El Asesino de Solange Abraham #QUESO
Carlos Rivero es un basquetbolista argentino oriundo de la Provincia de Salta, que juega en Gimnasia de Comodoro Rivadavia, equipo de la Liga Nacional, al momento de escribir estas líneas. Con una altura de 2,06 y un calzado que llega al talle 55, tiene la potencialidad de convertirse en uno de los Grandes Quesones en el futuro.
Dicen empezaba a jugar en el básquet de la Liga, y ya era muy patón, entonces fue a jugar un unos partidos a la ciudad de San Carlos de Bariloche, y permaneció allí unos días.
Una tarde vio a una anciana que intentaba cruzar la calle, Carlos, en forma muy servicial, la ayudo, la dama tenía un marcado acento europeo oriental, y en un castellano apenas entendible le dijo:
- Muchas gracias pibe, ¿Te llamas Carlos, no?
- Sí, ¿Cómo adivino? En otras generaciones Carlos era un nombre muy popular, pero en la mía somos muy pocos.
- Je, je , je – dijo la anciana – me dí cuenta que te llamas Carlos por el tamaño y olor de tus pies, je, je.
- ¿El tamaño y el olor de mis pies?
- Sos un Quesón, Carlos, un Quesón. Quizás ahora no te des cuenta del valor de mis palabras, pero te aseguro que en pocos años, una vez que te conviertas en mayor de edad, tomarás conciencia de esto.
- Explíqueme que significa ser un “Quesón”, ¿Alguien que huele a Queso? ¿Alguien que come mucho Queso?
- Un poco de todo eso, ja, ja, jugas al básquet, verdad, Carlos?
- Sí, claro, ¿Cómo lo supo? ¿Por mi altura?
- Yo veo más alla de lo visible, Carlos. Ya escucharas algunas leyendas en el ambiente del básquet argentino. Las de Carlos Delfino, Carlos Matías Sandes, Carlos Buemo o Carlos Leonel Schattmann. Ya las escucharás y cuando lo hagas, estarás preparado para ser un Quesón. Ja, ja, ja. Nos volveremos a ver. Ja, ja, ja.
Carlos quedo impresionado con aquel encuentro con esa anciana, tan amable, simpática y misteriosa a su vez. Horas después, tras jugar un partido de aquel torneo juvenil, Carlos fue a jugar con los demás miembros del equipo a una parrilla.
A Carlos le llamó la atención que no tenía ganas de comer carne, pero si de comer Queso. Y por eso se pido unas buenas provoletas, acompañadas de unos buenos trozos de Gruyere, Parmesano, Gorgonzola y Roquefort, como entrada y como postre. Tambien se dio cuenta que tenía un olor a Queso muy fuerte en los pies, mucho mayor al habitual.
- Vaya, vaya, se cumple lo que dijo la vieja, ya soy un Quesón, ja, ja – pensó Carlos.
Pero lo mas sorprendente ocurrió cuando al volver del baño vio en una de las paredes de la parrilla, un gran retrato de una señora, Carlos se paro frente a el, y reconoció inmediatamente a la anciana, a la que había visto aquella tarde.

- ¿Quién es esta señora? – preguntó Carlos al muchacho que estaba en el mostrador.
- Una gran dama, creo que era húngara, rumana o algo así, Lady Dumitrescu, se llama, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, vivió aca muchos años, gran benefactora de los humildes de Bariloche y la zona, toda una leyenda – contestó Matías, el muchacho.
- ¿Y donde vive la señora?
- ¿Cómo va a vivir? Tendría como 130 años si viviera, murío hace muchos años, en 1987. Era mi bisabuela, yo no la conocí, imagínate, yo Matías, nací en 2004.
Carlos se calló, prefirió no decir nada, sonrío amablemente y le agradeció al muchacho del mostrador aquel dato. El misterio era total, ¿Pero entonces la vieja era un fantasma? ¿O todo había sido un sueño, o una alucinación? Era todo demasiado real, Carlos estaba seguro de haberlo vivido. ¿Un fenómeno paranormal? ¿Un evento sobrenatural?
Esa noche Carlos no pudo dormir. Recordaba perfectamene el encuentro con la anciana, o mejor dicho, con el fantasma, y memorizo los nombres de los basquetbolistas que la anciana había mencionado. Comenzo a googlear “Carlos Delfino Quesón”, “Carlos Matías Sandes Quesón”, “Carlos Buemo Quesón” y “Carlos Leonel Schattmann Quesón” y ahí supo todo.
Entre blogs, wikipedias, creepypastas, tiktoks, videos, Instagram y miles de posteos en X comprendió todo. Las historias reales de los Quesones (Carlos Asesinos), “Quesoneando” minas o sea, asesinando mujeres y tirándoles un Queso, con sexo y fetichismo de pies.
Desde los legendarios y míticos asesinatos de Valeria Mazza y Zaira Nara, cometidos por Carlos Delfino, hasta los más recientes de Brisa Marcos, “Quesoneada” por el joven Carlos Buemo, pasando por los “Quesos” de Carlos Matías Sandes (el asesino de Wanda Nara) con su esposa Maru o los asesinatos de Carlos Leonel Schattmann, como cuando degolló a Jimena Barón en un ascensor. Más los cientos de crímenes reportados de otros Quesones, no basquetbolistas, enumerarlos seria demasiado extenso y repetitivo.
- Ahora entiendo todo. Soy uno de ellos – pensó en voz alta Carlos Rivero – la vieja me visito desde el más alla, seguro que protegía a los Quesones, los Carlos jóvenes somos pocos, pero con el número suficiente para que una Nueva Generación de Quesones siga brillando y tirando Quesos.
Y el propio Carlos Rivero se dijo asi mismo mirándose al espejo: “¿A que mina puedo Quesonear? ¡Mis tocayos Carlos ya Quesonearon a más de medio mundo! ¡Alguna debo encontrar! ¡Ya sé! ¡La de Gran Hermano! ¡Solange Abraham! ¡Es tucumana y yo salteño, asi mi primer Queso queda entre hermanos del Norte Argentino!”

Solange Abraham (Tucumán, 1988), famosa por haber participado en el Gran Hermano 2011 y de regreso en 2026 a la Generación Dorada.
En 2011, se destacó por su carácter frontal, estrategia en el juego y valentía frente a otros participantes, alcanzando el quinto puesto y permaneciendo 126 días en la casa, el tiempo más largo de esa edición. Su participación la convirtió en una de las favoritas del público y en un ícono del reality.

En 2026, Solange regresó a Gran Hermano en la edición Generación Dorada, quince años después de su primera participación, con un look renovado y una actitud estratégica, buscando revancha y el triunfo en el reality
“Una buena Quesoneada, sin duda, ya no hay figuras relevantes como Valeria Mazza o Wanda Nara, ni siquiera una intermedia como Jimena Barón, y hasta una puta en ascenso como Brisa Marcos, ya recibió su Queso” pensó Carlos Rivero.
Definir a quien Quesonear es un primer paso, pero ¿Con que arma hacerlo? Carlos Rivero pensó que usar arma habitual en otros Quesones, podía interpretarse como algo positivo (un homenaje al Quesón, por ejemplo, usar una katana o un machete, era homenajear a Carlos Delfino o a Carlos Matías Sandes, respectivamente) o también como algo negativo (tomarlo como una copia, falta de originalidad).

Rivero advirtió que había solo un estrangulador Quesón que era basquetbolista, Carlos Manuel Buendía, de quien no se conocían muchos crímenes, y que la estrangulación era un método usado por alguna Quesona, para asesinar basquetbolistas. Si, en cambio, en los Estados Unidos, Charles Barkley se había destacado ahorcando minas y tirándoles un Queso.

“Sería una buena forma de reinvidicar tanto a Patricio Garino como a Luis Scola, ja, ja, Quesoneados Estrangulados, eso sí que son leyendas, los dos están vivos, pero que buenas historias, y el Pato, alla en España, vendiendo las Empanadas Super Quesonas, homenajeando a sus propia asesina, ja, ja, con una empanada con cuádruple relleno de Queso” se reía Carlos Rivero.

Otro método era usar un arma de fuego: no había Quesones argentinos basquetbolistas con crímenes conocidos, sí, como en el caso de Charles Barkley, un americano, estamos hablando de Karl Malone, famoso por asesinar mujeres usando armas de caza, imitando cacerías de ciervos o jabalíes.
“En mi primer asesinato, haré un homenaje a todos, llevo una katana, un machete, un puñal, una soga para ahorcar y un rifle con silenciador, después vemos que arma uso para este, mi primer QUESO, ja, ja” pensó Carlos Rivero.
El basquetbolista se quedo dormido, durmió muy plácidamente, con sus gigantescos pies talle 55 aumentado cada vez de tamaño y oliendo a Queso a más no poder.
Dumitrescu se le apareció en sueños “La Nueva Generación de Quesones te espera, serás bienvenido, pero primero tira el QUESO, la Quesoneada irá como un ratón donde esta el Queso, je, je”.

Dicen que Solange Abraham apareció en San Carlos de Bariloche, ciudad de Quesones por excelencia (no hace falta aclarar porque), casi por arte de magia, porque le dijeron que había se iba a celebrar un mega evento de los Gran Hermano, pasados, presentes y futuros.
Nunca supo como ni porque pero Solange llegó hasta un Bosque, un bosque oscuro, nublado, humedo y pantanoso, muy extraño para ser Bariloche, pero lo más curioso (o lo más terrorífico) es que estaba lleno de Quesos por todos lados, era el tenebroso Jardín de los Quesos.

“¿Cómo mierda llegue hasta aca? Más que Bariloche parecen los pantanos de la Florida, hasta puede aparecer algún cocodrilo, estos Quesos asquerosos, estaba en un avión, viajaba a la cumbre de los Gran Hermano, dormía plácidamente, y ahora de repente, estoy en este lugar asqueroso, lleno de estos Quesos de mierda y que olor a Queso que hay!” exclamo Solange, entre asombrada, sorprendida, asustada y aterrorizada.
“Tranquila Solange” dijo una vos masculina “aca estoy yo, Carlos, Carlos Rivero, basquetbolista de la Nueva Generación de Quesones, con mis 2,06 metros de altura y mis pies talle 55, que digo pies, mis Quesos, soy un Quesón y serás Quesoneada en el Jardín de los Quesos ”.
Carlos Rivero se apareció ante ella, todo un gigante, con sus guantes negros, capa, ropa negra, portando todas las armas: katana, machete, puñal, soga de horca y rifle con silenciador.
“Ja, ja, ja, ja” dijo Carlos “Me gusta esto de ser un Quesón”
Solange, aún de rodillas en el suelo pantanoso del tenebroso Jardín de los Quesos, sentía que su mente se derretía como un Queso cheddar al sol de mediodía. El olor de los pies gigantes de Carlos —esos Quesos vivientes, tamaño 55, sudados, calientes y con un aroma intenso a Queso azul maduro mezclado con gorgonzola podrido— ya no le daba asco. Al contrario. Era como una droga. Chupaba con desesperación los dedos enormes, lamiendo entre ellos, saboreando el sudor salado y Quesoso que se acumulaba en cada pliegue. Sus labios besaban las plantas callosas, inhalando profundo, gimiendo como si estuviera en éxtasis.
— ¡Dios mío, Carlos… tus Quesos… son… perfectos! —dijo cone excitación Solange, con la voz entrecortada, la cara pegada a uno de esos pies colosales—. Nunca imaginé que olería algo tan… tan asquerosamente delicioso. Me estoy volviendo loca, quiero comérmelos enteros.
— ¡Ja ja ja! ¿Ves, Solange? Nadie escapa del Jardín de los Quesos. Tus labios en mis Quesos… eso es lo que quería ver. Eres mi nueva Quesoneada favorita. ¡Chúpame más fuerte, mi reina del Queso! ¡Siente cómo mis pies te convierten en adicta al olor más puro y apestoso del universo!
Solange no podía parar. Subió la lengua por el empeine, lamiendo con pasión, mientras sus manos acariciaban los tobillos musculosos. El olor era tan fuerte que le nublaba la vista, pero en lugar de marearse, sentía un calor húmedo entre sus piernas que la hacía temblar. De repente, Carlos la levantó como si no pesara nada, sus enormes manos sujetándola por la cintura. La depositó sobre una cama improvisada de Quesos blandos y húmedos y se colocó encima de ella.
Sus bocas se encontraron en un beso salvaje y romántico al mismo tiempo. La lengua de Carlos sabía a Queso fuerte, a victoria de basquetbolista y a locura pura. Solange le mordió el labio inferior mientras sus manos bajaban por el pecho desnudo del gigante.
— Carlos… cogeme como un Quesón de verdad —susurró ella, con los ojos vidriosos de placer—. Quiero que me llenes con tu Queso… que me hagas tuya en este pantano asqueroso y hermoso.
— ¡Así se habla, mi Solange Quesoneada! —gruñó él, bajando la mano para arrancarle la ropa con un tirón seco—. Voy a meterte mi gran Queso duro hasta que grites mi nombre y el olor de mis pies se quede pegado en tu piel para siempre. ¿Estás lista para ser Quesoneada por completo?
Solange asintió frenéticamente, abriendo las piernas mientras sentía el miembro enorme y caliente de Carlos rozando su entrada. Estaba empapada, más que el pantano que los rodeaba. Carlos empujó despacio al principio, disfrutando cómo ella se arqueaba y gemía, pero luego entró con fuerza, profundo, llenándola por completo. Empezaron a moverse juntos, fogosos, románticos y salvajes. Los cuerpos chocaban con un sonido húmedo, el sudor de Carlos mezclándose con el olor a Queso del ambiente, creando un aroma que los envolvía como una niebla erótica.
— ¡Sí, Carlos! ¡Más fuerte! —gritaba Solange, clavándole las uñas en la espalda—. ¡Tus Quesos me tienen loca… quiero que me cojas hasta que huela a ti por el resto de mi vida! ¡Soy tu Quesoneada personal!
Carlos aceleraba el ritmo, sus caderas chocando contra las de ella con golpes potentes y precisos, mientras sus pies gigantes seguían rozando las piernas de Solange, dejando el olor impregnado en su piel. Se inclinó para besarle el cuello, mordiéndolo suavemente, y le susurró al oído con esa voz grave y bizarra:
— ¡Mmm, mi amor… siente cómo mi Queso te llena! En este Jardín nadie se va sin probar el verdadero sabor. ¿Quieres que te llene de Queso? ¿Quieres que mis pies te pisen la cara mientras te corro?
— ¡Sí! ¡Todo! —respondió ella entre gemidos, alcanzando el orgasmo por primera vez, su cuerpo convulsionando debajo del gigante—. ¡Pisame la cara con tus Quesos enormes mientras me follas! ¡Quiero olerlos mientras me haces tuya!
Carlos, excitado al máximo, levantó uno de sus pies gigantes y lo apoyó suavemente sobre la cara de Solange, sin dejar de penetrarla con fuerza. Ella lamió y olió desesperadamente mientras él seguía moviéndose, cada vez más rápido, más profundo. El placer era absoluto, romántico y completamente demencial. El pantano a su alrededor parecía vibrar con ellos: los Quesos gigantes sudaban humedad, el aire estaba cargado de olor a pie y Queso, y la niebla los envolvía como si el bosque entero estuviera celebrando su unión.
— Te amo, mi gigante Quesón… —susurró Solange, aún temblando, con una sonrisa bizarra y satisfecha—. Nunca pensé que un bosque lleno de Quesos me iba a dar el mejor sexo de mi vida.
Carlos rio bajito, acariciándole el pelo con una mano enorme mientras su otro pie seguía rozando suavemente la mejilla de ella.
Solange yacía exhausta pero feliz sobre el colchón de Quesos blandos y húmedos, con el cuerpo cubierto de sudor, semen y restos de Queso derretido. Sonreía con los ojos entrecerrados, todavía oliendo los pies gigantes de Carlos en su rostro y sintiendo el calor de su “Queso” dentro de ella.
— Carlos… eso fue… increíble —murmuró, acariciándole el pecho—. Nunca me habían follado así en un pantano lleno de Quesos…
Carlos Rivero se incorporó lentamente, su figura imponente de 2,06 metros proyectando una sombra oscura bajo la niebla. Una sonrisa siniestra se dibujó en su cara mientras recogía sus armas del suelo pantanoso.
— La fase 1 del juego terminó, Solange —dijo con voz grave y fría—. Ahora viene la fase 2… Te voy a asesinar, mi Quesoneada.
Solange abrió los ojos de golpe, el terror reemplazando el placer en una fracción de segundo.
— ¿Qué… qué dijiste? ¡Carlos, no! ¡Esto no es gracioso!
Se levantó tambaleante, las piernas todavía débiles por el sexo, y empezó a correr desesperada entre los Quesos gigantes y el barro. El pantano succionaba sus pies, ralentizándola. Carlos ni siquiera se movió al principio. Solo rio.
— ¡Corre, mi amor! ¡Corre todo lo que quieras! En el Jardín de los Quesos nadie escapa.
Con un movimiento fluido lanzó la soga de horca. La cuerda silbó en el aire y se enroscó perfectamente alrededor del cuello y la cintura de Solange, tirándola hacia atrás con fuerza brutal. Cayó de espaldas sobre un Queso de diez kilos que se aplastó bajo su peso.
— ¡No! ¡Carlos, por favor! ¡Pensé que me querías! —gritó ella, forcejeando, con la soga apretándole la garganta.
Carlos se acercó caminando tranquilamente, sus pies enormes dejando huellas profundas en el barro.
— Te quise… mientras te Quesoneaba. Ahora quiero otra cosa.
Sacó la ametralladora con silenciador y, sin decir una palabra más, le disparó una ráfaga corta a las piernas. Los balazos atravesaron sus muslos y pantorrillas con sonidos secos. Solange gritó de dolor, la sangre mezclándose con el agua estancada y el Queso derretido.
— ¡Aaaahhh! ¡Hijo de puta! ¡Me duele! ¡Por favor, para!
Carlos se arrodilló sobre ella, atándola con más sogas, apretando fuerte el nudo alrededor de su cuello y cintura. Solange tosía, ahogándose, las lágrimas corriendo por sus mejillas.
— Shhh… tranquila, mi Quesoneada. El dolor es parte del sabor final.
Primero sacó la katana. Con un corte limpio y poderoso le abrió el abdomen de lado a lado. Solange gritó, convulsionando mientras sus tripas empezaban a salir. Luego el machete: varios golpes brutales en el pecho y los brazos, cortando carne y hueso. Finalmente el puñal, que clavó repetidas veces en el cuello y el corazón, girándolo con saña.
Los gritos de Solange se fueron convirtiendo en gorgoteos ahogados hasta que dejó de moverse. Sus ojos quedaron abiertos, vidriosos, mirando la niebla.
Carlos le disparó entones un solo balazo en la frente ya muerta, solo por diversión. El impacto hizo que la cabeza se sacudiera.
— Perfecta —murmuró.
Con las sogas que ya tenía atadas, levantó el cadáver ensangrentado y lo colgó de una rama gruesa de un árbol retorcido. El cuerpo de Solange quedó balanceándose lentamente, goteando sangre y fluidos sobre los Quesos del suelo.
Carlos agarró un Queso enorme de diez kilos, redondo y maduro, y lo estrelló con fuerza contra el torso del cadáver.
— ¡QUESO! —gritó con voz potente, ecoando en el bosque pantanoso.
Se quedó unos segundos admirando su obra: el cadáver colgado, cubierto de Queso, sangre y semen seco de su encuentro anterior. Luego se puso la capa negra, guardó sus armas y empezó a caminar hacia la niebla.
—Quesoneada completada —dijo con satisfacción—. El Jardín de los Quesos siempre gana.
Y desapareció entre los árboles, dejando el cuerpo de Solange balanceándose suavemente, rodeado de Quesos, olor a pie, sangre y muerte.
Carlos Rivero abrió los ojos en la suite presidencial del hotel Llao Llao, con la cabeza todavía envuelta en una niebla más espesa que la del pantano quesero. La luz de la mañana entraba tímida por las cortinas, iluminando un trozo de Queso Gruyere que había dejado sobre la mesita de noche como si fuera un trofeo.
Se sentó en la cama, desnudo, y se miró las manos enormes. Todavía podía sentir el peso de la katana, el calor de la sangre de Solange mezclada con Queso, y el olor de sus propios pies tamaño 55 impregnando todo. ¿Sueño? ¿Realidad? Soltó una risita baja y ronca.
— Qué noche de Quesones más rica… —murmuró.
Encendió el televisor mientras se servía un desayuno digno de un Quesón: café negro, medialunas… y un bloque entero de Queso de diez kilos que había “encontrado” en la mini-nevera (o eso juraría después).
La pantalla mostró la noticia bomba:
«Brutal asesinato de Solange Abraham, figura máxima de Gran Hermano. Su cuerpo fue hallado colgado en un sector pantanoso del bosque de Bariloche, destrozado a cuchilladas, baleado y… cubierto de Queso. La policía habla de un ritual macabro. No hay sospechosos.»
Carlos sonrió con la boca llena de Queso, un hilito de saliva Quesosa cayéndole por la barbilla.
— Entonces fue real… Qué lindo.
En ese preciso momento, la puerta de la suite se abrió sin tocar. Entró una anciana, una empleada de la limpieza. Carlos la reconoció de inmediato: era Lady Dumitrescu.

— Bienvenido a la Nueva Generación de Quesones, Carlos Rivero —dijo con esa voz grave, aristocrática y ligeramente seductora, mientras pasaba un plumero por un cuadro como si estuviera bendiciendo el lugar—. Has completado tu primera Quesoneada con estilo. El Jardín está orgulloso.
Carlos se quedó con el tenedor a mitad de camino, un pedazo de Queso colgando. La miró de arriba abajo, fascinado y con un leve cosquilleo en la entrepierna.
— ¿Lady… Dumitrescu? ¿Limpiando habitaciones en Bariloche?

— Shhh… —ella se llevó un dedo largo a los labios—. Aquí todos tenemos disfraces. Yo limpio… sangre, Queso y pecados. Tú asesinas y quesoneas. Es un equilibrio hermoso, ¿no crees?
— QUESO —dijo él, con voz potente y solemne, como si fuera un mantra sagrado – Y esto es solo el comienzo. QUESO.
Carlos Rivero, basquetbolista, asesino y nuevo miembro oficial de la Nueva Generación de Quesones, soltó una última carcajada que sonó a la vez divertida, aterradora y completamente loca.
FIN









todas las Gran Hermano deben ser quesoneadas
ResponderBorrarEspecialmente las de Gran Hermano
Borrarno hubiera estado mal que la dividieran en cinco cuerpos, así en uno la estrangulaba, en otro la katana y asi con cada uno
ResponderBorrarincreíble: pero siempre aparece algun Carlos
ResponderBorrarexcelente presentación de este Quesón, que bueno que la Nueva Generación esta firme y siguen apareciendo quesones, gran cuento, Dumitrescu siempre presente, la víctima merecía un queso asi y mucho más
ResponderBorrarFuria no parece ser de la simpatría dl autor sino ya la hubieran quesoneado, qeu tal el queson gay?
ResponderBorrarPrecisamente por no ser de la simpatía del autor tendrían que quesonearla.
BorrarAlguno menor, com el Bebe. o alguno otro que tenga pocos quesos.
Un dato que no se mencionó, Solange Abraham condujo En estéreo, un programa sobre rock, en que tocaban bandas. Se presentaban nuevos grupos. Así que a este quesón le tocó una más famosa de lo que suponía. Un buen debut.
ResponderBorrarBien descripto el sexo. Como la crueldad que ejerció con Solange. Pero no debió usar un arma de fuego, menos de tanta potencial. Podría haber sido demasiado rápido.
Ese jardín es un buen ámbito.
Maru Sandes debe revivir, obviamente a cambio de quesoneamientos.
Quedan hermanas de quesoneadas, como Geraldine Neumann, Luli J. Y las hermanas de Sofi Jujuy, que son idénticas.
Sugiero algún relato para Carla Gugino. Y alguno más para Karl Urban, ahora actor de Mortal Kombat II, quesoneando con artes marciales, sin armas.
este es un quesonazo, 2.06, las patas que tiene, buenas las sugerencias del Fauno, por mas relatos
ResponderBorrarmerecía dos relatos: quesonear a la version 2007 y a la actual
ResponderBorrarinteresante el uso de muchas armas, gran sadismo del asesino, espectacular el sexo!
ResponderBorrarCUENTAZO QUESONAZO QUESAZO
ResponderBorrarun cuento con Carlos Ivan Cantero, solo aparece en la saga de la tatuada, debe asesinar a alguna influencer
ResponderBorrarHabemus Queson
ResponderBorrar