domingo, 12 de junio de 2016

Asesinas de Basquetbolistas











Erase una vez una fiesta de disfraces donde concurrieron importantes figuras del baloncesto argentino, entre ellos Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto y Carlos Delfino, grandes astros de ese deporte.


Pero también estaba en esa fiesta, una chica rubia, muy bella, sumamente atractiva, a la que llamaremos simplemente “la asesina” pues era una sanguinaria, implacable y cruel asesina serial de hombres.


Al ver que Ginóbili estaba en esa fiesta, la asesina lo observó y dijo en voz alta:
-         Asesinaré a Emanuel Ginóbili con la Winchester 73 y le tiraré un Queso.
Y le dijo a otra chica que estaba al lado de ella:
-         Agarra ese Queso que esta sobre la mesa y vení conmigo.
La otra chica, también vestida de cowboy, agarró el Queso y acompañó a la asesina.
Disfrazada de cowboy y con sus guantes blancos, la asesina tomó la Winchester 73 y se dirigió hacia donde estaba el basquetbolista.
El basquetbolista estaba solo en un costado, al aire libre, tapado por algunos arbustos, donde nadie lo veía. En realidad, Manu, con su vestimenta de cowboy, quería estar oculto para poder disfrutar de un cigarro.


-         Buenas noches Emanuel – le dijo la asesina a Ginóbili.
-         Hola piba – contestó el basquetbolista.


Ginóbili levantó la vista, y entonces se sorprendió y aterrorizó al ver frente a dos chicas, ambas vestidas de pistolera, una apuntándolo con un arma, la otra con un Queso en sus manos.
-         ¿Qué significa esto? – fue lo único que atinó Emanuel Ginóbili.
-         Te asesinaré – le contestó una de las chicas.
-         Te tiraré un Queso – le dijo la otra de las chicas.


La asesina entonces preparó el arma y se dispuso a tirar el balazo que asesinaría a Emanuel Ginóbili, que preso del terror, cerró los ojos, esperando el disparo final...


Pero en ese momento se escuchó una voz que decía:
-         ¡Queso!
Y repitió nuevamente el grito:
-         ¡Queso!



Ginóbili abrió los ojos, sin saber si estaba vivo o muerto, lo cierto es que estaba cubierto de sangre, pero al ver a su alrededor, se dio cuenta que frente a él estaba el basquetbolista Carlos Delfino, vestido de ninja, totalmente de negro, con una katana, una espada samurai totalmante ensangrentada, y en el piso, las dos chicas decapitadas.


-         ¡¡¡¡¡Carlitos!!!! – dijo sorprendido Ginóbili.
-         Tranquilo Manu, estuviste a punto de ser asesinado por dos asesinas profesionales, pero por suerte estaba yo aca para evitarlo.
-         ¿Y ahora Carlos?
-         Volvé a la fiesta Manu, aún debo salvar a Fabricio Oberto.


En otro lugar de la fiesta, en uno de los cientos de dormitorios que había en la mansión, en una de ellas estaba el gigantesco cuerpo de Fabricio Oberto, con sus dos metros y ocho centímetros, acostado en una cama, atado de pies y manos...
Sobre la cama, la asesina cortaba cubos de Queso y los tiraba sobre Fabricio, luego le hizo cosquillas en los pies, las axilas y todo el cuerpo, una y otra vez. Cuando terminó la asesina tomó un puñal y le dijo a Oberto:
-         Te asesinaré Fabricio.


La asesina entonces preparó el puñal y se dispuso a tirar la puñalada que asesinaría a Fabricio Oberto, que preso del terror, cerró los ojos, esperando el cuchillazo final...


Pero en ese momento se escuchó una voz que decía:
-         ¡Queso!
Oberto abrió los ojos, sin saber si estaba vivo o muerto, lo cierto es que estaba cubierto de sangre, pero al ver a su alrededor, se dio cuenta que no era su sangre, sino la de la asesina. 





En efecto, frente a él estaba su compañero basquetbolista Carlos Delfino, con la katana ensangrentada, y en el piso, la cabeza decapitada la asesina.
-         ¡¡¡¡¡Carlitos!!!! – dijo sorprendido Oberto.
-         Tranquilo Fabricio, estuviste a punto de ser asesinado por una asesina profesional, pero por suerte estaba yo aca para evitarlo.
-         ¿Y ahora Carlos?
-         Volvé a la fiesta Fabricio...


Fabricio Oberto volvió a la fiesta y ahí se encontró con Emanuel Ginóbili, le dijo:
-         No sabés, una loca casi me asesina, si no era por Carlitos Delfino...
-         ¿En serio? A mí también me salvó Carlitos...


Entonces los dos basquetbolistas se contaron uno al otro todo lo sucedido, hasta que Carlos Delfino llegó al lugar donde estaban...
-         Carlos, no sabemos como agradecerte lo sucedido, si no fuera por vos estaríamos muertos... – le dijo Emanuel a Carlos...
-         Te debemos la vida, Carlos – le dijo Fabricio...
-         Tranquilos muchachos – les contestó Carlos – soy un Quesón y estaba alerta sobre la presencia de estas asesinas Quesonas en la fiesta... espero estar otra vez cuando me necesiten
-         Te debemos lealtad eterna.

-         Por supuesto, y también un Queso, je, je.


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