Carlos Gabriel y la Quesona Asesina


Erase una vez un taxi boy conocido como Charlie Gabriel. Obviamente, su nombre era Carlos. Dueño de un gimnasio, se la pasaba haciendo ejercicio cuando no ejercía de taxi boy. Y sus pies siempre olían a Queso. Y aunque no era muy alto, calzaba 47. Sus pies crecían a razón de un centímetro por año, como consecuencia de los ejercicios que realizaba.
 “El Síndrome del Quesón” según Charlie. Te crecen los pies, huelen siempre a Queso. Charlie era taxi boy, pero ahora que ya era un triunfador en el gimnasio, solo elegía clientes muy selectos, a razón de cinco o seis por mes, a quienes cobraba sumas muy elevadas. 
- Cada vez tenes los pies más grandes – le dijo uno de sus clientes habituales – y huelen muy fuerte.
- Así es, ahora calzo 47. Si sigo asi, en tres años calzaré cincuenta. Pero no creo, según el doctor Skuhravy una vez que llegan a este tamaño, 47, ya no crecen más.
- ¿Y el tema del olor?
- No hay caso. Cuanto más desodorante de pies usé, más olor tengo. Soy Quesón, que le vamos a hacer.
- ¿Quesón? Ja, ja, muy buen término. Aunque escuche que así llaman a unos asesinos seriales de mujeres, que a cada mina que amasijan le tiran un Queso.
- Yo también oí hablar de eso. Bueno, a lo mejor, una de estas noches salgó por ahí, amasijo a una mina y le tiró un Queso, ja, ja.
- Es que es inevitable Carlos. Todos esos asesinos se llaman Carlos. Y vos te llamas Carlos.
- Soy un Carlos. Puedo ser un Quesón. Pero no soy un asesino. Y no voy a asesinar a ninguna chica, por ahora, je, je.
Carlos Gabriel finalizó su tarea de taxi boy aquella noche y cuando bajó en el ascensor de aquel rascacielos se cruzó con una señora de aspecto europeo oriental, con un acento rumano, la mujer le dijo:
- Soy Lady Dumitrescu, Carlos Gabriel. Te aseguro que sos un Quesón. A una chica deberás asesinar para tu destino cumplir.
- De ninguna manera. Por ahora no amasijaré a ninguna mina.
- Te vas a arrepentir Carlos. El destino es inevitable.


Pasaron los días. Un día, en el gimnasio, Carlos Gabriel observó a una chica entrenando muy duramente. Nunca la había visto. Le preguntó a su fiel empleado, al que llamaremos Federico:
- ¿Y esa minita con esos tatuajes? 
- Ravelia Zamas – fue la respuesta – una clienta nueva.
- Qué nombre curioso. Casi igual a Valeria Mazza pero en otro orden.
- ¿Te acordas de Valeria Mazza? Que minón, un poco derechosa, y muy gorila para mi gusto, pero que minón. Pobre, el basquetbolista Carlos Delfino le cortó la cabeza y le tiró un Queso.
- Sí. Ese Quesón asesinó a muchas minas.
- Y vos también sos Quesón Charlie, ja, ja, te llamas Carlos.
Carlos Gabriel simuló no escuchar el comentario de su empleado. La jornada llegó a su fin, el publico y los empleados se retiraron del lugar, y Carlos Gabriel se disponía a apagar las luces y a cerrar el gimnasio. Vaya uno a saber porque, pero a Carlos Gabriel le gustaba usar guantes negros en las manos, y ese día los tenía puestos.
De repente, del vestuario de las damas, salió Ravelia, la chica de los tatuajes.
- Hola Carlos Gabriel – le dijo.
- ¿Qué haces aca piba? ¿Ravelia te llamas no? Ya voy a cerrar, ¿Te quedaste escondida en el vestuario?
- Por supuesto. Soy Ravelia, la Quesona, una asesina serial de hombres, y vos sos mi próxima víctima. Te asesinaré y te tiraré un Queso. Aca va el Queso.



Como salido de la nada, un Queso cayó encima de Carlos Gabriel, mientras Ravelia se acercaba a el con un enorme cuchillo de caza en mano. El muchacho comenzó a entrar en pánico mientras escuchaba a la asesina…
- Suelo tener sexo con mis víctimas. Después los asesinó. Pero con vos no me voy a gastar. Se que sos gay. Que-sos gay. Quesos, ja ja. Directamente te asesinaré.
Carlos Gabriel parecía perdido, la asesina le tiró el cuchillo, pero en un rápido movimiento, el joven logró evitar la cuchillada, el cuchillo le rozó la cabeza, pero no le provocó herida alguna, y quedó incrustado en la pared.
- ¡Nooo! ¡He fallado!
Carlos Gabriel agarró el cuchillo y comenzó a acercarse a Ravelia.
- Ahora el dueño de la situación soy yo – dijo – mi destino era asesinar a una mina, ser un Quesón, yo me negué a cumplirlo, pero veo que es inevitable.  Morirás Ravelia.
- ¡Nooo! – la chica se dio vuelta y comenzó a correr por el gimnasio, mientras Carlos Gabriel cuchillo en mano comenzó a perseguirla.
La chica se tropezó y cayó al piso, Carlos se tiró encima y se disponía a asesinarla, levantó el cuchillo, que lo agarraba con sus guantes negros, cuando dijo…
- ¡No! ¡Te asesinaré! ¡Pero no con este cuchillo! Sería muy fácil apuñalarte, tirarte un Queso y listo. Soy gay, je, je, te sodomizaré. Te someteré a mis pies, que huelen a Queso. Ja, ja, ja.


A Ravelia le gustó esto. Efectivamente le gustaba esto. Reducida, Carlos Gabriel la ató a la cinta de correr y ahí empezó a quesonearla. Primero Ravelia olió, cogió, lamió y besó los pies de Carlos Gabriel. Después, Carlos la cogió por el culo, y ella mucho disfrutó este momento. Finalmente, Carlos Gabriel le dijo:
- Ahora sí te asesinaré. Pero con mis propias manos. Envueltas en estos guantes negros.
Entonces Carlos le dio dos golpes mortales de karateka a Ravelia, uno en la frente y otro en la nuca, así la asesinó, sin cuchillos ni revólveres. Obviamente agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la víctima mientras decía en voz alta:
- Queso.
Carlos pensó:
- ¡Oh, cielos! ¡Debo deshacerme ahora del cadáver!
Pero en eso como surgida de la nada, apareció Lady Dumitrescu.
- No os preocupéis. Metedla en una bolsa de dormir con el Queso incluído y tirala en un tacho de basura.
- ¡Usted otra vez! ¿Quién es usted realmente?
- Una persona que vino a hacerte cumplir el destino.
- Soy Quesón y voy a cumplir mi destino.
- Perfecto entonces. Hoy le has hecho un gran servicio a la humanidad, esta chica, la de los tatuajes, era una sanguinaria Quesona Asesina de hombres.
- Lo sé. Ahora solo quiero tirar  Quesos.
- Ja, ja, será fácil, estas en un gimnasio. Las víctimas vendrán por ti, tu instinto Quesón te dirá a quien quesonear y a quien no, ja, ja.
- Queso – fue la palabra final de Carlos Gabriel, ya convetido Quesón, como lo indica su destino.



Carlos Gabriel, el Quesón que no tiene apellido (¿O su apellido es Gabriel?), y al que llamaremos simplemente “Charlie”, y del que ya hablamos en otros Relatos Quesones anteriores, se encontraba en Berlín.
Sí, en Berlín, la capital de Alemania, la ciudad que alguna fue capital del III Reich, la que estuvo dividida entre el Oeste y el Este, y que tenía al Checkpoint Charlie, como símbolo del cruce entre el occidente capitalista y el oriente comunista. Allí donde solo pasaban los oficiales yanquis y soviéticos.


Charlie fue a sacarse muchas fotos en el punto que se llamaba igual que el. Estaba contento, de ahí se fue a caminar al Oeste, a la Kürfurstendamm, a la Tienda Kadewe (“Kaufhaus des Westens”). Fue al último piso, famoso por la gastronomía. Charlie fue a ver los Quesos. Bellos y deliciosos Quesos. No pudo resistir comprar uno, a pesar que salían unos cuantos euros.


Estaba con el Queso en la mano, cuando una chica se acercó y le preguntó en alemán:
- Wie viel kommt dieser Käse heraus? (¿Cuanto sale ese Queso?)
Charlie no entendió nada. Se quedó mirando a la chica. Era extraordinario el parecido con la chica a la que había asesinado en el gimnasio. La que lo había querido asesinar.
- No puede ser. Yo la asesiné. Es igual – dijo Charlie en castellano y en voz alta, total, no lo entendía nadie.


La chica, al no recibir respuesta, dio media vuelta y se fue. Charlie decidió irse, y las escaleras de Kadewe empezó a bajar, pero se dio cuenta que la chica lo estaba siguiendo. 
- ¿Porqué me sigue? ¿No será una loca? ¿Una asesina como la otra? ¿Y si es la hermana gemela que vino a vengarse? 
Charlie pasó por el piso donde vendían artículos de caza, y tomó un puñal. El Queso ya lo tenía en sus manos, y ahora también el puñal. Con guantes negros, sostenía en su mano derecha el puñal y en la izquierda, el puñal. Se escondió detrás de una cortina.


Pasaba la chica sin que se diera cuenta que Charlie estaba ahí escondido, este salió de la cortina, y sin mediar palabra alguna, la atacó con el puñal y se lo clavo directo en el corazón. La herida, una única herida, fue certera y precisa. La chica cayó muerta, con el puñal clavado en el corazón, y Charlie le tiró el Queso diciendo en voz alta:
- Queso.
Se fue rápido al Hotel. Estaba un poco intranquilo, pero con el correr de las horas se fue tranquilizando.
- Ma si –  reflexionó Charlie – los abuelos de estos chabones alguna vez votaron a Hitler, mira si me voy a ser problema por el asesinato que cometí, je, je, ahora me voy a la estación de tren, a Berlin HBF, me tomó un tren de Deustche Bahn y directo a Holanda, a la Feria de Quesos en Alkmaar.

Comentarios

  1. muy Quesón este Charlie Gabriel... el gimnasio debería ser una fuente inagotable de víctimas... por muchos Quesos de este Quesón

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  2. muy buenos estos cuatro relatos

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  3. bien... cuatro Quesones nuevos para arrancar el año

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  4. podría haber un relato dónde corte de luz mediante Charlie Gabriel asesine a seis o siete minas en el gimnasio
    de un saque... las cintas de correr podrían ser maquinas letales

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  5. Entonces habría dos Ravelia Zamas, la rubia que doble de Valeria Mazza.
    Y esta morocha tatuada, para la cual morir es una rutina.
    La aparición de Lady Dumitrescu podría explicar porque revive para que la quesoneen.
    Buen comienzo de año.

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    Respuestas
    1. sí hay dos... en realidad la verdadera es la rubia; esta se llama en realidad Valeria Gutierrez, pero se hace llamar Ravelia Zamas en homenaje a la otra, je, je; ambas son Quesonas, una es la mejor de todos (que no se enoje Carla Conte de lo contrario viene y me tira un Queso ja ja)

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  6. Una razón más para que Carla Conte siga viva. Para que se asocie a Carla Rebecchi y a Ravelia Zamas, para formar una versión quesona de Los Ángeles de...Charly.

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