domingo, 15 de marzo de 2015

Carlos Izquierdoz, matamujeres; Carlos Quintana, tiraquesos


La abogada salía de su estudio, y acababa de cerrar la puerta, cuando dio vuelta la cabeza para dirigirse hacia el ascensor. Para su sorpresa, el ascensor se detuvo en el piso, y del mismo, salieron dos hombres muy altos, patones y con olor a Queso en los pies.
-         Buenas noches, doctora Karina Ramírez.
Si la abogada ya estaba aterrorizada al ver a los dos hombres en el lugar, mayor fue el terror al escuchar su nombre.
-         ¿Quiénes son ustedes? – alcanzó a balbucear.
-         Yo soy Carlos Quintana, el “Hacha” – dijo uno de los hombres, el más alto de los dos, con un 1,92 metros de altura.
-         Y yo, Carlos, Izquierdoz, el “Cali”– dijo el otro, apenas menos alto, con unos 1,88 metros.
-         ¿Qué quieren?
-         Somos Quesones, somos asesinos de mujeres. Lo siento, pero hemos venido a asesinarla – fue la respuesta de Carlos Izquierdoz.
El “Cali” entonces sacó un enorme cuchillo de caza, esos que usa Rambo, y se acercó hacia la mujer. La abogada estaba aterrorizada e intentó defenderse, pero la furia del asesino pudo más. Carlos Izquierdoz le clavó el cuchillo primero en el estomago, luego en el pecho, y le aplicó varias puñaladas. Cuando Carlos Izquierdoz finalizó, Carlos Quintana, sacó un Queso y lo tiró sobre el cadáver de la mujer, que estaba tendido en el piso.
-         Queso – dijo en voz alta.
Y los dos Carlos abandonaron el lugar.




Carlos Luna, matamujeres; Carlos Izquierdoz, tiraquesos


Era muy tarde para que la Escuela permaneciera abierta, pero la directora, Belen Loze, aún estaba en ella. Por fin, finalizó su tarea, y acababa de cerrar la puerta, cuando dio vuelta la cabeza para dirigirse hacia la salida, por el pasillo. Para su sorpresa, observó que se acercaban por el mismo dos hombres muy altos, patones y con olor a Queso en los pies.
-         Buenas noches, maestra Belen Loza.
Si la maestra ya estaba aterrorizada al ver a los dos hombres en el lugar, mayor fue el terror al escuchar su nombre.
-         ¿Quiénes son ustedes? – alcanzó a balbucear.
-         Yo soy Carlos Izquierdoz, el “Cali” – dijo uno de los hombres, el más alto de los dos, con un 1,88 metros de altura.
-         Y yo, Carlos, Carlos Luna, el “Chino”– dijo el otro, un poco menos alto, con unos 1,82 metros.
-         ¿Qué quieren?
-         Somos Quesones, somos asesinos de mujeres. Lo siento, pero hemos venido a asesinarla – fue la respuesta de Carlos Luna.
El “Chino” entonces sacó una ametralladora tipo uzi con silenciador y se acercó hacia la mujer. La maestra estaba aterrorizada e intentó defenderse, pero la furia del asesino pudo más. Carlos Luna disparó cinco balazos, sobre la frente, la garganta, el pecho, el estomago y el abdomen de la mujer, que cayó muerta de inmediato. Cuando Carlos Luna finalizó, Carlos Izquierdoz, sacó un Queso y lo tiró sobre el cadáver de la mujer, que estaba tendido en el piso.
-         Queso – dijo en voz alta.
Y los dos Carlos abandonaron el lugar.


Carlos Quintana, matamujeres; Carlos Luna, tiraquesos


Eran pasadas las once de la noche, y por fin la doctora Jimena Bonn finalizó su turno en el hospital. No le agradaba caminar por las inmediaciones del hospital a esa hora, pues era muy oscuro y no había gente en la calle. Pero no le quedaba otra. De repente, vio que frente a ella se acercaban dos hombres muy altos, patones y con olor a Queso en los pies.
-         Buenas noches, doctora Jimena Bonn.
Si la médica ya estaba aterrorizada al ver a los dos hombres en el lugar, mayor fue el terror al escuchar su nombre.
-         ¿Quiénes son ustedes? – alcanzó a balbucear.
-         Yo soy Carlos Quintana, el “Hacha” – dijo uno de los hombres, el más alto de los dos, con un 1,92 metros de altura.
-         Y yo, Carlos, Carlos Luna, el “Chino”– dijo el otro, unos diez centímetros más bajo que Carlos Quintana, con unos 1,82 metros.
-         ¿Qué quieren?
-         Somos Quesones, somos asesinos de mujeres. Lo siento, pero hemos venido a asesinarla – fue la respuesta de Carlos Quintana.
El “Hacha” entonces sacó un enorme hacha, y se acercó hacia la mujer. La abogada estaba aterrorizada e intentó defenderse, pero la furia del asesino pudo más. Carlos Quintana la golpeó varias veces a la mujer y la asesinó a hachazos. Cuando Carlos Quintana finalizó, Carlos Luna, sacó un Queso y lo tiró sobre el cadáver de la mujer, que estaba tendido en el piso.
-         Queso – dijo en voz alta.

Y los dos Carlos abandonaron el lugar.




La asesina de Juan Martín Del Potro


Esto que voy a contaros ocurrió alguna de la veces que Juan Martín Del Potro disputaba el torneo de Roland Garros, en París. Grande fue la sorpresa del tenista, con su 1,98 y su calzado talle 48 contemplar a una mujer que era idéntica a la top model Valeria Mazza.
Pero Valeria Mazza había sido asesinada por Carlos Delfino, no podías ser ella. Además esta replica exacta parecía ser más joven que la verdadera.
- Soy Ravelia, me dicen la Quesona.
Así se presentó la chica cuando estuvo ante el tenista y agregó.
- Me gustan los Quesudos como vos.


Lo cierto es que Juan Martín Del Potro ofreció un banquete, exclusivamente para su personal de servicio, pero, a último momento, decidió invitar también a Ravelia la Quesona.
Ravelia la Quesona entró y se reclinó; el corazón de Juan Martín Del Potro quedó cautivado por ella, su espíritu se turbó y ardía en deseos de poseerla, porque desde la primera vez que la vio, buscaba la oportunidad de seducirla.
"Bebe, le dijo el tenista, y alégrate con nosotros".
Ravelia la Quesona le replicó: "Beberé‚ con mucho gusto, Juan Martín, porque desde el día en que nací, jamás he apreciado tanto la vida como hoy".
Entonces Ravelia la Quesona comió y bebió en presencia de él, mientras Delpo, encantado con ella, bebió tanto vino como nunca lo había hecho en un solo día desde su nacimiento.



Cuando se hizo tarde, sus ayudantes se retiraron inmediatamente. Sólo Ravelia quedó en el lugar, mientras Delpo, completamente borracho, yacía tendido en su lecho.
Cuando todos ya se habían retirado de la carpa, y no quedaba nadie dentro de ella, Ravelia se aproximó entonces a la barra del lecho que estaba junto a la cabeza de Delpo, y descolgó de allí su espada, y acercándose al lecho, lo tomó por la cabellera y le asestó dos golpes en el cuello con todas sus fuerzas y le cortó la cabeza. 




Hizo rodar el cuerpo desde el lecho y arrancó el cortinado de las columnas. Tomó un enorme Queso, que había sobrado del banquete, y lo tiró sobre el cadaver decapitado de Delpo.
- Juan Martín Del Potro. #Queso – dijo en voz alta.
Poco después, salió y pusó sobre una bandeja, la cabeza de Juan Martín Del Potro. Se sacó selfies con ella y las publicó en las redes sociales con una enorme difusión.
Así fue como Juan Martín Del Potro fue asesinado por Ravelia la Quesona. Obviamente se llevó las zapatillas del tenista como trofeo para su colección.
Las autoridades francesas no dudaron en pedir la captura de la temible asesina, pero ella ya había logrado huir, esta vez rumbo a Londres, en el Eurostar.





La asesina de Fabricio Oberto (versión original)





Imágenes de Fabricio Oberto (1)


Cerca de Bariloche, sobre el Lago Nahuel Huapi, en el mismo hotel lujoso donde se dice que Ravelia la Quesona asesinó al basquetbolista Emanuel Ginóbili ocurrió lo que voy a contaros a continuación.
En esa residencia de lujo se encontraba hospedado el ex basquetbolista Fabricio Carlos Oberto, devenido en sicario al servicio de un poderoso sindicato del crimen con ramificaciones en el mundo entero.
Oberto no estaba hospedado con su auténtico nombre en el Hotel. Usó su nombre en clave “Carlos Quesoberto”. Con esa identidad solía cometer sus misiones con gran profesionalismo y eficacia. Esta vez descansaba en el hotel después de haber ejecutado a un alto empresario en un lugar no lejano de allí. La frialdad de Fabricio Oberto para cometer esa clase de trabajos, siempre pagados en forma millonaria, es digna de ser contada, más no es el objetivo de este relato.
Cuenta la leyenda que Fabricio vió a una chica igual a Valeria Mazza en el bar del Hotel. Era común que esa chica estuviera en el hotel, al que solía concurrir cuatro o cinco veces en un mismo año. El Fabri le preguntó entonces a Carlitos, uno de los empleados del hotel, un doppenganger de Carlos Tevez. 
- ¿Quién es esa chica?
- Es una asistenta habitual a nuestro hotel, señor Quesoberto.
- Si mi amigo Carlitos Delfino no la hubiese asesinado, diría que esa chica es igual a Valeria Mazza.
- Muchos dicen lo mismo… ja ja.
En la cena, Fabricio no pudo impedir acercarse a clón de Valeria Mazza.
- Buenas noches, soy Carlos Quesoberto.
- Buenas noches – contestó la mujer, que no estaba sorprendida al verlo a Fabricio Oberto frente a ella, al contrario estaba convencida que el basquetbolista se iba a acercar a ella – por favor señor Quesoberto, siéntese lo invitó a cenar conmigo.
- Tendré el gusto de cenar con usted – dijo el basquetbolista, mientras se sentaba a la mesa – pero seré yo quien pagué.
- Si gusta hacerlo, señor Quesoberto.
- Sos igual a Valeria Mazza.
- Y vos igual a Fabricio Oberto. La diferencia es que yo no soy Valeria Mazza, porque ella esta muerta, asesinada por un Quesón amigo tuyo. Soy Ravelia, la Quesona, así me dicen todos.
- Vaya vaya, el parecido es asombroso.
- Nací diez años después que ella, con la misma aspectación astral y planetaria, por eso soy igual. Y vos sos?
- Yo no soy un clon ni un doppenganger, yo soy Fabricio Oberto, no puedo mentirte a vos. Se que me decís la verdad y yo digo lo mismo.
- Por supuesto. Sos un Quesudo. Calzas 49, verdad? Siempre quise ver a que huelen tus pies.
- ¿Quesudo? Me encanta ese apodo. ¿En serio querés probar mis Quesos? Pues esta noche tendrás la oportunidad de hacerlo.
- Mira que estoy dispuesta a lo que sea con tal de lograrlo.
- Lo harás.
- Sos un Quesudo y serás Quesoneado por la Quesona.
- Ja, ja, ja, perfecto, soy Fabricio el Quesudo Oberto de ahora en más, ja, ja.
El dialogo entre la Quesona y el Quesudo, luego cada uno fue a su habitación, hasta que ella se dirigió a la de él. 
- Buenas noches Valeria – dijo Fabricio.
- Buenas noches Fabricio. ¿O debo llamarte Carlos Quesoberto?
- Ja, ja, Carlos Quesoberto! Muy buena esa! Sabría que vendrías…
Ella le regaló un Queso, un enorme Queso, que Fabricio aceptó muy gustoso.




                    Imágenes de Fabricio Oberto (2)




Imágenes de una primer borrador finalmente no publicado de "La asesina de Fabricio Oberto" donde la Quesona estrangulaba al basquetbolista




                   Imágenes de Fabricio Oberto (3)


Los pies de Fabricio Oberto

El frío afuera de ese lugar ese impresionante, pero la calefacción más la calentura que los dos tenían elevaron la temperatura. El puso sus pies sobre un apoyo para que ella los oliera…
Dicen que ella olió los Quesos de él que no eran tan impresionantes como creía, un auténtico desperdicio.
- Creí que tus Quesos olían más a Queso, Quesudo. Además deberían ser más grandes. Medís 2,08 metros, Fabricio.
- Soy Quesudo, no Quesón. A ver los tuyos. Me llamo Fabricio, aunque en la Organización me llamen Carlos. Carlos Quesoberto.
El Quesudo entonces olió los pies de Ravelia.
- Los tuyos tampoco huelen a Queso. Son pies que huelen a perfume francés.
- Y sí soy una mujer muy elegante… si me parezco a Valeria Mazza, como dicen todos, también debo oler como ella.
- Esta experiencia de pies fue bastante decepcionante. Espero que en la cama no me defraudes, Quesona.
- Lo mismo digo, Quesudo.
Y tuvieron sexo. Esta vez no hubo decepciones. Cuando terminaron, Fabricio sentía que nunca sintió tanto placer.
- ¿Qué se puede hacer después de tanto placer, Ravelia?
- Disfrutar de un buen champagne – fue la respuesta de la chica.
Fabricio entonces esperó sentado, dándole la espalda a Ravelia, pensando que ella se estaba encargando de servir el champagne.
Por eso no contempló que Ravelia se puso los guantes negros y agarró el largo y filoso cuchillo en forma de katana, comenzó entonces a dirigirse hacia donde estaba sentado Fabricio. 
El basquetbolista estaba tirado en el piso con las piernas hacia adelante sobresaliendo sus enormes pies y sus zapatillas viejas, sucias y gastadas. Al lado de él, sobre una mesa, una enorme horma de Queso Gruyere que sobresalía por sus agujeros voluminosos. Ravelia escondió el puñal en su espalda. 




Imágenes de Fabricio Oberto (4)

La chica comenzó a moverse muy despacio y quedó a la espalda de Oberto, ahora ya no en el piso, sino sentado cómodamente en un sillón, dijo:
- Después del sexo que hemos tenido, vamos a tener que hablar de varios temas, mi estimada…
- Por supuesto, y reitero lo que te dije hoy, tu nombre debería ser Carlos Quesoberto, no Fabricio Carlos Oberto.
- Vos asesinastes a Emanuel Ginóbili. No tengo dudas.
- Claro que fui yo, Fabricio, y ahora llegó tu turno, Caaaarloooossss Queeeessssoooobeeeeerrrrtooooo…
Valeria no terminó de decir eso cuando en un rápido movimiento, levantó el cuchillo y le cortó la garganta de oreja a oreja al basquetbolista. Sorprendido desde atrás, Fabricio no pudo defenderse y la asesina culminó su tarea con cortes más profundos en el sangrante cuello.
Cuando terminó, la asesina dijo en voz alta el nombre de su víctima:
- Fabricio Oberto. #Queso
El Queso Emmental, que permanecía servido en una bandeja sobre la mesa, fue el mudo testigo del asesinato. La asesina tomó entonces las zapatillas talle 49 sucias, viejas y gastadas del basquetbolista, más los olorosos calcetines que llevaba puesto...
Dicen que la asesina acercó los calcetines a su nariz y quedó horrorizada ante el olor a Queso que tenían...
- ¡Vaya! Estará muerto pero olía como un Gruyere...
Entonces se llevó las zapatillas y los calcetines como trofeo a la habitación…
Y la Quesona se fue del lugar, pensando en quien serían sus próximas víctimas.




“Sentado y maniatado en una silla, Fabricio Oberto le daba la espalda a Valeria, la asesina. Por eso, no vio que la terrible y sanguinaria asesina se acercaba con una espada, y sin mediar palabra alguna, le cortó la cabeza al basquetbolista”


"La asesina tomó el largo y filoso cuchillo con forma de katana y le cortó la garganta a Fabricio Oberto"







"La asesina como trofeo se llevó las zapatillas de Fabricio Oberto"


"La cabeza de Fabricio Oberto o de Carlos Quesoberto"


“Luego le tiró un Queso”


La asesina de Patricio Albacete


No sabía donde estaba, era un cuarto oscuro y húmedo, como de una fábrica abandonada. 

Albacete observó que frente a el había una mesa con un gigantesco Queso Gruyere, y al lado de la mesa estaba la chica, Ravelia la Quesona, disfrazada como de guerrera de la antigüedad. Era un vestido de color rojo, y con sus manos, enfundadas en un par de guantes rojo de cuero, la chica sostenía una espada.


El rugbier se aterrorizó al ver a la chica frente a él con la espada en mano, y más con semejante espada, era realmente gigantesca, y solo atinó a balbucear:
- ¿Quién sos? ¿Qué querés?
- Soy la clón de Valeria Mazza, ja, ja, Ravelia la Quesona, ya te lo dije – fue la respuesta de la chica – soy una temible asesina de hombres, ahora llegó tu turno, Albacete.
- ¿Estas loca? ¿Porqué? ¡Socorro! ¡Ayúdenme! ¡Una loca quiere matarme! – empezó a gritar desesperado el rugbier.
- Podes gritar lo que quieras, pero no va a venir nadie. No te va a escuchar nadie, pero te voy a dar una chance de sobrevivir, una prueba de supervivencia, aunque será muy difícil que la puedas superar.



La chica entonces dejó el espada sobre la mesa  y tocó un botón, el asiento donde estaba atado el rugbier se incorporó para adelante, quedando sus enormes pies al descubierto. La asesina sacó entonces una pluma, a la vez que empezó a acercarse al rugbier, y con la pluma, empezó a hacerle cosquillas en los pies.
- Esta es la prueba, Pato – dijo la asesina – ver si resistís las cosquillas en los pies.



El rugbier no podía soportar las cosquillas, trataba de moverse de un lado a otro, se ría todo el tiempo, era una tortura realmente insoportable para cualquiera.
A continuación, la clón de Valeria Mazza, o sea Ravelia la Quesona se puso encima del rugbier y lo obligó a olerle, chuparle, lamerle y besarle los pies.
- Espero que te guste el olor de mi pies, Pato. Huelen a perfume francés, son pies limpios y perfumados.



Cuando la clón de Valeria Mazza terminó, el rugbier quedó paralizado por el miedo y el terror. La asesina tomó la espada y se acercó hacia su víctima. Dio una vuelta alrededor de la silla y se puso detrás de Albacete, la asesina entonces tomó con fuerza la espada, y dándole tres golpes con toda la fuerza, le cortó la cabeza. La asesina no tardó en abandonar el lugar pronunciando en voz alta el nombre de su víctima:
-         Patricio Albacete.
Sobre el cadáver decapitado del rugbier, quedó una enorme horma de Queso Gruyere.

Los Tres Carlos con sus Quesos viajan en tren


Era una gris y lluviosa tarde de otoño sobre la ciudad de Buenos Aires. La señora Van Grolman, una mujer de unos cuarenta años, muy bien vestida, y con un equipaje importante, esperaba un taxi en una de las esquinas céntricas. Finalmente, un taxi se paró frente a ella y ascendió al mismo.
-         Buenas tardes – dijo el taxista.
-         Buenas tardes. Hasta la estación Retiro.
El taxista se dirigió entonces a la estación Retiro. Era un viaje de unas doce cuadras, pero el intenso tráfico demoró el trayecto más alla de lo previsto. Finalmente el viaje llegó a su fin.
-         ¿Cuánto le debo?
-         Dieciocho libras – fue la respuesta del taxista.
Van Grolman agarró un billete de veinte libras y se lo entregó al conductor.
-         Suficiente, quédese con el vuelto.
El taxista ayudó a la viajera a descender el equipaje.
-         Muchas gracias, señor, se lo agradezco mucho.
-         De nada, buen viaje, señora.


La mujer ingresó a la estación y escuchó que los parlantes ya estaban anunciando la partida de su tren, en unos quince minutos.
-         Trenes Argentinos anuncia la salida del tren n° 601 “Estrella del Norte” con destino ciudad de San Miguel de Tucumán, y paradas intermedias en Rosario, Rafaela y La Banda, más combinaciones a Santiago del Estero, Termas de Río Hondo, Salta, Jujuy y La Quiaca, por la plataforma n° 1.
Van Grolman se dirigió entonces a la plataforma n° 1, quizás no se dio cuenta que tres hombres muy altos y patones, vestidos con sombrero, pilotos, poleras, pantalones y guantes de color negro, la estaban siguiendo. La mujer lo ignoraba, pero eran tres peligrosos y sanguinarios asesinos de mujeres.
-         Miren, Hacha, Chino, alla va nuestro objetivo – dijo uno de los hombres, se trataba de Carlos Izquierdoz, a quien llamaban el “Cali”.
-         Sí, Cali, apurémonos un poco, pero estamos bien. No habrá problemas – fue la respuesta de Carlos Quintana, a quien llamaban el “Hacha”.
-         Cali, Hacha, ¿Vamos los tres juntos? – preguntó Carlos Luna, a quien llamaban el “Chino”.
-         Chino, vamos los tres juntos – respondió Carlos Quintana. Cada uno de los tres Carlos llevaba un bolso.
De los tres Carlos, el más alto era Quintana, que medía 1,92 metros y calzaba 47; Izquierdoz medía 1,90 y calzaba 46; Luna, el más bajo de los tres, medía 1,85 y calzaba 45. Los tres tenían un fuerte e intenso olor a Queso en los pies.


Finalmente, la mujer llegó al tren, y se subió a uno de los coches de Clase Ejecutiva. Ingresó a uno de los compartimentos, con lugar para seis asientos. Dos de ellos ya estaban ocupados, en uno había una mujer de unos cincuenta años, en otro una chica, con aspecto de estudiante.
-         Buenas tardes – dijo la mujer.
-         Buenas tardes – le contestaron.
Entonces la mujer se sentó en su lugar. El “Estrella del Norte” partió puntualmente rumbo a San Miguel de Tucumán.
Con el tren ya en marcha, y mientras cruzaba el llamado “Empalme Maldonado”, tres hombres ingresaron al compartimento. Eran Carlos Izquierdoz, Carlos Quintana y Carlos Luna. Los tres vestidos totalmente de negro, incluyendo piloto, polera, guantes, sombrero y zapatos.
Las tres mujeres en principio no se asustaron pues pensaron que eran los ocupantes de los tres lugares que aún quedaban vacíos. Cuando se dieron cuenta de que no era así, ya era muy tarde para reaccionar.
-         Buenas tardes, señora Van Grolman, soy Carlos Izquierdoz, el “Cali”, vengo a asesinarla – dijo Carlos Izquierdoz poniéndose encima de la señora Van Grolman.
Carlos Izquierdoz sacó entonces un enorme cuchillo y la apuñaló sin mayores contemplaciones. Fueron como treinta puñaladas, una tras otra. Dejó el cuchillo clavado sobre su víctima, y cuando terminó, sacó un Queso Pategras de su bolso, y lo tiró su víctima diciendo:
-         Queso.

Mientras Carlos Izquierdoz asesinaba a la señora Van Grolman, en el mismo compartimento, Carlos Luna se puso encima de la señora de cincuenta años, cuyo nombre desconocía, sacó un revolver mágnum calibre 500 con silenciador.
-         Soy Carlos el “Chino” Luna, lo siento, pero no deben quedar testigos – dijo Carlos Luna.
Entonces disparó sobre la cabeza de la mujer, que quedó muerta en su asiento. Cuando terminó, sacó un Queso Pategras de su bolso, y lo tiró su víctima diciendo:
-         Queso.


Mientras Carlos Izquierdoz y Carlos Luna asesinaban a sus victimas, Carlos Quintana quedó frente a la estudiante y le dijo:
-         Soy Carlos Quintana, me dicen el “Hacha” y ya vas a saber por que.
Fue entonces cuando Carlos Quintana sacó un hacha de sus pertenencias. La estudiante lo miró horrorizada.
-         No se quien sos. Teníamos ordenes de asesinar a la señora Van Grolman. Mi compañero Carlos Izquierdoz la está asesinando. Pero no deben quedar testigos.
Carlos Quintana levantó el hacha y le partió la cabeza a la estudiante de un solo golpe.
Cuando terminó, sacó un Queso Pategras de su bolso, y lo tiró su víctima diciendo:
-         Queso.


El tren seguía su marcha. Cuando estaba por pasar por Monroe, donde se estaba llevando una importante obra ferrovial, la velocidad disminuyó considerablemente, a tal punto que en uno de los tramos era una velocidad casi a paso de hombre. Los tres Carlos entonces bajaron del tren sin mayores inconvenientes y se dirigieron hacia la avenida Monroe.
-         ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Carlos Luna.
-         Vamos a comer un Queso, me parece que después de esto, es lo que merecemos – respondió Carlos Quintana.
-         Tienen razón, una buena picada en “Lo de Carlos”, la picada a los cinco Quesos: Reggianito, Gruyere, Parmesano, Pategras y Emmental – acotó Carlos Izquierdoz.
-         Aunque nosotros seamos tres Quesos, ja, ja.

Y los tres Carlos se dirigieron entonces al famoso restaurante especialista en Quesos “Lo de Carlos”.

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