sábado, 18 de abril de 2015

El asesino de Agustina Kampfer


Cuenta la leyenda que cuando se decidio que Agustina Kampfer debía ser asesinada por un Queson, la secta de los Quesones (los Carlos asesinos), conformada por los mayores asesinos de mujeres de toda la historia fueron convocados a una reunión secreta. Por supuesto que la cena de la reunión consistía en una abundante y variada mesa de Quesos.

Carlos Delfino, el basquetbolista asesino, comenzó hablando:

-         Como Queson, he asesinado ya a muchas mujeres famosas, como Valeria Mazza o Zaira Nara, cedo por lo tanto el honor a otro de mis amigos Quesones, para que sea el asesino de Agustina Kampfer.

A continuación habló Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el rugbier asesino:

-         No puedo ser menos que mi colega y tocayo, Carlos Delfino. He asesinado a Soledad Solaro, a Viviana Canosa, a muchas mujeres famosas, que otro Queson sea el asesino de Agustina Kampfer.

El tercero en hablar fue Carlos Fabián Melia, el Queso Gay, que dijo:

-         Asesinaría con gusto a Agustina Kampfer. Merece que uno de nosotros la asesiné con frialdad y le tiré un Queso. Pero ya conocen que mi estilo es muy directo y rapido, me gusta matar a las minas con revolver y silenciador, y Kampfer merece una muerte con cuchillo. Por eso no voy a ser el asesino de Agustina Kampfer.

Luego de Melia, quien habló fue Carlos Elder:

-         Algo parecido me ocurre a mí. De asesinar a Agustina Kampfer, lo haría estrangulándola, y creo que merece que le corten la cabeza.

Mientras escuchaban las palabras de sus amigos Quesones, tanto Carlos Izquierdoz como Carlos Luna se ilusionaban con ser elegidos tanto uno como el otro como el asesino de Agustina Kampfer.

Lo mismo Carlos Tevez, que se imaginaba asesinando a Agustina Kampfer con una ametralladora USI con silenciador. Se imaginaba acribillándola a balazos.



Carlos Matías Sandes, el basquetbolista de Boca Juniors que se había hecho famoso por asesinar a Wanda Nara tomó entonces la palabra:

-         Todos nosotros hemos asesinado a muchas mujeres. Quien menos asesinatos tiene, cuenta en su haber con treinta o cuarenta minas amasijadas. Entre todos sumamos más de mil mujeres asesinadas. Seguramente en esas mil, hay muchas víctimas inocentes, pero todos sabemos que si hay una mujer que merece ser quesoneada una y otra vez, esa es Agustina Kampfer. Como Queson, propongo que el honor de cometer este asesinato recaiga sobre nuestro gran tocayo, colega y amigo, Carlos Bossio, el más grande de todos los Quesones.

Carlos Bossio, el famoso “Chiquito”, se emocionó al escuchar las palabras de Carlos Matías Sandes. Efectivamente estaba considerado el número uno de todos los Quesones, con más de trescientas mujeres asesinadas.

Carlos Alberto Reich, a quien todos conocían como “Charlie” dijo entonces:

-         Apoyo la moción de Carlos Matías Sandes, que Carlos Bossio sea el asesino de Agustina Kampfer.

Todos los Quesones aplaudieron y apoyaron la moción. A Tevez, Izquierdoz y Luna, les dio un poco de bronca perder la chance de asesinar a Agustina Kampfer, pero igual aplaudieron con entusiasmo. Cuando finalizaron los aplausos, Carlos Kramer dijo:

-         Carlos Bossio es el asesino de Agustina Kampfer.

“Chiquito” se paro entonces y dijo:

-         Muchas gracias queridos amigos Quesones. Como Queson no hay honor más grande que otros Quesones elijan quien debe cometer un asesinato.

Carlos Ignacio Fernández Lobbe tomó un enorme Queso Gruyere y se lo dio a Carlos Bossio, le dijo:

-         Para que se lo tires a Agustina Kampfer.

Carlos Delfino agarró un gigantesco cuchillo y se lo dio a Carlos Bossio, diciendo:

-         Para que con este cuchillo asesines a Agustina Kampfer.


Con la mano derecha Carlos Bossio tomó el cuchillo y con la izquierda, el Queso, y entonces volvió a tomar la palabra:

-         Mañana por la mañana saldré a Las Pleyades para asesinar a esa perra.

Todos los Quesones aplaudieron. Carlos Tevez, de todas formas, mastico bronca y dijo:

-         Hubieramos ido a sorteo. Seguro lo ganaba yo. Y hubiera asesinado a Agustina Kampfer con una ametralladora con silenciador. Hubiera sido como un fusilamiento.

Tras llegar al lujoso hotel de Las Pleyades, Carlos Bossio durmió una buena siesta aquella tarde. Cuando despertó se vistió totalmente de negro, se puso guantes de ese color en las manos, y con las mismas tomó un cuchillo muy largo y gigantesco. Un cuchillo de un enorme tamaño. Se acomodó el cuchillo en la cintura y entonces agarró un Queso Gruyere, también enorme, que sobresalía por su gran tamaño y por los agujeros voluminosos.

Se acercó a la habitación de Agustina Kampfer y entró en ella. La chica no tardó en venir y cuando lo hizo, Carlos la tomó por detrás y la durmió con un cloroformo que le puso sobre la nariz y la boca. Mientras Agustina Kampfer  estaba dormida, la ató a una cama de pies y manos.



Agustina Kampfer no tardó en despertarse. Intentó moverse, pero nada pudo hacer. De repente, vio que los pies gigantescos de Carlos Bossio, que calza cincuenta, se pusieron sobre su cara. Pies llenos de un olor a Queso intenso y apestante. Entonces, Agustina Kampfer olió los pies de Carlos Bossio.

-         Buenas noches, Agustina Kampfer, soy Carlos Bossio, el asesino serial de mujeres conocido como el “Queson” porque a todas mis víctimas les tiró un Queso. Ya llevó asesinadas más de trescientas mujeres. Vos serás mi próxima víctima. En la antigüedad, era tradición que las mujeres antes de ser asesinadas, olieran los pies de su asesino, pies llenos de olor a Queso. Luego el asesino las asesinaba y finalmente sobre su cadáver, le tiraba un Queso.

Ante el gesto aterrorizado de Agustina Kampfer, que estaba totalmente paralizada por el miedo y el terror, Carlos Bossio levantó en alto el enorme y gigantesco cuchillo, y lo descargó sobre el cuerpo de la chica.



La primera puñalada la asestó directamente en el pecho, atravesándole el corazón. La segunda, en el estomago, clavándole el cuchillo hasta el mango. La tercera, otra puñalada en el estomago, con un profundo tajo de lado a lado. La cuarta, una profunda herida en la garganta y la quinta, otro feroz cuchillazo en el abdomen.

Carlos pudo haberse detenido así y hubiera sido suficiente. Esos cinco cuchillazos bastaban para asesinar a Agustina Kampfer. Pero el asesino no se detuvo allí, sino que siguió descargando su furia criminal, una y otra vez.

Y las cinco puñaladas se multiplicaron por diez o por veinte, con tajos y heridas en todo el cuerpo de Agustina Kampfer.

El asesino, por fín, se cansó de asestarle puñaladas a su víctima. Fue entonces cuando Carlos Bossio dejó el cuchillo, y tomó el Queso. Arrojó el Queso sobre el cadáver de Agustina Kampfer, que yacía totalmente ensangrentado.

Cuando finalizó dijo en voz alta:

-         Queso.

Carlos Bossio abandonó entonces la habitación. En su larga y sanguinaria carrera criminal tenía más de trescientas mujeres asesinadas en su haber, cada uno con su Queso, por eso era el “Queson”, pero aquel día sintió que había cometido su mejor crimen.

2 comentarios:

  1. la verdad que Kampfer merece la visita de Chiquito Bossio

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