jueves, 25 de mayo de 2017

Carlos Stroker frente a su destino Quesón



Cuenta la leyenda que el periodista Carlos Stroker se levantó como todos los días pero enseguida notó dos cosas extrañas: primero, el tremendo olor a Queso que tenía en los pies y segundo, la presencia de un enorme Queso Gruyere, con agujeros bien voluminosos, en su habitación.

Creyó que todo el olor a Queso provenía de ese Queso, pero al ir al baño y abandonar la habitación, se dio cuenta que ese aroma tan intenso, profundo, apestante y penetrante venía de sus pies.
Para su sorpresa notó que sus pies habían crecido, ahora calzaba 46. No le entraban los zapatos, intentó ponérselos pero fue imposible.
Carlos Stroker miró al espejo y dijo:
-          ¿Qué pasó? ¿Qué es todo esto?
-          El destino, Carlitos – le contestó una voz.
Pero Carlos miró por toda la habitación y no vio a nadie, otra vez miró al espejo y dijo:
-          ¿Mé estaré volviéndome loco?
-          De ninguna manera, Carlitos – dijo la voz – observa otra vez el espejo.
Carlos miró el espejo y para su sorpresa, había una figura idéntica a él, que se veía como esfumada en la imagen.
-          Soy tu conciencia, Carlos. Y ha llegado la hora. Debes enfrentar a tu destino. Te llamas Carlos. Debes convertirte en un Quesón, un integrante de la misteriosa y legendaria Logia de los Quesones, los Carlos Asesinos.
-          ¿En un Quesón?
-          Sí, debes asesinar a una mujer y tirarle un Queso.
-          ¿Pero a qué mujer?
-          Eso lo decidirá el azar, ¿Estás dispuesto a avanzar Carlos?
-          Por supuesto, por algo me llamo Carlos.
Carlos Stroker se puso unos guantes negros y pensó:
-          Debo asesinar a una mujer. Pero no usaré ni cuchillo, ni revolver. Tampoco la estrangularé. Debo usar un arma original, diferente, algo que cause sensación en los medios de comunicación.
Miro a su alrededor y ahí Carlos tuvo una excelente idea:
-          El arma será el Queso.
Y cuenta la leyenda que cuando se terminó de vestir totalmente de negro, Carlos Stroker tomó entonces el Queso y salió de la habitación dispuesto a cometer un asesinato.
Justo se cruzó en su camino la Señora Lafinur, una tipa de unos 47 años, bastante bien agraciada, siempre bien vestida y regalada para cualquier hombre.
-          ¿Te querés acostar conmigo Carlitos? – le dijo la señora Lafinur a Carlos Stroker.
-          Por supuesto – fue la respuesta  de Carlos.
Así fue como Stroker fue al departamento de esta mujer. Entró al mismo con el Queso, enorme Queso, que lo sostenía con sus guantes negros. La mujer le dijo:
-          ¿Para qué ese Queso?
-          Soy un asesino – fue la respuesta de Carlos – asesinó mujeres con este Queso.
-          ¡Ja, ja, ja!  - río la mujer - ¿Cómo las matas? ¿Le des de comer un Queso envenenado acaso? ¿O de los agujeros del Queso salen dardos envenenados, dardos o puñales?
-          No, idiota – le dijo Carlos – las golpeó en la cabeza con el Queso.
Carlos levantó el Queso y golpeó a la mujer. El golpe fue tan certero que la mujer cayó al piso, el asesino siguió pegándole una y otra vez, hasta que no tuvo dudas: estaba muerta. Tiró el Queso sobre la mujer y dijo en voz alta:
-          Queso.
Carlos Stroker estaba muy contento y se fue a dormir sin mayores preocupaciones. Al despertar pensó:
-          ¡Vaya sueño! ¡Soñé que mataba a una mina golpeándola en la cabeza con un Queso! ¡Ja, ja!
Stroker estaba dispuesto a comenzar su día mientras se reía del sueño que había tenido, cuando escuchó en los medios…
“Extraño crimen en el Barrio de Las Floripondias, mujer de 47 años habría sido asesinada a golpes con un Queso”
-          ¡OH! – exclamó Carlos Stroker - ¡Entonces fue todo verdad!
Miró al espejo y viéndose así mismo, exclamó en voz alta:
-          Queso.

Y ahí comprendió todo. Era un Quesón. Y volvería a asesinar. Y solo faltaba ver quienes serían sus próximas víctimas.

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