Las Asesinas de Pablo Cosentino


Una idea original de EL FAUNO

Carla Conte se encontraba en su departamento lavándose los pies cuando recibió un mensaje en su celular. El sonido del WhatsApp era inconfundible: cuando sonaba la canción “Armenia in the Sky” de The Who, era que la llamaban para contratarla para asesinar. Carla tomó el celular y vio que era un mensaje de El Fauno.
- Pablo Cosentino #Queso – decía el mensaje de El Fauno.
- Pablo, como Pablo Echarri, mi primera víctima – dijo Carla Conte, que entonces arregló el contrato, de varios miles de dólares, con El Fauno.
Carla googleó quien era Pablo Cosentino, su próxima víctima, ahí supo que era un empresario que estuvo en pareja con dos minas quesoneadas, Daniela Urzi, asesinada por Carlos Ignacio Fernández Lobbe y Nicole Neumann, asesinada por Carlos “Charlie” Reich. Carla se puso los guantes negros y en su cartera guardó el revolver calibre 45 con silenciador totalmente cargado de balas y por supuesto, un Queso. También guardó un puñal y una soga, por sí acaso.
- Debe ser fiestero este Pablo, le daré sexo y despues ¡Pum! y ¡Queso! – dijo Carla.


La asesina se fue a cumplir su tarea, ella misma manejaba su auto, pues como toda asesina experta y profesional, no confiaba en nadie. El tal Pablo Cosentino vivía en una mansión en un lujoso country, Carla sabía que no sería fácil llegar hasta allí, y estaba dispuesta a asesinar a quien se interpondría en su paso, pero para su sorpresa, pudo entrar al country mostrando el DNI trucho que solía usar para estas ocasiones donde decía llamarse “Quesonez, Carla Carlota” y llegó así a la Mansión del Señor Cosentino.
Carla se bajó del auto y mientras lo hacía le llamó la atención que otro auto, mucho más caro que el de ella, también llegó al lugar. El auto se detuvo y bajo del mismo, un señor muy viejito, con un uniforme, y abrió la puerta atrás, del auto se bajó entonces una chica rubia, alta, con guantes negros, que llevaba un gran paquete. En el paquete había un Queso, sin lugar a dudas.
- Carla Conte, al fin te conozco – le dijo la rubia a Carla.
- ¿Quién sos, nena? – preguntó Carla Conte.
- Carla Romanini, querida – le contestó Carla – asesina de hombres, la Quesona Rubia, al fin tengo el honor de conocer a la gran Carla Conte, gran asesina de hombres, la Quesona morocha, ja, ja.
- ¿Y qué haces aca? – dijo Carla Conte, sorprendida y algo molesta al ver a Carla Romanini frente a ella.


- Vengo a asesinar a Pablo Cosentino, deja pasar querida, tengo que asesinarlo y tirarle un Queso.
- Mira nena, yo vengo a asesinar a Pablo Cosentino – contestó Carla Conte – me contrató El Fauno, le cobró 25.000 dólares para hacerlo, no le sale nada barato, más allá que me guste asesinar hombres y tirar Quesos.
- No puede ser, querida – dijo Carla Romanini – yo vengo a asesinar a Cosentino, El Fauno me paga esa cifra, 25.000 dólares, o sea que deja pasar, querida, tengo que cumplir mi trabajo.
- ¡Che nena, aca debe haber una confusión! – exclamó Carla Conte, muy molesta - ¡Hay que pedirle explicaciones a El Fauno!
Carla Conte empujó a Carla Romanini, y esta la agarró de los pelos. La pelea podía derivar en una trifulca mayor, si no hubiera sido por Nicolae Dumitrescu, el mayordomo y chofer mudo, que les hizo llegar un mensaje de El Fauno, un videíto enviado por WhatsApp.
- Tranquilas queridas Carlas – les dijo El Fauno – las contraté a las dos, cada una recibirá su dinero, no les dije antes porque sí alguna iba a rechazar la oferta, asesinen a Pablo Cosentino, queridas, ja, ja.


Las dos asesinas se dieron la mano, de mala gana ambas, y con resignación resolvieron avanzar sobre su objetivo: asesinar a Pablo Cosentino. No sería fácil: un hombre, un custodio, un gordo, estaba en la puerta.
- Dejamelo a mí, nena – le dijo Carla Conte a Carla Romanini.
La asesina morocha avanzó hacia el custodio, que se sorprendió al ver a la chica allí.
- Hola pibe, que alto y forzudo sos, ¿Cómo te llamas?
- Roberto – dijo el gordo - ¿Quién sos?
- Soy Carla Carlota Quesonez, quiero ver al Señor Cosentino, es por un proyecto muy importante.
- El señor Cosentino esta muy ocupado, no puede recibir a nadie – contestó Roberto.
- ¿Seguro? – Carla sacó un lápiz, y se le cayó al piso, el custodio se agachó para ayudarla, y ¡Bang! de un certero balazo lo asesinó.
- Queso – dijo Carla Conte mientras tiraba el Queso sobre el cadáver del custodio.
Carla Romanini se acercó a Carla Conte, tras observar el asesinato del custodio, le dijo:
- Muy certero asesinar a alguien con el silenciador, yo prefiero los cuchillos, es más artístico, querida.
- Yo he cometido varios asesinatos con cuchillo, nena – le dijo Carla Conte.
Lo cierto es que las dos asesinas ya habían logrado zanjar el primer obstáculo, entraron a la Mansión, pero al hacerlo se encontraron con el segundo: un mucamo, muy afeminado, vestido de mayordomo, a Carla Romanini le hizo acordar a una de sus víctimas, Santiago Artemis, era como un clón.
- ¡Ay! ¡Soy Santiago, el asistente del Señor Cosentino! – exclamó el mayordomo gay - ¿Quiénes son ustedes? 
- Venimos a ver al Señor Cosentino – dijo Carla Conte, que ya estaba dispuesta a sacar el revolver para liquidar al mayordomo, de hecho ya lo estaba agarrando.
- No podes arreglar todo a los tiros, querida – le dijo Carla Romanini – es igual a Santiago Artemis, una de mis víctimas, es mío, querida, es mío.
Carla Romanini entonces desenfundó un cuchillo, y ¡aaaaajjjjjjjjjjjjjjj! se lo clavó en el cuello a Santiago, el mayordomo gay. 


- Queso – dijo Carla Romanini mientras tiraba el Queso sobre el cadáver del mayordomo.
- Veo que te gustan los cuellos ensangrentados, nena – dijo Carla Conte, que notó que cada vez que Carla Romanini se dirigía a ella le decía “querida”.
- Tambien me gusta apuñalarlos en la espalda, querida – contestó Carla Romanini, que ya se había dado cuenta que cada vez que Carla Conte se dirigía a ella, le decía “nena” – los hombres solo sirven para eso, para recibir su Queso, querida.
- De eso no tengo duda alguna, nena – contestó Carla Conte.
Las dos asesinas se dirigieron entonces a Pablo Cosentino, el empresario estaba en un yacuzzi, rodeada de dos minas, una se llamaba Daniela, la otra Nicole, le chupaban la pija, el les chupaba las tetas, se tiraban champagne, jugaban en el agua. Las dos asesinas se escondieron y miraban la escena de lejos.
- ¡Oh no! Tenemos que asesinar a esta chabón y están estas dos minas ¿Qué hacemos? – por primera vez en su larga y sangrienta carrera criminal Carla Conte sintió que tenía un obstáculo serio para cometer un asesinato.
- Yo soy una asesina de hombres, no asesino mujeres – dijo Carla Romanini, que sentía lo mismo que Carla Conte.
- Tranquila chicas – dijo una voz masculina con cierta tonada mendocina – ustedes cumplan con el contrato de El Fauno, de las chicas me ocupó yo.


Las dos asesinas se dieron vuelta, y ante ellas había un hombre muy alto, muy patón, con dos pies enormes, vestido de basquetbolista (con la casaca de Boca Juniors), del cual emanaba un gran olor a Queso.
- ¡Carlos Matías Sandes! – exclamaron al unísono las dos asesinas.
- Sí, estimadas Carla Conte y Carla Romanini, Nicolae me avisó que viniera, se dio cuenta que necesitarían mi ayuda, tuvieron suerte, en un rato debo ir a una fiesta en un country, menos mal que existimos los Quesones – respondió Carlos Matías Sandes – y sobre todo yo, Carlos Matías Sandes, el Quesón preferido de nuestra benemérita Lady Dumitrescu.
Las dos Quesonas y el Quesón, las dos Carlas y el Carlos, avanzaron al yacuzzi donde estaba Pablo Cosentino, con las dos minas, en medio de una fiesta sexual, con Daniela y Nicole.
- ¿Nos invitan a la fiesta? – dijo Carlos Matías Sandes.
- ¿Quiénes son ustedes? – preguntó Pablo, sorprendido al ver a Carlos y a las dos Carlas.
- Yo soy Carlos – dijo Carlos Matías Sandes – y ellas son, Carla y Carla, te las dejo Pablo, yo me llevó a las dos nenas que tenes vos.
- Vengan chicas, vengan Carla y Carla – dijo Pablo Cosentino – vayan a jugar con el muchacho, parece que huele a Queso, ¡Y como huele!


Y así ocurrieron las cosas, las dos Carlas se sumergieron en el yacuzzi con Pablo Cosentino, las dos minas se fueron afuera, a un quincho vecino. Las dos minas se tiraron al piso, mientras Sandes les puso un pie encima a cada una, el pie derecho sobre Daniela, el pie izquierdo sobre Nicole, el olor a Queso era apestante, intenso, sofocante, Carlos las aplastaba con el pie, ellas los chupaban, olían, besaban y lamían una y otra vez, la segunda fase de la fiesta sexual fue la penetración con los pies, Carlos las cogió a la vez, cogiendo a Nicole con el pie derecho, a Daniela con el izquierdo, después las penetró con el culo, mientras penetraba una, a la otra la seguía cogiendo con el pie, y despues la penetración por la vagina, fiesta sexual de alto vuelo, algo que solo un Quesón como Carlos Matías Sandes puede ofrecer, las minas estaba como poseídas tiradas en el piso, el basquetbolista entonces agarró el machete, el gran machete que tenía y ¡raj! ¡raj! ¡raj! ¡raj! las empezó a asesinar a machetazos limpios, con una furia y salvajismo pocas veces visto, fue algo realmente brutal, ni Jason de la saga de Friday the 13 th había hecho algo tan sanguinario.
- Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre la asesinada Nicole.
- Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre la asesinada Daniela.
Vale aclarar que no las decapitó: creyó que vampirizadas podrían servir para otros fines. Eso quedaría a criterio de Nicolae Dumitrescu, el chofer y mayordomo mudo al servicio de Carla Romanini.


¿Mientras tanto que ocurrió con Pablo Cosentino?
El empresario les dio una copa de champagne a cada una de las Carlas, y estas le empezaron a hacer cosquillas en los pies, así, con lluvia de champagne y cosquillas empezó la fiesta, en medio de aquello, las dos Carlas tiraron un Queso al yacuzzi, y con cuchillos de cocina, los tres, Pablo, y las dos Carlas, empezaron a cortarlo, y lo redujeron a cientos de cubos de Queso, cubos de Queso, que llovieron sobre Cosentino, y tras esa lluvia, ahí en medio del agua, cogieron, primero cogió con Carla Conte, despues con Carla Romanini, mientras cogía con una, la otra se encargaba de continuar la lluvia de Quesos, Pablo quedó exhausto, hecho una piltrafa, como consumido, ante la potencia sexual de las dos Carlas.


- No doy más – dijo Pablo – pero que feliz me han hecho, que gozo y placer me dieron, chicas, son maravillosas.
- ¿Hacemos lo que tenemos que hacer, nena? – le dijo Carla Conte a Carla Romanini.
- Por supuesto, querida, para eso hemos venido – le contestó Carla Romanini.
- ¿Qué van a hacer chicas? – preguntó intrigado Pablo Cosentino, al ver a las dos Carlas, en forma amenazante, pero Carla Romanini sacó su puñal, y ¡aaaaajjjjjjjjjjjj! le aplicó una puñalada directa al corazón, y entonces ahí ¡Bang! y Carla Conte lo remató de un balazo en la frente.
- Queso – dijeron al unísono las dos asesinas mientras tiraban el Queso sobre el cadáver de Pablo Cosentino, que quedó flotando en el yacuzzi, con el puñal clavado en el corazón, el tiro en la frente, y el Queso encima.


- Fue divertido, nena – le dijo Carla Conte – en algún momento temí que se muriera de un infarto, lo exprimimos.
- Ja, ja, sí, yo pensé lo mismo, pero puñalada y tiro terminaron con esta sanguijuela.
Carlos Matías Sandes con el machete ensangrentado se hizo presente y al ver el cadáver de Cosentino dijo:
- Bien, chicas, una gran misión.
- Quiero oler esos pies, Carlos – dijo Carla Romanini.
- No te confíes de esta nena, Carlos – dijo Carla Conte – es una asesina muy peligrosa.
- Vos también sos una asesina, Carla.
- Pero esta es traicionera, yo ya aprendí la lección, no voy a desobedecer a Lady Dumitrescu – dijo Carla Conte.
- Estemos desarmados, miren como esta el machete, no sirve para asesinar a nadie, a mí ya no me quedan Quesos.
- El puñal que quedó ahí clavado en lo de Cosentino era el único que tengo – dijo Carla Romanini – tampoco me quedan Quesos.
- Yo sí tengo balas – dijo Carla Conte – pero tranquilos, miren – la asesina tomó el revolver y descargó las balas sobre la mesa, quedándose sin ninguna – ya esta, estoy desarmada, y no tengo ningún Queso, igual que ustedes.
- Disfruten, disfruten – dijo Nicolae Dumitrescu, que había visto todo – el pacto de las Carlas y los Carlos no se quebrantará.
- ¿No era mudo tu criado? – le preguntó Carla Conte a Romanini.
- Parece que habla a veces – dijo Carla Romanini – yo también creía que era mudo.
- Vamos chicas, juguemos un poco.


Y así fue que ahí, la fiesta sexual continuó, Carlos Matías Sandes obligó a Carla Conte y a Carla Romanini a jugar con los pies: los chuparon, olieron, besaron y lamieron; después mientras cogía con el pie, a la otra la cogía por el culo, y después mientras cogía a una por la concha, a la otra la cogía con el pie, disfrute sexual; con unas armas de juguete proveídas por Nicolae Dumitrescu, que se hizo cien mil pajas viendo todo eso, simularon que se asesinaron entre sí, y se tiraron Quesos. Finalmente, es un Quesón y dos Quesonas, quizás tengan más energía que el resto de los humanos, pero llegó el momento del cansancio y quedaron exhaustos. Los tres regresaron con el auto manejado por Nicolae, que otra vez parecía haber quedado totalmente mudo.
- Podríamos haberte asesinado Carlos, eramos dos asesinas y vos solo uno – le dijo Carla Romanini a Carlos Matías Sandes.
- No creo – se jacto Carlos – yo las hubiera asesinado a las dos, hubiera sido práctico, puedo manejar dos machetes a la vez,  a vos Carla Romanini te cortaba la cabeza con la mano derecha, y a vos Carla Conte, con la izquierda; tirar dos Quesos a la vez es fácil para mí, en una ocasión llegue a tirar cinco Quesos a la vez.


- Pero fue con la ayuda de tu fiel amigo, Carlos Leonel Schattmann – le dijo Carla Conte.
- Ja, ja, ja – río Carlos Matías Sandes.
- Debo confesar – dijo Carla Romanini – que pensé en asesinar a Gabriel Deck.
- No lo hagas, ahí nada te salvará, si asesinas a Deck, es como si asesinarás a un Quesón, terminarás asesinada muy rápidamente – Sandes se puso serio mientras decía esto.
Ya no hubo más dialogo entre el Quesón y las Quesonas. A pesar del juego sexual, entre un asesino y dos asesinas, siempre suele haber desconfianza, no fue esta la excepción.
- Esta nena terminará mal – pensó Carla Conte – algo me dice ella va a intentar asesinarlo, a machetazos, o con un Queso envenenado, pero Carlos Matías Sandes la terminará asesinando.
- La querida termina mal – pensó Carla Romanini – no será Carlos Matías Sandes, pero algún Carlos la asesinará, quizás Carla Roa, que según dice asesinó a una que era igual a ella y se llamaba Carla Conte, o quizás Carlos Lampe, “el Quesón de las Cholas”, al que intento o creyó haber asesinado según tengo entendido.
- No tengo dudas que esta es la falsa Carla Conte – pensó Carlos Matías Sandes – a la verdadera la estranguló Carlos Roa, y en cuanto a esta Romanini, si llega a tocar a Deck, o algún otro, ya asesinó a varios basquetbolistas según me dijeron, la haré pedazos, la cortaré toda con mi machete.
- El gran ganador fui yo – pensó Nicolae Dumitrescu – con las pajas que me hice viendo a este Carlos y a estas Carlas, cogiendo, asesinando y quesoneando. Soy bisexual, me gustan los chicos y las chicas, que patas que tiene este Carlos, impresionante, con razón mi hermana esta enamorada de el; y esta Carla, a la que yo sirvo, y la otra, que minas!
Y colorín colorado, otros Quesos se han tirado, con la satisfacción de las asesinas que esa misma noche recibieron el dinero pactado por El Fauno.

Comentarios

  1. Bien que regresó este relato, con las más ardientes de las quesonas, sin desmerecer a las Ravelias y a las otras Carlas.
    No está mal que ellas dos otorguen el deseo final. Una rubia y una morocha, las dos tremendas. ¿Qué más pedir?
    Como personaje, yo no tenía nada contra ese Pablo pero fue una buena oportunidad para dos quesonas en acción. Con todo morbo.

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  2. SOBERBIO RELATO, LAS DOS ASESINAS JUNTAS DAN MIEDO!

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  3. un ser repelente y repugnante, con una especie de fusilamiento de Carla Conte hubiera bastado

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  4. este relato es muy bueno, con las Quesonas en todo su esplendor y una soberbia intervención de Carlos Matías Sandes

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