sábado, 4 de junio de 2016

La secretaria de Carlos Gonella


Un nuevo amanecer de aquel triste invierno llegaba para Julieta. Una vez se despertó ojerosa y angustiada, después de haber tenido sueños extraños, delirantes, a los que no le encontraba explicación alguna. Julieta abrió los ojos y vio el almanaque...
“24 de agosto”
-         Hace dos meses me separé de Juan y veinte días que me echaron del trabajo – pensó Julieta – Peor imposible.
Un día antes Julieta había ido a una entrevista laboral, en el Estudio Jurídico del prestigioso abogado Carlos Gonella, por un puesto administrativo, aunque no guardaba expectativa alguna de que fuera convocada para el puesto.

Mientras tanto, en el Estudio, el abogado Carlos Gonella, hablaba con la señorita O’Connor.

-         Diez chicas se presentaron para el puesto, señor Gonella.
-         ¿Y como eran las aspirantes?
-         Nueve calificaban muy bien, le aseguro que eran todas competentes, la otra pobre, no podría trabajar nunca en una empresa tan prestigiosa como la nuestra.
-         ¿Me muestra las solicitudes, por favor?
La señorita O’ Connor le dio las solicitudes al abogado Gonella, que comenzó a leerlas una y otra vez, se detuvo en una...
-         ¿Julieta? ¿Hay alguien que puede llamarse así?
-         Esa es precisamente la única de las diez aspirantes que no reinaba ninguna de las cualidades que necesitamos para el puesto...
-         No sé cuando ni donde, pero creo conocer a esta chica de algún lado. Es la elegida.
-         Pero señor Gonella... esa chica...
-         Ya se lo dije, señorita O’ Connor. Es la elegida.
Carlos Gonella entonces agarró nueve de las diez solicitudes, las rompió y las tiró al basurero. Solo se quedó con la de Julieta, y entregándoselo a la señorita O’ Connor, le dijo:
-         Llámela y dígale que empieza mañana a las ocho. Yo mismo la recibiré en mi despacho.
Julieta recibió la noticia y sintió como si el sol se abriera en medio de la oscuridad. Al día siguiente estaba a las ocho en forma puntual. La señorita O’Connor la recibió con frialdad y desprecio. Pero Carlos Gonella, todo lo contrario...
-         No sé porque pero usted y yo de algún lado nos conocemos... cuando ví su foto en la solicitud y ahora viéndola personalmente – le dijo el abogado.
-         Yo siento algo parecido, señor Gonella...
-         Carlos – le dijo el abogado – Me llamo Carlos. La señorita O’Connor que me diga señor Gonella, vos Julieta, me vas a llamar simplemente Carlos.
-         Muy bien señor... – y Julieta se frenó y dijo – muy bien, Carlos.
-         Así es. Carlos. Repetí conmigo.... Caaaaarrrrlooossss
Julieta se sonrió, y riéndose dijo:
-         Carlos.

Pasaron algunos días, el señor Gonella se acercó a Julieta y le dijo:
-         Mañana viernes cambiarás de horario. Vendrás a las doce y te quedarás hasta las ocho. Tengo una tarea especial para darte...
-         Se lo comunicaré a la Señorita O’Connor...
-         No, no le digas nada, no es necesario. Las ordenes aca las doy yo.


Ocurrió entonces que siendo la hora del atardecer todos los empleados ya se habían ido y solo quedaban dos personas en la empresa: Carlos y Julieta. El abogado le dijo a su nueva empleada:
-         Julieta, viens ici, come here, venire qui…
Julieta entró al despacho de su jefe, que en ese momento no estaba pues había ido al baño. Dejó la taza de café sobre el escritorio. Al hacerlo observó que los zapatos de su jefe estaban sobre la mesa. Lo que más le sorprendió no fue eso, sino el enorme Queso Emmental que estaba sobre la mesa.
La chica sintió un extraño impulso y tomó los zapatos para olerlos, al hacerlo, descubrió el intenso, profundo y apestante olor a Queso que tenían.
-         Veo que te gustan los Quesos – era la voz de Carlos Gonella, su jefe, que la sorprendió in fraganti.
-         Abogado Gonella, yo, mire, usted, verá...
-         No es necesario aclarar nada – dijo Gonella – primero que a esta hora estamos solos, solo vos y yo, por lo tanto ya te lo dije una vez, para vos no soy el abogado Gonella, sino simplemente Carlos.


La chica quedo parada, sorprendida, sin hacer movimiento alguno. El abogado permanecía vestido con camisa, mientras que sus manos las tenía cubiertas con un par de guantes negros.
-         ¿Te gustan los pies de hombres?
-         Sí, es un fetiche que tengo, no lo puedo evitar, es más fuerte que yo.
-         Mi fetiche son los cuellos sangrantes...
Julieta lo miró a Carlos, y este se rió...
-         ¡Ja, ja, ja!
-         ¡Ja, ja, ja! – dijo Julieta – es un chiste.
-         Claro, es un chiste – afirmó Carlos - ¿Querés Queso?
-         ¿Sí quiero Queso? No como Queso, no me gusta...
-         ¡Qué raro! A todos nos gusta el Queso...
-         No, a mí no... ¿Y a vos?
-         El Queso, me encanta, je, je.
-         Entonces ese Queso te lo podes comer vos solito.
-         Igual Julieta, no me refería a esos Quesos, sino a estos Quesos...
Carlos puso sus pies sobre la mesa. Enormes pies talle cuarenta y seis.
-         Sin miedo Julieta, aca tenés mis Quesos. Dale, sin miedo, tengo las medias puestas, podes chuparlos, lamerlos, besarlos, hacer lo que quieras, sin miedo. Primero con los medias puestas, después me las podes sacar, si queres claro.



Movida por un extraño impulso, Julieta hizo exactamente eso, chupo, lamió, beso y olio los pies de Carlos, primero con medias, luego se las saco, el izquierdo, el derecho, el olor a Queso era realmente impresionante, una y otra vez.
Carlos tomó el Queso Emmental que estaba sobre la mesa y lo tiró sobre la chica, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
La chica sintió el impacto del Queso, que era enorme, sobre su rostro y su cuerpo.
-         Gracias Julieta, por hacerme sentir hombre y sobre todo un Queson – le dijo Carlos.
-         No Carlos, gracias a vos por hacerme sentir mujer.
-         Ahora quiere oler tus pies, Julieta.
-         Te vas a llevar una desilusión. No huelen a nada.
-         Lo quiero comprobar.
Carlos se acostó sobre el piso y le dijo a Julieta:
-         Tirame encima ese Queso que hay sobre la mesa.
Julieta tembló ante tal pedido.
-         Dale, Julieta, ya me chupaste y oliste los pies, tirame el Queso, cuando lo hagas deci en voz alta “¡Queso!”.
Julieta entonces agarró el Queso y se lo tiró encima a Carlos, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
-         Gracias – dijo Carlos – ahora pone tus pies sobre mi cara.
Julieta hizo entonces eso, accediendo al pedido de Carlos. Efectivamente, no tenían nada de olor a Queso, al contrario parecían perfumados.
-         Ricos tus pies. Los pies de un hombre deben oler a Queso, más los de un Carlos como yo. Los pies de una mujer como vos deben oler a perfume francés.
No hubo respuesta de Julieta, solo miró para abajo, tenía una extraña mezcla de vergüenza y satisfacción a la vez.
Carlos le dijo:
-         ¿No querés oler mis pies una vez más?
La chica entonces accedió y nuevamente se acostó en el piso, esperando oler los pies del abogado.
-         Cerra los ojos, mientras acercó los pies a tus narices – le señaló Carlos.
Julieta cerró los ojos, entonces Carlos sacó entonces un enorme y gigantesco cuchillo que lo sostenía con sus guantes negros.
-         ¿Querés Queso? – le preguntó Carlos Gonella a Julieta, que entonces abrió los ojos y para su sorpresa estaba ante el asesino con un cuchillo.
-         Te asesinaré Julieta, te apuñalaré y te tiraré un Queso. Como hice con las demás, hoy te toca a vos...
Julieta, aterrorizada, intentó decir algo, cuando Carlos, muy despreocupado, levantó el gran cuchillo, con una hoja de más de treinta centímetros, comenzó a apuñalar a la mujer.
-         Queso - dijo en voz alta al efectuar la primera cuchillada, dándole un fuerte tejo en el pecho de la víctima, de izquierda a derecha.
-         Queso - dijo en voz alta al efectuar el segundo cuchillazo, clavando el cuchillo hasta el mango en el estomago de la víctima.
-         -Queso - dijo en voz alta al efectuar la tercera puñalada, un corte profundo en el cuello de la víctima.
-         Queso - dijo en voz alta al efectuar el cuarto cuchillazo otra vez en el estomago.
-         Queso – dijo al efectuar la quinta puñalada, dejando esta vez el cuchillo clavado sobre el corazón de la mujer.
El asesino dio por finalizada su tarea, tomó con sus manos el Queso Emmenthal y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta por sexta voz:
-         Queso.

Al día siguiente, Carlos Gonella le dijo a la Señorita O’Connor:
-         ¿Vio Señorita O’Connor? La empleada que entró ayer hoy ya faltó, deberemos hacer una nueva búsqueda de personal...


1 comentario:

  1. y este Carlos Gonella es capaz de algo asi...

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...