viernes, 15 de julio de 2016

El asesino de Daniela Cardone



Cuenta la leyenda que en un tercer tiempo de un partido de rugby, se encontraba la conocida modelo Daniela Cardone, que comenzó a percibir un fuerte olor a Queso a su alrededor. No del alimento hecho con leche al que conocemos como “Queso” sino ese olor fuerte e intenso que suelen despedir los pies de hombres.
- ¡Qué olor a Queso! – dijo, y pensó que era obvio, que después de un partido de rugby era lógico que los rugbiers tuvieran olor a Queso - ¡Son sucios los rugbiers! ¡Deberían lavarse antes de venir al tercer tiempo!


Cardone empezó a darse cuenta que el olor provenía del rugbier “Nacho” Fernández Lobbe que estaba cerca suyo. Seguramente desinhibida por el alcohol que tenía encima, Cardone le dijo a Nacho:
- Vos sos el que tenés olor a Queso.
- Obvio, nena, soy un Quesón – fue la respuesta de Fernández Lobbe  - a que querés que huelan mis pies?
- ¿Quesón? Muy gracioso, je, je, vos sos…
- Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
- ¿Carlos? Qué nombre tan masculino…
- Ya lo creo. Muchos desconocen que me llamó Carlos. En el rugby todos me conocen como “Nacho” y en los medios suelen olvidarse de mi primer nombre, y ponen “Ignacio Fernández Lobbe”.
- Parecés muy macho… Te llamas Carlos y tenés olor a Queso en los pies… ¿Cuánto calzas?
- Mucho, un 48/49. Pero que te parece… Daniela, ese es tu nombre, verdad? Digo, que te parece si nos encontramos esta noche, para que pruebes mejor mi masculinidad y mis Quesos.
- Excelente idea. Te espero en mi residencia particular, en la calle de los Japoneses n° 32, después de las once.
- Allí estaré.
Eran las once y media de la noche, Cardone estaba bastante impaciente pues creía que el rugbier incumpliría su promesa. Pero cuando el reloj marcó las once con treinta y siete minutos, allí estaba Carlos Ignacio Fernández Lobbe, vestido de rugbier, con los colores de Los Pumas, su 1,95 metros de altura, sus 115 kilogramos de peso, sus pies talle 48/49 y su fuerte e intenso olor a Queso.
- Ahora vas a poder oler mis Quesos.



Fernández Lobbe puso su enorme pie derecho sobre el rostro de Cardone, que arrodillada, y en un gesto sumiso, comenzó a oler esos pies. A Cardone le encantó la experiencia, a punto que no solo olió los pies de Nacho Fernández Lobbe, sino que también los chupó, besó y lamió. Primero el derecho, luego el izquierdo.
- ¿Te encantó la experiencia?
- Me fascinó. ¿Trajiste una valija, Nacho?
- Sí, hay allí una sorpresa, para después. Ya conoces mis Quesos, Cardone, ahora quiero que conozcas bien mi masculinidad.
A continuación tuvieron sexo, en una experiencia que fascinó a ambos. Cuando terminaron, Cardone quedó acostada, Nacho se paró como a buscar algo, y cuando volvió, para sorpresa de la mujer, sostenía un enorme Queso con sus guantes negros.
- ¿Y ese Queso, Nacho?
- Ese Queso es para vos…
- ¿Para mí?
- Soy Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el Quesón, el rugbier asesino, yo asesiné a Viviana Canosa, a Soledad Solaro, a Andrea Frigerio, y a las demás.



De repente, Fernández Lobbe sacó un enorme cuchillo de entre sus pertenencias y sin mediar palabra alguna, se lo clavó a Cardone en el estómago, la mujer no pudo oponer resistencia alguna, y a continuación el rugbier le aplicó más puñaladas, principalmente en el pecho y en el estómago.
Cuando finalizó, Carlos Ignacio Fernández Lobbe agarró el Queso y lo tiró sobre su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.
El rugbier abandonó el lugar, muy contento con el crimen que había cometido, uno más en la larga lista de “el Rugbier Quesón Asesino”.


1 comentario:

  1. no esta mal el cuento, pero es más de lo mismo

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