La asesina de Lucas Ostiglia



La Quesona deseaba asesinar a un rugbier, se inclinó por lo último, dado que en aquellos días conoció a Lucas “el Ruso” Ostiglia.
Era alto, patón, robusto, muy atractivo para las mujeres y todas las chicas que lo conocían soñaban con tener sexo con él. Jugaba en los Rangers del Norte, una de las instituciones más prestigiosas de las ligas profesionales del rugby nacional.



Aunque estaba dotado de un bello rostro y de un físico impecable, Ostiglia estaba convencido que su principal arma seductora era su “olor a hombre”. 
Sí, Lucas tenía un “olor a hombre” en todo el cuerpo, principalmente en los pies, que estaban siempre sudados y despedían un inevitable olor a Queso.
Lo que Ravelia llamaba un “Quesudo”.
No fue difícil para Ravelia lograr que la llevara a su cama. Lucas, totalmente desnudo, la esperaba para tener sexo, la chica le dijo:
-         Quiero tener sexo con vos, Ruso, pero primero quiero olerte tus pies.
A Lucas Ostiglia lo conocían con el apodo de “Ruso” en el mundo del rugby.



El rugbier puso entonces sus pies sobre la cara de la chica, que comenzó a besarlos, chuparlos y olerlos. Tras un rato de hacer esto, la chica le dijo al “Ruso”:
-         Ahora sí, yo olí tus pies, quiero ser tuya.
Y en los minutos siguientes, Ostiglia la hizo suya, y la hizo suya con gran goce por parte de Ravelia, que sintió mucha satisfacción, el rugbier se portó como una gran máquina sexual.
-        Quiero más - le dijo Lucas a Ravelia, al ver que esta se fue de la cama.
Ostiglia la esperaba para tener más exo pero en eso vio como la chica comenzó a acercarse lentamente, mientras parecía esconder algo con sus manos.
-         ¿Qué tenes ahí atrás? - preguntó intrigado el joven.
-         ¡Un cuchillo! - gritó Ravelia.
Sosteniendo el cuchillo con su mano derecha, la chica se tiró encima de Lucas.
Dotada de una extraordinaria fuerza, y de una indescriptible furia criminal e instinto asesino, Ravelia comenzó a apuñalarlo una y otra vez, dándole heridas en todo el cuerpo, unas treinta o cuarenta.
-         Lucas  Ostiglia. #Queso – dijo entonces en voz alta la asesina.
Así concluyó su quinto crimen y como siempre, la asesina arrojó sobre su víctima un Queso, esta vez un Gruyere, y se retiró del lugar llevándose un par de zapatillas de su víctima.
Rato después, colocó los zapatos de su víctima en la vitrina con la inscripción que decía “Lucas Ostiglia”.




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