CREEPYQUESONAS #QUESO
Carla, la Quesona Asesina, estaba arrodillada en el suelo húmedo y resbaladizo del sótano abandonado, sus rodillas enfundadas en medias negras de encaje presionando contra el concreto frío salpicado de sangre. El corsé de látex negro brillaba como aceite bajo la luz mortecina de una bombilla colgante que parpadeaba débilmente, acentuando cada curva letal de su cuerpo. Sus guantes largos hasta el codo crujían con cada movimiento preciso, y el silenciador de su pistola larga aún soltaba un hilo de humo gris azulado que se enroscaba en el aire viciado.
Todo había empezado como un juego retorcido de lujuria y Queso.
Horas antes, Agustín y Luciano habían encontrado a la Quesona en un bar oscuro. La rubia de ojos verdes y sonrisa peligrosa los había seducido con promesas susurradas y un trozo de Queso suizo gigante que llevaba como trofeo excéntrico. Los tres terminaron en ese mismo sótano: risas ebrias, gemidos ahogados, cuerpos sudorosos entrelazados en una orgía absurda y frenética contra el Queso enorme que servía de colchón improvisado. Carla gemía mientras los dos hombres la cogían por turnos, mordiendo el Queso entre embestida y embestida, riéndose de lo bizarro de la situación. “El Queso sabe mejor después de coger”, había jadeado Agustín, con la boca llena.
Pero la codicia siempre arruina el Queso perfecto.
Cuando Carla se quedó dormida, saciada y desnuda sobre el látex arrugado, los dos idiotas decidieron que el Queso Sagrado valía más que una noche de placer. Intentaron robárselo. Agustín lo levantó primero, gruñendo por el peso, mientras Luciano vigilaba la puerta.
El clic del seguro al soltarse los congeló en el acto.
Carla se despertó como una pantera. En un movimiento fluido se puso el corsé, los guantes y las medias, y sacó la pistola larga con silenciador de debajo del colchón improvisado. Su sonrisa ya no era seductora: era fría, sádica, casi maternal en su crueldad.
— ¿Pensaban que podían cogerme y después robarme el Queso, boludos? —ronroneó con voz dulce y venenosa—. Qué falta de respeto… El Queso es mío. Ustedes solo fueron el postre.
Agustín fue el primero.
Intentó correr, pero el silenciador tosió una vez: pffft. La bala le atravesó el pecho con un sonido húmedo y carnoso. Cayó de espaldas contra el Queso gigante, dejando un rastro rojo brillante en su superficie amarilla. La sangre brotó a borbotones de la herida, tiñendo el Queso de un rojo grotesco que goteaba por los agujeros. Agustín pataleó débilmente, gorgoteando, los ojos desorbitados por el terror mientras veía cómo su propia sangre se mezclaba con el Queso que tanto había deseado. Un último estertor y quedó inmóvil, boca abierta en un grito silencioso, el cuerpo convulsionando una vez más antes de quedarse quieto en un charco cada vez más grande.
Luciano retrocedió hasta chocar contra la pared mohosa, las manos temblando en alto, el pantalón aún medio bajado de la cogida anterior, la pija flácida por el pánico repentino.
— ¡No! ¡Por favor, Quesona! ¡Fue idea de Agustín! ¡Yo solo… solo quería probar un poco más! —suplicó, la voz quebrada, lágrimas mezclándose con el sudor que le corría por la cara.
Carla se arrodilló con elegancia felina frente al Queso ensangrentado, el silenciador aún humeante apuntando directamente al centro del enorme bloque amarillo. Ladeó la cabeza, su cabello rubio cayendo como una cortina dorada sobre sus hombros.
— Ja, ja… Deberían haber dejado el Queso en paz —susurró, casi canturreando, mientras ajustaba el arma con deleite sádico—. Primero lo cogimos juntos… después quisieron robármelo. Qué romántico y qué estúpido. Ahora te toca a vos, Luciano. Vas a unirte a los Quesoneados.
El dedo enguantado se tensó sobre el gatillo.
Luciano se meó encima, un chorro caliente bajando por su pierna mientras gritaba:
— ¡Nooo! ¡Carla, por favor! ¡Te chupo el Queso cuando quieras! ¡Haré lo que sea!
pffft
La segunda bala lo alcanzó en el abdomen. Luciano se dobló, cayendo de rodillas con un grito ahogado. Intentó gatear hacia la puerta, dejando un rastro de sangre y orina, pero Carla se acercó lentamente, tacones resonando como sentencia de muerte.
— Shhh… no grites tanto, mi amor. El Queso no soporta el ruido —murmuró con humor negro, presionando el silenciador caliente contra la frente de Luciano.
pffft
El disparo final le atravesó el cráneo. El cuerpo de Luciano se sacudió violentamente y cayó de lado, los ojos vidriosos fijos en el Queso gigante ahora decorado con salpicaduras rojas y trozos de materia gris.
Carla se quedó arrodillada un momento, admirando su obra. El sótano olía a pólvora, sangre caliente y Queso suizo. Con la mano libre acarició el Queso ensangrentado, metiendo un dedo en uno de los agujeros y llevándoselo a la boca.
— Mmm… mucho mejor con un poco de terror —susurró, lamiendo la sangre mezclada con Queso—. Los Quesoneados siempre saben más ricos. Queso, Santiago. Queso, Luciano.
Luego se levantó, ajustó el corsé, y salió del sótano contoneándose, dejando atrás dos cadáveres, un charco de sangre que se extendía lentamente y un trozo de Queso gigante que aún soltaba humo por el agujero de bala.
La Quesona Asesina había defendido su tesoro.
Y el Queso… bueno, el Queso siempre gana.
En el sótano mugriento de Once, el aire apestaba a humedad, queso podrido y sexo sucio. La Quesona Asesina Carla empujó a Gastón al piso frío y se montó encima de él como una bestia. Sus tetas pesadas rebotaban salvajemente mientras lo cabalgaba con furia, el coño caliente y chorreante tragándose su verga hasta el fondo con cada embestida brutal. —Más fuerte, boludo… rompeme el orto con esa pija —gruñía ella, clavándole las uñas hasta hacer sangrar.
Gastón la penetraba desde abajo con todo, sudado y desesperado, mientras ella se daba vuelta y le ofrecía ese culo perfecto, blanco y redondo. La penetró por detrás como un animal, tirándole del pelo y dándole cachetadas que resonaban en el sótano. Carla se corrió gritando como una loca, apretándole la verga con espasmos violentos. Cuando Gastón estaba a punto de explotar, ella se bajó rápido, se arrodilló y lo chupó con hambre, tragándose hasta la última gota espesa mientras lo miraba con ojos de asesina.
Gastón, todavía jadeando y con la pija semierecta, se incorporó tambaleante con una sonrisa idiota.
—Qué hija de puta… la mejor cita de mi vida.
Carla se levantó desnuda, brillante de sudor y fluidos, y sacó la pistola de debajo del colchón sucio.
—Quedate quieto, pelotudo —dijo con voz dulce.
Lo arrinconó contra la pared de un empujón. El primer disparo le atravesó el pecho con un ruido seco. Gastón abrió los ojos como platos mientras la sangre salpicaba la enorme rueda de queso suizo. El segundo y el tercero lo hicieron convulsionar, dejando un rastro rojo espeso en la pared.
Cayó de rodillas, boqueando, con la verga todavía chorreando.
Carla se agachó frente a él, desnuda y salpicada de sangre, y le levantó la cara con dos dedos.
—Mirá lo que me hiciste hacer, boludo… —ronroneó con una risita tierna y sádica—. Ahora sos el Quesoneado oficial de la noche.
Le dio un último beso suave en los labios, saboreando sangre y semen.
—Tranquilo, mi amor… la Quesona siempre gana
Se levantó, miró el cadáver y soltó con sorna:
—QUESO.
Y se alejó contoneando el culo perfecto, dejando atrás olor a pólvora, Queso apestoso y un boludo menos en Tinder.
TERCERA CREEPYQUESONA: LA VISITA DE CARLA A SANTIAGO
Una habitación completamente rosa de una casa sencilla. Paredes rosas Barbie, techo bajo, piso de baldosas rosadas. En el fondo, apoyado contra la pared como si siempre hubiera estado ahí, hay un Queso Gruyere gigantesco de casi dos metros y medio, amarillo intenso, con agujeros tan grandes que parecen ojos que miran y respiran. Es un testigo mudo y bizarro de toda la escena. Santiago está sentado en una silla de plástico rosa, con el celular temblando en la mano. Carla está parada frente a él, musculosa morada ajustada, pantalón negro, guantes negros, apuntándole con una pistola larga con silenciador.
SANTIAGO (mirando el Queso gigante con los ojos como platos, voz histérica):
¡¿Qué mierda es esto?! ¡¿De dónde carajo salió este Queso Gruyere del tamaño de un colectivo?! ¡Hace un segundo no estaba! ¡Me está mirando, boludo! ¡Los agujeros son ojos! ¡El Queso me está juzgando! (En ese preciso instante entra Carla, pistola en mano. Santiago pega un grito agudo.)
SANTIAGO (entrando en pánico total, casi hiperventilando):
¡Aaaaaahhh! ¡La concha de la lora! ¿Quién sos vos, la viuda del Queso? ¡No me asesines! ¡Tengo suscripción a Netflix! ¡No estoy listo para ser un cadáver con olor a gruyere!
CARLA (acercándose lento, con voz grave y psicótica, sonriendo de forma inquietante):
Shhh… calladito, Santiaguito. El Quesón me mandó a hacerte un Quesito… un Quesito eterno.
SANTIAGO (temblando como gelatina, señalando el arma):
¿Pero por qué yo? ¿Por qué este Queso gigante me está mirando mientras me apuntás? ¡Decime la verdad, loca del Queso!
CARLA (riendo bajito, casi cantando):
Porque el gran Carlos Quesón te quiere ver derretido, mi amor. Yo soy su arma favorita para eliminar imbéciles incels como vos, ja, ja…
SANTIAGO (con voz rota y bronca):
¡¿Carlos Quesón?! ¡Ese Queso de mierda! ¡Ese hijo de puta Quesudo! ¡No puede ser!
CARLA (acercando más la pistola a su frente):
El mismo. El más Carlos de todos los Carlos. El más Quesón de todos los Quesones.
SANTIAGO (gritando indignado):
¿Y por qué carajo me quiere asesinar ese Queso mal oliente? ¡Decime el motivo!
CARLA (con tono burlón y siniestro):
Porque lo bloqueaste en todas las redes, boludito. Lo dejaste en visto como si fuera un Queso light. Para él eso es traición de la peor clase… traición Quesona.
SANTIAGO (con cara de incredulidad absoluta):
¿¿¿Un bloqueo??? ¡¿Me vas a volar la cabeza por un puto bloqueo en Instagram?! ¡Decile a ese Queso de mierda que se atreva a venir él en persona! ¡Que deje de mandar Quesonas asesinas y venga a pelear como un hombre… o como un Queso, no sé! ¡Que me mire a los ojos mientras me asesina, el putazo cobarde Quesudo!
CARLA (riendo fuerte, casi histérica, moviendo la pistola):
¡Ja ja ja! Carlos no asesina hombres, querido. Él es un Quesón puro… un asesino de mujeres. Las seduce con sus agujeros misteriosos y después… las asesina a puñaladas y les tira un Queso. Por eso me mandó a mí, una asesina de hombres.
SANTIAGO (sudando, voz entrecortada y delirante):
¡Un asesino de mujeres que parece un Queso con complejo de dios! ¡Y yo lo bloqueé porque me mensajes todo el día, de River, de los Quesos, de los pies, y de la concha de la madre puta que los pario ¡Esto es una pesadilla Quesona! ¡El Queso gigante me está sonriendo, Carla! ¡Mirá los agujeros, te juro que se mueven!
CARLA (mirando el Queso gigante con cariño enfermizo):
Claro que se mueve… él siempre mira. Es el testigo perfecto. El gran Queso sabe todo. Sabe que sos un traidor bloqueador.
SANTIAGO (desesperado, casi lloriqueando):
¡Por favor, Carla! Decile al Quesón que lo desbloqueo ahora mismo. Le hago un story diciendo “perdón por bloquearte, rey del Queso”. ¡Le mando un emoji de Queso! ¡Lo sigo de nuevo! ¡No me asesines por un bloqueo!
FINAL ALTERNATIVO 1 – La ejecución Quesona
CARLA (suspirando con placer):
Se acabó el tiempo de maduración, Santiago. Es hora de que te fundas. (Dispara. Pffft. Silenciador. Santiago cae hacia atrás con un golpe seco.)
CARLA (acercándose al Queso gigante, hablando como si fuera su amante):
Vení, mi amor… ayudame a darle el toque final.
(Con esfuerzo empuja el Queso gigante. El enorme bloque cae encima del cuerpo de Santiago, aplastándolo. Solo quedan visibles los pies y una mano.)
Queso, Santiago Quesoneado.
CARLA (dándole una palmadita al Queso):
Que te aproveche el baño de Queso, boludo. El Quesón te manda saludos… y un abrazo derretido. (Sale caminando como si nada, tarareando “Queso, Queso, Queso…”)
FINAL ALTERNATIVO 2 – LA PESADILLA QUESONA
CARLA (bajando la pistola lentamente, con una sonrisa psicótica):
¿Sabés qué? Hoy el Queso me puso de buen humor. Te perdono la vida… por esta vez. Ja, ja, Carlos Quesón solo quería darte una lección, nada de asesinatos, y menos a otro hincha de River como vos.
SANTIAGO (respirando como si hubiera corrido un maratón):
¿En serio? ¿No me vas a asesinar? ¿No me vas a tirar un Queso?
CARLA (guardando el arma):
Solo fue un susto, Santiago. Lo primero, no. Lo segundo, sí. El Quesón quiere que te lleves un recuerdo.
(Con un empujón fuerte hace caer el Queso gigante encima de Santiago. El Queso lo aplasta hasta el pecho, solo se le ve la cabeza y los brazos moviéndose desesperados.)
CARLA (riendo mientras se va hacia la puerta):
¡Disfrutá tu nueva manta de gruyere, boludo! Decile a tus amigos que Carlos Quesón te mandó un abrazo… y que la próxima vez que lo bloquees, va a ser fondue humano. ¡Chau, traidor Quesero!
SANTIAGO (enterrado en el Queso, gritando con voz ahogada):
¡La reputa madre que te parió, Carlos Quesón! ¡Te voy a desbloquear pero después te voy a rallar entero, Queso de mierda! ¡Sacame este Queso de encima, huele a pies de Carlos! ¡Auxiliooo!
TERCER FINAL ALTERNATIVO – EL SEXO QUESÓN
CARLA (bajando la pistola pero sin guardarla del todo, con una sonrisa cada vez más perturbada y cargada de deseo, lamiéndose los labios):
¿Sabés qué, Santiago? El Queso me está susurrando… y hoy no quiere sangre. Quiere algo más… caliente. Quiere que te quesonee de otra forma, mas metafórica o filosófica.
SANTIAGO (todavía temblando, con los ojos muy abiertos, mezcla de terror y confusión):
¿Caliente? ¿De qué mierda hablás ahora, loca del Queso? ¡Bajá esa pistola y dejame en paz!
CARLA (guardando el arma en la cintura con un movimiento lento y provocador, acercándose a él con pasos felinos):
No te voy a asesinar… hoy. El Quesón me dio permiso para cobrarte la deuda de otra manera. Y yo decido cómo.
(Se sube encima de Santiago, que sigue sentado en la silla, lo empuja contra el respaldo con fuerza y se sienta a horcajadas sobre él en posición totalmente dominante. Le agarra la cara con una mano enguantada mientras con la otra le abre la campera de un tirón.)
CARLA (voz ronca, intensa, mirándolo fijo a los ojos):
Vas a pagar el bloqueo con sudor y gemidos, boludo. El Queso va a ser testigo de cómo te hago mío.
(Comienza a moverse sobre él con fuerza y ritmo salvaje, dominándolo completamente. Le muerde el cuello, le tira del pelo y lo cabalga con movimientos intensos y agresivos, respirando agitada.)
SANTIAGO (jadeando fuerte, mezcla de shock, placer y miedo, voz entrecortada):
¡Carla… carajo! ¡Esto es una locura! ¡El Queso nos está mirando con todos sus agujeros! ¡Ahh… no pares… pero qué mierda estoy diciendo!
CARLA (riendo con locura mientras acelera el ritmo, dominándolo sin piedad, agarrándolo del cuello con una mano):
¡Callate y sentilo! Soy yo la que manda. El Quesón te manda esto como castigo… y yo lo disfruto. ¡Derrítete para mí, traidor Quesudo! ¡Tendremos sexo! ¡Sexo y Queso!
(La escena se vuelve más intensa: Carla lo cabalga con pasión descontrolada, gimiendo fuerte, arañándolo por encima de la ropa, mordiéndole el hombro mientras el Queso gigante parece observar todo con sus agujeros. El ritmo de la relación sexual es duro, dominante y animal. Santiago gime y se deja llevar, totalmente sometido.)
CARLA (jadeando, casi gritando de placer mientras llega al clímax con la penetración, apretándolo contra ella):
¡Sí… así! ¡Pagá tu deuda, Santiago! ¡Fundite entero!
(Ambos terminan exhaustos. Carla se queda unos segundos encima de él, respirando agitada, con una sonrisa satisfecha y peligrosa.)
CARLA (bajándose lentamente, todavía con voz dominante):
Ahora viene el postre del Quesón.
(Se acerca al Queso gigante, lo acaricia con la mano como si fuera su amante y luego lo empuja con todas sus fuerzas.)
El Queso gigante cae hacia adelante con un golpe húmedo y pesado, envolviendo completamente a Santiago en un abrazo asfixiante de queso. Solo queda visible su cabeza, los brazos y parte del pecho, totalmente quesoneado, con agujeros del Queso rodeándole la cara como si lo estuviera besando mientras todavía jadea por la intensidad anterior.
SANTIAGO (ahogado, escupiendo migas de queso, voz quebrada y exhausta):
¡Aaaagh! ¡Me está abrazando después de cogerme! ¡El Queso me está abrazando, Carla! ¡Huele a pata sudada de Carlos y a traición! ¡Sacame de acá, por favor! ¡Me está derritiendo la dignidad y todavía me tiemblan las piernas!
CARLA (riendo con locura, sacando el celular y sacándole una foto):
Mirá qué lindo quedaste… todo sudado, quesoneado y usado. Decile al Quesón que lo desbloqueaste y que le pedís perdón de rodillas. Si no… la próxima vez no va a ser un abrazo. Será un QUESO, ja, ja. (Se acerca, le da una palmadita cariñosa en la cabeza a Santiago y otra al Queso gigante.)
CARLA (caminando hacia la puerta, voz dulce y amenazante):
Que te aproveche el abrazo Quesón después del polvo, boludo. El Queso te quiere. El Quesón también… a su manera enferma. Chau, traidor Quesudo. No bloquees más… o la próxima te hago rallado mientras te monto.
(Sale de la habitación tarareando “Queso, Queso, abrazo de Queso y un buen cogida…”)
SANTIAGO (quedando solo, luchando por moverse dentro del Queso gigante, gritando con voz ahogada):
¡Carlos Quesón, hijo de puta! ¡Ya vas a ver el QUESO!

































ja ja ja creo conocer a alguien del post
ResponderBorrarun bombazo las creepyquesonas!!!!!
ResponderBorrarexcelente multirelato "pulp" con grandes imágenes y buenas historias, este subgenero es muy bueno! la quesona del final, con cierto aires del conurbano, víctimas genericas, lo que significa que todos podemos protagonizar un relato quesón
ResponderBorrarlo de las finales alternativos, un hallazgo, no lo matan, pero lo quesonean
Borrarla historia final es excelente, da para un cortometraje en serio, las otras son buenas, siempre con la sintonía quesona, menos mal que no hay ningún "Gabriel"
ResponderBorrarnivel máximo de CreepyQuesonas. Me encantó cómo mezclás el erotismo salvaje con el terror más absurdo y delicioso. Carla dominando, el queso gigante mirando todo con sus agujeros… . Santiago recibiendo el queso en los tres finales (y en dos, no lo matan, toda una novedad)
ResponderBorrarQuiero más creepy así, con finales alternativos.
ResponderBorrarEl Queso siempre gana… y el lector siempre vuelve por más
"¡Carlos Quesón, hijo de puta! ¡Ya vas a ver el QUESO!" (una amenaza al autor del blog?)
ResponderBorrarla tercera historia, totalmente verídica
ResponderBorrarCreepyQuesonas, ya no sabes que inventar
ResponderBorrarMe gusta el estilo pulp.
ResponderBorrarInteresante el concepto con la primera Carla- Que los asesine para querer robarle el queso, algún inútil para un no quesón. Ella les dio placer y fueron desagredecidos con ella.
Interesante también el segundo realato. Con candente descripción sexual, que le falta algunos relatos. No tuvo la motivación del primero pero una quesona quesonea.
Como si lo tuvo el tercero, con la quesona enviada por el cronista.
Me gustan los finales alternativos, con la quesona asesinando, pero de otra manera.
Creo que las quesonas son distintas. Pero no sé si son genéricas o de las conocidas. Quienes parecen querer que no se mencionen sus nombres