Carlos Monti, Roccasalvo y los Satrapas Persas


Me han contado que Carlos Monti acababa de finalizar su programa de radio cuando recibió una llamada de su vieja compañera de trabajo, y amiga, Susana Roccasalvo.
- ¡Hola Carlos! Te invitó esta noche a que pases por mi casa viene el Maestro Gangebrahman de la India, experto en regresiones y vidas pasadas, gran clarividente.
- Yo no creo mucho en esas cosas, Susana, además…
- Dale Carlos venite, déjate de joder.
Así fue como esa noche Carlos Monti estaba en la velada organizada por Roccasalvo. El maestro Hindú era muy parecido al Profesor Jirafales con un gran turbante en su cabeza y hablaba un castellano con un extraño acento, que por momentos recordaba al árabe, al francés y al ruso.
Había otras personas en el convite, no diremos quienes eran, solo diremos que eran hombres y mujeres. El Hindú señaló que necesitaba un voluntario para comenzar sus viajes a las vidas anteriores pero todos se hicieron los boludos…
- ¿Nadie se ofrece? Entonces le decidirá el azar y estos dados…
El ganador resultó ser Carlos Monti, para su indignación pues no tenía interés alguno en participar pero no le quedo otro… así fue entrando en trance y entró en dialogo astral y cósmico con el maestro hindú.


- ¿Cómo te llamas? – dijo el maestro.
- Carlos. No, ya no me llamo Carlos. Ahora soy Carlejes y estoy en Persia.
- ¿Persia?
- Sí, mi cuerpo sigue aquí. Pero mi mente retrocedió veinticinco siglos. Estoy en el Imperio de Ciro, Jerjes y Darío. Al menos así nos lo enseñaron. Lo que la historia occidental llama el período de las Guerras Médicas.
- ¿Y tu quien eres?
- Soy un sátrapa, debo gobernar con crueldad y firmeza una provincia ubicada en lo que hoy es el este de Irán. Ahí estoy. Carlejes es mi nombre. Debo saquear al pueblo con impuestos.
- ¿Entonces eres un sátrapa?
- Soy un sátrapa. Un sátrapa. Sátrapa. Sátrapa. Y voy a una reunión con los demás sátrapas. Darío nos convocó. Sátrapas. Sátrapas. Voy a Persepólis con los sátrapas. Salgo de mi satrapía.
Monti entró en un trance más profundo aún y no podía de repetir como un mantra las palabras “sátrapa”, “sátrapas” y “satrapías” , el maestro Hindú trató de controlar nuevamente la situación.
- Debo ejecutar una orden con mucha crueldad y debo hacerlo con mis propias manos para garantizar el orden del pueblo y la ley de Darío – dijo Monti cuando salió del Mantra.
- ¿Y cual es esa orden?
- Ejecutar a una persona que se negó a pagar los impuestos. La ley de los sátrapas es muy dura con eso. Debo agarrar una lanza y empalarla delante de todos.



- ¿Una lanza?
- Sí, como esa lanza – dijo Monti señalando una antigua reliquia de una tribu del Amazonas que estaba colgada en la pared.
Como movido por un extraño movimiento, Monti agarró la lanza ya la tomó con sus manos, enfundadas en guantes negros, ante la sorpresa y el estupor de todos los invitados que observaban paralizados y silenciosos.
- Necesito un Queso – dijo Monti.
- ¿Un Queso? – dijo el Maestro Hindú – según la filosofía hindú es un alimento prohibido…
- Que traigan un Queso.
- Hay un Gruyere en la heladera. Lo traeré – dijo Roccasalvo, y eso fue lo que hizo, poniendo la horma de Queso sobre la mesa.
Monti estaba parado con la lanza, en evidente estado de trance, como en un viaje astral, mientras el maestro Hindú le dijo:
- Entonces…
- Debo ejecutar la orden. Una viuda que heredó una gran fortuna de su marido, al que envenenó, se niega a pagar impuestos al gran Darío. Nadie va en contra de los sátrapas. Para eso soy un sátrapa.
- ¿Y quien esa mujer?


- Esa mujer – dijo Monti – es esa mujer… - Y entonces, Monti señaló a Roccasalvo, y movido por un impulso y una fuerza irrefrenables, tomó la lanza y la atravesó a Roccasalvo, colgándola sobre la pared, mientras decía en voz alta:
- Queeessssssooooooo…
Monti agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de Roccasalvo, que quedó empalado sobre la pared, colgando de la lanza.
Todos los invitados se paralizaron de terror ante lo que contemplaron, el Maestro no podía creer hasta donde había llegado esta experiencia. Todos estaban horrorizados. Nadie sabía que hacer ni que decir. 
Monti, continuaba con su impulso criminal y muchos creyeron que asesinaría a otros invitados, pero lo que hizo fue agarrar el Queso, y empezar a comerlo.
- ¿Habías dicho que la mujer que se negó a pagar impuestos había envenenado a su marido?
- Sí, con un Queso – dijo Monti mientras comía el Queso – como este Queso.
No terminó de decir esto cuando Monti empezó a gritar:
- ¡Ajjjj! ¡El Queso! ¡Esta envenenado! ¡Ajjjjjj!
- Claro. Roccasalvo le agregó cianuro y arsénico para envenenaros – dijo el Maestro Hindú, mientras Monti se retorció de dolor y finalmente murió envenenado.
- No ha pasado nada en este lugar. El equilibrio universal ha sido restablecido, señoras y señores asistentes a la cena, nada recordaran de esto, porque esto ha sido un acto de justicia de un lado y del otro. Esto mismo ocurrió hace 2.500 años en un lugar perdido del Imperio Persa, hoy ha vuelto ha ocurrir ante vuestros ojos aunque vuestras memorias lo olvidarán – señaló el Maestro Hindú.
Así fue como Roccasalvo y Monti se eliminaron mutuamente.


Comentarios

  1. Celebro el regreso de este relato, con algo de suspenso, podría estar en la serie del director de Psicosis.
    Hay dos explicaciones posibles. Fue toda una puesta en escena, una simulación de Carlos Monti, para asesinar a su ex compañera de programa, ante testigos.
    O fue real el regreso a vidas pasadas, terminando un conflicto de siglos pasados, con un empalamiento.
    En ambos casos, Carlos Monti rompió una regla de los quesones, al comer el queso arrojado como ritual. Y así le fue.
    Primer y último asesinato. Por lo que podría ser el último en el ranking de los quesones. Un recuerdo para los demás, que se deben respetar las reglas.

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