jueves, 14 de julio de 2016

Carlitos y la pistola de clavos


Llovía torrencialmente aquella tarde de domingo, donde la noche parecía anticiparse ante la oscuridad de la jornada. Carlos Eisler, un joven de cabellos negros, bien parecido, de profesión modelo, alto y patón, contemplaba pensativo la ventana de su habitación mientras veía caer la lluvia…
En ese momento Carlos bajó al jardín de invierno y escuchó que su mujer decía en voz alta…
- La herencia de Carlos será nuestra. ¿Qué es lo que más le gusta a Carlos? ¡Comer Queso! A Carlos lo asesinaré con un Queso envenenado. Morirá como una rata, es lo que se merece… je, je… soy una cruel asesina, ja, ja…
Asombrado, Carlos le dijo a Giuliana:
- ¿Qué estás diciendo, Giuliana? ¿Es que acaso vas a asesinarme?
- Ja, ja, Carlitos, mirá si voy a matarte, si te amo con todo mi corazón…
- Entonces, ¿Qué era eso que estabas diciendo…?
- La letra de la obra de teatro, la de “Amores Quesones”…
- Ah, era eso… a mí me habían ofrecido el rol de Carlos…
- Y claro, un Carlos debe interpretar a otro Carlos…
- Pero creo que lo va a interpretar el galán Carlos Martín Karpan…



La pareja continuó hablando vaguedades que no vale la pena contar… lo cierto es que rato cuando llegó la hora de la cena, 
Giuliana entró a la habitación de su marido, con una bandeja donde había un Queso y una copa de vino…
- Hola Carlitos, te traigo el Queso y el Vino, como te gusta a vos…
- Gracias Giuliana.
- Como en la obra del teatro, ja, ja, la mujer le da el Queso a su marido para matarlo, ja, ja…
Carlos Eisler se rió, mientras su mujer fue nuevamente al jardín de invierno de la mansión, Carlos tomó el Queso, e iba a comerlo, cuando se detuvo instantáneamente y pensó…
- ¿Y si el Queso está realmente envenenado? 


Ya no pudo pensar más nada, no comió el Queso, tomó la bandeja, y guiado por un extraño instinto, Carlos se puso guantes negros y con la bandeja, en ese instante bajó al jardín de invierno y escuchó, que su esposa estaba hablando por celular…
- Ya le dí el Queso a Carlos. No tardará en comerlo. Tiene el arsénico suficiente para asesinarlo. En una hora, dos a más tardar, Carlos estará muerto…



El joven comprobó que su esposa realmente intentaba intentaba asesinarlo con el Queso envenenado para quedarse con la herencia…
Con sus guantes negros en sus manos, dejó la bandeja con el Queso en un costado, tomó entonces la pistola de clavos y se dirigió hacia donde estaba Giuliana, con la única y firme intención de asesinarla.
La chica se encontraba acomodando unas plantas en el jardín de invierno, y apenas se dio cuenta que Carlos había ingresado en el lugar…
Se dio vuelta y frente a ella estaba Carlos, con la pistola de clavos en la mano…
- ¿Qué pasa, Carlitos?
- Lo siento Juliana, hubiera preferido no llegar a esto, no tengo opción, vos no me diste opción…
- Pero Carlos… 
Carlos no esperó que su esposa le explicará algo, simplemente como un loco fuera de control disparó los clavos, fueron como cuarenta y cinco disparos, una atrás de otro, sin parar, que impactaron sobre la joven, que cayó muerta ensangrentada por todos lados…
El asesino tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de su esposa asesinada, diciendo en voz alta:
- Queso.
Carlos Eisler quedó parado contemplado la escena. Luego de algunos minutos se acercó y agarró el libreto, ahí vió que lo que su esposa había dicho…
- “Ya le dí el Queso a Carlos. No tardará en comerlo. Tiene el arsénico suficiente para asesinarlo. En una hora, dos a más tardar, Carlos estará muerto…”
… era parte del libreto. Carlos no se arrepintió de lo que hizo, y en voz alta dijo:
- No importa. El destino es así. Soy un Quesón, y sabía que esto iba a ocurrir. Ya había asesinado a otras mujeres en el pasado, y asesinaré a otras en el futuro, je, je, mi instinto criminal es así…


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