Los Asesinos de Romme Strijd y Sacha Quenby #QUESO
Erase una vez, en una noche glamorosa de París, durante la semana de la moda primavera-verano, donde las luces de la Torre Eiffel parpadeaban como ojos de Queso Gruyere. En el Grand Palais, se celebraba un after-party exclusivo para élites del modelaje internacional. Allí, entre copas de champagne y flashes cegadores, se cruzaron dos Quesones: Carlos Machado y Carlos San Juan, dos modelos masculinos de porte imponente, altos (1,88 metros cada uno, quizás un poco más), con cuerpos esculpidos por gimnasios y dietas... pero sobre todo, por su adicción insaciable al Queso. Especialmente al Emmenthaler, ese Queso con agujeros que los volvía locos. Ambos calzaban un talle 47, pies enormes y olorosos, patones de verdad, que después de un largo día de pasarela sudaban y emanaban un olor penetrante a Queso maduro, como si hubieran pisado una fábrica de Quesos rancios. Eran los Quesones por excelencia: fetichistas de los pies, asesinos seriales de mujeres en la sombra, siempre listos quesonear...