jueves, 14 de julio de 2016

#UruguayQueNoNiNo


Erase una vez una mujer de unos cuarenta y pico de años, casi llegando a los cincuenta de nombre Ramona Valeria Urdinarraín, millonaria y heredera de un inmigrante vasco que había fundado un imperio comercial en muchos pueblos de la República Oriental del Uruguay…
De aquel imperio ya no quedaba ni un comercio, pero sí una inmensa fortuna que Valeria, a quien no le gustaba su primer nombre y prefería ignorar, derrochaba con sus vida de lujo y sus gustos sexuales.
Valeria tenía una extraña obsesión por los pies de hombres. Había descubierto un twitter y una página de instagram a nombre de @PiesMasculinos. Y en esas redes sociales descubrió los hermosos, cuasi perfectos, pies de un joven actor uruguayo llamado Matías Ferreira…
Cuenta la leyenda que la millonaria se acercó hasta el Parque de la Costa, donde el joven y bien parecido actor trabajaba…
- Buenas Noches, vos sos Matías Ferreira, verdad?
- Sí, yo soy…
- Estoy dispuesta a pagarte lo que sea, dígamos unos diez mil euros, para compartir una noche de sexo con vos… quiero jugar con tus pies, tenerlos encima de mi cara, lamerlos, chuparlos, besarlos, jugar con ellos, una y otra vez.
- Pero señora…
- Nada de “señora” te pagaré diez mil euros…


Ferreira ya no pudo oponerse ante semejante ofrecimiento y fue esa noche al departamento de la mujer, ubicado cerca de la playa de Pocitos, en pleno Montevideo.
Y vaya si disfrutaron, a Valeria le encantaban los pies de Ferreira, le sacó decenas de fotos, los lamió, besó, chupó y olió una y mil veces, fue algo excitante…
Pero ocurrió que la mujer no tuvo mejor idea que revisar los documentos de Matías Ferreira y para su sorpresa (y estupefacto), vio que el verdadero nombre del joven era…
Carlos Matías Ferreira Paparamborda
- ¡Te llamas Carlos! – dijo la mujer.
- ¿Cómo sabes?
- Aca tengo tu documento.
- Bueno, sí, ¿Y? Todos me conocen por mi segundo nombre, y seguirá siendo así…
- ¡Ahora entiendo todo! ¡Con razón tenés ese olor a Queso! ¡Sos un Quesón!
- ¿Un Quesón?
- Hay unos asesinos que se conocen como los Quesones, se llaman Carlos, y les tiran un Queso a sus víctimas…
- Estas loca, mujer.
- No estoy loca, y sí estoy loca, puede ser que lo este, pero loca de justicia…
La mujer salió del cuarto y cuando volvió tenía una itaka en una mano y un Queso en la otra.
La mujer agarró la itaka y apuntó hacia Ferreira, que seguía acostado, a la frente y le dijo:
- Te asesinaré “Carlitos” y te tiraré el Queso.
- ¡Nooo! – gritó el muchacho, que en un rápido movimiento con los pies, logró desarmar a la mujer, y tras un gran forcejeo, agarró el arma.


Ahora los roles estaban dados vuelta, y era Ferreira el que con el arma redujo a la mujer, y la arrinconó, itaka en la mano, resignado el joven dijo:
- Lo siento, pero debo asesinarte. Lo hago en defensa propia, no tengo alternativa…
No hubo más palabras, Ferreira disparó la itaka seis o siete veces, los disparos impactaron en la cabeza y el cuerpo de la mujer, que cayó muerta 
Ferreira tomó el Queso, lo tiró sobre el cadáver de su la mujer diciendo en voz alta:
- Queso.
- No pude escapar a mi destino, soy un Quesón…
Se fue del lugar convencido de que aquel era solo su primer asesinato, que cometería otros y que solo debía preguntarse quien sería su próxima víctima…
Lo que más le llamaba la atención es que no solo no sentía remordimiento alguno por lo que había hecho, sino que lo había con placer...


Amaneció en Montevideo, Ferreira fue caminando desde Pocitos hasta Carrasco, mientras recordaba viejas canciones de Alfredo Zitarrosa, en especial que decía “Si te vas”.
Empezó a pensar...
¿Hay algo más uruguayo que una gloriosa tarde donde se juega un clásico entre Peñarol y Nacional en el mítico y legendario Estadio Centenario?
Y entonces tuiteó...
#UruguayQueNoNiNo
#UruguayosCampeonesDeAmericaYDelMundo

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