viernes, 15 de julio de 2016

El asesino de Daniela Cardone



Gran conmoción había en la opinión pública ante una serie de asesinatos de famosas, algunas aparecían decapitadas, otras degolladas y otras ferozmente apuñaladas, incluso algunas después de haber estado secuestrada durante dos o tres días, pero todas aparecían con un Queso sobre un cadáver. 
Se hablaba de los asesinatos “Quesones”, del “Quesón asesino”, se decía que el asesino era un deportista famoso, o incluso dos o tres deportistas consagrados y las leyendas urbanas hablaban del “basquetbolista asesino”, del “rugbier asesino” y del “futbolista asesino”, pero al hablar en forma individual o personal del asesino todos hablaban de “el Quesón”.
Una de las víctimas era la actriz y modelo Brenda Gandini, brutalmente degollada, su cadáver apareció con el cuello sangrante y un enorme Queso. Su madre, la todavía más famosa modelo Daniela Cardone reclamaba justicia.


- ¡Justicia! ¡Justicia para Brenda y las víctimas del Quesón! ¡Basta de complicidad policial! – gritó Cardone en un acto realizado frente a los Tribunales.
Lejos de caerse anímicamente ante el drama y el pedido de justicia por el asesinato de Brenda, Cardone tomaba una gran cantidad de píldoras que la mantenían siempre con fuerza y la guardia alta. Como prostituta de lujo, prostituta vip, los trabajos de Cardone se multiplicaron, quizás como un tributo a su hija quesoneada, todas las noches se acostaba con un político, empresario o deportista importante.
- Es lo que debo hacer mientras reclamo justicia por Brenda.
Lo cierto es que semana a semana, las minas quesoneadas se multiplicaban, Valeria Mazza, Julieta Prandi, Silvina Luna, Zaira Nara, Viviana Canosa, Soledad Solaro, Ingrid Grudke, Karina Mazzocco, Belen Francese, Wanda Nara, Vicky Xipolitakis, los Quesos se expandían una y otra vez. 


Una noche, Cardone, se encontraba con un lujoso hotel mientras iba a acostarse con un conocido e importante dirigente gremial de la CGT. Era un día de conmoción, el cadáver de Pamela David apareció flotando en el río, puesto en una barca, brutalmente apuñalada, con un gigantesco Queso sobre ella.
- ¡Asesinaron a Pamela David! – exclamó Daniela Cardone - ¡El Quesón no perdona a nadie!
- ¿A quien amasijaron ahora? – preguntó el gremialista.
- A Pamela David – dijo Cardone, mientras contemplaba al viejo dirigente y reflexionando pensó - Un viejo choto este tipo, toda sea por la memoria del Compañero Lorenzo Miguel, de la UOM y de las 62 Organizaciones.
El dirigente de la CGT, ya septuagenario, estaba en el baño, preparándose con el viagra para tener sexo con Cardone. 
- ¿Es cierto que a tu hija le tiraron un Queso? – preguntó el viejo gremialista mientras salía del baño.
- Es verdad. Le cortaron el cuello y el tiraron un Queso.
- Dicen que un basquetbolista es el asesino.
- Dicen muchas cosas. Me cuesta pensar que un basquetbolista de la NBA, que ganó una medalla de oro sea un cruel y sanguinario asesino serial. Pero todo puede ser.
- Yo he visto cada cosa en las 62 Organizaciones.
Mientras decía esto, Cardone pensaba “Que asco, ahora tengo que tener sexo con este viejo tan desagradable, yo creo que no se la para de ninguna manera”.
- Antes del sexo tomaremos unos whiskys, eso me lo enseñó un compañero de SMATA – comentó el gremialista.


Tocaron la puerta, un empleado del hotel, ingresó con un gran paquete. 
- Dejaron esto para usted señora Cardone – dijo el empleado del hotel.
- Gracias – dijo Cardone.
- ¿Qué será? – dijo el gremialista.
Cardone lo abrió y para su sorpresa y terror a la vez, el paquete contenía un Queso.
- ¡Un Queso! ¡Oh, no! ¡El asesino viene por mí!
- Tranquila, llamaré al Fiscal Carlos Gonella y al Comisario Miguel, tranquila, eso sí, yo me voy, si me llegan a  descubrir seria un escandalo, el Movimiento Obrero Organizado lo exige.
- Que pena – dijo Cardone mintiendo, aunque aún aterrorizada – me hubiera gustado tener sexo con vos.
- Otra vez será. A Vandor y a Ubaldini le pasó muchas veces – dijo el gremialista, que agarró sus ropas y se fue.
El empleado del hotel regresó a la habitación, Cardone seguía aterrorizada ante el Queso que le habían enviado por correo.
- ¡A mi hija le tiraron un Queso, la asesinaron en forma vil y cruel, y ahora el asesino viene por mí, sabe que estoy aca! ¡Qué terror que siento!
- Tranquila – dijo el empleado – me dijo el gremialista que ya vienen el Fiscal Carlos Gonella y el Comisario Miguel.
- ¿Cómo te llamas, pibe? – le dijo Cardone al empleado.
- Mi nombre no importa – señaló el empleado – pero me dicen “el Fauno”.
- ¿Fauno? ¿Cómo los personajes mitológicos?
- Sí, de esa manera.
Cardone se desnudó ante el Fauno, que se sorprendió al ver a Daniela así, desnuda, sin ropa alguna.
- ¡Señora Cardone! – dijo El Fauno.
- Contémplame Fauno, antes que el Quesón venga por mí.
Cardone se acostó en la cama y le dijo al Fauno:
- Iba a tener sexo con ese viejo asqueroso y repugnante de las 62 Organizaciones, ahora lo tendré contigo Fauno, sí vos lo deseas, por supuesto.
- ¡Claro que lo deseo! – dijo el Fauno - ¡Es un sueño!


- Vení que el sueño se haga realidad, vení, antes que el Quesón llegue y me quesonee.
El Fauno no lo podía creer, se tiró encima de Cardone, y empezó a chuparle la concha, era un placer que le llenó de gozo y satisfacción, después le chupó los pies, que olían de una manera muy agradable, dedo por dedo, uña por uña, le hizo cosquillas en los pies, a Cardone le fascinó.
- ¡Gracias Fauno, gracias Fauno! ¡Con este gozo y placer ya no le tengo miedo al Quesón! ¡Que venga y me tire un Queso!
- No habrá Queso mientras este yo – dijo el Fauno.
Las cosquillas se extendieron por todo el cuerpo, con caricias en las tetas, la espalda, besos en la boca y hasta algún mordisco. Entonces la penetró con placer, Cardone se sentía extasiada. El Fauno había logrado su cenit. Recién acababa, estaba aún encima de Cardone, cuando sonó la puerta.
- ¡Soy el Fiscal Carlos Gonella!
- ¡Ohhhh! ¡El Fiscal! – dijo Cardone – ándate Fauno, ándate Fauno, ándate Fauno, ándate.
- Me voy rápido Cardone – le dijo El Fauno, que abrió la puerta y huyó, mientras entraban el Fiscal Carlos Gonella y el Comisario Miguel.
- ¿Así que le mandaron un Queso por correo? – dijo el Comisario.
- Mas respeto. Un asesino serial anda tras de mí, ya quesonearon a mi hija, ahora acaso debo esperar resignada mi suerte?
- Quedese tranquila – dijo el Fiscal Carlos Gonella – estamos tras la pista del asesino. Necesitamos que usted nos sirva como carnada.
- ¿Carnada?


- Sí, debe ir al tercer tiempo de un partido de rugby, ahí hay varios sospechosos. La pista del asesino pasa por ahí.
- Digame quien, debo saber quien es el asesino de mi hija. Entonces lo que se comenta es cierto, que el asesino es un deportista de primera línea.
- Quizás el asesino de su hija no sea un rugbier, sino un basquetbolista, pero atrapar a uno, debemos pasar primero por el otro.
- Le asignaré una custodia – dijo el Comisario Miguel – el Oficial Carlos Gabriel Cáceres. Y es bueno que conozca mi hipótesis, no estamos ante un asesino serial, sino ante una banda de asesinos seriales.
Cuenta la leyenda entonces que al día siguiente que en un tercer tiempo de un partido de rugby, se encontraba la conocida modelo Daniela Cardone, el rugbier Gonzalo Longo le dijo al rugbier Gonzalo Quesada:
- ¿No es Daniela Cardone esta mina?
- Sí.
- ¿Qué hace aca?
- Ni idea.


Cardone comenzó a percibir un fuerte e intenso olor a Queso a su alrededor. No del alimento hecho con leche al que conocemos como “Queso” sino ese olor fuerte e intenso que suelen despedir los pies de hombres.
- ¡Qué olor a Queso! – dijo, y pensó que era obvio, que después de un partido de rugby era lógico que los rugbiers tuvieran olor a Queso - ¡Son sucios los rugbiers! ¡Deberían lavarse antes de venir al tercer tiempo!
Pero ahí Cardone reaccionó…
- ¿Y si el asesino o los asesinos tienen olor a Queso? ¡Quizás la envolvieron a Brenda primero en este olor y después la asesinaron!
Cardone se acercó al rugbier Santiago Phelan, pero este olía a perfume francés, después a Agustín Pichot, pero este tenía olor a desodorante barato de Isidro Casanova, pasó al lado de Juan Martín Hernández, pero este olía a colonia cara de San Isidro, entonces empezó a darse cuenta que el olor provenía del rugbier “Nacho” Fernández Lobbe que estaba cerca suyo. 


Seguramente desinhibida por el reclamo de justicia que tenía encima, Cardone le dijo a Nacho:
- Vos sos el que tenés olor a Queso.
- Obvio, nena, soy un Quesón – fue la respuesta de Fernández Lobbe  - a que querés que huelan mis pies?
- ¿Quesón? Muy gracioso, je, je, vos sos… (Y Cardone pensó “¿Será acaso el asesino?”)
- Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
- ¿Carlos? Qué nombre tan masculino…
- Ya lo creo. Muchos desconocen que me llamó Carlos. En el rugby todos me conocen como “Nacho” y en los medios solían olvidarse de mi primer nombre, y ponían “Ignacio Fernández Lobbe”, pero gracias a mis pedidos ahora me ponen el nombre completo, como corresponde. ¿No es cheto llamarse Carlos Ignacio Fernández Lobbe?
- Muy cheto. Parecés muy macho… Te llamas Carlos y tenés olor a Queso en los pies… ¿Cuánto calzas?


- Mucho, un 48/49. Pero que te parece… Daniela, ese es tu nombre, verdad? Vos sos Daniela Cardone. Pobre, tu hija, Brenda Gandini, la degollaron y le tiraron un Queso. Dicen que un basquetbolista es el asesino.
- Asi dicen. Estoy buscando al asesino, pero hoy podemos hacer un alto y disfrutar del sexo.
- Buena idea. Digo, que te parece si nos encontramos esta noche, para que pruebes mejor mi masculinidad y mis Quesos.
- Excelente idea. Te espero en mi residencia particular, en la calle de Heroes de Iwo Jima n° 32, después de las once.
- No, hagámoslo aca. Hay un lugar que se usa donde duermen los pibes, ahora no hay nadie, vamos ahí. Te espero ahí Cardone.
Cardone pensó: “¿Será o no será el asesino? Mi instinto maternal me dice que este tipo esconde algo, que quizás sea un asesino, pero no es el asesino de Brenda”. De todas formas, y sin que Carlos Gabriel Cáceres, el custodia, se diera cuenta por la sencilla razón de que estaba durmiendo, le sacó un arma a este y la escondió.
Eran las diez y media, aún faltaba media hora para la hora citada, pero Cardone estaba bastante impaciente pues creía que el rugbier incumpliría su promesa. En ese momento, cerró los ojos.



De repente, Fernández Lobbe sacó un enorme cuchillo de sus pertenencias, tenía planeado donde iban los cortes, algo parecido a lo que había hecho con Pamela David. Para competir con Delfino, como mejor quesón, planeaba prolongar su agonía. Disfrutar del sufrimiento de la morocha sensual, destruyendo su cuerpo.
Y entonces sucedieron varios hechos, que podrían no haber sucedido.
-Antes vas a ser mi prisionera como lo fue Pamela.
El rugbier apuntó el cuchillo a la cara, los labios de Daniela.
-Vas a ser mi Mónica Bellucci. 
La famosa modelo había aceptado escenificar varias escenas de violación, fingir ser una víctima como en Lipstick, siendo atada boca abajo. Se lo permitía a clientes de confianza, con un pago extra. Lo consideraba riesgoso. Era una oportunidad de seguir viviendo, pero sabía que el rubier sería brutal. Y recordaba bien como terminaba la escena de Irreversible, que había visto junto con Brenda.
Como en la escena de película, Fernández Lobbe obligó a la Cardone a tenderse en el piso, tapándole la boca. Y arremetió contra ella, haciéndolo sacudirse, soportando el peso del rugbier. Daniela gritó más que la Belucci, con la diferencia de que no estaba actuando.
El rugbier no se dio cuenta de que al taparle la boca, también le tapó la nariz, ya no respiraba ese efluvo quesón. Otro detalle fue la ingesta de pastillas, que le permitieron resistir.
Luego de esos minutos, más que en la película, notó que se estaba libre. Daniela alargó la mano hacia su cartera. Estaba siendo amenazada nuevamente por un cuchillo.
-Vas as hacer mi prisionera hasta que me aburra de vos. 



Daniela le roció con uno de los frasquitos. Una modelo debía contar con su equipo de maquillaje, más siendo una prostituta vip. Le habían advertido de mantenerlo lejos de sus ojos. Viendo al rugbier taparse los ojos, gritando, Daniela sintió que tenía una oportunidad.
Los golpes fallaron, se lastimó las manos, sin producir daño alguno. Hasta que recordó el arma, que no tenía balas, pero era pesado y de metal.
Los cuchillos fueron muy efectivos. Daniela se dio vuelta para reponerse de su experiencia, buscar la ropa, para vestirse.
Bang bang.
Daniela Cardone vio caer, definitivamente muerto, a Fernandez Lobbe. Debería haber tenido en cuenta el no darle la espalda al asesino. Por suerte, estaba esa rubia que se parecía a...
-¿Valeria Mazza? Pensé que te habían asesinado.
-No soy ella. Soy Ravelia Zamas, tu ex, me operó para que me pareciera a ella.
Ravelia y Daniela Cardone, con la ayuda de Carla Conte, se deshicieron del cuerpo.



Pero sus nuevas alidadas le dijeron que no podía volver a la vida de antes. Se había salvado pero la conspiración judicial, policial seguía. Podrían enviar a otro Carlos por ella.
Tenía que volverse letal, peligrosa, asumir una nueva identidad. 

Y así como surgió una nueva mujer, idéntica a Daniela Cardone, pero tatuada y mortífera, además de sensual. La implacable Carla Nadiedone.
- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh! - gritó Daniela Cardone. 
Todo había sido un sueño. Lejos estaba de ser realidad, estaba allí, esperando a Carlos Ignacio Fernández Lobbe. El reloj marcaba las once y media de la noche. Había dormido profundamente por una hora... 
- Maldita sea - dijo Cardone - fue todo un sueño, aunque no estaba mal eso de ser Carla Nadiedone. Sí dicen que Fabricio Oberto quiso ser Carlos Quesoberto y Emanuel Ginóbili, Carlos Quesobili. ¡La mina del sueño era igual a la quesoneada Valeria Mazza!
Pero cuando el reloj marcó las once con treinta y siete minutos, allí estaba Carlos Ignacio Fernández Lobbe, vestido de rugbier, con los colores de Los Pumas, su 1,95 metros de altura, sus 115 kilogramos de peso, sus pies talle 48/49 y su fuerte e intenso olor a Queso.


- Ahora vas a poder oler mis Quesos.
- Si seguro – le dijo Cardone, mientras le apuntó a Lobbe con el arma de Cáceres – vos sos un asesino.
- Quizás asesine a algunas minas, no lo niego, las he quesoneado – dijo Fernández Lobbe – pero te aseguró que a Brenda Gandini yo no la asesiné.
- ¿Quién fue entonces?
- No te diré el nombre. Un Quesón no delata a otro Quesón.
- Decime el nombre del asesino de mi hija o te asesinó – dijo Cardone mientras lo apuntaba con el arma.
- No lo diré – dijo Fernández Lobbe.
- Vos lo elegiste – dijo entonces Cardone y disparó el arma, como en el sueño...
Bang, bang, bang, bang
Pero el rugbier permanecía parado, sin ningún rasguño, Cardone se dio cuenta que el arma no disparó ninguna bala verdadera, sino balas de fogueo, como las del cine 
¡Nooooo! ¡No puede ser!
- Ja, ja, siempre supe que tenía todo bajo control, Cáceres es de los míos.
- Entonces el asesino de mi hija es un Carlos, como vos y como ese mal policía que me puse ese asqueroso de Gonella.
- Eso lo decís vos. Lo repito: Un Quesón no delata a otro Quesón. Ja, ja, pero sí te hago un acertijo, como los que le hacía el Acertijo a Batman. "Al asesino dobles y triples tanto le gustan como nadar en el mar, aunque necesitan aire para respirar”.
- ¿Dobles y triples? El asesino es un basquetbolista. ¿Quién nada en el mar y necesita aire para respirar? ¡Las ballenas, los delfines! Carlos Balleno, no, no, Carlos Delfín, ¡Delfino! ¡Carlos Delfino ese es el asesino!



En ese momento, Cardone quedo tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta que Fernández Lobbe agarró el Queso y lo tiró sobre su cabeza, quedo semidesvanecida en el piso, cuando el rugbier se tiró sobre Cardone, como si fuera un scrum, y en un rápido movimiento, la ató de pies y manos.
- ¡Pudiste haber escapado! ¡Pero ahora serás mi prisionera! ¡Te quesonearé! ¡Como quesoneé a Viviana Canosa, a Soledad Solaro, a Pamela David!
Cardone intentó oponer resistencia pero nada pudo hacer ante la fuerza criminal del asesino. Tendida sobre el piso, Fernández Lobbe puso su enorme pie derecho sobre el rostro de Cardone, que maniatada, y en un gesto sumiso, comenzó a oler esos pies. 
A Cardone le encantó la experiencia, a punto que no solo olió los pies de Nacho Fernández Lobbe, sino que también los chupó, besó y lamió. Primero el derecho, luego el izquierdo. Estaba como drogada, extasiada, toda resistencia había desaparecido.
- ¿Te encantó la experiencia?
- Me fascinó. ¿Trajiste una valija, Nacho?
- Sí, hay allí una sorpresa, para después. Ya conoces mis Quesos, Cardone, ahora quiero que conozcas bien mi masculinidad. Chupame la pija.


Cardone quedó asombrada al ver la enorme pija del rugbier, la chupó, el le chupó el culo y la concha, y le dio un par de patadas en el culo, como si pateara un try. Las patadas fueron bien duras pero a Cardone le gustó.
A continuación tuvieron sexo, la penetró en la vagina, en una experiencia que fascinó a ambos. Cuando terminaron, Cardone quedó acostada, Nacho se paró como a buscar algo, y cuando volvió, sostenía otra vez un Queso, un enorme y gigantesco Queso, con sus guantes negros.
- ¿Y ese Queso, Nacho? ¡Me vas tirar un Queso!
-  Ya te dije que era un Quesón, este Queso es para vos…
- ¿Para mí? ¡Noooooooooooooo! ¡Como mi hija Brenda Gandini! ¡Seré Quesoneada! – Cardone pareció como que recuperó la conciencia.
- Soy Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el Quesón, el rugbier asesino, yo asesiné a Viviana Canosa, a Soledad Solaro, a Andrea Frigerio, y a las demás.


De repente, Fernández Lobbe sacó un enorme cuchillo de entre sus pertenencias y sin mediar palabra alguna, se lo clavó a Cardone en el estómago, el corte fue profundo, de izquierda a derecha, de arriba abajo, luego otro corte en el abdomen, le hundió el cuchillo en la teta derecha, otra herida profunda clavándole el cuchillo en la teta izquierda, la mujer no pudo oponer resistencia alguna, y a continuación el rugbier le aplicó más puñaladas, principalmente en el pecho y en el estómago. Una, dos, treinta, cincuenta, ochenta, ciento veinte, ciento treinta, ciento cincuenta y siete puñaladas. Una tras otra.
Cuando finalizó, Carlos Ignacio Fernández Lobbe agarró el Queso y lo tiró sobre su víctima, diciendo en voz alta:
- Queso.



Estaban cerca del Tigre, y Carlos metió al cadáver de Cardone en una barca, y la tiró, con el Queso incluído, por un arroyo, que desembocó en el río principal, el que queda al lado de la estación ferroviaria.
El rugbier abandonó el lugar, muy contento con el crimen que había cometido, uno más en la larga lista de “el Rugbier Quesón Asesino”.


11 comentarios:

  1. no esta mal el cuento, pero es más de lo mismo

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  2. Fue un poco frío en la parte sexual, tratandose se la víctima de una de las mujeres más deseables

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  3. Merece una reversión con más desarrollo.

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  4. excelente la actualización, felicitaciones, lo de Fernández Lobbe es tan sangriento como espectacular

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  5. ve a tu saber quien sería el tipo de la CGT ¿El espectro de Lorenzo Miguel tal vez?

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  6. Magnífica actualización. Y no sólo por la parte que me toca.
    Un empleado de hotel, ¿por que no? Está bien si hay famosas huespedes de ese estilo. Lo único es que aparezco como alguien que huye. Pero el placer con Daniela Cardone es algo memorable. Y sin ser un quesón, estuve a la altura de un mito.

    Bueno, ahora bien la parte letal. Buena idea la de combinar a la Cardone como prostituta VIP, el deseo de venganza y el trabajar para la policía, como carnada. Una combinación con un final inevitable. Y el queso usado como arma aturdidora contra una de las mujeres más bellas del mundo.
    Y luego el sexo, muy bien descrito. Detalle, la trató bien.

    Luego lo inevitable, ¿donde dirigiría las cuchilladas Fernandez Lobbe, siendo una mujer como Daniela Cardone? A las tetas.
    No tan bien lo de arrojar en cualquier lado el cadaver de tan hermosa modelo. Pero este quesón es bastante bruto.

    Creo que podría surgir la Ravelia Zamas de Daniela Cardone. Podría llamarse Carla Nadiedone y parecer a la original, que haga creer que es Daniela Cardone.

    Me gustó este cuento dedicado.

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  7. Posible final alternativo.

    De repente, Fernández Lobbe sacó un enorme cuchillo de sus pertenencias, tenía planeado donde iban los cortes, algo parecido a lo que había hecho con Pamela David. Para competir con Delfino, como mejor quesón, planeaba prolongar su agonía. Disfrutar del sufrimiento de la morocha sensual, destruyendo su cuerpo.
    Y entonces sucedieron varios hechos, que podrían no haber sucedido.
    -Antes vas a ser mi prisionera como lo fue Pamela.
    El rugbier apuntó el cuchillo a la cara, los labios de Daniela.
    -Vas a ser mi Mónica Bellucci.

    La famosa modelo había aceptado escenificar varias escenas de violación, fingir ser una víctima como en Lipstick, siendo atada boca abajo. Se lo permitía a clientes de confianza, con un pago extra. Lo consideraba riesgoso. Era una oportunidad de seguir viviendo, pero sabía que el rubier sería brutal. Y recordaba bien como terminaba la escena de Irreversible, que había visto junto con Brenda.
    Como en la escena de película, Fernández Lobbe obligó a la Cardone a tenderse en el piso, tapándole la boca. Y arremetió contra ella, haciéndolo sacudirse, soportando el peso del rugbier. Daniela gritó más que la Belucci, con la diferencia de que no estaba actuando.
    El rugbier no se dio cuenta de que al taparle la boca, también le tapó la nariz, ya no respiraba ese efluvo quesón. Otro detalle fue la ingesta de pastillas, que le permitieron resistir.

    Luego de esos minutos, más que en la película, notó que se estaba libre. Daniela alargó la mano hacia su cartera. Estaba siendo amenazada nuevamente por un cuchillo.
    -Vas as hacer mi prisionera hasta que me aburra de vos.
    Daniela le roció con uno de los frasquitos. Una modelo debía contar con su equipo de maquillaje, más siendo una prostituta vip. Le habían advertido de mantenerlo lejos de sus ojos. Viendo al rugbier taparse los ojos, gritando, Daniela sintió que tenía una oportunidad.
    Los golpes fallaron, se lastimó las manos, sin producir daño alguno. Hasta que recordó el arma, que no tenía balas, pero era pesado y de metal.
    Los cuchillos fueron muy efectivos. Daniela se dio vuelta para reponerse de su experiencia, buscar la ropa, para vestirse.

    Bang bang.

    Daniela Cardone vio caer, definitivamente muerto, a Fernandez Lobbe. Debería haber tenido en cuenta el no darle la espalda al asesino. Por suerte, estaba esa rubia que se parecía a...
    -¿Valeria Mazza? Pensé que te habían asesinado.
    -No soy ella. Soy Ravelia Zamas, tu ex, me operó para que me pareciera a ella.

    Ravelia y Daniela Cardone, con la ayuda de Carla Conte, se deshicieron del cuerpo.
    Pero sus nuevas alidadas le dijeron que no podía volver a la vida de antes. Se había salvado pero la conspiración judicial, policial seguía. Podrían enviar a otro Carlos por ella.
    Tenía que volverse letal, peligrosa, asumir una nueva identidad.

    Y así como surgió una nueva mujer, idéntica a Daniela Cardone, pero tatuada y mortífera, además de sensual. La implacable Carla Nadiedone.

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    Respuestas
    1. Obviamente, es un final alternativo, imposible en la continuidad. Además este Carlos es muy popular. Pero podría haber una Carla Nadiedone. Podría servir de respaldo, en una misión contra el resto de Agapornis. Y contra Anibla Loctki, el cirujano estético que usaba metracrilato para implantes.

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    2. ja ja Fernández Lobbe es eterno como el viento ja ja no muere jamas en los Relatos Quesones...

      pero excelente lo que escribiste podría ser como un sueño de Cardone (que igual esta buscando al asesino de Brenda Gandini)

      Cardone sueña esto mientras espera a Lobbe, después la sangrienta realidad, los cuchillazos y el Queso ja ja

      excelentes aportes Fauno!

      Vamos x Más!

      Deja todos comentarios aportes y finales alternativos que quieras (y secuelas también) que quieras!

      Tengo que hacer el de Loctocki dame tiempo ja ja son muchos relatos la asesina que sea Carla Conte ja ja

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  8. felicitaciones al Fauno! muy bueno lo que escribió y también por recordar el Relato ese de Dumitrescu

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  9. Conectaste muy bien lo que escribió, quedó incluso mejor. Una falsa esperanza para Daniela Cardone, de sobrevivir y de empezar a vengar a Brenda, hace que sea más contundente cuando no dispara el arma. Y comienza el fin para la Cardone. No estaría mal una nueva quesona, Carla Nadiedone, que no sea Daniela Cardone, pero se le parezca a ella, tal vez en versión tatuada, como Ravelia Zamas se parece a Valeria Mazza.

    Lo de Loctoki cuando lo hagas, podría ser una misión con refuerzos, que una Ravelia o Carla Peterson revivida, se haga pasar por una cliente de cirugía para matarlo. Pero le salga mal y quede en poder del cirujano, dispuesto a usar su bisturí en forma asesina. Y ahí llegaría Carla Conte. Sería un crimen compartido de dos quesonas. Obvio, cuando haya tiempo. Los relatos salen mejor, cuando se les dedica tiempo.

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