viernes, 15 de julio de 2016

El asesino de Dolores Barreiro




Llovía torrencialmente aquel domingo de otoño sobre la zona de Punta del Este, cuando Dolores Barreiro estaba sola en la casa, nadie había más que ella. Decidió acostarse para descansar un rato luego de una jornada bastante intensa y por momentos agotadora.
Es que el día anterior Barreiro había participado de una mega desfile donde también estuvieron algunos jugadores de Los Pumas, la selección argentina de rugby. Gonzalo Quesada, Patricio Albacete, Santiago Phelan, Ignacio Miguel Corleto, Carlos Ignacio Fernández Lobbe y Juan Martín Hernández, para ser más exactos.


Barreiro se acostó, pero de repente, comenzó a escuchar ruidos, como si alguien caminará dentro de la casa. Barreiro se levantó, un tanto asustada, y comenzó a recorrer la casa. No vio nada. 
- Bah, debe ser el viento o la lluvia – pensó Dolores y se fue a dormir, sin darle importancia al asunto.
Pero al acostarse nuevamente, otra vez sintió los pasos. Dolores abrió los ojos, se dio vuelta y frente a ella estaba Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el jugador de Los Pumas, vestido con su indumentaria de jugador…
- ¿Qué haces aca, Nacho?
- Soy el Rugbier Quesón Asesino, he venido a asesinarte y a tirarte un Queso.
- ¡Sooocoorrrrooo! – comenzó a gritar desesperada la modelo – Fernández Lobbe quiere asesinarme.
- Grita lo que quieras – le dijo Fernández Lobbe – nadie vendrá a rescatarte. Nadie te escuchará.
El rugbier podría haberla atacado en ese momento con el enorme cuchillo que tenía y apuñalarla salvajemente, pero prefirió tirarse sobre la mujer y dormirla con éter.
Cuando se despertó, Dolores Barreiro estaba atada de pies y manos sobre su cama, Fernández Lobbe le dijo:
- Espero que disfrutes de mis Quesos.


A continuación la obligó a chuparle, besarle, lamerle y olerle los pies una y otra vez. Primero su pie izquierdo, luego su pie derecho. Estamos hablando de los pies de un rugbier, que calza un 48/49, quizás un 50. Carlos Ignacio Fernández Lobbe tenía un olor a Queso  intenso y apestoso. Fue una verdadera tortura para Barreiro soportar los Quesos de Fernández Lobbe.
Luego el rugbier tuvo sexo con la mujer, y tras terminar de tener sexo, agarró un enorme y gigantesco Queso Gruyere que había llevado y le dijo:
- Te tiraré el Queso.
Y le tiró el Queso encima. Entonces el rugbier sacó su cuchillo, y la apuñaló salvajemente. Le dio más de cincuenta puñaladas, una tras otra. Cuando terminó, agarró nuevamente el Queso y lo tiró otra vez su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.
En un par de horas, el rugbier ya había abandonado la República Oriental del Uruguay, satisfecho por el asesinato que había cometido y por el Queso que había tirado, uno más en la larga lista de “el Rugbier Quesón Asesino”.



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