sábado, 19 de marzo de 2016

La asesina de Juan Carlos Olave


Juan Carlos Alejandro Olave salió del entrenamiento de fútbol como todos los días. Llegó a la camioneta que estaba estacionada en el Parking, abrió las puertas e ingresó a la misma como cualquier otro día. Se estaba incorporando en el asiento delantero, cuando notó que una figura femenina, una chica alta y rubia, emergía de los asientos traseros. Juan Carlos se dio vuelta, y la chica le inyectó una jeringa en el cuello. El futbolista se desvaneció de inmediato y se sumergió en un sueño intenso y profundo.
Cuando reaccionó, un par de horas después, el futbolista estaba atado de pies y manos a una silla, una especie de silla de dentista, no podía moverse. No sabía donde estaba, era un cuarto oscuro y húmedo, como de una fábrica abandonada. Olave observó que frente a el había una mesa con un gigantesco Queso Gruyere, y al lado de la mesa había una chica, de cabellos largos y rubios, con un elegante vestido de color negro, y con sus manos, enfundadas en un par de guantes negros de cuero, la chica sostenía un enorme, largo y filoso cuchillo.


El futbolista se aterrorizó al ver a la chica frente a él con un cuchillo en mano, y más con semejante cuchillo, era realmente gigantesco, y solo atinó a balbucear:
-         ¿Quién sos? ¿Qué querés?
-        Mi nombre es Lorena Quesada – fue la respuesta de la chica – soy la Quesona, asesina de hombres, ya maté a muchos tipos como vos, vos vas a ser mi próxima víctima.
-         ¿Estas loca? ¿Porqué? ¡Socorro! ¡Ayúdenme! ¡Una loca quiere matarme! – empezó a gritar desesperado Juan Carlos Olave.
-         Podes gritar lo que quieras, pero no va a venir nadie. No te va a escuchar nadie, pero te voy a dar una chance de sobrevivir, una prueba de supervivencia, aunque será muy difícil que la puedas superar.
La chica entonces dejó el cuchillo sobre la mesa  y tocó un botón, el asiento donde estaba atado el futbolista se incorporó para adelante, quedando sus enormes pies al descubierto. La asesina sacó entonces una pluma, a la vez que empezó a acercarse al futbolista, y con la pluma, empezó a hacerle cosquillas en los pies.
-        Esta es la prueba, Carlitos – dijo la asesina – ver si resistís las cosquillas en los pies.
El futbolista no podía soportar las cosquillas, trataba de moverse de un lado a otro, se ría todo el tiempo, era una tortura realmente insoportable para cualquiera. Mientras le hacía cosquillas en los pies, la asesina acercaba su nariz a los pies del futbolista, los olía y entonces le dijo a Olave:
-        No tengo otra alternativa que asesinarte.
El futbolista quedó paralizado por el miedo y el terror. La asesina tomó el cuchillo y se acercó hacia su víctima. Dio una vuelta alrededor de la silla y se puso detrás de Olave, la asesina entonces tomó con fuerza el cuchillo, lo puso sobre la garganta del futbolista, y le cortó el cuello, la herida fue lo suficiente profunda, no hizo falta nada más. La sangre chorreo por todos lados, y salió tanto por la garganta como por la boca del futbolista degollado. La asesina no tardó en abandonar el lugar llevándose las zapatillas del hombre al que acababa de asesinar y pronunciando en voz alta el nombre de su víctima:
- Juan Carlos Olave.


1 comentario:

  1. quien le dedico esto a Olave? alguien de Gallegues?

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