viernes, 15 de julio de 2016

Crimen Quesón en el Tren


El tren AVE entre Madrid y Valencia partió puntualmente en el horario convenido. Jimen, una mujer de unos treinta años, ocupaba su asiento despreocupada mientras leía la revista “Hola”. 
Con el tren ya en marcha, un muchacho alto, patón, elegantemente vestido con traje y guantes negros, más unos enormes zapatos 46, se sentó junto a ella. ¿Su nombre? Carlos Alberto Reich, lo llamaremos simplemente Charlie.
- Buenos días – le dijo Charlie a Jimena.
- Buenos días – fue la respuesta de Jimena.
Charlie se sentó. Jimena continuó leyendo la revista, al cabo de un rato Charlie se sacó los zapatos y quedó en calcetines. Mientras el tren seguía su marcha, y los minutos avanzaban, la chica comenzó a oler una fuerte fragancia a Queso. Pasados unos minutos, no tenía dudas. El olor a Queso venía de los pies de Charlie.
Jimena se sentía realmente muy incomoda, no sabía bien que hacer. En eso pasó el guarda, el oficial don Juan Andrés Butragueño, pidiendo los pasajes. Hecho el control, Jimena continuó nerviosa, y pensó en cambiarse de asiento.



De repente, Charlie le dijo:
- Disculpeme Señora…
- Jimena…
- Señora Jimena, es que tengo un problema en los pies y necesitaba…
- No importa, no se preocupe, señor…
- Charlie, Charlie Reich…
En ese momento, y sin que nadie más en el vagón se diera cuenta ni lo viera, Charlie sacó un arma del saco, una pistola Magnum 44 con silenciador, la acercó a la chica, y le efectuó un certero disparo directo al corazón.
Jimena quedó muerta, Charlie sacó un Queso sobre el portafolios, lo tiró sobre la chica asesinada, diciendo en voz alta:
- Queso.
El cadáver de Jimena quedó como en un costado, simulando que dormía o algo parecido, en minutos una voz anunció:
- El tren está próximo a arribar a la estación Valencia Joaquín Sorolla, son bienvenidos en la ciudad de Valencia y la Generalitat de la Comunidad Valenciana.
Charlie se pusó los zapatos, guardó el arma, y una vez arribado el tren bajó del mismo muy despreocupado…
Ya había abandonado totalmente la estación cuando los oficiales de RENFE don Juan Andrés Butragueño y don Emilio Santillana descubrieron el cadáver de la chica. Pero esa es otra historia…



1 comentario:

  1. hace mucho que sigo los cuentos quesones, pero la verdad ya aburren, se repiten uno a otro, minas asesinadas, asesinos que se llaman carlos, quesos que vuelan por ahí, asesinos que nadie busca ni atrapa, víctimas que nadie llora, quizás te conviene tomar unas vacaciones

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