El Asesino de Mariana Carbajal


Mariana Carbajal, periodista referente de las temáticas de género, pasa desapercibida por los Quesones, por una razón sencilla: es fea, un tipo de víctima que a los Quesones parece no interesarle, los Quesones asesinan la belleza, además denunciando cosificaciones se convirtió en una inesperada proveedora de víctimas para los Carlos Asesinos.
En una ocasión fue a un programa. Le preguntaron su opinión sobre los Asesinatos Quesones. 
- Se trata de una leyenda urbana, un mito, eso no existe – dijo Carbajal – Y aún si fuese cierto, es una prueba más de la cosificación femenina, aunque son mujeres que se han entregado a dicha cosificación, no digo que merecían el Queso, pero sí que denigraron al género. De todas formas estoy preparando un libro al respecto. Aunque no creo en esos asesinatos, son mitos, leyendas urbanas.
Una respuesta demasiado diplomática. Lo cierto es que la misma noche en que realizaba esas declaraciones, Carbajal se iba a reunir con Carlos Melia, promotor del turismo gay. Se encontraron en el famoso Restaurant Dorsia Hardoy, con sus famosos reservados.



Se sentaron a una mesa, una picada de Quesos, con un Roquefort como figura principal, era la comida que picaban, aunque solo Carlos Melia comía los Quesos. El promotor del turismo gay tenía guantes negros.
- Me gusta esa perspectiva del turismo gay, tiene algo de género – le dijo Carbajal a Carlos Melia.
- Ah, sí, empecé con esto hace bastante, más de quince años. Igual no lo hago por nada de género, empecé defendiendo los derechos gay, es cierto, pero hoy lo hago por dinero y placer. Viajo por todo el mundo y ganó mucha guita.
- Eso no puede ser cierto. Esto lo haces por pura militancia, estoy segura de eso.
- Si lo hago por militancia, es la militancia que me dejan los gays que pueden pagar estos viajes, que son muy costosos, más costosos, el triple de un viaje sin estas temáticas, los gays pobres no me interesan. Me interesa la money, mi cuenta bancaria, que crezca cada día más y mas. Además te digo que los Quesones no somos una leyenda urbana. Somos una realidad. Yo soy uno de ellos.
- ¡Nooooooooooo! ¡Los Quesones no existen! ¡Nunca existieron! ¡Además vos sos gay, sos un ser superior, sin defecto alguno!
- Soy gay, y estoy orgulloso de serlo, pero también soy un Carlos, y estoy orgulloso de serlo, y soy un Quesón.



Carlos Melia sacó un revolver con silenciador de una valija apuntó a Carbajal y le disparó ocho balazos. Ocho balazos. El primero impactó en el ojo derecho de Carbajal, el segundo en el izquierdo, el tercero en el cuello, el cuarto en la frente, el quinto en el pecho izquierdo, el sexto en el pecho derecho, el séptimo en el estomago, el octavo en el abdomen.
- Queso – dijo Carlos Melia mientras tiraba el Queso Roquefort sobre el cadáver de la periodista.
Con el cadáver de Carbajal irreconocible por los balazos, el asesino siguió comiendo los Quesos con total naturalidad. Dos hombres, vestidos como camereros del Dorsia Hardoy, identificados como Carlos Beneitez y Carlos Costa, pasaron y vieron el cadáver de la periodista asesinada.
- ¿Qué hacemos?
- Llévenselo. No sirve para nada. Que sirva de abono para los buitres, zopilotes y caranchos. Las aves lo necesitan. Lleven el Queso. El Roquefort, ja, ja, aunque ahora le dicen “Blue Cheese”, ja, ja.

NOTA DEL AUTOR

Dicen que dentro de la juerga propia de los Quesones, lo más denigrante que puede existir para una víctima es tirarle un Queso Roquefort ("Blue Cheese"). Son pocos los asesinatos en que las víctimas recibieron un Queso Azul, uno es el de Fabricio Maximiliano Miranda, asesinado por Ravelia (la tatuada) y otro el que acabamos de describir.

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