Carlos Pagni, Silvio Soldán y la Hermandad de los Zodíacos




Era un martes por la noche, la aspectación astral indicaba que había luna llena, Mercurio estaba en tránsito y se había visto aquel día atravesando el Sol, Venus brillaba más que nunca mientras atrás estaba la gran Nebulosa de Orión, Marte estaba en su punto más cercano a la Tierra, cosa que ocurre cada dos años; las lunes de Jupiter eran visibles con un telescopio inmersas en la Constelación de Escorpio y los anillos de Saturno irradiaban toda su fuerza, siendo visibles en el plano zodiacal de la Constelación de Tauro…
La Hermandad de los Zodíacos llevó a cabo su reunión mensual, los asistentes, unas 25 personas, todas sentadas alrededor de una mesa, vestidos con guantes blancos y trajes de toga, y máscaras que le cubrían la cara.
El Hermano Respetable, el más viejo de todos los miembros, comenzó a hablar ante todos:
- Un corte, una quebrada y volvemos. Feliz Domingo para la Juventud, un programa hecho con amor, perdón hermanos, me confundí, son los años… todavía añoró aquellos años en Canal 9. Soy el Hermano Silvio y estoy orgulloso de presidir esta reunión de la Hermandad de los Zodíacos. 
Sí, no hay dudas, el que presidía aquella reunión era el Respetable y Venerable Silvio Soldán, otro de los miembros, el Hermano Gerardo Rozín, comenzó a hablar:
- Soy el Hermano Gerardo. Nuestro plan funciona a la perfección. Ya todos han comentado el asesinato de Jessica Cirio ocurrido el pasado día domingo en el Programa del Morfi. Necesitamos un nuevo golpe.
- ¿Cómo está el hermano Mario?


El que hizo la pregunta, el Hermano Marcelo Tinelli, hacía referencia al Hermano Mario González, conocido como Jairo.
- Está muy bien. Mañana comenzará otros recitales donde cantará esas boludeces que suele cantar. Es cordobeeeesss como yo. Debería dedicarse al cuartetazo y dejarse de joder con esas francesadas – dijo el Hermano Fabricio Oberto, el basquetbolista, también integrante de la Logia.
- No desviemos la atención de nuestros planes y de nuestra organización – acotó el Hermano Jorge Rial – hay que generar un gran golpe. Han ocurrido muchos asesinatos en los últimas semanas. El ritmo de los mismos no debe decaer.
- No tenemos otra opción que recurrir otra vez a los Quesones – dijo Oberto – para mí no hay Quesón mejor que mi amigo el basquetbolista Carlos Delfino.
- Discrepo con eso – dijo el Hermano Gonzalo Longo, rugbier retirado, ex integrante de Los Pumas – para mí el mejor Quesón es el gran Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
- Hay que recurrir a los Huevones. Han hecho excelentes trabajos. Para nosotros y para otras Hermandades también. Alejandro Fantino está esperando una nueva orden – propuso el Hermano Marcelo Tinelli – los Quesones se jactan de tener mucho olor a Queso, pero les aseguro que cualquiera de nosotros tiene igual o más olor a Queso. Y se los voy a demostrar.
Marcelo comenzó a sacarse los zapatos y las medias, mientras el basquetbolista Oberto dijo:
- Yo también voy a mostrarles mi olor a Queso. Pero para demostrarle que ninguno de los nosotros por más olor a Queso que tenga puede igualar a un Quesón. Jamás. Y menos si ese Quesón es Carlos Delfino.


Tanto Fabricio como Marcelo se sacaron los zapatos y las medias, pusieron sus pies sobre la mesa, que irradiaron un fuerte olor que inundó la sala.
- Pucha que tienen olor a Queso a pesar de no ser Quesones – dijo Soldán.
- Muchos dicen que somos Quesudos, ja, ja… - dijeron al unísono Fabricio y Marcelo.
- No tiene sentido entrar en este debate. No hay ningún Quesón presente en la Hermandad esta noche. No pueden demostrar quien tiene más olor a Queso.
Mientras se ponía otra vez las medias y los zapatos, Marcelo volvió a apuntar:
- Además uno de los Quesones, Carlos Bossio asesinó a Guillermina Valdes, a mi esposa. Es cierto que fue una conspiración de la cual fui parte. Pero de todos modos. Hay que recurrir a los Huevones. Descansemos de los Quesones por un largo tiempo.
- Los Huevones estamos a disposición. He mantenido el silencio hasta ahora para respetar a los Hermanos presentes. Pero aca estamos y sí debemos actuar no dudaremos ni un instante – dijo el Hermano Alejandro Gravier.
- Decidamos en una votación – resolvió el Venerable Soldán – que sea voto secreto, el voto por aclamación es antidemocrático. Nadie debe abstenerse. Decidamos a quien darle el nuevo plan si a los Quesones o a los Huevones.
Los Hermanos Presentes votaron. Eran veinticinco. No podían votar en blanco por juramento y no podía haber empate. Por ajustada decisión, trece votos contra doce ganaron los Quesones.
- Habrá Quesos. Yo me encargaré del asunto – dijo el Venerable Soldán.


- Respeto la decisión de la Hermandad, aunque yo haya votado en contra – dijo Marcelo – pero también propongo que recurramos a algún Quesón que no hayamos tenido en cuenta hasta ahora.
- ¿Queda algún Quesón que no hayamos tenido en cuenta? – dijo Oberto – yo creo que no…
- Hay uno – dijo el Hermano Gerardo Rozín – se trata de Carlos Pagni, el gorila que escribe en La Nación y está en TN, gran operador y agente de la derecha política.
- Pero ese debe recibir una buena cantidad – acotó el Hermano Juan Martín Del Potro, que había estado en silencio hasta ese momento – es un Quesón monetario, solo lo mueve el signo de los dólares y los euros.
- Bueno, la verdad que todos los Quesones que trabajan para nosotros tienen mucho amor al Queso pero todos reciben sus buenos Quesos en sus cuentas bancarias – dijo el Hermano David Kavlin, judío como Rozín, y gran opositor a los Quesones, siempre partidario de los Huevones.
- Hermanos no discutamos entre nosotros – dijo el Venerable Soldan – ya hemos decidido que será un Quesón el que ejecute nuestro nuevo plan. Y sí están de acuerdo con la moción de Rozín, pues votémosla. Un corte una quebrada y volvemos. ¿Alguien propone otro Quesón?
- Carlos Delfino – dijo Fabricio Oberto.
- Carlos Bossio – dijo Marcelo Tinelli.
- Carlos Ignacio Fernández Lobbe – dijo Gonzalo Longo.
- Carlos Matías Sandes – acotó el Hermano Gabriel Deck, basquetbolista como Oberto y Delfino, y que había estado en silencio hasta ese momento.
- Insisto. Debe ser Carlos Pagni. Necesitamos un Quesón que no haya actuado hasta ahora. Será un error recurrir a Bossio o a Delfino – dijo Rozín.
- Votemos – dijo Soldán.
Otra votación, por 14 votos ganó la postura de Rozín. Pagni recibió 14 votos, contra 5 de Bossio, 3 de Delfino, 2 de Sandes y solo uno de Fernández Lobbe. 
- Habemus Queso. La Hermandad ha decidido. Carlos Pagni – dijo Soldán.


Miércoles por la mañana, el sol recién aparecía en el horizonte, y ese día habría un eclipse de sol que sería visible en la India y todo el Asia Meridional, más no en América del Sur…
Carlos Pagni ya había mandado varias editoriales a los Medios gorilas donde trabajaba, y estando vestido para salir, alguien tocó la puerta. Era el Venerable Silvio Soldán. El ex esposo de Silvia Suller le explicó los planes de la Hermandad y que el era el elegido.
- Era hora que me eligieran – dijo Pagni – soy Quesón, pero siempre me siento relegado. Bossio, Delfino y los demás, hasta el Bebe Contepomi, creen que soy un Quesón serie “C”, ni siquiera de la serie “B”.
- Por eso mismo, Quesón Pagni – dijo Soldán – debe aprovechar esta oportunidad.
- No lo haré gratis. Me gusta el Queso, pero más me gusta la guita, ja, ja.
- Cien mil dólares hoy. Cien mil euros hoy. Aca están – dijo Soldán, mientras señalaba una valija - Con el trabajo ya hecho, doscientos mil dólares más, y de yapa, cien mil euros más. Estos son nuestros objetivos. 
Soldán entregó un papel a Pagni. El Pelado, sentado mientras apoyaba sus enormes pies sobre la mesa, leyó el papel y dijo:
- Ja, ja, será un plan muy original. Ya lo veréis.


Jueves, alrededor de las cinco y media de la tarde, en un exclusivo salón de té donde damas de la alta sociedad solían reunirse a disfrutar de una buena merienda y una reunión de amigas…
Era el “Queen Elizabeth” un lugar británico, lleno de banderas británicas, inglesas, escocesas, galesas e irlandesas, con retratos de la Reina Isabel y el Príncipe Carlos…
Aquel día, sin embargo, el salón estaba cerrado para el público común. Todo estaba reservado para una celebración particular.
Unas veinte mujeres estaban sentadas celebrando el cumpleaños  número cincuenta de Mistress Jennifer Smith, presidenta de la Society Friends of England, que sostenía que las Malvinas eran Argentinas, pero porque la Argentina debía pertenecer a su vez a la Corona Británica, junto con el Uruguay, el Paraguay y ese país que esta del otro lado de la Cordillera, al que llaman Chile. 
Entre las asistentes estaba Monica Ayos, que no sabemos porque, pero era admiradora de la esta asociación pro británica.


Entró al lugar un hombre muy elegante, perfectamente vestido de traje bien oscuro y corbata, portando en sus manos dos gruesos guantes negros, mientras lucía dos enormes zapatos talle cuarenta y seis. El hombre, además de lucir una ausencia total de cabellera en su cabeza, era muy patón. 
A las damas presentes les llamó la atención la presencia del hombre, dado que no era común ni habitual que en aquel lugar, a esa hora, hubiera algún integrante del sexo masculino. Pero la sorpresa fue mayor cuando muchas reconocieron al hombre…
- Es Carlos Pagni – dijo Monica Ayos – el columnista de La Nación, el prestigioso periodista, el que esta en TN.
Efectivamente, era Carlos Pagni, reiteramos gran operador de la derecha política y económica que simulaba ser un periodista, pero que en realidad era un agente al servicio de los auténticos dueños del país.
Jacinta, una de las camareras, se acercó al encuentro de Carlos Pagni.
- Buenas Tardes señor, el salón está cerrado para el público. Lo alquiló una asociación de amigas de la Vieja de Inglaterra.
- Ya lo sé. ¿Llegó un paquete? Dije que debían traer algo. Era para el señor Carlos Pagni.
- A ver señor, espere un momento, sí algo llegó.


Jacinta fue a la cocina, ahí estaban otra camarera, Lucrecia, y la cocinera, una gorda de unos cincuenta años, llamada Raimunda.
- Un tipo raro, pelado, con pinta de asesino, esta en el salón, preguntó si llegó un pedido para Carlos Pagni.
- Lo único que llegó fueron estas hormas de Queso Port Salut – dijo Raimunda – y ese Queso gigante, un Emmental lleno de agujeros, muy grande y muy pesado.
De repente, mientras la gorda cocinera decía estas palabras, se abrió la puerta. Era Carlos Pagni, que con sus guantes negros, sostenía un revolver con silenciador.
- Gracias estimadas damas, eso era lo que necesitaba. Esos Quesos. Y ese Emmental. Menos mal que llegó todo. 
En ese mismo momento, Carlos se colocó frente a la cocinera y disparó un balazo que impactó en la frente de la mujer, que cayó muerta de inmediato. 
- Queso – dijo en voz alta Carlos Pagni mientras asesinaba a la cocinera, a la vez que le tiraba un Queso.
Las dos camareras observaron la escena con un gesto de terror y pánico absoluto, pero el asesino no le dio tiempo de reaccionar a ninguna de las dos. 
Efectuó otros dos disparos sobre las cabezas tanto de Jacinta como de Lucrecia, asesinándolas en forma inmediato. Sus disparos tuvieron una precisión total y absoluta.
- Queso – dijo en voz alta al efectuar el disparo con el que asesinó a Lucrecia, mientras tiraba un Queso sobre el cadáver de la camarera.
- Queso – dijo en voz alta al efectuar el disparo con el que asesinó a Jacinta, mientras tiraba un Queso sobre el cadáver de la camarera.


Pagni tomó entonces el Emmental, una horma muy grande, cortada por la mitad que permitía ver los muchos agujeros que poseía. Volvió al salón donde se celebraba el cumpleaños y les dijo a las damas:
- Buenas Tardes, damas presentes. My name is Carlos. Carlos Pagni. Sé que esto es un té a la usanza de la Epoca Victoriana, y que hay muchas cosas británicas, como budines ingleses, scons escoceses y tortas galesas, pero yo les ofrezco este Queso, que no viene de la Gran Bretaña, ahí hacen el Queso Camembert que es una cagada, este es un Emmental y viene de Suiza, de la Confederación Helvética, un gran Queso lleno de agujeros, especial para damas como ustedes.
Las damas observaron a Carlos Pagni, y de repente, de los agujeros del Queso, comenzaron a salir balas, una auténtica lluvia de balas, que Pagni distribuyó por todas las damas presentes, que una a una iban cayendo heridas. 
- Ja, ja, Queso, Queso, Queso – decía en voz alta el asesino mientras disparaba los balazos.


Cuando el cargador del Queso ya quedo vacío – su capacidad era de ciento veinte balas – Carlos Pagni tomó los tres revólveres que tenía, y fue remantando a las damas una por una.
- Queso – decía en voz alta mientras disparaba cada balazo.
Creyó haber terminado, pero Mónica Ayos, aún permanecía con vida, y para sorpresa del asesino, ni una bala la había alcanzado.
Carlos Pagni se dio cuenta, la mujer, tendida en el piso, le dijo:
- Dejame con vida Carlos. En “Asesinos por Naturaleza” siempre dejan a alguien con vida. Mataste a la demás. Yo viviré.
- No. Soy un Quesón. Lo siento, Ayos. No debiste venir a esta reunión, ja, ja.
El asesino disparó, BANG, y un certero balazo, el último que le quedaba impactó en el cráneo de Ayos, que cayó muerta.
- Queso – dijo Carlos Pagni mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de su víctima.


Carlos Pagni contemplaba la escena del crimen, y luego de que tiró un Queso sobre cada una de las veintitrés víctimas para respetar el ritual de los Quesones, apareció en la escena del crimen, vestido con toga y máscara, el Venerable Soldán.
- Excelente arma – dijo Soldán – Ese Queso mecánico de donde salían las balas. Muy original.
- Era un Queso verdadero, solo que tenía adentro un dispositivo que permitía disparar hasta ciento veinte balas. Una gran ocurrencia del Profesor Karel Sajt, un checoslovaco que fabrica estas cosas.
- ¿Checoslovaco? Checoslovaquia no existe más…
- Bueno, el tipo vino al país cuando existía Checoslovaquia. Que sé yo si nació en Checa o en Eslovaquia. 
- Bueno, señor Carlos Pagni, aca el dinero convenido. El plan ha sido perfecto.
Carlos Pagni ya era un gran Quesón, algo que añoraba desde siempre, sus colegas en el Mundo del Queso, como los grandes Carlos Bossio, Carlos Delfino, Carlos Fernández Lobbe, Carlos Sandes y los demás lo felicitaron. Todos le obsequieron un Queso.
Hasta Carlos Gonella, enfrentado a Pagni por razones ideológicas lo saludó y le envío un Queso de regalo. 
Se sabe, de acuerdo al Código Quesón, cuando un Quesón le regala un Queso a otro Quesón, el Quesón que recibe el Queso debe usarlo en el próximo asesinato que cometa, o sea que Pagni ahora estaba obligado a tirar muchos Quesos…


Pero esa es otra historia, que ya desarrollaremos en su momento, por el momento solo diremos que Soldán, en una nueva reunión de la Hermandad, dijo:
¡Decí, por Dios, que me has da'o
Que estoy tan cambiao!
¡No sé más quién soy!
El malevaje extrañao
Me mira sin comprender
Me ve perdiendo el cartel
De guapo que ayer
Brillaba en la acción
No ven que estoy embretao
Vencido y maniao
En tu corazón
Te vi pasar tangueando, altanera
Con un compás tan hondo y sensual
Que no fue más que verte y perder
La fe, el coraje, el ansia'e guapear
No me has dejado ni el pucho en la oreja
De aquel pasao malevo y feroz
Ya no me falta pa completar
Más que ir a misa e hincarme a rezar
Ayer, de miedo a matar
En vez de pelear
Me puse a correr
Me vi en la sombra o finao
Pensé en no verte y temblé
Si yo –que nunca aflojé
De noche angustiao
Me encierro a llorar
¡Decí por Dios que me has da'o
Que estoy tan cambiao
¡No sé más quien soy!



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