martes, 21 de julio de 2015

La asesina de Emanuel Ginóbili



Cuenta la leyenda que el astro del básquet argentino e internacional Emanuel David Ginóbili, tal su nombre completo, se encontraba en una habitación de lujoso Hotel Germania, ubicado en una de las orillas del Lago Nahuel Huapi, cerca de Bariloche, en una zona donde se dice que habitó el Führer Adolf Hitler, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. 
Pocos saben que detrás de la fachada de un deportista de elite y exitoso, el “Manu” Ginóbili esconde una actividad ultrasecreta, como el ser sicario de un poderoso Sindicato del Crimen con ramificaciones en el mundo entero, y más alla también.


Ginóbili acababa de cumplir una misión para dicho sindicato. Grande fue la sorpresa de un conocido político – no importa cual – cuando vió frente a él al astro del básquet apuntándolo con un arma. Y ahora la sociedad estaba conmocionada por la muerte de dicho político. Al parecer no fue siquiera necesario que Ginóbili le disparara, con solo verlo al político le agarró un síncope y se murió de un infarto masivo. 
El “Manu” esta vez estaba limpio. Mejor para él, que se aprestaba a regresar a su actividad basquetbolistica después de cobrar millones de dólares y euros por esta nueva misión, que tan exitosamente había llevado a cabo.
Se encontraba en el hotel de incognito con el nombre de “Charles Nobigili” y aunque todos lo veían igual al astro del básquet. Nadie preguntaba nada. 


Cuenta la leyenda que Ginobili vió a una chica igual a Valeria Mazza en el bar del Hotel. Era común que esa chica estuviera en el hotel, al que solía concurrir cuatro o cinco veces en un mismo año. El Manu entonces a Carlitos, uno de los empleados del hotel, un doppenganger de Carlos Tevez. 
- ¿Quién es esa chica?
- Es una asistenta habitual a nuestro hotel, señor Nobigili.
- Si mi amigo Carlitos Delfino no la hubiese asesinado, diría que esa chica es igual a Valeria Mazza.
- Muchos dicen lo mismo… ja ja.
En la cena, El Manu no pudo impedir acercarse a clón de Valeria Mazza.
- Buenas noches, soy Charles Nobigili.
- Buenas noches – contestó la mujer, que no estaba sorprendida al verlo a Ginóbili frente a ella, al contrario estaba convencida que el basquetbolista se iba a acercar a ella – por favor señor Charles, siéntese lo invitó a cenar conmigo.
- Tendré el gusto de cenar con usted – dijo el basquetbolista, mientras se sentaba a la mesa – pero seré yo quien pagué.
- Si gusta hacerlo, señor Charles.
- Sos igual a Valeria Mazza.



- Y vos igual a Emanuel Ginóbili. La diferencia es que yo no soy Valeria Mazza, porque ella esta muerta, asesinada por un Quesón amigo tuyo. Soy Ravelia, la Quesona, así me dicen todos.
- Vaya vaya, el parecido es asombroso.
- Nací diez años después que ella, con la misma aspectación astral y planetaria, por eso soy igual. Y vos sos?
- Yo no soy un clon ni un doppenganger, yo soy Emanuel Ginóbili, no puedo mentirte a vos. Se que me decís la verdad y yo digo lo mismo.
- Por supuesto. Sos un Quesudo. Calzas 48, verdad? Siempre quise ver a que huelen tus pies.
- ¿Quesudo? Me encanta ese apodo. ¿En serio querés probar mis Quesos? Pues esta noche tendrás la oportunidad de hacerlo.
- Mira que estoy dispuesta a lo que sea con tal de lograrlo.
- Lo harás.
- Sos un Quesudo y serás Quesoneado por la Quesona.
- Ja, ja, ja, perfecto, soy el Quesudo Ginóbili de ahora en más, ja, ja.



El dialogo entre la Quesona y el Quesudo continuó hasta que fueron a la habitación. Dicen que ella olió los Quesos de él que no eran tan impresionantes como creía, un auténtico desperdicio.
- Creí que tus Quesos olían más a Queso, Quesudo.
- Soy Quesudo, no Quesón. A ver los tuyos.
El Quesudo entonces olió los pies de Ravelia.
- Los tuyos tampoco huelen a Queso. Son pies que huelen a perfume francés.
- Y sí soy una mujer muy elegante… si me parezco a Valeria Mazza, como dicen todos, también debo oler como ella.
- Esta experiencia de pies fue bastante decepcionante. Espero que en la cama no me defraudes, Quesona.
- Lo mismo digo, Quesudo.



Y tuvieron sexo. Esta vez no hubo decepciones. Cuando terminaron, Ginobili sentía que nunca sintió tanto placer.
- Realmente no me has decepcionado Quesona, nunca sentí tanto placer.
- Ni lo volverás a sentir Quesudo.
Ginóbili que le estaba dando la espalda a la Quesona, se dio vuelta y para su sorpresa, ella lo estaba apuntando con un arma muy poderosa, una itaka 37, como las que usaba Schwarzenegger en “Terminator”.



- ¿Porqué esto Quesona?
- Sos un sicario Emanuel y me preguntas por esto… matastes a muchos hombres de la política y los negocios en tus misiones… con esta misma arma… bueno ahora probarás tu propia medicina. La diferencia entre esas “misiones” y esta asesinato es que yo tiraré un Queso, ja ja…


Ya no hubo más palabras. Solo un disparo muy preciso y efectivo que impactó en la frente del basquetbolista. Nadie escuchó el disparo fuera de la habitación pues la asesina usó un potente silenciador. La asesina tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver mientras decía:
- Emanuel David Ginóbili. #Queso.
La asesina tomó entonces las zapatillas talle 48 de Emanuel David Ginóbili para agregarla a su vasta colección.
Y la Quesona se fue del lugar, pensando en quien serían sus próximas víctimas.


Miguel Avramovic, en una noche de terror


Miguel  Avramovic salió del entrenamiento de rugby como todos los días. Se trataba de un ex rugbier que ahora seguía vinculado al deporte como entrenador. Lógicamente, como todo rugbier era muy alto, robusto y patón. 
Llegó a la camioneta que estaba estacionada en el Parking, abrió las puertas e ingresó a la misma como cualquier otro día. Se estaba incorporando en el asiento delantero, cuando notó que una figura femenina, una chica alta y rubia, emergía de los asientos traseros.
 Miguel se dio vuelta, y la chica le inyectó una jeringa en el cuello. El rugbier se desvaneció de inmediato y se sumergió en un sueño intenso y profundo.
Cuando reaccionó, un par de horas después, el rugbier estaba atado de pies y manos a una silla, una especie de silla de dentista, no podía moverse. No sabía donde estaba, era un cuarto oscuro y húmedo, como de una fábrica abandonada. 




Avramovic observó que frente a el había una mesa con un gigantesco Queso Gruyere, y al lado de la mesa había una chica, de cabellos largos y rubios, con un elegante vestido de color negro, y con sus manos, enfundadas en un par de guantes negros de cuero, la chica sostenía un enorme, largo y filoso cuchillo.
El rugbier se aterrorizó al ver a la chica frente a él con una espada en mano, y más con semejante espada, era realmente gigantesca, y solo atinó a balbucear:
-         ¿Quién sos? ¿Qué querés?
-        Mi nombre es Ravelia Zamas – fue la respuesta de la chica – soy la Quesona, la Quesona Asesina, o como quieras llamarme, me gusta asesinar tipos como vos. Quesudos. Vos sos un Quesudo. Y yo soy una asesina de Quesudos.
-        ¿Estas loca? ¿Porqué? ¡Socorro! ¡Ayúdenme! ¡Una loca quiere matarme! – empezó a gritar desesperado el rugbier.
-        Podes gritar lo que quieras, pero no va a venir nadie. No te va a escuchar nadie, pero te voy a dar una chance de sobrevivir, una prueba de supervivencia, aunque será muy difícil que la puedas superar.




La chica entonces dejó la espada sobre la mesa  y tocó un botón, el asiento donde estaba atado el rugbier se incorporó para adelante, quedando sus enormes pies al descubierto. 
La asesina sacó entonces una pluma, a la vez que empezó a acercarse al rugbier, y con la pluma, empezó a hacerle cosquillas en los pies.
-        Esta es la prueba, Miguel – dijo la asesina – ver si resistís las cosquillas en los pies.
El rugbier no podía soportar las cosquillas, trataba de moverse de un lado a otro, se ría todo el tiempo, era una tortura realmente insoportable para cualquiera. 
Mientras le hacía cosquillas en los pies, la asesina acercaba su nariz a los pies del rugbier, los olía y entonces le dijo a Avramovic:
-         Tenés olor a Queso, pero no es el Queso que me gusta a mí, no tengo otra alternativa que asesinarte. Aunque todavía hay una chance para toda tu vida...
La asesina entonces puso sus pies, muy grandes para ser mujer, pues calzaba cuarenta y dos, y los colocó sobre el rostro del rugbier, le dijo entonces:
-         Chupamelos, olelos, besalos y lamelos.
Avramovic comenzó entonces a chupar, lamer, besar y oler los pies de la mujer. Cuando terminó, el rugbier quedó paralizado por el miedo y el terror.
-         Llegó la hora, Miguel.



La asesina tomó la espada y se acercó hacia su víctima. Dio una vuelta alrededor de la silla y se puso detrás de Avramovic, la asesina entonces tomó con fuerza la espada, lo puso sobre la garganta del rugbier, y le cortó el cuello, la herida fue lo suficiente profunda, no hizo falta nada más.
La sangre chorreo por todos lados, y salió tanto por la garganta como por la boca del rugbier degollado. La asesina volvió a tomar con fuerza la espada y le cortó la cabeza. 
Cuando terminó, con la misma espada con que había decapitado al rugbier, la asesina cortó el Queso en dos. Agarró la cabeza del rugbier, y la puso sobre la horma gigantesca de Queso, a la vez tiró la otra mitad del Queso sobre el cadáver mutilado de su víctima.
-         Miguel  Avramovic. #Queso.
La asesina no tardó en abandonar el lugar pronunciando en voz alta el nombre del hombre al que había asesinado., a la vez que se llevaba como trofeo las zapatillas talle 47 de su víctima.


domingo, 12 de julio de 2015

Paula Medici y Carlos Bossio en una tarde de Sexo


La bella, joven y agraciada modelo Paula Medici estacionó el auto en un valet parking, y tras descender del mismo, comenzó a caminar por el lugar. Mientras lo hacía, comenzó a sentirse observada, como si alguien la estuviera mirando. Miró a un lado, miró al otro, no vio nadie, siguió caminando. De repente, como salido de la nada misma, frente a ella apareció un hombre de unos treinta y pico de años, muy alto y patón, vestido de forma muy elegante, con dos guantes negros que le cubrían las manos y dos enormes zapatos talle cincuenta en sus grandes pies.
-         ¡Carlos! – dijo sorprendida Paula, al reconocer al muchacho.
-         Hola Paula – fue la respuesta de Carlos. Era Carlos Bossio, a la vez esposo de otra modelo, Giselle Tigana, y yerno de la afamada diseñadora de modas, Anne Marie Amoros.
-         ¿Qué haces por aca?
-         Estamos organizando un nuevo evento, del que por supuesto vas a formar parte, ya te lo estoy adelantando, tu presencia siempre es motivo de éxito.
-         Gracias, Carlos – contestó Paula, muy contenta por el elogio. Carlos no era un muchacho digamos guapo, más bien lo contrario, pero a Paula le generaba cierta atracción.
-         ¿Vas por alla, Paula?
-         Sí, salgamos por alla.



Los dos comenzaron a caminar juntos. Mientras lo hacía, Carlos le dijo a Paula:
-         ¿Sabes una cosa, Paula?
-         Decime Carlos.
-         Me gustaría tener sexo con vos – así, directa y contundente fue la propuesta de Carlos.
-         ¿Me lo estás diciendo en serio? – Paula, lejos de horrorizarse por la propuesta, le gustó escuchar eso de boca de Carlos.
-         Por supuesto...
-         Estamos casados Carlos, vos con Giselle, yo con Mario.
-         ¿Y qué? Hoy no nos vamos a divorciar. Esta mañana estabamos casados, a la noche seguiremos casados, pero ahora a la tarde, nos podemos permitir un momento de diversión.
A Paula le gustaba mucho la idea, no podía disimularlo, y estaba dispuesta a aceptar la propuesta, le dijo entonces a Carlos:
-         ¿Y donde lo hacemos?
-         Tengo un departamento, el mismo donde vivía antes de casarme con Giselle. Quedó bien armado. Vamos allá...
-         ¿Dónde está?
-         Cerca de acá, a tres cuadras, vamos caminando.



Rato después, Paula y Carlos estaban en el departamento. Paula estaba acostada, viendo a Carlos totalmente desnudo, todavía parado frente a la cama, para la chica era algo fascinante. Le dijo:
-         ¿Sabes una cosa, Carlos? Siempre me gustastes mucho...
-         Lo sé, por eso me animé a hacerte esta propuesta. A mí también siempre me gustaste mucho...
-         Tus pies, tus pies son hermosos, ¿Cuánto calzas, Carlos?
-         Cincuenta.
-         ¿Tanto?
-         Sí, miralos los pies – Carlos levantó su pie derecho y lo pusó sobre el rostro de Paula. El olor a Queso era muy intenso, apestoso, pero a Paula le gustaba.
-         ¡Qué olor a Queso que tenés Carlos!
-         ¿Vistes? Es apestoso, pero a las chicas le gusta, no lo puedo evitar...
Durante varios minutos Paula lamió, besó, chupó y olió el pie derecho de Carlos.
-         Si te gustó el derecho, te va a gustar también mi pie izquierdo – le dijo Carlos, mientras ponía su pie izquierdo sobre el rostro de Paula, que repitió lo mismo que había hecho minutos antes con el pie derecho.
Cuando terminó, Carlos le dijo a Paula:
-         Espero ahora oler tus pies.
-         Aca los tenés.
Carlos olió los suaves y femeninos de Paula, pero no olían a nada, estaban demasiado limpios y perfumados.
-         Bueno, yo soy un Queson, pero vos no sos una Quesona...
-         Bueno, Carlos...
-         No importa. Pero vinimos a tener sexo, dejemos por un momento el juego de los pies.
A continuación, Paula y Carlos mantuvieron una intensa relación sexual. Cuando terminaron, los dos estaban más que contentos, sentían haber tenido una experiencia realmente fantástica.
-         Me imaginaba que eras bueno en la cama, Carlos, pero la verdad superó cualquier imaginación.
-         Opino lo mismo de vos, Paula.
-         ¿A dónde vas? – le dijo Paula, al ver que Carlos se levantó de la cama y empezó a salir de la habitación.
-         Vamos a jugar a otro juego – fue la respuesta de Carlos.




Paula se quedó esperando, todavía contenta por la tarde que había pasado. Apenas unos minutos después, el muchacho estaba frente a ella, con un enorme Queso Gruyere en las manos.
-         ¿Y ese Queso, Carlos?
-         Te gustó mucho el Queso de mis pies, ahora te va a gustar este Queso también.
Carlos tomó el Queso y lo tiró sobre la chica, a la vez que sacó de su espalda un gigantesco cuchillo, y se tiró sobre Paula.
-         ¿Qué haces Carlos con este cuchillo?
-         Morirás asesinada, Paula, yo soy el Queson, el asesino serial de mujeres.
-         ¡NOOOOO! – gritó horrorizada la chica.
La chica intentó defenderse, y opuso toda la resistencia que pudo, pero la furia del asesino pudo mucho más. No le resultó fácil a Carlos asesinar a Paula, pero cuchillada va, cuchillada viene, puñalada va, puñalada viene, le asestó como cien puñaladas, una tras otra, hasta que finalmente finalizó su tarea macabra.
Cuando terminó, Carlos tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la chica, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
Rato después, el asesino comenzó a limpiar la escena del crimen, y metió el cadáver de Paula, con el cuchillo clavado en el estomago, y el Queso, en una bolsa de dormir. Espero que pasaran algunas horas, y sacó la bolsa de dormir por el pasillo, esperando que nadie lo descubriera. Fue directamente al estacionamiento, y metió la bolsa en el auto, rato después, lo tiró en una plaza, donde chicos de la primaria solían jugar al fútbol.


jueves, 2 de julio de 2015

Valeria, la Quesona y Marcelo, el Quesudo


No sabemos como llegaron ni donde, tampoco porque, pero imaginemos que Marcelo Tinelli y Valeria Mazza estaban los dos solos, en una habitación en algún lugar de lujo acorde a lo que estas dos personas exigen y requieren.
Marcelo estaba acostado, totalmente desnudo, sobre la cama, con sus dos enormes pies talle cuarenta y cuatro sobresaliéndole de la misma. Valeria también estaba totalmente desnuda. Sobre una mesa, muy cerca, de la cama, había una enorme y gigantesca horma de Queso Emmenthal, que sobresalía por sus grandes y voluminosos agujeros.
- ¿Por qué este Queso, Valeria? – le preguntó Marcelo a Valeria.
- Es parte del juego – le aclaró Valeria – te dije que nos vamos a divertir mucho, ya vas a ver.
- ¡Pero este Queso tiene una baranda, che!
- No, Marcelo, el olor a Queso viene de tus pies, y de los míos. Vos sos un Queson y yo una Quesona, ja, ja.
- ¿Un Queson, yo? – se rió Marcelo – Ja, ja, para ser Queson hay que llamarse Carlos, yo me llamó Marcelo, que Carlos ni Carlos.
- Bueno, quizás vos no seas un Queson, apenas un Quesudo, pero yo sí soy una Quesona.
- ¿En serio?
- Sí, mirá Marcelo, olé mis pies...


Valeria Mazza, que calza cuarenta y dos, puso sus pies encima del rostro de Marcelo, este comenzó a olerlos, chuparlos, besarlos y lamerlos, una y otra vez. Los pies de Valeria Mazza olían a Queso, pero era un Queso fuerte y agradable a la vez, como el olor que genera un fromage francés, delicado y delicioso. Marcelo quedó extasiado por el olor de los pies de Valeria.
- ¿Y te gustaron mis Quesos, Marcelo?
- Y sí, sos muy Quesuda, que diga Quesuda, una Quesona, una Requesona...
- A ver los tuyos, sí huelen más que los míos...
Marcelo, sin dejar de estar acostado en la cama, extendió sus enormes pies hacia la cara de Valeria, que permaneció apoyada de rodillas. 
Valeria entonces tomó una pluma y empezó a hacerle cosquillas en los pies a Marcelo, que no paró de reírse y de emitir carcajadas tras carcajadas mientras la chica lo cosquilleó. Le pasó la pluma por encima de las plantas de los pies, y después por cada dedo con sumo detalle. 



Cuando terminó, Valeria empezó a oler los pies de Marcelo. Sintió una profunda decepción. Olían a Queso, un Queso muy fuerte, pero Valeria sintió que era un Queso de segunda mano, no era el Queso que ella imaginaba.
- ¿Y te gustaron, Valeria?
- No, Marcelo, no te voy a mentir. Creía que tenías Quesos más ricos.
- Te lo dije, Valeria. Soy Quesudo, pero no soy Queson.
- Sí, ya me dí cuenta, Marcelo.
- ¿Y ahora?
- Y ahora viene lo mejor...
Valeria agarró un enorme cuchillo y se acercó a Marcelo, que la veía aterrorizada, la chica descargó una puñalada con furia, ante el horror de Marcelo, pero la puñalada impacto en una de las almohadas...
- ¿Creías que te iba a matar? ¡Ja, ja!
Marcelo respiró algo aliviado, pero ahora Valeria agarró una almohada y la pusó sobre la cabeza de Marcelo, tapándole la vista.
- ¿Qué haces loca, ahora? – le dijo riéndose Marcelo a Valeria.
- Ya vas a ver, te va a gustar, quedate así, con los ojos cerrados.


Sin que Marcelo la viera, dado que tenía una almohada sobre su cabeza, Valeria se puso guantes negros en sus manos y sacó de una cartera, un revolver largo con silenciador. Se acercó a Marcelo, y se pusó frente a él, le apuntó entonces hacia la cabeza.
- ¿Y Valeria? ¡Estoy esperando!
La respuesta de Valeria no fue ninguna palabra, sino un disparo que efectuó hacia la cabeza de Marcelo, que obviamente no la veía. El disparo fue muy efectivo y todo indicaba que había dado en la cabeza de Marcelo, cuyo cuerpo permanecía inmóvil.
La asesina entonces volvió a guardar el revolver, y siempre con guantes en la mano, agarró el Queso y lo tiró sobre el cuerpo de su víctima, que seguía con el almohadón sobre la cabeza.
- Queso – dijo en voz alta la asesina.
Valeria Mazza era una asesina de hombres, una asesina serial o una asesina a sueldo (lo que el lector prefiera o imagine), que solía llevarse como trofeo los zapatos o las zapatillas de cada uno de los hombres que asesinaba. Por eso, buscó los grandes zapatos talle cuarenta y cuatro de Marcelo Tinelli, los agarró y los guardo en sus pertenencias.
Antes de irse del lugar, la asesina contempló el cadáver del hombre que había asesinado, con el Queso encima, y dijo en voz alta el nombre de su víctima:
- Marcelo Tinelli.
Su víctima permanecía con el almohadón sobre la cabeza. La Quesona decidió contemplar el rostro del hombre al que había asesinado y retiró el almohadón.  Pero para su sorpresa y horror, Marcelo Tinelli abrió los ojos, le sonrío y le dijo:
- ¿Creías que ibas a asesinar a Marcelo Tinelli?
- ¡Noooo! – gritó la Quesona.


La Quesona entonces volvió a agarrar el revolver, lo tomó con gran nerviosismo y descargó todos los balazos sobre Marcelo Tinelli hasta quedarse sin municiones. Pero Marcelo Tinelli resistió todas las balas, no solo seguía vivo, sino que se levantó de la cama.
- Son balas de fogueo, pelotuda, antes de entrar acá, mis custodios te la cambiaron, ¿En serio creíste que iba a ser tan fácil asesinar a Marcelo Tinelli?
Marcelo siguió caminando mientras Valeria retrocedía espantada. En ese momento, ingresaron los custodios. Los custodios eran dos hombres muy altos y patones, hermanos mellizos, rugbiers, uno se llamaba Carlos Gerardo Lazcano Miranda, le decían “Charly”, el otro Carlos Isaac Lazcano Miranda, le decían “Carlitos”...
La asesina quedó contra la pared, horrorizada, observando a los dos rugbiers, detenida por el miedo y el pánico...
- Me gustaría asesinarte con mis propias manos, te estrangularía en este mismo momento – dijo Marcelo Tinelli – pero no me voy a ensuciar de esta manera. Charly y Carlitos, asesínenla ustedes que se llaman Carlos.


En ese momento Charly tomó un puñal y lo lanzó sobre la mujer, clavándoselo en el corazón. En forma simultanea, Carlitos, apuntó con su revolver con silenciador hacia la asesina y le disparó un balazo en la frente. La asesina cayó muerta de inmediata, como consecuencia de haber recibido en forma simultanea una puñalada y un balazo.
- Tírenle el Queso que me había tirado a mí – dijo Marcelo Tinelli a los dos rugbiers - Digan en voz alta la palabra: “Queso”.
Charly y Carlitos entonces tomaron juntos el enorme Queso que minutos antes le habían tirado a Marcelo Tinelli, y lo tiraron sobre el cadáver de la asesina diciendo al unísono en voz alta:
- Queso.
Cuando terminaron los dos rugbiers le preguntaron a Marcelo:
- ¡Esta mina era Valeria Mazza!
- No, no era. Era muy parecida, pero no era, se había operado para parecerse. Era una loca.
- ¿Y ahora que hacemos con el cadaver?
- Salgamos del lugar, no se preocupen, mis contactos en la policía van a limpiar el lugar y de esta mina no se va a acordar nadie.
- ¿Y la prensa? ¡Esto va a ser un escándalo!
- Nadie se va a enterar de nada. Esta era una loca, nada más, no hay nada ni nadie detrás de ella, habrá que tener más cuidado de ahora en más. Bueno, muchachos, apurémonos un poco, en una hora empieza el partido de San Lorenzo.




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