jueves, 14 de julio de 2016

Un nuevo crimen del Gigoló Asesino


La Señora O’Brien mejor no la podía haber pasado aquella noche. Aunque ya había cumplido cincuenta años, aún podía disfrutar de un placentero y excitante encuentro sexual. Y esa noche no le podría haber ido mejor con el atractivo y bello gigoló llamado Carlos Machado Mattesich…
La mujer le dijo a Carlos:
- Ya disfrutamos mucho, pero no te vayas. Quedate a dormir Carlos, mañana podemos disfrutar de un buen desayuno.
- Muy bien señora O’Brien…
- No me digas Señora O’Brien, trátame por mi nombre, Rufina Jacinta…
- Muy bien Rufina…



La mujer se quedó dormida, y Carlos entonces decidió aprovechar para revisar los objetos de la señora, y llevarse algo de valor.
Con los guantes negros en sus manos y un cuchillo como arma personal, por si necesitaba defenderse, Carlos empezó a revisar las pertenencias de la Señora O’Brien.
En efecto, encontró un par de joyas, un reloj de oro que había pertenecido al difunto señor O’Brien, y algunos dólares y euros…
Los estaba guardando cuando fue sorprendido por la Señora O’Brien…
- ¿Porqué Carlos hacés esto?
Carlos no contestó, tomó el cuchillo, se acercó a la mujer, y se lo clavó en el estomago, luego la apuñaló varias veces más…
Cuando finalizó, agarró un Queso que había llevado entre sus pertenencias y lo tiró sobre el cadáver de su víctima…
- Queso.


Dijo en voz alta, guardó lo robado, acomodó la escena del crimen, trasladó el cadáver esta detrás de unos sillones y se fue del lugar…
Al día siguiente los medios de comunicación hablaban de “Un nuevo crimen del Gigoló asesino” aunque nadie buscaba a Carlos Machado Mattesich, pues nadie sabía la identidad del “gigoló asesino”.



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