domingo, 8 de diciembre de 2013

El asesino de Soledad Solaro



Mediados de 2004, Soledad Solaro estaba en amoríos con el rugbier Gonzalo Quesada. Precisamente, aquella noche iba a salir con su novio. La modelo abandonó su departamento y abajo, la estaba esperando un auto para llevarla a la cita. Un hombre muy alto y patón, con aspecto de rugbier, la estaba esperando. Soledad le vio cara conocida, estaba segura que ya lo había visto en otras ocasiones.
-         Buenas noches, señora Soledad Solaro – le dijo el chofer.
-         Buenas noches, ¿No nos conocemos ya?
-         No, es la primera vez que hago un servicio para usted. Jamás vine a este departamento.
-         Muy bien, se debe parecer a alguien, entonces. ¿Su nombre’
-         Carlos – fue la respuesta – aunque puede llamarme Carlitos.
-         Bueno, tanta confianza no, Carlos, ¿Sabe a donde vamos, verdad?
-         Por supuesto, a la Lancaster York Residence.
-         Perfecto.
-         ¿Apetece algún caramelo? – el chofer le ofreció un caramelo a Soledad – son de bajas calorías.
-         Bueno, gracias – la modelo tomó el caramelo e ingresó al auto.


El chofer tomó el volante y comenzó a manejar. Mientras el auto arrancaba, la modelo comenzó a sentirse muy mal. Creía desvanecerse, finalmente, se quedó profundamente dormida.
-         Muy bien – dijo el chofer al ver que Solaro dormía – ya está el objetivo cumplido.
Cuando Soledad Solaro despertó se encontraba acostada en una cama, atada de pies y manos. No podía moverse. Era una habitación oscura. Comenzó a jalear para ver si podía escapar, pero nada pudo hacer. De repente, frenta a ella, estaba el chofer, que le dijo:
-         Buenas noches, que facil fue traerte hasta aca Soledad. Ahora sí te diré quien soy, soy Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el rugbier asesino, me gusta asesinar chicas como vos, que sean esposas o novias de rugbiers. Soy un Queson, a cada mujer que asesinó, le tiró un Queso.


La modelo se aterrorizó al escuchar las palabras del asesino. Fernández Lobbe, el Queson, no estaba vestido de rugbier, aunque tenía un casco en la cabeza, lucía la casaca de Boca Juniors, la azul y oro, y con unos guantes negros sostenía un enorme cuchillo.
-         Te dije que me llamaba Carlos para despistarte. Es verdad que me llamo Carlos, pero en el mundo del rugby todos me conocen más por mi segundo nombre, Ignacio, aunque nadie me dice ni “Carlos” ni “Ignacio” sino Nacho.
Junto a Fernández Lobbe había una gigantesca horma de Queso Gruyere. Era la horma más grande que podamos imaginar. El rugbier colocó su enorme pie derecho sobre la cara de Solaro y le dijo:
-         Empeza a olerme los pies. Disfruta de mi olor a Queso. Vamos, oleme, chupeme y besame los pies.
El olor a Queso del rugbier era por demás fuerte e intenso, apestante. La mujer no podía soportarlo, creía que se moría. Fernández Lobbe, el Queson, retiró su pie derecho, y luego le puso el izquierdo. Otra vez el olor a Queso era insoportable.
-         Podría asesinarte si quisiera, pero mejor esta noche voy a violarte. Mañana te asesinaré. Ya te dije que soy un Queson.


Entonces el rugbier la violó. La modelo quedo aterrorizada y si pudo dormir a la noche fue por el somnífero que le inyectó Fernández Lobbe. Al día siguiente, Nacho volvió a jugar con los pies, le tiró el Queso, y nuevamente la violó. Ese día era miércoles. El jueves el Queson hizo exactamente lo mismo. Podría haberla asesinado cualquiera de esos días, pero prefirió jugar sexualmente con su prisonera.
El viernes, otra vez, Carlos Ignacio le puso los pies encima a la cara a Solaro, y cuchillo en mano, le dijo:
-         Hoy sí serás asesinada. Pensaba asesinarte el miércoles, pero disfrute tanto teniendo sexo con vos que te di dos días más de vida.
Tras estas palabras, Nacho se tiró sobre Soledad cuchillo en mano, y la apuñaló salvajemente. Le dio como setenta u ochenta puñaladas. Tras cometer el crimen, el Queson tomó el Queso, lo tiró sobre su víctima, y dijo en voz alta:
-         Queso.
Horas después el cadáver con el Queso apareció en un descampado para conmoción de los medios de comunicación, que le dieron una amplia cobertura al asunto. Era la horma de Queso más grande que podamos imaginar. 
La policía, como siempre, investigó poco y mal, lo que garantizó la impunidad total de Carlos Ignacio Fernández Lobbe. Dada su gran condición de jugador de rugby, no tardó en ser transferido a las grandes ligas profesionales de Inglaterra y Francia. Los crímenes continuaron como una mancha de aceite que se extiende sin poder detenerse, solo que se trataba de una mancha de sangre cada vez más grande. Pero esa es otra historia...


3 comentarios:

  1. Buena idea esto de que un rugbier asesine a una modelo

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  2. que caro que pago Soledad Solaro haber sido la novia de Gonzalo Quesada

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  3. Faltó detallar la violación

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