jueves, 10 de enero de 2019

La asesina de Máximo Fjellerup


El joven basquetbolista Máximo Fjellerup, jugador de San Lorenzo, con su 1,98 metros de altura y su calzado n° 48, salía del entrenamiento de su club. 
Ravelia Zamas, la Quesona, la cruel, sanguinaria e implacable asesina serial de hombres se encontraba merodeando en el lugar. Tenía ganas de asesinar a un basquetbolista y como una depredadora se encontraba de cacería buscando alguna nueva víctima.
Vio pasar a una media docena de basquetbolistas, ninguno le interesó a pesar de que eran patones, hasta que observó a Máximo Fjellerup.
- Qué lindo este chabón. Un gran quesudo sin duda. Lo quesonearé – pensó Ravelia – Tiene cara de Carlos. Hubiera sido un gran Quesón. Qué lastima. Lo quesonearé.
Ravelia se acercó al basquetbolista. Este quedo impresionado al ver a la rubia acercándose a el. Imaginemos. Ravelia era igual a Valeria Mazza pero cuando esta tenía 22 o 23 años. 


- Hola. ¿Sos Máximo Fjellerup, no? Leí que iba a jugar en la NBA.
- Por ahora estoy en San Lorenzo… y vos nena, ¿Quién sos?
- Ravelia, la Quesona.
- ¿La Quesona? Un sobrenombre muy gracioso.
- ¿Muy gracioso? Te voy a tirar un Queso, Fjellerup.
- ¿Tirar un Queso? ¡Ja, ja! ¡Qué gracioso!
A la Quesona nada le agradó todo esto… lo único que logró Fjellerup fue aumentar el deseo de Ravelia de asesinarlo. De hecho, la asesina debió contenerse y le dijo al basquetbolista:
- Queso. Te tiraré un Queso, Fjellerup. Lo haré con satisfacción.
- Perfecto – dijo el basquetbolista – ¿Aca lo vas a hacer?
- Decime donde.
- Vení a mi departamento. Vamos juntos. Ahora. Te llevo.
La asesina revisó su bolso. Tenía un Queso, un puñal, un revolver con silenciador, una bolsa y una soga. 
- Perfecto – pensó la asesina – con esto basta.
No tardaron en llegar al departamento. Fjellerup le dijo a Ravelia:
- Bueno, tírame el Queso. A ver.
- Aca va – la asesina sacó del bolso el Queso y lo tiró encima del basquetbolista. Este se cayó al piso al recibir el impacto del Queso.


- Vaya, era verdad. Me tiraste un Queso.
- Por supuesto. Ahora aca tenes mis pies.
Aprovechando que Fjellerup se hallaba en el piso como consecuencia del Queso que le había tirado, Ravelia puso sus pies encima del basquetbolista. A Fjellerup le gustó, y empezó a jugar con los pies de la asesina, que olían a perfume francés, chupándolos, oliéndolos, besándolos y lamiéndolos.
- Vaya, vaya, muy buenos tus pies – le dijo Máximo.
- Ahora quiero ver los tuyos.
- Calzo 49.
- Te sacaré las medias y las zapatillas.
Ravelia sacó las medias y las zapatillas de Fjellerup, y al quedar descalzo, ella empezó a oler, chupar, lamer y besar los pies del basquetbolista.
Se sintió desilusionada. No olían fuerte, sino muy suave. Bah, en realidad no tenían olor a nada. 
- Una razón más para asesinarlo – pensó Ravelia.
Fjellerup le dijo entonces a Ravelia:
- Te voy a coger, si queres, claro. No soy un abusador.
- Lo sé. Cogeremos.
Cogieron, el disfrutó mucho, ella no tantó, se sintió desilusionada por Fjellerup. Entonces al terminar, con sus guantes negros, agarró el Queso.
- ¿Me vas a tirar de nuevo el Queso?
- Por supuesto. Pero esta vez no fallaré.


La asesina tiró el Queso, que cayó encima de la cara del basquetbolista, este quedó inmóvil. Ravelia creyó que estaba muerto, que lo había asesinado con el golpe del Queso y dijo en voz alta:
- Lo asesiné con el Queso, un crimen perfecto…
Pero Ravelia se acercó y se dio cuenta que Máximo aún respiraba, que solo estaba inconsciente. Entonces la asesina lo ató a una silla de pies y manos, Fjellerup volvió a estar consciente y trató de desatarse, pero no lo logró.
- ¿Qué vas a hacer loca?
- Te asesinaré, Fjellerup.
Ravelia entonces le coloco una bolsa en la cabeza y con una soga comenzó a apretarle el cuello, estrangulándolo y asfixiándolo a la vez. El basquetbolista, maniatado, nada pudo hacer. La asesina finalmente lo asesinó y cuando terminó volvió a agarrar el Queso y dijo en voz alta:
- Máximo Fjellerup. #Queso.


La asesina entonces agarró las zapatillas número 49 de su víctima y se las llevó como trofeo. La asesina estaba muy satisfecha, un nuevo crimen había cometido. Como Andrés Nocioni, Nicolás Brussino y Patricio Garino, otro basquetbolista había sido estrangulado, y Ravelia, la Quesona Asesina, era la estranguladora.
Ravelia se miró al espejo y dijo:
- Soy la estranguladora de basquetbolistas. Ahora voy por Luis Scola. No será fácil. Un dedo suyo es igual a mi mano. Pero no importa. Aunque calce 52, lo asesinaré, y lo asesinaré estrangulándolo, ja, ja…




Patricio Garino y Máximo Fjellerup, dos de las víctimas de la Quesona Asesina, en ambos casos los asesinó asfixiandolos con una bolsa sobre la cabeza, y los estranguló con una soga

miércoles, 2 de enero de 2019

Carlos Gabriel y la Quesona Asesina



Erase una vez un taxi boy conocido como Charlie Gabriel. Obviamente, su nombre era Carlos. Dueño de un gimnasio, se la pasaba haciendo ejercicio cuando no ejercía de taxi boy. Y sus pies siempre olían a Queso. Y aunque no era muy alto, calzaba 47. Sus pies crecían a razón de un centímetro por año, como consecuencia de los ejercicios que realizaba.
 “El Síndrome del Quesón” según Charlie. Te crecen los pies, huelen siempre a Queso. Charlie era taxi boy, pero ahora que ya era un triunfador en el gimnasio, solo elegía clientes muy selectos, a razón de cinco o seis por mes, a quienes cobraba sumas muy elevadas. 
- Cada vez tenes los pies más grandes – le dijo uno de sus clientes habituales – y huelen muy fuerte.
- Así es, ahora calzo 47. Si sigo asi, en tres años calzaré cincuenta. Pero no creo, según el doctor Skuhravy una vez que llegan a este tamaño, 47, ya no crecen más.
- ¿Y el tema del olor?
- No hay caso. Cuanto más desodorante de pies usé, más olor tengo. Soy Quesón, que le vamos a hacer.
- ¿Quesón? Ja, ja, muy buen término. Aunque escuche que así llaman a unos asesinos seriales de mujeres, que a cada mina que amasijan le tiran un Queso.
- Yo también oí hablar de eso. Bueno, a lo mejor, una de estas noches salgó por ahí, amasijo a una mina y le tiró un Queso, ja, ja.
- Es que es inevitable Carlos. Todos esos asesinos se llaman Carlos. Y vos te llamas Carlos.
- Soy un Carlos. Puedo ser un Quesón. Pero no soy un asesino. Y no voy a asesinar a ninguna chica, por ahora, je, je.
Carlos Gabriel finalizó su tarea de taxi boy aquella noche y cuando bajó en el ascensor de aquel rascacielos se cruzó con una señora de aspecto europeo oriental, con un acento rumano, la mujer le dijo:
- Soy Lady Dumitrescu, Carlos Gabriel. Te aseguro que sos un Quesón. A una chica deberás asesinar para tu destino cumplir.
- De ninguna manera. Por ahora no amasijaré a ninguna mina.
- Te vas a arrepentir Carlos. El destino es inevitable.


Pasaron los días. Un día, en el gimnasio, Carlos Gabriel observó a una chica entrenando muy duramente. Nunca la había visto. Le preguntó a su fiel empleado, al que llamaremos Federico:
- ¿Y esa minita con esos tatuajes? 
- Ravelia Zamas – fue la respuesta – una clienta nueva.
- Qué nombre curioso. Casi igual a Valeria Mazza pero en otro orden.
- ¿Te acordas de Valeria Mazza? Que minón, un poco derechosa, y muy gorila para mi gusto, pero que minón. Pobre, el basquetbolista Carlos Delfino le cortó la cabeza y le tiró un Queso.
- Sí. Ese Quesón asesinó a muchas minas.
- Y vos también sos Quesón Charlie, ja, ja, te llamas Carlos.
Carlos Gabriel simuló no escuchar el comentario de su empleado. La jornada llegó a su fin, el publico y los empleados se retiraron del lugar, y Carlos Gabriel se disponía a apagar las luces y a cerrar el gimnasio. Vaya uno a saber porque, pero a Carlos Gabriel le gustaba usar guantes negros en las manos, y ese día los tenía puestos.
De repente, del vestuario de las damas, salió Ravelia, la chica de los tatuajes.
- Hola Carlos Gabriel – le dijo.
- ¿Qué haces aca piba? ¿Ravelia te llamas no? Ya voy a cerrar, ¿Te quedaste escondida en el vestuario?
- Por supuesto. Soy Ravelia, la Quesona, una asesina serial de hombres, y vos sos mi próxima víctima. Te asesinaré y te tiraré un Queso. Aca va el Queso.



Como salido de la nada, un Queso cayó encima de Carlos Gabriel, mientras Ravelia se acercaba a el con un enorme cuchillo de caza en mano. El muchacho comenzó a entrar en pánico mientras escuchaba a la asesina…
- Suelo tener sexo con mis víctimas. Después los asesinó. Pero con vos no me voy a gastar. Se que sos gay. Que-sos gay. Quesos, ja ja. Directamente te asesinaré.
Carlos Gabriel parecía perdido, la asesina le tiró el cuchillo, pero en un rápido movimiento, el joven logró evitar la cuchillada, el cuchillo le rozó la cabeza, pero no le provocó herida alguna, y quedó incrustado en la pared.
- ¡Nooo! ¡He fallado!
Carlos Gabriel agarró el cuchillo y comenzó a acercarse a Ravelia.
- Ahora el dueño de la situación soy yo – dijo – mi destino era asesinar a una mina, ser un Quesón, yo me negué a cumplirlo, pero veo que es inevitable.  Morirás Ravelia.
- ¡Nooo! – la chica se dio vuelta y comenzó a correr por el gimnasio, mientras Carlos Gabriel cuchillo en mano comenzó a perseguirla.
La chica se tropezó y cayó al piso, Carlos se tiró encima y se disponía a asesinarla, levantó el cuchillo, que lo agarraba con sus guantes negros, cuando dijo…
- ¡No! ¡Te asesinaré! ¡Pero no con este cuchillo! Sería muy fácil apuñalarte, tirarte un Queso y listo. Soy gay, je, je, te sodomizaré. Te someteré a mis pies, que huelen a Queso. Ja, ja, ja.


A Ravelia le gustó esto. Efectivamente le gustaba esto. Reducida, Carlos Gabriel la ató a la cinta de correr y ahí empezó a quesonearla. Primero Ravelia olió, cogió, lamió y besó los pies de Carlos Gabriel. Después, Carlos la cogió por el culo, y ella mucho disfrutó este momento. Finalmente, Carlos Gabriel le dijo:
- Ahora sí te asesinaré. Pero con mis propias manos. Envueltas en estos guantes negros.
Entonces Carlos le dio dos golpes mortales de karateka a Ravelia, uno en la frente y otro en la nuca, así la asesinó, sin cuchillos ni revólveres. Obviamente agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la víctima mientras decía en voz alta:
- Queso.
Carlos pensó:
- ¡Oh, cielos! ¡Debo deshacerme ahora del cadáver!
Pero en eso como surgida de la nada, apareció Lady Dumitrescu.
- No os preocupéis. Metedla en una bolsa de dormir con el Queso incluído y tirala en un tacho de basura.
- ¡Usted otra vez! ¿Quién es usted realmente?
- Una persona que vino a hacerte cumplir el destino.
- Soy Quesón y voy a cumplir mi destino.
- Perfecto entonces. Hoy le has hecho un gran servicio a la humanidad, esta chica, la de los tatuajes, era una sanguinaria Quesona Asesina de hombres.
- Lo sé. Ahora solo quiero tirar  Quesos.
- Ja, ja, será fácil, estas en un gimnasio. Las víctimas vendrán por ti, tu instinto Quesón te dirá a quien quesonear y a quien no, ja, ja.
- Queso – fue la palabra final de Carlos Gabriel, ya convetido Quesón, como lo indica su destino.



Carlos Paglieri y la Quesona Asesina


Como todas las noches, el club nocturno “Charles” realizaba su show de strippers con baile, mucha diversión y sexo por todos lados. Aunque la mayoría del público era gay, también iban bisexuales y heterosexuales. Carlos “Charlie” Paglieri había realizado ya su primer show de aquella noche, y estaba descansando un rato en un costado del escenario. Notó que una chica, muy atractiva por cierto, se acercó hacia él.
- Hola ¿Cómo estas Charlie?
- Muy bien, nena.
- Valeria. Mi nombre es Valeria. Soy fetichista de los pies. Apuesto a que tus pies en este momento huelen mucho a Queso.
- ¡Ja, ja, ja! – a Charlie le causó mucha gracia aquella afirmación de Valeria – la verdad que sí. Me llamó Carlos, soy un Quesón y huelo a Queso. No podía ser de otra manera.
- Me gustaría oler tus pies. ¿Cuánto calzas?
- Calzo cuarenta y cinco. Aunque mis pies parecen haber crecido, creo que en este momento calzo cuarenta y seis. Ja, ja, será que cuando sudo los pies, crecen mucho mis Quesos.
- Quiero oler tus pies.
- Vaya nena, veo que vas al frente. Te aclaro que soy gay.
- Ya lo sé Carlos. No quiero que dejes de serlo. Si te gustan los chicos todo bien. Simplemente te digo que quiero oler tus pies.
- Veo que insistís mucho. Perfecto, no puedo negarme. ¿Pero que me das a cambio?
- Un Queso.
- ¿Un Queso?
- Sí, aca lo tengo. #TirameUnQueso o yo te lo tiro a vos, ja, ja.


Valeria señaló un bolso que estaba al lado de ella. Carlos Paglieri abrió el paquete y vió lo que tenía: una gran horma de Queso Gruyere, cortada por la mitad, de manera que sobresalían claramente los grandes agujeros.
- ¿Queres que te tire un Queso? ¿Eso me dijiste? – dijo Carlos.
- Ya te dije Carlos. Tirame un Queso, o de lo contrario, yo te lo tiro a vos, ja, ja…
Valeria en ese momento sacó un puñal y lo pasó encima del cuello de Carlos.
- Vaya, vaya, esta loca no esta jodiendo. Es una asesina. Es la asesina serial y vino por mí. Debo obrar con mucha inteligencia. De lo contrario soy hombre muerto, asesinado por esta Valeria – pensó Carlos “Charlie” Paglieri.
- Tranquilo Carlos, es un puñal de utilería, como los que se usan en el teatro, juguemos dale, quiero oler tus pies.
- Perfecto. Vamos a un cuarto, bella Valeria.
Carlos y Valeria entonces se acercaron a ese cuarto. Mientras avanzaban, Paglieri recordó las noticias que hablaban de una asesina serial que apuñalaba o degollaba hombres y les tiraba un Queso. Los medios hablaban de la Quesona. Fabricio Zuccarelli, Sergio Celli, Gabriel Cáceres, Matías Flores, Joaquín Sum, los nombres de las víctimas.


Carlos Paglieri se dio cuenta que sería la sexta víctima, salvo que se convirtiera en el asesino de la Quesona.
- Es ella o yo, no hay opción, soy un Quesón, me llamo Carlos y debo estar a la altura de los acontecimientos  – pensó Carlos Paglieri.
- Jugaremos, tendremos sexo, y luego te asesinaré, ja, ja, y un Queso te tiraré – pensó Valeria, la Quesona, en ese mismo momento, mientras imaginaba como apuñalaría a Charlie.
Entraron al cuarto, un cuarto muy particular, decorado al estilo de tribus amazónicas, lleno de máscaras e instrumentos, incluídos grandes lanzas. Sobre una mesa, Carlos pusó la gran horma de Queso Gruyere de la que ya hemos hablado.


En ese momento, Valeria se tiró al piso y Charlie pusó los pies encima de su cara. Olían a Queso, en forma apestante e intensa. Primero el pie izquierdo, después el pie derecho. A Valeria le encantó jugar a esto. Los pies de Charlie eran realmente dos Quesos apestosos y olorosos. 
- Como huelen los Quesos de este Carlos. Bien puesto tiene el nombre. Me encanta. De todas formas, lo asesinaré, aunque primero quiero jugar mucho con él – pensó la Quesona.
- Ya sé que sos gay, pero no me importa. Quiero que me cojas Carlos.
- Lo haré con gusto, bella Valeria. Pero yo cojo por detrás, si aceptas no hay problema.
- Perfecto Carlos. Acepto.
- Primero te voy a tirar un Queso.
Carlos agarró el Queso y lo tiró encima de la chica, que gozó el momento con gran satisfacción, y le dijo:
- Gracias por tirarme el Queso, ahora te lo tiró yo, Carlos.
Valeria agarró el Queso y lo tiró sobre Carlos. El stripper temió que la chica aprovechará y se tirará sobre él, puñal en mano, pero no ocurrió eso. Ella quería asesinarlo, pero primero quería gozar.
- Agáchate Valeria – le dijo Carlos a la Quesona.
Valeria se abrió de piernas y se agachó. Carlos entonces la sodomizó: la penetró por el culo y la verdad es que ambos gozaron mucho el momento. 
Al finalizar, la chica permanecía literalmente con el culo abierto esperando que Carlos le diera una segunda penetración.
- ¿Hay más verdad, Carlos?
- Por supuesto que sí bella Valeria.


Dado que Valeria estaba agachada no veía lo que hacía Carlos. El rubio stripper, siempre con los guantes negros en sus manos, agarró la lanza que había y le dijo a la chica:
- Espero que te guste mucho esto, bella Valeria.
Lanza en mano, Carlos realizó una auténtica embestida hacia Valeria, que permanecía con el culo abierto, de rodillas, agachada en el piso. En ese momento Carlos le metió la lanza por el culo, y a partir de allí por todo el cuerpo, hasta penetrarle en la cabeza, de esta mano la punta salía por la cabeza y el palo por el culo. Dotada de una gran fuerza, Carlos agarró la lanza con Valeria empalada y la clavó en el piso. Una forma muy cruel de asesinar a alguien. Carlos estaba más que satisfecho, radiante de felicidad. 
Agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la infortunada chica, cuyo cadáver expresaba el rostro de horror de haber sido empalada. Carlos le clavó el Queso en la punta de la lanza, mientras decía en voz alta:
- Queso.
Carlos Alberto Paglieri, el gran Charlie, estaba más que contento. Era un gran asesino, un Quesón, y podía jactarse de ser un empalador serial. Era cuestión de ver ahora quien sería su próxima víctima. Estaba decidido a seguir asesinando. Por el momento, dejó un cartelito donde empalado estaba el cadáver de su víctima:
- Quesoneada por un Quesón por ser una Quesona. #QUESO.
Y Carlos “Charlie” Paglieri abandonó la escena del crimen, para continuar haciendo sus shows de strippers. Pero ya no era el mismo hombre, ahora era un Quesón.

Carlos Zalazar y la Quesona Asesina


Carlos Samuel Zalazar era un joven chaqueño cuyas fotos de pies causaron furor en una cuenta de Instagram denominada @PiesMasculinos. No era patón, calzaba 41, pero en las fotos, por alguna extraña razón, parecía que sus pies eran de un talle 44/45. A los fetichistas de pies le gustaban mucho. Fue así que una chica fetichista de los pies, Valeria, dueña de la cuenta de Instagram ladyravelia31 lo descubrió.
Le puso muchos likes, empezó a seguirlo, y le mandó muchos mensajes tales como “Te felicito por tus pies Carlos”, “Qué bellos pies tenes Carlos”, “Sos muy Quesón, Carlos”. Una y otra vez. A Carlos al principio le gustó mucho. Le encantaba eso de ser un “Quesón”, aunque no sabía porque. Pero como todas las cosas cuando se vuelven un exceso, lo que al principio era todo muy lindo, empezó a cansarlo un poco. Ladyravelia31 le mandaba mensajes todo el tiempo. A veces Carlos le contestaba, a veces no. Podría haberla bloqueado y el tema terminaba. Y de hecho lo hizo, pero la chica aparecía nuevamente con nuevas cuentas. 


Ocurrió entonces que Carlos Samuel Zalazar recurrió a una tarotista y curandera, doña Dumitrescu, una legendaria descendiente de rumanos cuya familia se acentó en el Chaco hace un siglo y medio atrás.
- Dice que soy un Quesón y ella misma dice ser una Quesona. No entiendo nada. No me deja en paz. Yo publico fotos de mis pies, cientos de ellas, pero ella no me deja en paz.
- Sos un Quesón, Carlos. Te llamas Carlos, tenes pies grandes y huelen a Queso – le dijo Dumitrescu.
- ¿Pies grandes? ¡Calzo 41! ¡No son grandes!
- En las fotos parecen un 46.
- Es verdad, por eso a la gente le gusta.
- ¿Comes mucho Queso?
- Sí, me gusta mucho el Queso.
- Por ahora lo dejamos así. Solo te digo que sos un Quesón. Mañana volvé a esta hora m’hijito. Esta noche no pruebes otra cosa que Queso.
Carlos siguió los consejos de Dumitrescu. Y aunque tenía mucha hambre, solo comió Queso, una bandeja con cinco Quesos diferentes, provolone, gruyere, roquefort, parmesano y pategras. Pero solo Queso. Ninguna otra cosa.


Carlos fue a dormir y al despestar descubrió que sus pies ya no eran talle 41; ahora calzaba 47. Sus pies habían crecido mucho. Desesperado, concurrió a ver a Dumitrescu.
- Te dije que vinieras a la misma hora, o sea, después de las seis de la tarde, son las once de la mañana ahora.
- Es que estoy desesperado, Madame Dumitrescu, seguí sus consejos, comí solo Queso, y ahora mis pies ya no parecen ser grandes, ahora calzo 47, casi tanto como Carlos Bossio o Carlos Delfino.
- Es que eres uno de ellos. Sos un Quesón. Sos el elegido por el destino. Esa chica de Instagram, ladyravelia, es el último vástago de una legendaria estirpe de asesinas de hombres, las Quesonas. Las Quesonas han asesinado a muchos hombres pero siempre recibieron su castigo. Una por una, a lo largo de los siglos, han sido asesinadas por hombres llamados Carlos. Por Quesones. Porque los Carlos son Quesones. Y el elegido de este tiempo eres tú. 
- ¿Yo, un asesino? ¿Un Quesón?
- Sí. Un asesino. Un Quesón. Debes asesinarla y tirarle un Queso.
- Pero yo vivo en el Chaco y ella en Mar del Plata.
- Agarra el auto y ándate a Mar del Plata, descansa en algún hotel a la noche, y cuando estes allí la asesinarás.
- Pero no sé en que calle vive…
- Comete un Queso, no te laves los pies por un par de días, y tu instinto Quesón te llevará ante ella. Mañana a la mañana, día del tránsito de Venus, te vas para alla. Lleva dos Quesos, uno para comértelo, otro para tirárselo a ella, después de que la asesines.
- ¿Y como la asesinaré? ¿Cuchillo, revolver, puñal, estrangulamiento, machete, ametralladora, empalada tal vez?
- Eso lo decidís vos, Carlos, pero la tenes que asesinar. Te advierto que una vez que la asesinas, siempre sentirás el deseo de asesinar y de tirar Quesos. Serás un Quesón de aquí a la eternidad.
- Aceptó mi destino. Soy un Quesón. Soy un Carlos.


Al día siguiente, Carlos partió desde Fontana para hacer los 1.355 kilometros que lo separaban de Mar del Plata. Tardó tres días, pernoctando una noche en Santa Fe y otra en Buenos Aires.
Al anochecer del tercer día ingresó en Mar del Plata, el instinto Quesón lo llevó a una vivienda ubicada cerca de Playa Grande, una casa muy residencial y elegante, a tres cuadras de la popular Alem.
Carlos Samuel Zalazar se bajó del auto, y con los guantes negros, agarró el Queso, toco el timbre en la casa. Ladyravelia31 le abrió la puerta. Carlos no tuvo dudas, era ella, la chica de los tatuajes, la fetichista de los pies. Entró a la casa.
- Sos igual a las fotos, Quesona.
- Lo sé, Quesón, y vos también, que pies grandes que tenes.
- Grandes y olorosos. Especiales para vos, Quesona.´
- Quesoneame, Carlos. #TirameUnQueso.
Ocurrió entonces que Ravelia se tiró al suelo, y Carlos le tiró el Queso y luego puso sus pies encima de su rostro. Olían intensamente a Queso. Ravelia los olió, chupó, lamió y besó. Luego le hizo una fellatio, el chupó el culo de ella, y finalmente la penetró por la vagina. Mucho sexo, mucho Queso.
- ¿Y ahora Quesón con que me vas a sorprender?
- Ahora te estrangularé nena.


Carlos Samuel Zalazar la agarró del cuello y empezó a estrangularla. Ravelia intento defenderse y opuso resistencia, pero el asesino pudo aún más. La siguió estrangulando y finalmente la asesino. Al terminar, Carlos Samuel Zalazar agarró el Q ueso y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
-  Queso.
Con la misión cumplida, Zalazar muy contentó regresó al Chaco, mientras pensaba quienes serían sus próximas víctimas, a quienes les tiraría los próximos Quesos.


Carlos Capeletti y la Quesona Asesina


Carlos Capeletti, un muchacho como cualquier otro, porteño, hincha de River, el más grande, habitante de Parque Patricios, aficionado al rock and roll. Tanta era su afición que con unos amigos una banda decidió tener. Estamos hablando de “Coralies” que hacía algunas presentaciones y gozaba de un relativo éxito, en el terreno de lo que podríamos llamar el “Underground”.
Estaba Carlos lesionado en su casa, como producto de un esguince, algo aburrido cuando empezó a dedicarse con intensidad a la red social Instagram. Fue así que un día, casi como producto del azar, se encontró con una chica, LadyRavelia31 se hacía llamar.
A Carlos le llamó la atención que la chica le metiera decenas de likes en sus fotos y le mandara saludos con besos y corazoncitos. El rockero entonces vio el perfil de la chica, y observó fotos de una gran fetichista de los pies, llena de tatuajes. Valeria era su nombre.
Comenzaron a chatear en Instagram, Valeria le insistía con sus frases #TirameUnQueso y le decía que le mandara fotos de los pies.
- No calzo mucho. Mido 1,70 metros. Calzo 40. Veo (por tu Instagram) que te gustan mucho los grandes pies de los basquetbolistas. Mi pie es demasiado chico – le aclaró Carlos.
- No importa. Me gustan los pies grandes es cierto – le contestó Valeria – pero quizás el tuyo, aunque sea pequeño, es fotogéntico. Dale, mostrádmelo.
Carlos aceptó el pedido y le mandó fotos de sus pies. Valeria dijo que le gustaron mucho. El dialogo avanzó siempre sobre el tema del fetichismo.


El rockero, carloscape86, según su cuenta de instragram, finalmente se quedo dormido. Al despertar notó algo raro, intentó ponerse las medias; no le entraban; lo mismo hizo con los zapatos, tampoco le entraban.
- No puede ser. Crecieron mis pies. ¿Cuánto calzo ahora? 
Carlos concurrió a una zapatería y ahí confirmó lo que temía: calzaba cuarenta y cinco, aunque seguía midiendo 1,70.
- Pie muy grande para su altura. Muy grande. Un fenómeno de la naturaleza – dijo el zapatero.
Nada dijo Carlos. Regresó a su casa, pensando que era todo un sueño. Pero a la mañana siguiente, otra vez se dio cuenta que era real: se había convertido en un patón.
- Y todo después de hablar con esta chica. La buscaré por Instagram.
Comenzó a chatear entonces con ladyravelia31 que le dijo:
- Quizás sea la maldición de Ravelia Zamas. Te llamas Carlos, sos un Quesón.
- La verdad no entiendo nada.
- Decime donde vivís. Voy para allá.
- ¿No me dijiste que eras de Mar del Plata? Son 400 kms…
- Me tomó un bondi y mañana por la noche estoy ahí…
- Dale Ravelia te esperó… es Parque Patricios, La Rioja 1847. Vení para acá.


A la noche siguiente, la chica estaba ahí, en el departamento de Carlos. Para satisfacción del rockero, Valeria era tan bella e infartante como en las fotos, con su bella figura, sus hermosos pies y sus lindos tatuajes.
- ¿Querés volver a calzar 40? – le preguntó Valeria.
- No – le dijo Carlos – quiero ser un Quesón como decís vos. No solo me crecieron los pies y ahora soy un patón, sino que también huelen muy fuerte.
- Perfecto. Vamos a disfrutar mucho. Quiero oler tus pies. 
Y así ocurrió que Valeria o Ravelia comenzó a oler los pies de Carlos. Quedó fascinada. A Carlos le encantó su actitud de dominante. 
- Quiero tener sexo con vos – le dijo Ravelia.
- Lo haremos. Lo de los pies no fue todo, solo el comienzo – le dijo Carlos.
- Por supuesto. Te tiraré un Queso, ja, ja…
Ravelia abrió un bolso y sacó del mismo un Queso muy grande, y lo tiró sobre Carlos.
- Ahora voy al baño Carlos. Después méteme tu pija en mi concha.
La chica se metió al baño. A Carlos le llamó la atención el bolso de donde sacó el Queso y resolvió revisarlo. Grande fue la sorpresa de Carlos al descubrir un revolver con silenciador en el bolso. Carlos fue muy cuidadoso, y lo agarró después de ponerse los guantes negros…


- Vaya, vaya, esta mina es una asesina. Vino a asesinarme. Seguro busca idiotas como yo por internet y después los asesina.
Carlos entonces recordó algunas noticias de una decena de hombres asesinados a balazos en los últimos meses, con un Queso sobre el cadáver de cada uno y que una asesina, denominada “la Quesona”, era la principal sospechosa. 
- Es ella – pensó Carlos – vino a asesinarme.
Carlos entonces se volvió a acostar, esperando a la Quesona, pero guardó el revolver debajo de la cama. Valeria apareció otra vez ante él y tuvieron sexo, disfrutaron mucho. Se chuparon y besaron la pija, la concha, el culo, los pies de vuelta, de uno y otro, y finalmente la pija de el penetró en la concha de ella. Gozo total.
Al terminar, Carlos estaba muy atento, la chica se acercó al bolso y dijo, sorprendida:
- ¡Oh, no! 
- ¿Estas buscando tal vez esto? – Carlos agarró el revolver con silenciador y apuntó adonde estaba Valeria.
- ¡Nooo! ¡Lo tenes vos!!!
- Terminó el juego Valeria, viniste a asesinarme. Pero ahora el asesino seré yo y vos, la víctima. O mejor dicho, yo seré el Quesón y no el Quesoneado, vos serás la Quesoneada y no la Quesona.
- ¡Noooooo! – gritó Valeria, que desesperada, intentó tirarse sobre la cama donde estaba Carlos, pero ya era tarde, Carlos disparó. No una, sino ocho veces. Y mientras efectuaba cada disparo decía en voz alta:
- Queso.
Al terminar la tarea, Carlos tiró el Queso sobre el cadáver de Valeria, diciendo otra vez en voz alta:
- Queso.
Rato después, metió el cadáver de Valeria en una bolsa de dormir, con el Queso incluído, y lo tiró en un descampado, con un cartel que decía:
- Quesoneada por un Quesón por ser una Quesona. #QUESO.
Carlos Capeletti sabía que era un Quesón, y que ya no había marcha atrás, su destino era simplemente, de ahora en más, Quesonear.

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