domingo, 2 de diciembre de 2012

El asesino de Viviana Canosa




Cuenta la leyenda que en una entrevista que le hicieron en un programa de televisión, a la famosa conductora Viviana Canosa, reconocida por su cabello pelirrojo y su gran belleza, le preguntaron: “¿Viviana, tenes alguna fantasía sexual?”. “Sí, fue la respuesta de Canosa, siempre desee tener sexo con un jugador de rugby, después de que este haya jugado un partido, todo sudado, transpirado. Siempre me excitaron los hombres que juegan al rugby, por sus cuerpos, su altura, sus pies... ¿Te imaginas el olor que deben tener los pies de un rugbier ni bien termina un partido? Esa es mi fantasía sexual: olerle los pies a un rugbier y después tener sexo con el”.
Las declaraciones de Canosa causaron un gran impacto en la opinión pública y fueron muchos los programas que las repitieron y hasta uno, en forma irónica, llegó a parodiar un concurso donde supuestos integrantes de la selección de rugby, “Los Pumas”, hacían un concurso para ver quien se acostaba con Canosa.



Sin embargo, y pese a las bromas sobre el tema, un buen día, un ex integrante de “Los Pumas”, con más de treinta y cinco años pero todavía activo en el rugby, Carlos Ignacio Fernández Lobbe (“Nacho” para sus amigos y conocidos) le envío un mensaje a la Canosa por e-mail.“Viviana: Puedo hacer tu fantasía realidad. Calzo cerca de cincuenta, mis pies son muy grandes y huelen muy bien, me encantaría tener sexo con vos. Ya no estoy en la selección nacional, pero sigo jugando al rugby en la liga inglesa. No me quedaré muchos días más en el país, o sea, que sí te interesa mi propuesta, no tardes en contestar. Carlos Ignacio Fernández Lobbe, simplemente “Nacho”.
Grande fue la sorpresa de la Canosa al recibir la propuesta de Carlos Ignacio Fernández Lobbe, rápidamente, casi sin pensar, movida por el deseo y la pasión, le contestó:”Nacho: Claro, que aceptó. Pero imagínate el revuelo mediático que se armaría. Por eso, creo que lo más aconsejable es que lo hagamos en mi departamento. Te espero, avísame cuando podes venir y te mando la dirección. Lo hacemos con la mayor discreción posible”



Y así fue, como esa misma noche, Carlos Ignacio Fernández Lobbe apareció en el departamento de Viviana Canosa. Fue vestido totalmente de rugbier, con la casaca de Los Pumas, el casco que solía usar en los partidos para protegerse la cabeza, al mismo tiempo que tenía enfundadas sus manos con un par de guantes negros. Fue imponente verlo entrar al departamento, con su 1,94 metro de altura, su enorme corpulencia y sus dos grandes pies. Pero lo más curioso fue el Queso que llevaba en sus manos.
Era una horma de Queso Emmenthal, cortada por la mitad, donde sobresalían los grandes y voluminosos agujeros que estos Quesos suelen tener.“¿Y ese Queso, Nacho?” preguntó Canosa. “Soy un Queson” dijo Fernández Lobbe. “¿Queson?” preguntó extrañada Canosa. “Un juego de palabras, nada más. Ya lo vas a descifrar. Es parte de la diversión. Va a ser una noche inolvidable. Esto es parte del juego” contestó Carlos Ignacio Fernández Lobbe, dejando el Queso sobre la mesa. Allí también depositó un paquete y le dijo “Bueno, Viviana, comencemos a jugar”.
Viviana se recostó entonces sobre un sofá que había en el living, Carlos Ignacio Fernández Lobbe se sacó las medias y las zapatillas talle 48 que llevaba puestas, y colocó sus pies sobre la cabeza de la Canosa.“No lo puedo creer, tenes un olor a Queso apestante, intenso, fuertísima. Me fascina. ¡Como me gustan tus pies, Carlos!” le dijo Canosa.
Durante un largo rato la mujer olió, lamió, besó y chupó los pies de Carlos Ignacio Fernández Lobbe. Finalmente, Carlos Ignacio Fernández Lobbe, se tiró encima de la chica, y tuvieron sexo apasionadamente.



Al finalizar, Carlos Ignacio Fernández Lobbe se incorporó. “Nunca la pasé mejor. Tener sexo con vos, Nacho, es estar en el paraíso” le señaló la Canosa. “Y todavía falta lo mejor, Viviana” contestó Carlos Ignacio Fernández Lobbe, mientras sacaba algo del paquete que había llevado, lo que sacó lo tenía en sus manos y lo escondió detrás de la espalda 
“ La primera parte del juego fueron los pies, la segunda el sexo, ahora viene la tercera...” le dijo Carlos, “¿Y en que consiste la tercera?” preguntó intrigada Canosa “¡En esto!” y entonces Carlos Ignacio Fernández Lobbe se tiró encima de la mujer, con un enorme cuchillo de caza en sus manos. Canosa aterrorizada intentó reaccionar, pero la habilidad criminal de del rugbier se lo impidió. 
Con gran rapidez, el asesino le hundió el cuchillo en el pecho provocándole una profunda herida. La segunda puñalada fue otro profundo tajo en el cuello. La tercera, directamente al corazón. Luego hubo otras y otras, hasta que al llegar a los cuarenta y ocho cuchillazos, Carlos Ignacio Fernández Lobbe se cansó.

                     

El asesino se levantó y fue a buscar el Queso que había sobre la mesa. Lo agarró y lo tiró sobre el cadáver de la víctima, que estaba totalmente ensangrentada tumbada sobre el sofá. Mientras lo hizo pronunció esta palabra: “Queso”.
Carlos Ignacio Fernández Lobbe fue al baño, se lavó, se cambió de ropa, guardó la ropa sucia en una bolsa, y la metió en la mochila. Entonces abandonó el departamento. Ahora el criminal bien podría poclamarse "Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el asesino de Vivina Canosa".
Este fue uno más de los numerosos crímenes de Carlos Ignacio Fernández Lobbe, famoso asesino serial de mujeres, conocido simplemente como “el rugbier asesino” o “el Queson rugbier”, en su larga, extensa, sanguinaria y “quesera” historia criminal.



5 comentarios:

  1. Che, pobre la Canosa, como la pasan a cuchillo

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  2. muy buen cuento me encanto,! sigan asi con muchis QUESOS Y QUESONAS SALUDOS

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  3. buen cuento lo lei muchas veces y lo sabe valeria quesona q me dejo por algun queson besos y quesos

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  4. Vos si quesos mogólico pibe

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  5. Ahhhh... que pelotudo que sos

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