El asesino de Julieta Prandi




El entrenamiento de básquet había terminado y los jugadores comenzaron a retirarse del lugar, cuando Carlos Delfino le dijo a Emanuel Ginóbili:
  - Tengo que confesarte algo muy serio e importante, Manu. Soy un asesino serial de mujeres, soy un “Queson”. Me gusta degollar chicas con un cuchillo y a veces les cortó las cabeza con una espada samurai. Siempre les tiró un Queso.  Yo maté a Valeria Mazza y a muchas chicas más, tantas que ya ni me acuerdo.
Ginóbili se dio vuelta y le dijo a Carlos:
-         ¿Qué Carlitos? ¡No te escuche!
Manu llevaba puestos unos aurículares en sus oídos y estaba escuchando un MP3. Nada había escuchado de lo que había dicho Carlos.
-         Nada, Manu – contestó Carlos con cierto alivio al saber que Ginóbili no había escuchado nada - Te comente que los Lakers quieren formar un equipo para arrasar con todo en la próxima temporada.




La impunidad seguía rodeando a Carlos Delfino. Al llegar al hotel los dos basquetbolistas vieron pasar a una joven rubia, muy bella y atractiva.
-         ¿Quién es? – le preguntó Carlos al conserje del hotel.
-         ¡Como! ¿No la conoce? Julieta Prandi, trabajaba con Francella. Muy linda la nena.
-         Ah, en esa epoca estaba tan ocupado con el básquet que no la conocía. ¿Se aloja en el hotel?
-         No, está en las cabañas que están en las afueras.
Carlos Delfino fue a su habitación, estaba solo, y sacó de una valija la gran espada samurai con la que semana antes había asesinado a Valeria Mazza. Mientras tocaba la espada samurai, Carlos decidió que Julieta Prandi sería su próxima víctima.
-         Esta noche la asesinaré. Le tiraré un Queso.
Pasaron algunas horas, y después de cenar, Carlos se vistió con la indumentaria que había usado para asesinar a Valeria Mazza y salió de su habitación con la espada samurai y un gran Queso Gruyere, esos de grandes y voluminosos agujeros. Se diriigó entonces a las cabañas que estaban en las afueras.
No era tan tarde, pero Julieta Prandi tenía decidido estar bien descansada para el día siguiente, tras varias noches ajetreadas, apagó todas las luces y se acostó a dormir. Pasaron unos pocos minutos, cuando escuchó el timbre. La chica se levantó de la cama y se dirigió a la puerta de la cabaña.
-         ¿Quién es? – preguntó.




Nadie contestó. Dejó pasar algunos segundos, cuando Julieta se asomó por la ventana para ver si había alguien. No vio nada.
Un poco asustada ante la situación, regresó a la habitación Se volvió a acostar. Apenas pasaron otros pocos minutos, cuando nuevamente el timbre volvió a sonar. Otra vez Julieta se levantó de la cama, más atemorizada que antes, y comenzó a dirigirse hacia la puerta.
Entonces prendió la luz de la sala, y para su sorpresa, en la mesa, había un enorme y gigantesco Queso Gruyere. La horma sobresalía por su gran tamaño y los agujeros bien voluminosos que tenía el Queso.
-         ¿Qué hace este Queso aca? – pensó Julieta Prandi, en un evidente estado de pánico, a la vez que tomó la carta que estaba junto al Queso.
Comenzó a abrirla, sin darse cuenta que detrás de ella, un hombre muy alto, vestido totalmente de negro, se acercaba hacia ella con una espada samurai. Era Carlos Delfino, el basquetbolista asesino.



De repente, Julieta Prandi sintió que sobre su boca y nariz alguien puso en algodón y se quedó dormida. Al despertar, tenía un enorme pie sobre su rostro, un pie gigante, talle cincuenta, un pie con un olor a Queso apestante, intenso y asfixiante. No era un pie cualquiera, era el pie derecho de Carlos Delfino.
Prandi quedo ahí arrodillada, mientras el basquetbolista la sometía a sus pies. Se encontraba como drogada o narcotizada, no entendía nada, pero empezó a oler, chupar, lamer y besar los pies del basquetbolista. Primero el pie derecho, después el izquierdo.
El basquetbolista, al terminar el juego de los pies:
-         A ver Julieta, ya que sos la nena de Francella, mostrame el culo.
Prandi le mostró el culo. El basquetbolista le empezó a darle patadas y con una pelota de básquet simuló tirarle triples y dobles. A Prandi le encanto, estaba plena de gozo y satisfacción. A continuación, le dijo a Carlos:
-         Dale, déjame chupar la pija.
Llegó el momento de la fellatio y luego la penetración vaginal. Prandi ya estaba más que drogada, parecía perdida, rendida ante los Quesos y el sexo que le ofreció el gran Carlos Delfino. El asesino le tiró el Queso, Prandi quedó en el piso, resignada, esperando su suerte.



Prandi sintió un gran frío de metal sobre su cuello. Era la espada samurai, o la katana. A continuación, Carlos levantó la espada samurai y descargó su golpe sobre la chica. La actriz no pudo oponer resistencia alguna, y ni siquiera vio a su atacante, la espada cayó sobre su cuello y le cortó la cabeza. Así de simple. Así fue como Carlos Delfino asesinó a Julieta Prandi.





El asesino tomó el Queso que había llevado, lo tiró sobre el cadáver decapitado de Julieta Prandi, y dijo en voz alta:
-         Queso.
A continuación se fue del lugar, triunfante ante el crimen que había cometido. Una chica más se había incorporado a su larga lista de víctimas, tantas que ya no sabía si las decenas acumulaban una centena.



Comentarios

  1. ¿A todas estas minas mató Carlitos Delfino? Las mato a todas

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  2. yo tambien le tiro un Queso a Julieta Prandi

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  3. mas claro no pudo quedar.. me hiciste entrar en la mente del criminal... y entender lo.... ohh.. alli va mia khalifa 7u7 pasen me el queso que esta es mia.. 7u7 :v

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  4. Con Julieta y Zaira no loco, son las únicas famosas que me gustan. ;-;
    Que historia graciosa. ��

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  5. Otro relato más que podría ser reformada. Que Julieta Prandi se entere de que pasa, que suplique, que trata de resistirse.

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  6. La nena de Francella, eso sonó perverso. De lo que se tratan estos relatos. Y quedó mejor la descripción del metal sobre el cuello de la Julieta Prandi. Tiene algo de perverso que una modelo de aspecto frágil sea victimizada.

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  7. no cabe duda que Carlos Delfino es el Quesón preferido del autor del blog

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