martes, 12 de julio de 2016

Charly y Carlitos, las dos Torres

La señora Feliciana Benítez (50) se encontraba en “Smyles”, la lujosa y concurrida confitería ubicada frente a la Plaza del Comercio, terminando un té que había ido a tomar. 
Ya se estaba por retirar cuando dos hombres jóvenes, muy altos y robustos, patones, llegaron a la mesa. 
Eran los hermanos Carlos Gerardo (“Charly”) y Carlos Isaac (“Carlitos”) Lazcano Miranda, rugbiers del Huirapuca Rugby Club, apodados “las dos torres” pues ambos medían 1,97 metros y calzaban cincuenta.
Feliciana se asustó al ver frente a ella a “las dos torres” sabía que si allí estaban los dos rugbiers no era precisamente para algo agradable.
- Buenas noches Feliciana – le dijo Charly.
- ¿Cómo estás, Feliciana? – preguntó Carlitos.
- ¿Qué es lo que quieren? – dijo sobresaltada la señora Feliciana.
- Tranquila, hay mucha gente alrededor – le dijo Charly.
- No hagas escándalos, hemos venido a hablar de buena manera – dijo Carlitos.
Los dos hermanos se sentaron, Charly a la derecha de Feliciana, Carlitos a la izquierda, como rodeando a la mujer, que se sentía realmente muy asustada al tener a los dos hermanos al lado de cada lado.
Un camarero se acercó y le preguntó a los mellizos que iban a consumir. Los dos pidieron un trago de whisky y un Queso Gruyere.
- Ahora cuando salgamos de aquí, vamos a ir a aclarar algunas cosas – le dijo Charly a Feliciana.
- No hay nada que aclarar – dijo la mujer – lo siento pero yo me voy.
- Vos no te vas a ningún lado – le dijo Carlitos, a continuación, y en un rápido movimiento le inyectó una jeringa a la mujer.
Era una droga que la atontó y si bien no la dejó inconsciente, sí hizo que la mujer fuera fácilmente manejable para los dos mellizos.
Charly y Carlitos terminaron de consumir el Whisky y el Queso, y al finalizar, abonaron la cuenta, y se llevaron a la mujer. El lugar estaba lleno de gente, nadie notó nada raro, solo eran dos hombres muy altos (y patones) saliendo con una mujer.
La subieron a un auto y se dirigieron al viejo distrito de Barchingtown, famoso por sus fábricas abandonadas, se bajaron, y también la mujer, la arrinconaron en un lugar, ahí los dos mellizos sacaron sus enormes cuchillos, imaginemos unos cuchillos de cocina muy grandes y filosos.
- ¿Por qué?
- Vos sabes por qué – le dijo Charly.
- Todavía tenés la caradurez de preguntarlo.
Los dos mellizos entonces rodearon a la mujer, que nada podía hacer, drogada y ante dos hombres que medían como dos metros, la apuñalaron sin compasión, cada uno le aplicó unas treinta o cuarenta cuchillazos, con heridas en todo el cuerpo. 
Cuando terminaron, los mellizos asesinos tomaron un enorme y gigantesco Queso Gruyere, lo arrojaron sobre la mujer, y dijeron al unísono:
- Queso.



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