El asesino de Agustina Kampfer


Cuenta la leyenda que cuando se decidio que Agustina Kampfer debía ser asesinada por un Queson, la secta de los Quesones (los Carlos asesinos), conformada por los mayores asesinos de mujeres de toda la historia fueron convocados a una reunión secreta. Por supuesto que la cena de la reunión consistía en una abundante y variada mesa de Quesos.
Carlos Delfino, el basquetbolista asesino, comenzó hablando:
-         Como Queson, he asesinado ya a muchas mujeres famosas, como Valeria Mazza o Zaira Nara, cedo por lo tanto el honor a otro de mis amigos Quesones, para que sea el asesino de Agustina Kampfer.
A continuación habló Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el rugbier asesino:
-         No puedo ser menos que mi colega y tocayo, Carlos Delfino. He asesinado a Soledad Solaro, a Viviana Canosa, a muchas mujeres famosas, que otro Queson sea el asesino de Agustina Kampfer.
El tercero en hablar fue Carlos Fabián Melia, el Queso Gay, que dijo:
-         Asesinaría con gusto a Agustina Kampfer. Merece que uno de nosotros la asesiné con frialdad y le tiré un Queso. Pero ya conocen que mi estilo es muy directo y rapido, me gusta matar a las minas con revolver y silenciador, y Kampfer merece una muerte con cuchillo. Por eso no voy a ser el asesino de Agustina Kampfer.
Luego de Melia, quien habló fue Carlos Elder:
-         Algo parecido me ocurre a mí. De asesinar a Agustina Kampfer, lo haría estrangulándola, y creo que merece que le corten la cabeza.
Mientras escuchaban las palabras de sus amigos Quesones, tanto Carlos Izquierdoz como Carlos Luna se ilusionaban con ser elegidos tanto uno como el otro como el asesino de Agustina Kampfer.
Lo mismo Carlos Tevez, que se imaginaba asesinando a Agustina Kampfer con una ametralladora USI con silenciador. Se imaginaba acribillándola a balazos.



Carlos Matías Sandes, el basquetbolista de Boca Juniors que se había hecho famoso por asesinar a Wanda Nara tomó entonces la palabra:
-         Todos nosotros hemos asesinado a muchas mujeres. Quien menos asesinatos tiene, cuenta en su haber con treinta o cuarenta minas amasijadas. Entre todos sumamos más de mil mujeres asesinadas. Seguramente en esas mil, hay muchas víctimas inocentes, pero todos sabemos que si hay una mujer que merece ser quesoneada una y otra vez, esa es Agustina Kampfer. Como Queson, propongo que el honor de cometer este asesinato recaiga sobre nuestro gran tocayo, colega y amigo, Carlos Bossio, el más grande de todos los Quesones.
Carlos Bossio, el famoso “Chiquito”, se emocionó al escuchar las palabras de Carlos Matías Sandes. Efectivamente estaba considerado el número uno de todos los Quesones, con más de trescientas mujeres asesinadas.
Carlos Alberto Reich, a quien todos conocían como “Charlie” dijo entonces:
-         Apoyo la moción de Carlos Matías Sandes, que Carlos Bossio sea el asesino de Agustina Kampfer.
Todos los Quesones aplaudieron y apoyaron la moción. A Tevez, Izquierdoz y Luna, les dio un poco de bronca perder la chance de asesinar a Agustina Kampfer, pero igual aplaudieron con entusiasmo. Cuando finalizaron los aplausos, Carlos Kramer dijo:
-         Carlos Bossio es el asesino de Agustina Kampfer.
“Chiquito” se paro entonces y dijo:
-         Muchas gracias queridos amigos Quesones. Como Queson no hay honor más grande que otros Quesones elijan quien debe cometer un asesinato.
Carlos Ignacio Fernández Lobbe tomó un enorme Queso Gruyere y se lo dio a Carlos Bossio, le dijo:
-         Para que se lo tires a Agustina Kampfer.
Carlos Delfino agarró un gigantesco cuchillo y se lo dio a Carlos Bossio, diciendo:
-         Para que con este cuchillo asesines a Agustina Kampfer.



Con la mano derecha Carlos Bossio tomó el cuchillo y con la izquierda, el Queso, y entonces volvió a tomar la palabra:
-         Mañana por la mañana saldré a Las Pleyades para asesinar a esa perra.
Todos los Quesones aplaudieron. Carlos Tevez, de todas formas, mastico bronca y dijo:
-         Hubieramos ido a sorteo. Seguro lo ganaba yo. Y hubiera asesinado a Agustina Kampfer con una ametralladora con silenciador. Hubiera sido como un fusilamiento.



Tras llegar al lujoso hotel de Las Pleyades, Carlos Bossio durmió una buena siesta aquella tarde. Cuando despertó se vistió totalmente de negro, se puso guantes de ese color en las manos, y con las mismas tomó un cuchillo muy largo y gigantesco. Un cuchillo de un enorme tamaño. Se acomodó el cuchillo en la cintura y entonces agarró un Queso Gruyere, también enorme, que sobresalía por su gran tamaño y por los agujeros voluminosos.
Se acercó a la habitación de Agustina Kampfer y entró en ella, en forma silenciosa, ubicándose detrás de la puerta. La chica no tardó en venir y cuando lo hizo, abrió la puerta, en forma rápida y sorpresiva, sin darle tiempo a nada, Carlos la tomó por detrás y la durmió con un cloroformo que le puso sobre la nariz y la boca. Mientras Agustina Kampfer estaba dormida, la ató a una cama de pies y manos. 



Ahora se trataba de una misión, pero el divertirse con la víctima no estaba prohibido, también era parte de la tradición. Le fue quitando la ropa, tomando su tiempo, dejándola en lencería. Y la ató sobre la cama.
Podía asesinarla, estaba tan indefensa. Pero decidió esperar a que se despertara, disfrutar de su terror. Carlos Bossio es un Quesón que disfruta y goza cuando quesonea a una mina, sobre todo a “una perra” como Agustina Kampfer.
Esperó, entreteniéndose en rozar el cuerpo esbelto con el cuchillo, jugando a recorrerlo con el plano del cuchillo. Un cuchillo realmente gigantesco y filoso, Carlos estaba convencido que podía partir en dos a un rinoceronte con un cuchillo de semejante calaña.
Y entonces, Agustina despertó. Descubrió que estaba atada, en la lencería en que había sido fotografiada alguna vez. Intentó a escapar, pero no se pudo mover.
- Es inútil, soy un experto en eso. ¡Ja, ja! – río con crueldad el Quesón.
De repente, Kampfer vio que los pies gigantescos de Carlos Bossio, que calza cincuenta, se pusieron sobre su cara. Pies llenos de un olor a Queso intenso, asfixiante y apestante. Entonces, Agustina Kampfer olió, chupó, lamió y beso los pies de Carlos Bossio, los pies del Quesón.



- Buenas noches, Agustina Kampfer, soy Carlos Bossio, el asesino serial de mujeres conocido como el “Quesón” porque a todas mis víctimas les tiró un Queso. Ya llevó asesinadas más de quinientas mujeres. Vos serás mi próxima víctima. En la antigüedad, era tradición que las mujeres antes de ser asesinadas, olieran los pies de su asesino, pies llenos de olor a Queso. Luego el asesino las asesinaba y finalmente sobre su cadáver, le tiraba un Queso.
- No me toques, no. 
- No soy un violador, aunque podría divertirme un poco. Sólo voy a asesinarte, te va a doler mucho.
Bossio le hizo un corte en la muñeca derecha. Casi inofensivo, pero doloroso, lo suficiente para hacerla gritar. 
-  Ayyyyyyyyyyyyy – gritó de dolor Agustina Kampfer.
- Claro que podía evitarte el dolor, con ciertos estímulos. Pero tendrías que permitirlo.
Agustina Kampfer estaba aterrorizada, lleno de espanto y horror, no pudo hablar, sólo asentir.



Temblando, Agustina vio que Carlos Bossio acercaba su cuchillo. Lo puso sobre las tetas. Y le cortó el corpiño. Luego se divirtió con el terror de su víctima, rozando los pezones con el filo del cuchillo, que fue bajando por el cuerpo. Para cortar la bombacha. El asesino se vanaglorio con aquella lencería 
Bossio procedió con unos masajes, que la relajaron, aun estando el peligro. Luego la fue besando, en la boca, en las tetas. Le metió dedos en la vagina. Un momento después la estaba penetrando, metiendo su miembro viril en la vagina. Agustina sintió que la cama levitaba y se sacudía. Sentía placer. Pidió más y lo tuvo. 




Agustina se relajó, cerrando los ojos. Y entonces recibió un cuchillazo en la garganta.
- Basta de hablar.
El segundo fue al estomago, un tercero, en el abdomen, otro más en el estomago. 
- Ahora no vas a poder hacer topless.
Y un quinto cuchillazo fue a la teta izquierda.
- Porque vas a estar muerta. Asesinada. Quesoneada.
Hubo un cuchillazo más a la garganta. Fue mortal, pero Bossio siguió con los cuchillazos, se multiplicaron por diez o por veinte, con tajos y heridas en todo el cuerpo de Agustina Kampfer. 
Fueron problablemente ciento veinte, quizás ciento treinta cuchillazos.
El asesino, por fín, se cansó de asestarle puñaladas a su víctima. Fue entonces cuando Carlos Bossio dejó el cuchillo, y tomó el Queso, un gigantesco y enorme Queso. Arrojó el Queso sobre el cadáver de Agustina Kampfer, que yacía totalmente ensangrentado. 



Cuando finalizó dijo en voz alta:
- Queso.
Carlos Bossio miró el cuerpo. La sangre se esparcía por toda la habitación. Kampfer quedó con los ojos abiertos, había muerto contemplando a su asesino. A Carlos Bossio.
- No lo había notado, la sangre es del color de su pelo, je, je.
Carlos Bossio abandonó entonces la habitación. En su larga y sanguinaria carrera criminal tenía más de quinientas mujeres asesinadas en su haber, cada uno con su Queso, por eso era el “Queson”, pero aquel día sintió que había cometido su mejor crimen.
- Uy, debí decirle eso. Víctima número 500. Todo un honor para una víctima, ja, ja, ahora debo pensar quien será la quinientos uno.


Agradecemos el brillante aporte de "El Fauno"

Comentarios

  1. la verdad que Kampfer merece la visita de Chiquito Bossio

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  2. Se acercó a la habitación de Agustina Kampfer y entró en ella. La chica no tardó en venir y cuando lo hizo, Carlos la tomó por detrás y la durmió con un cloroformo que le puso sobre la nariz y la boca. Mientras Agustina Kampfer estaba dormida, la ató a una cama de pies y manos.
    Ahora se trataba de una misión, pero el divertirse con la víctima no estaba prohibido, también era parte de la tradición. Le fue quitando la ropa, tomando su tiempo, dejándola en lencería. Y la ató sobre la cama.
    Podía matarla, estaba tan indefensa. Pero decidió esperar a que se despertara, disfrutar de su terror.
    Esperó, entreteniéndose en rozar el cuerpo esbelto con el cuchillo, jugando a recorrerlo con el plano del cuchillo.
    Y entonces, Agustina despertó. Descubrió que estaba atada, en la lencería en que había sido fotografiada alguna vez. Intentó a escapar.
    -Es inútil, soy un experto en eso.

    De repente, vio que los pies gigantescos de Carlos Bossio, que calza cincuenta, se pusieron sobre su cara. Pies llenos de un olor a Queso intenso y apestante. Entonces, Agustina Kampfer olió los pies de Carlos Bossio.

    - Buenas noches, Agustina Kampfer, soy Carlos Bossio, el asesino serial de mujeres conocido como el “Queson” porque a todas mis víctimas les tiró un Queso. Ya llevó asesinadas más de trescientas mujeres. Vos serás mi próxima víctima. En la antigüedad, era tradición que las mujeres antes de ser asesinadas, olieran los pies de su asesino, pies llenos de olor a Queso. Luego el asesino las asesinaba y finalmente sobre su cadáver, le tiraba un Queso.
    -No me toque, no.
    -No soy un violador, aunque podría divertirme un poco. Sólo voy a asesinarte, te va a doler mucho.
    Bossio le hizo un corte en la muñeca derecha. Casi inofensivo, pero doloroso, lo suficiente para hacerla gritar.
    -Claro que podía evitarte el dolor, con ciertos estímulos. Pero tendrías que permitirlo.
    Agustina Kampfer estaba aterrorizada, no pudo hablar, sólo asentir.
    Temblando, Agustina vio que Bossio acercaba su cuchillo. Lo puso sobre las tetas. Y le cortó el corpiño. Luego se divirtió con el terror de su víctima, rozando los pezones con el filo del cuchillo, que fue bajando por el cuerpo. Para cortar la bombacha.
    Agustina estaba completamente desnuda, atada a la cama. Bossio procedió con unos masajes, que la relajaron, aun estando el peligro. Luego la fue besando, en la boca, en las tetas. Le metió dedos en la vagina. Un momento después la estaba penetrando, metiendo su miembro viril en la vagina. Agustina sintió que la cama levitaba y se sacudía. Sentía placer. Pidió más y lo tuvo.
    Agustina se relajó, cerrando los ojos. Y entonces recibió un cuchillazo en la garganta.
    -Basta de hablar.
    El segundo fue al estomago, un tercero, en el abdomen, otro más en el estomago.
    -Ahora no vas a poder hacer topless.
    Y un quinto cuchillazo fue a la teta izquierda.
    -Porque vas a estar muerta.
    Hubo un cuchillazo más a la garganta. Fue mortal, pero Bossio siguió con los cuchillazos, se multiplicaron por diez o por veinte, con tajos y heridas en todo el cuerpo de Agustina Kampfer.

    El asesino, por fín, se cansó de asestarle puñaladas a su víctima. Fue entonces cuando Carlos Bossio dejó el cuchillo, y tomó el Queso. Arrojó el Queso sobre el cadáver de Agustina Kampfer, que yacía totalmente ensangrentado.

    Cuando finalizó dijo en voz alta:
    -Queso.
    Bossio miró el cuerpo.
    -No lo había notado, la sangre es del color de su pelo.
    Carlos Bossio abandonó entonces la habitación. En su larga y sanguinaria carrera criminal tenía más de trescientas mujeres asesinadas en su haber, cada uno con su Queso, por eso era el “Queson”, pero aquel día sintió que había cometido su mejor crimen.
    -Uy, debí decirle eso. Víctima número 300. Todo un honor para una víctima.

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  3. Un detalle para revisar es que parece que Bossio la ató dos veces, habría que eliminar eso, antes de que la desnudara por diversión.
    Salvo eso, quedó muy bien. Se potenció el morbo que tenía el relato.

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  4. excelente esta versión, observe que a Kampfer le llaman "perra"

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