La asesina de Rolando Martín


Una imagen antigua de "La Asesina de Rolando Martín" (1)

En aquel tiempo, la Quesona trabajaba en un multimedio relacionado con el rugby. Fue así como conoció a cientos de rugbiers, y lógicamente sintió el deseo de cometer un nuevo crimen, Rolando Martín, apodado el “Yanki” se convirtió en su próximo objetivo.
Era un Quesudo a todas letras, con sus 1,88 metros de altura, sus 103 kilos de peso y su calzado número 46. Su falta de cabello lo hacía todavía más Quesudo para Ravelia.
Ya había asesinado a un Rolando (Schiavi) y varios rugbiers (Quesada, Corleto, Ostiglia), o sea que no tenía razón alguna para perdonarle la vida a este "Yanki".


El rugbier era fácilmente seducible y una noche Ravelia logró que Rolando la invitara a su departamento. 
El Yanki imaginaba una buena cena, disfrutar después de una copas y de la música, y finalmente tener sexo con la Quesona. Muchas chicas desfilaban por su departamento. El sexo que tuvieron resultó ser contradictorio: a Rolando le dio mucho placer, pero a Ravelia por momentos le dio asco, rara vez sentía eso cuando tenía sexo, pero esa vez le ocurrió: le dio asco. Y se sintió aliviada cuando terminó el sexo.
- Ahora a comer, nena - dijo Rolando.
Sobre una mesa muy bien servida había una bandeja con un Queso Gruyere.
Rolando estaba sentado sobre la mesa y le daba la espalda a la chica.


Una imagen antigua de "La Asesina de Rolando Martín" (2)

La Quesona se dio cuenta que era el momento para asesinarlo y entonces se puso los guantes negros y al pasar por la cocina y detuvo su vista en un enorme, largo y filoso cuchillo que estaba sobre la mesa. 
La Quesona lo tomó, y dio media vuelta, dirigiéndose hacia donde estaba Rolando. Dijo entonces:
-         Rolando, aca tengo el cuchillo para cortar el Queso.
El joven, estaba despreocupado cuando La Quesona llegó justo atrás de Rolando, agarró bien fuerte el cuchillo con las dos manos, lo alzó y descargó un golpe seco sobre la nuca del joven. 
El cuchillo entonces le atravesó el cuello al rugbier desde atrás, con la cabeza tendida sobre la mesa, quedando muerto de inmediato.
Entonces le tiró el Queso y dijo en voz alta:
- Rolando Martín. #Queso.
La chica fue apagando las luces y abandonó el departamento, llevándose los zapatos de su víctima, satisfecha y llena de placer con el crimen que acababa de cometer.




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