mencionado la película Knock Knock, en la que ella y Lorenza Izzo interpretan a dos mujeres, que atormentan al personaje de Keanu Charles Reeves. Y como los quesones confunden un poco, a veces bastante, ficción y realidad, podría ser un queso preventivo. Matar para no ser asesinado.

    Pero no está mal la mención a esa película de James Bond. Incluso se podría agregar lo de la licencia para matar. Está bien que no mate a la esposa, sino a alguna famosa.
    La soga fue un buen recurso, es algo que tiene morbo. El próximo Carlos que use el estrangulamiento podría hacerlo con el consentimiento de la famosa que sea víctima. Con la promesa de que usara la asfixia para dar placer, no para matarla, lo que podría cumplirse en un momento. Y luego, ya se sabe.

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  2. una playa, en Tarragona, nadie ve como un jugador de voleibol, llamado Carlos por supuesto, asesina a una mujer a sangre fría, en fin, son los Relatos Quesones, como llamais a estos cuentos

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