domingo, 1 de mayo de 2016

El Karma de Ravelia capítulo 7



Cuentan que en lo profundo de la Europa Medieval, en algún lugar del país que hoy llaman Francia o Alemania, o quizás más al este, cerca del Danubio, existió una malvada mujer, una reina, obsesionada con su belleza...
Su nombre era Ravelia y estaba dispuesto a todo con todo de perpetuar su belleza por los siglos de los siglos.
- Quiero la piedra filosofal, la de Nicolás Flammel – decía Ravelia – y tener así la vida eterna, para ser siempre joven.
- Lo que vois decís va en contra de lo que pregona la Santa Madre Iglesia – le señaló el Cardenal O’Hara, principal consejero del reino.
- En este reino se hace mi voluntad y mi voluntad es ser eternamente bella.
- Mereces el infierno por ello, y allí te consumirás...
- Si yo merezco el infierno tu mereces la muerte. ¡Soldados! Arrestad al cardenal, mañana será quemado vivo por sacrílego y blasfemo.
Y así ocurrió. Esto es solo una muestra de los terribles crímenes que Ravelia cometía con su pueblo día a día. La reina comenzó a seleccionar a sus esposos entre los reinos vecinos. Uno por uno, sus maridos fueron asesinados, y no por ordenes de la reina, sino con su propia mano y su propia espada. De esta manera, su imperio se expandía y con ello, también el terror.



Las gentes estaban aterrorizadas, y el terror se expandió aún más cuando una bruja le dijo a la reina:
- Yo tengo la fórmula para vuestra eterna juventud. Pero muy alto es el precio que debéis pagar.
- Os escucho y en función de eso decidiré...
- Todos los viernes una joven virgen debe ser sacrificada... con su sangre os bañareis y así joven eterna serás...
- Yo misma me encargaré de asesinar a esas jóvenes vírgenes con una espada y así...
- ¡Nooo! – dijo la hechicera – vos no debéis cometer esos crímenes, sino un hombre joven, alto y patón, con mucho olor a Queso. La virgen el olor a Queso del joven olerá, luego decapitada será, un Queso le tirará, y con ello su sangre a vos os servirá.
- Así será.
El terror se expandió por toda la comarca, todos los viernes una joven virgen era secuestrada para ser ejecutada, a la vez que un hombre alto y patón era también seleccionado para cometer el sanguinario crimen. La virgen era obligada a oler los pies del patón, que luego la decapitaba y le tiraba un Queso.
Ravelia, luego de bañarse con la sangre de cada una de sus víctimas, tomaba su espada, olía los pies del joven asesino y lo decapitaba sin compasión.
- ¡Nooo! – dijo la hechicera – al asesino no debéis decapitar, ahora ya no serás joven aunque con la sangre te sigas bañando.
- Matadla – le dijo Ravelia a sus soldados en referencia a la hechicera – yo tengo el poder y lo ejerceré, porqué soy inmortal, y ya no tengo que rendir cuentas ante nada ni ante nadie...



La hechicera fue ejecutada. Pero ocurrió entonces que las hombres y mujeres del reino se rebelaron con la reina, cuando otra vez una virgen y un patón fueron seleccionados para un nuevo sacrificio.
La turba enfurecida asaltó el Palacio, Ravelia le dijo a sus soldados:
- Matenlos a todos.
Pero Carlos, Karl o Carolus, el más alto y patón de todos sus soldados, le dijo:
- Vuestro reinado de terror ha llegado a su fin.
Entonces se acercó a la reina, desenfundó su espada, y le cortó la cabeza. A continuación, le tiró un Queso.
- Queso.
El pueblo agradecido proclamó rey al joven soldado, pero este dijo:
- No acepto la corona. Mi origen ilegítimo no me lo permite. Seré senescal. Mayordomo del reino. Ahora me llaman Carlos Queson, pero me cambiaré el apellido, será Martel, Martell o Matellus, derrotaré a los árabes en Poitiers y mi nombre será recordado en la historia como el que salvó a la civilización occidental ante el avance del Islam.
Nadie entendió nada aquel día, pero algún tiempo después algunos lo recordarían. Pero esa es otra historia...


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