La Asesina de Andrés Nocioni



El basquetbolista Andrés Marcelo Nocioni se encontraba acostado en un sofa totalmente desnudo y con las manos atadas, esperando por Ravelia, una chica muy bella con la que iba a tener sexo aquella noche.
-         Chapu, te aseguro que vamos a pasar una noche inolvidable – le dijo Ravelia a Andrés.
-         Bueno, pero quizás sea hora de que vengas... te estoy esperando.
-         No seas tan impaciente, Chapu...
-         ¿Por qué tengo las manos atadas?
-         Es parte del juego.
Mientras decía esto, Ravelia servía champagne en unas copas. La chica le preguntó al basquetbolista:
-         ¿Puedo oler tus pies? ¡Son tan grandes!
-         Y tengo pies muy grandes, imagínate mido más de dos metros, dale, aca los tenes, olelos si querés...


El basquetbolista extendió sus largas piernas hacia la chica, cuya nariz quedó encima de los pies de Andrés, cubiertos por medias muy gruesas.
-         Dale Ravelia – dijo entonces Andrés – primero ole mis medias, después sácamelas y después, ole mis pies.
-         Con gusto lo haré, Andrés.
Ravelia puso su nariz sobre las medias de Nocioni. La chica no olió nadie especial, al menos no tenían olor a Queso, más bien parecían oler a perfume francés. La chica no dijo nada, prefirió seguir el juego del basquetbolista, y le sacó las medias, le olió entonces los pies. Grande fue su desilusión...



-         ¡Pero no tienen olor a Queso!
-         Mis pies están bien limpitos, bien perfumados, ja, ja...
-         Siempre me imagine que los pies de un basquetbolista huelen a Queso...
-         No, los míos. Vas a tener que buscar a Carlos Delfino, el sí es un Queson, Carlitos sí tiene olor a Queso, yo soy basquetbolista, ja, ja, no soy Queson, aunque tenga los pies grandes. Ja, ja. Siento desilusionarte...
-         Por lo menos dejame hacerte cosquillas...
-         ¿Forma parte de la diversión? Ja, ja, ja – se río Nocioni.
La chica empezó a hacerle cosquillas al basquetbolista, siempre con las manos atadas, que no paraba de reírse, finalmente la chica le dijo:
-         Toma, bebe un poco de champagne.
-         Tengo las manos atadas.



La chica le acercó entonces una copa a la boca y el basquetbolista bebió el champagne, Ravelia se le acercó entonces y le dijo:
-         ¿Querés Queso?
-         Dame Queso.
Ravelia le dio de comer unos cubos de Queso acercándoselos a la boca. Le dijo entonces:
-         Bueno, Andrés, vos no serás un Queson, pero yo sí soy una Quesona. Una Quesona Asesina.
-         ¿Quesona Asesina? ¿Qué significa eso? ¿Querés que huela tus pies, nena?
-         Por supuesto. Vos calzas 51, pero yo calzo 42, que para una mujer es un pie muy grande.
Ravelia entonces le puso sus pies encima a Andrés que los olió una y otra vez. Los pies de la chica, de la Quesona, no tenían olor a Queso. Olían a perfume francés.
-         Tenés olor a perfume francés – le dijo Andrés – pero que rico y agradable. Dejame comerte los pies.

-         Dale, juga, hace lo que quieras – le dijo la chica – pero come más Queso primero.



Otra vez Ravelia le acercó unos cubos de Queso a Andrés, que se los tragó de a poco. Una vez que comió el Queso, y por un buen rato el basquetbolista “jugó” con los pies de la chica. Cuando terminaron, Ravelia se paró y Andrés se quedó sentado. El basquetbolista parecía como extasiado tras “jugar” con los pies de la chica. Y entonces ahí la Quesona se puso encima de el y la penetró con furia y salvajismo, para goce de los dos, la satisfacción fue sublime. Al terminar, la Quesona entonces se puso detrás de Andrés, y sin que el se diera cuenta, tomó su enorme (gigantesca) media derecha.
En un movimiento muy rápido, Ravelia le envolvió la cabeza a Andrés con la media derecha, asfixiando así al basquetbolista, que  intentó reaccionar gritando:
-         ¿Qué haces, loca?
Pero Ravelia en otro movimiento muy rápido, tomó la media izquierda, la puso sobre el cuello de Nocioni y comenzó a estrangularlo. Atado con las manos, el basquetbolista no pudo defenderse al ser asfixiado y estrangulado a la vez por la chica. Ravelia, dueña de una notable fuerza, pudo finalizar su macabra tarea, y solo con sus manos, asesinó al basquetbolista, que medía más de dos metros y calzaba un cincuenta y uno.



El cadaver de Andrés Nocioni quedó tendido en el piso, con las manos atadas, la cabeza envuelta con la media derecha y la media izquierda atada alrededor del cuello. La asesina tomó los cubos de Queso que quedaban y los tiró sobre el cadáver.
-         Andrés Marcelo Nocioni. #Queso – pronunció entonces en voz alta el nombre completo de su víctima.
La asesina se fue del lugar pero antes tomó como trofeo las enormes zapatillas de su víctima y las guardó en una vitrina con la inscripción “Andrés Marcelo Nocioni”.
Allí se podían ver una gran cantidad de pares de zapatos o zapatillas, eran de cada uno de los hombres asesinados por la cruel, temible, sanguinaria e implacable “Quesona Asesina”.


la imagen clásica de "La Asesina de Andrés Nocioni"


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