sábado, 19 de marzo de 2016

La asesina de Gonzalo Longo


El rugbier Gonzalo Matías Longo Elía se despertó y para su sorpresa, estaba sentado en una silla, encadenado de pies y manos, sin poder dar movimiento alguno. Al lado de él había una mesa, donde había un Queso sobre una bandeja. El Queso, un Emmenthal, relucía sus grandes y voluminosos agujeros.
Preso del pánico ante la situación en la que se hallaba, desesperado, intentó levantarse pero nada pudo hacer nada. De repente, detrás de él escuchó la voz de una mujer:
-         Buenas tardes “Chalo”.
-         ¿Quién sos? ¡Qué querés de mí! ¡Socorro! ¡Una loca me ha secuestrado!
-         Una loca no, estimado Chalo, una asesina, la Quesona Asesina, je, je.
-         ¡Soltame, loca!
-         Grita lo que quieras – dijo la Quesona – pero nadie te escuchará, espero que sepas complacerme.
A continuación, la Quesona se sacó las medias y puso sus pies talle 42 encima del rostro del rugbier.
-         Espero que te gusten los pies de mujer – dijo la Quesona – chupamelos, lamelos, besalos.


El rugbier no tuvo otra opción que hacer lo que quería la Quesona, y comenzó a besarle, lamerle y chuparle los pies. Una y otra vez. Cuando la Quesona quedó satisfecha, le dijo al Chalo:
-         Ahora seré yo quien jugará con los pies, te haré cosquillas.
Las cosquillas en los pies hechas con una pluma por parte de la Quesona, fueron para el rugbier una verdadera tortura. Longo no lo pudo aguantar, al punto que terminó gritando:
-         ¡Basta! ¡Basta de este sufrimiento!
La Quesona entonces tiró la pluma al piso, agarró una soga muy gruesa y le dijo al Chalo Longo:
-         Lo siento Gonzalo, pero ahora debo asesinarte.
Puso la soga al cuello del rugbier, y a continuación, lo ahorcó. No fue nada fácil, la Quesona tardó varios minutos pues el rugbier medía como un 1,94 metros de altura y calzaba alrededor de un 46. Pero tras un gran esfuerzo, la Quesona cumplió con su objetivo.
El cadáver quedo sobre sentado, con la soga al cuello, tumbado, justo al lado del Queso. La Quesona tomó el Queso y lo tiró sobre el cadaver de Longo, dijo entonces en voz alta:
-         Gonzalo Longo.
Y se fue del lugar del crimen en forma tan misteriosa como había llegado. Pero antes tomó las zapatillas de su víctima como trofeo, gigantescas zapatillas, y rato después lucían en la vitrina con los demás pares de zapatos y zapatillas de cada uno de los hombres que había asesinado, ahora con un nuevo cartel que señalaba ".


1 comentario:

  1. a Longo habría que asesinarlo con una ametralladora

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