El Karma de Ravelia capítulo 6 "Los Idus de Marzo"



Ravelia intrigada quedó ante lo que Carlos le contó y en los días siguientes trató de averiguar si aquella tradición era cierta... 
Asterix, un galo esclavo de la casa de Arrio, le comentó:
- Es eso cierto, Domina. Una tradición muy antigua de los godos, señora, pero nosotros los galos no practicamos cosas tan horrendas.
Pasaron los días, y antes de los Idus de marzo, una noche, Ravelia en medio de la oscuridad de la noche, observó como su fiel esclavo, Carlos, tenía sexo con la esclava egipcia.
- Esta es la razón por la que Carlos esta un poco esquivo conmigo últimamente. Quo usquem tandem? – fue el pensamiento de Ravelia.



Al día siguiente, se acercó a Asterix, el esclavo galo, y le dijo:
- Asterix, os voy a daros una orden. Quiero que hagais un Queso muy grande, enorme, repleto de agujeros y con cascara muy dura, esos Quesos que comen los germanos, no como los Quesos blandos que comemos nosotros los romanos o los griegos.
- Su deseo es una orden para nosotros, Domina. En pocos días tendrán el Queso. Quid pro quo.




Justo llegaron los Idus de Marzo y la casa de Arrio se sobresaltó como toda Roma al recibir la noticia:
“¡Asesinaron a César!”
Ocurrió entonces que aprovechando la confusión y el caos existente en la ciudad, Ravelia mandó llamar a Carlos y a la esclava egipcia, en la habitación en que los recibió, había un enorme y gigantesco Queso sobre la mesa. 
- Carlos, Proles sine matre creata, necesito una prueba de vuestra lealtad – dijo Ravelia, a la vez que le daba una espada al esclavo – Tomad esta espada. Pro Mundi beneficio.
- Haré lo que vois me pidáis, domina – mientras sostenía la espada en sus manos.
- Si superáis esta prueba, quizás digno seas de ganar vuestra libertad.
- Os escucho, Domina.
- Cortadle la cabeza a la esclava egipcia y tiradle un Queso. Cumplid el ritual que hacíais en tus tierras. Hoy, en homenaje a César, caído por la grandeza de Roma en manos de esos infames corruptos senadores. O tempora o mores!
Carlos quedó asombrado ante semejante pedido, y quieto ante la Domina. Era una disyuntiva enorme, elegir entre su libertad o asesinar a su novia en secreto.
- Os repito – dijo la Domina – cortadle la cabeza. Manus manum lavat.
Pero Carlos quedo inmóvil, con la espada en la mano.
- Matadla – dijo una vez Ravelia.
- Lo haré – fue la respuesta de Carlos – Fiat iustitia et pereat mundis.
Carlos entonces levantó la espada, y en un movimiento rápido, repleto de ira y furia, le cortó la cabeza, pero no a la esclava egipcia, sino a Ravelia, la domina. 
La esclava egipcia lanzó unos gritos llenos de terror al contemplar el espectáculo de la decapitación de Ravelia. Carlos agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver mutilado de la domina.
- ¡Queso! – gritó en voz alta – Pulvis es et in pulverum reverteris.



Los demás sirvientes de la casa de Arrio escucharon los gritos de la esclava egipcia y se acercaron al lugar, al entrar contemplaron el terrible espectáculo.
Carlos, con la espada ensagrentada en sus manos, Ravelia, decapitada, la esclava egipcia aterrorizada y el Queso, sobre la cabeza de Ravelia.
- ¡Por Marte! ¿Qué habreis hecho? – dijo Romulo, el fiel sirviente de la casa de Arrio, en su tono afeminado – te crucificarán por esto. O te enviarán a galeras. Acta est fabula.
- Si lo atrapan – señaló Lucio, el otro sirviente de la casa de Arrio, también con tono y gestos afeminados  – Pero todos están muy ocupados con el asesinato de César. Ravelia merecía este final y nuestro propio señor, Quinto Arrio, lo agradecerá. No podemos esconderte, Carlos, pero sí podemos demorar el anuncio de la muerte de Ravelia. Huye al sur, a Capua, a Pompeya, a Siracusa, allí podrás tomar algún barco hacia Grecia o Egipto. Inopi nullus amicus.
- Audentes fortuna iuvat. Haz eso. Huye ahora mismo. Quinto Arrio no está en Roma, y persiguiendo se encuentra a quienes asesinaron a César, los infames Bruto y Casio – fue la afirmación de Rómulo.
Algunos años después, en la epoca del triunvirato entre Marco Antonio, Lépido y Octavio, el fiel Lucio viajó a Alejandría y se dirigió a un espectáculo en el Circo Máximo. Para su sorpresa, y algarabía, escuchó hablar de Carlos, el germano. 
- No creo que haya muchos germanos en Alejandría, ni que todos se llamen Carlos. Debe ser él. Libertas perfundet omnia luce.
Y efectivamente era él. “Carlos, el Quesón” que libre, triunfaba en los espectáculos de las cuadrigas del Circo Máximo de Alejandría.

Tanta potentia formae est



Comentarios

  1. Ravelia quiso deshacerse de la esclava egipcia y la decapitaron a ella.
    Buena historia.

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