domingo, 8 de diciembre de 2013

La asesina de Martín Palermo



En la zona céntrica de la ciudad, un viernes en las primeras noches de la noche, cuando la fébril actividad daba lugar al fin de semana, Martín Palermo, un joven alto y rubio, estaba saliendo de su oficina, ubicada en un edificio. Casi no quedaban otras personas en el lugar. Martín estaba cerrando la puerta del departamento, cuando se sorprendió al escuchar el ascensor.
La sorpresa fue mayor, cuando el ascensor se detuvo en el piso, y de la misma descendió una mujer. Era muy bella, de unos veintitantos años, bastante alta, muy bien vestida con un saco, blusa, pollera y zapatos todo de color rojo. Lo que no era de color rojo, sino negro, era el par de guantes que llevaba en sus manos. También negra era la cartera que sostenía con esos guantes.


Martín creyó reconocer a la chica que dijo:
-         Buenas noches, Martín.
-         ¡Carla! ¿Qué haces aca? – preguntó sorprendido el muchacho, que reconoció a la chica.
-         Quiero hablar con vos, lo podemos hacer por las buenas o por las malas – la mujer terminó de pronunciar esta frase cuando abrió la cartera y sacó de la misma un revolver. Era una pistola calibre cuarenta y cinco con silenciador. Para ser más exactos, un modelo USP. La chica apuntó hacia Martín.
-         ¿Qué significa esto? – preguntó Martín, visiblemente aterrorizado al ver que la mujer le apuntaba con una pistola.
-         Te voy a asesinar – fue la fría respuesta de la asesina – Hubiera preferido hacerlo dentro del departamento pero no me queda otra alternativa que hacerlo en este pasillo.


El muchacho recibió la respuesta con gran terror y su rostro reflejaba el pánico del momento. La asesina levantó el revolver, apuntó hacia donde estaba Palermo, y disparó el gatillo en seis ocasiones. El joven cayó muerto, con balazos en la cabeza, el pecho y el estomago. La chica estaba más que satisfecha, y una morbosa sensación de placer la había invadido.
Carla, entonces, extrajó de su cartera un pequeño Queso de forma esférica, un Mini-Fymbo, con cáscara roja, y lo tiró sobre el cuerpo de Martín. Comenzó a abandonar el pasillo en forma silenciosa. De repente, se dio cuenta que faltaba un pequeño detalle para completar su tarea. La asesina regresó entonces adonde estaba el cadáver de Palermo. Se acercó hacia él, y le sacó los zapatos y las medias. Quería un recuerdo de su víctima. Cuando llegó a su departamento, la asesina colocó los zapatos y las medias en una vitrina con una inscripción que decía “Martín Palermo”.


 La Mujer Queso (o la Quesona), una asesina serial de hombres




VERSIÓN ALTERNATIVA

Un viernes terminaba, y la intensa actividad de la ciudad entraba en el fin de semana. 
En una de las decenas de edificios de oficinas ubicadas en el centro de la ciudad, un joven alto y rubio salía de la suya. Se trataba del contador Martín Palermo. No había sido un día fácil, Palermo tenía un maletín lleno de dinero, miles de dólares, quizás también euros, y no era precisamente un dinero ganado dentro de la ley, sino todo lo contrario.
No quedaban otras personas en el lugar. Martín tomó el maletín con el dinero, y salió de la oficina. Estaba cerrando la puerta del departamento, cuando se sorprendió al escuchar que el ascensor se paró en el piso.


Para su sorpresa, del ascensor se bajó una mujer muy bella, de unos veintitantos años, rubia, bastante alta, muy bien vestida con un saco, blusa, pollera y zapatos todo de color rojo. 
Lo que no era de color rojo, sino negro, era el par de guantes que llevaba en sus manos. También negra era la cartera que sostenía con esos guantes.
Martín conocía a la chica, con una mezcla de miedo y sorpresa, le dijo:
- ¡Valeria! ¿Qué haces aca? – preguntó sorprendido el muchacho.
La chica se fue acercando hacia el muchacho y cuando estaba frente a el, le dijo:
- Quiero hablar con vos, lo podemos hacer por las buenas o por las malas. Tenés algo que es mío. Me jugaste una mala pasada, Martín, vos lo sabés...
- Te puedo explicar todo, es una confusión...
- No hay ninguna confusión, Martín, ese dinero con el que te quedaste, es mío...
Valeria no terminaba de decir esto, cuando metió sus manos enguantadas en la cartera y sacó de la misma un largo y enorme cuchillo, esos cuchillos de caza al estilo Rambo.
- ¿Qué significa esto? – preguntó Martín, visiblemente aterrorizado al ver que la mujer tenía un cuchillo en sus manos. 
El joven empezó a retroceder pero se chocó contra la pared.
- Pudimos haber repartido el dinero. Pero te quisiste quedar con todo. Ahora todo será para mío. Te voy a asesinar – fue la fría respuesta de Valeria.


El muchacho recibió la respuesta con gran terror y su rostro reflejaba el pánico del momento. La asesina se acercó hacia él con el cuchillo en sus manos, Martín intentó defenderse pero nada pudo hacer ante la determinación criminal de Valeria.
Valeria le clavó el cuchillo en el estomago, luego le asestó otras puñaladas, dos, tres, ocho, diez, la asesina descargó su furia criminal una y otra vez.
Finalmente, cuando el cadáver de su víctima se hallaba tendido en el piso sobre la puerta, Valeria entonces extrajo de su cartera un Queso Mini-Fymbo, con cáscara roja, y lo tiró sobre el cuerpo de Martín.


La criminal se acercó hacia la mesa y tomó el maletín con el dinero. Era una buena suma, de varios miles de dólares. Pero la cosa no había acabado ahí. Valeria estaba más muy eufórica con el asesinato que había cometido, y una morbosa sensación de placer la había invadido.
La asesina regresó entonces adonde estaba el cadáver de Palermo. Valeria contempló unos momentos el cadáver ensangrentado de Palermo, producto de las cuchilladas, y dijo en voz alta:
- Martín Palermo.
Se acercó hacia él, y le sacó los zapatos. Quería un recuerdo de su víctima. 

Cuando llegó a su departamento, la asesina colocó los zapatos de su víctima en una vitrina con una inscripción que decía “Martín”. Eran zapatos grandes, talles cuarenta y cuatro...


3 comentarios:

  1. Bueno el cuento, ahora el autor ya mato a tevez y a palermo, cabe alguna duda que es gallina?

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  2. COMO LE GUSTABA GARCHAR GAYINAS A MARTIN JAJAJAJAJAJAJJAJA

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  3. el clava gallinas , si habra echo llorar a los de riber jaja

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